El islam en el pan

El día de hoy, fui por la mañana a una compañía de préstamos online en México, para firmar unos documentos y obtener el capital que nos permitirá dar un bono de productividad a tres de nuestros empleados; préstamos que, por supuesto, yo pagaré. Sin embargo, estos préstamos nos eran necesarios, debido a que no teníamos el dinero para emitir esos bonos, los cuales nunca entregaríamos tarde.

Al terminar estos trámites rápidos fui a desayunar a un restaurante francés que está a la vuelta de la esquina de mi oficina, una restaurante que se especializa en los desayunos, aunque tiene excelente comida y cena; sin embargo, los desayunos son probablemente los mejores en México en cuanto a cocina francesa se refiere, desayunos que están al nivel de los mejores restaurantes de París.

Uno de mis platillos favoritos son los huevos benedictinos con salsa holandesa  y tocino con pan tostado, acompañado con un buen jugo de naranja y si es viernes una mimosa; sin embargo, el día de hoy no desayuné eso, sino un  croissant acompañado de un mantequilla francesa y mermelada de fresa, y un chocolate caliente de tamaño mediano, terminando con un café expreso.

Al estar disfrutando mi desayuno, puse atención por alguna razón en lo que estaba comiendo y recordé la gran historia con la que ese pequeño y delicioso pedazo de pan que tenía enfrente cuenta.

La mayoría de las personas tenemos la errónea impresión de que el cuernito o croissant es un invento francés, cuando en realidad la evidencia histórica dice lo contrario y nos muestra que en realidad se trata de un invento austriaco en un momento de suma emergencia, un momento en el cual toda la Europa cristiana pudo haber caído a manos de los musulmanes del imperio turco otomano.

En el año de 1684, el imperio turco otomano, bajo el mando de Mustafa Pasha, lanzó una gran ofensiva para recuperan los territorios debilitados en Transilvania y Hungría y para tomar de una vez por todas el corazón de Europa central y la cuna del Sacro Imperio Romano, cuya capital era Viena.

Los cristianos en ese momento se encontraban débiles en comparación a la gigantesca armada turca, que se aproximaba a Viena a paso forzado, aniquilando a quien se les opusiera en el camino, desde Turquía hasta la gran capital de Europa central, donde la victoria prometía ser muy sencilla.

Sin embargo, el rey de Polonia juntó un gran ejército de 160,000 efectivos, quienes aborrecían a los otomanos, por lo que marcharon inmediatamente hacia Viena.

Los turcos llegaron antes que los polacos a Viena y comenzaron a cavar túneles para poder entrar a la ciudad, cuyos muros estaban muy bien defendidos.

Una tarde, un panadero austriaco escuchó ruidos debajo de su panadería y avisó a todos en silencio que los turcos estaban cavando, haciendo un panecillo en forma de la luna del Islam, siendo así como nació aquel panecillo.

Afortunadamente, los turcos fueron detenidos por los alemanes y después destruidos  por los caballeros polacos, quienes portaban en sus armaduras alas de ángeles, inmortalizando ese momento en la historia.

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