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Unión de Grupos Ambientalistas,
I. A. P.

Zonas Costeras

 

Zonas Costeras

 

 

Comparados con el océano, los ecosistemas costeros

tienen mayor productividad biológica.

 Los arrecifes de coral y los estuarios

poseen de 14 a 16 veces más productividad que el océano;

 los manglares son veinte veces más productivos.

 

 

 

Patricia Moreno-Casasola

 

Introducción

 

Las costas son la franja de nuestro planeta donde se ponen en contacto la tierra, la atmósfera y el agua, dulce o salada. Los tres grandes sistemas –tierra, mar y aire– entran en contacto en esta delgada cinta que bordea los continentes desde las zonas árticas hasta las desérticas, pasando también por las más lluviosas. Son zonas frágiles donde la dinámica de cada uno de estos tres grandes sistemas interactúa y ejerce presión y efecto sobre los otros; son la zona de mezcla o ajuste. Durante algunas horas del día la playa y las rocas de la orilla del mar se convierten en parte del océano siendo la temperatura y la desecación menos drásticas; durante el resto del tiempo, al bajar la marea, se transforman en un medio terrestre con valores extremos de frío o calor, fluctuaciones de temperatura y humedad e impacto del viento. Los organismos que las habitan tienen que tolerar condiciones extremas, desde la inundación hasta la sequía. A mayor distancia de esta franja de transición el cambio es menos brusco y los ambientes más definidos, tanto hacia la tierra como mar adentro.

 

Las olas son el agente marino que produce mayor modificación de las costas. Su dirección de llegada, amplitud, altura, pendiente y energía cobran gran importancia, siendo su efecto distinto a lo largo del año y entre las diferentes playas y costas rocosas. Durante tormentas y huracanes, cuando el oleaje es fuerte y penetra tierra adentro, llega a modificar la línea de costa como sucedió con el huracán Gilberto en la península de Yucatán. El viento es otro agente importante de modificación: altera el tamaño de las olas, acarrea granos de arena y los acumula formando grandes médanos. Las mareas también tienen un papel fundamental. Son responsables del carácter estuarino de las lagunas costeras, pues al penetrar y mezclarse con el agua dulce producen un gradiente de condiciones salinas que permite la vida de una gran cantidad de organismos. En nuestro país el rango de mareas es de unos cuantos metros, siendo mayor en el Pacífico que en el golfo de México y el Caribe.

   

Una playa para nadar

 

Cuando pensamos en las costas, lo primero que nos viene a la mente es un día de sol y playa, con un coco fresco al lado. Pero la costa es mucho más que esto. Se puede considerar y definir a la costa como el espacio en el que los sistemas terrestres influyen en los marinos y viceversa. Algunos estudiosos ponen los límites terrestres hasta donde llega la aspersión salina y los límites marinos donde se termina la plataforma continental. Sin embargo, las interconexiones físicas y ecológicas críticas para el mantenimiento de los ecosistemas costeros se extienden más allá de esos límites. La zona costera puede ser afectada por actividades humanas que se producen en zonas muy alejadas del litoral como por ejemplo la contaminación que se genera en lo alto de las cuencas y que baja por los ríos. Por tanto, para poder conservar y manejar adecuadamente la zona costera, vale la pena ampliar nuestra visión y concebirla desde el parteaguas de los cordones montañosos más cercanos al litoral hasta el límite de la plataforma continental (Figura 1).

 

Hay diferentes tipos de costas en el mundo. El Pacífico, el golfo y el Caribe de México son muy distintos. El litoral pacífico se localiza en la unión o convergencia de placas tectónicas y forma una costa de colisión. Se caracteriza por costas rocosas, oleaje fuerte y por tanto sujeta permanentemente a procesos de erosión. La tremenda fricción que se crea entre las placas tectónicas hace que la placa continental se doble y arrugue formando las cadenas montañosas que bordean la costa. La planicie costera es angosta o inexistente, al igual que la plataforma continental (figura 2). Por el contrario, la costa atlántica está enmedio de una placa. Ha permanecido estable desde el punto de vista tectónico por decenas de millones de años y se le considera una costa pasiva. La erosión de las rocas y el acarreo de sedimento han hecho que se forme una extensa planicie y que la plataforma continental también sea ancha. Predominan procesos de acumulación. Se forman deltas, islas de barrera y lagunas costeras. Otra diferencia importante es la procedencia de las arenas que forman las zonas de acumulación de sedimentos y depende del tipo de material que forma la masa continental que se está erosionando. En el golfo predominan las arenas silíceas de color más oscuro, mientras que en el Caribe son calcáreas y de color blanco.

 

Esta variabilidad en el tipo de costa y en sus características de erosión y sedimentación han permitido que, como ecosistemas, las costas también sean extremadamente ricas. Existe una relación muy estrecha entre las condiciones biológicas y la topografía, características de drenaje y tipos de suelos en las costas. Si pudieramos volar en una avioneta sobre un trozo de la costa de Veracruz o de Jalisco veriamos un mosaico formado por lagunas costeras rodeadas de manglares y humedales, con playas y dunas fragmentadas por acantilados que llegan hasta el mar, cubiertos por selvas o matorrales. En el mar las rocas forman pozas intermareales que albergan multitud de algas, erizos, quitones y otros muchos organismos, mientras que la arena de las playas da lugar a fondos arenosos donde se establecen comunidades de pastos marinos. En las zonas tropicales los arrecifes son una de las más extraordinarias y llamativas comunidades (figura 1). Estos ecosistemas son refugio, zonas de reproducción y alimento de gran cantidad de fauna: manatíes, garzas, patos, tortugas, pelícanos y cocodrilos, entre otros muchos.

 

Si decidimos hacer un viaje por los ecosistemas costeros lo primero que nos vamos a encontrar es un humedal que poco a poco se va transformando en un manglar. Ambas son comunidades inundadas la mayor parte del año, la primera por agua dulce donde predominan las plantas herbáceas y la segunda por agua salobre formando un bosque de árboles con formas extrañas. El manglar habita los bordes de lagunas costeras y desembocaduras de ríos, localizándose en la interfase de influencia del agua marina y de las descargas de agua dulce provenientes del continente. Esta comunidad de árboles es sumamente productiva, aportando una gran cantidad de nutrientes para los habitantes del propio manglar y del estuario. Las cuatro especies de árboles que forman los manglares mexicanos tienen estructuras muy particulares que les permiten vivir casi en el mar. El mangle rojo habita los borde del agua y tiene raíces en forma de zancos, que sirven de sustrato a algas e invertebrados, donde además encuentran refugio y hábitat un gran número de especies de crustáceos y peces (figura 3). En esas raíces hay lenticelas que les permiten respirar e intercambiar gases con la atmósfera, ya que esto no es posible bajo el agua. El mangle blanco y el negro tienen raíces llamadas neumatóforos para cumplir esta función. Las semillas de los mangles germinan aun estando colgadas de la planta madre, y cuando caen al suelo ya son plántulas que quedan enterradas en el fango. Los manglares conforman una barrera protectora contra el oleaje, las mareas y las tormentas, además de ayudar a purificar el agua.

 

En las costas encontramos lagunas de agua dulce y más comúnmente estuarios. Estos últimos están temporal o permanentemente en contacto con el mar a través de una barra arenosa. En México hay más de 125 lagunas costeras, que cubren una superfice de 12,500 km2 Son producto del encuentro de dos masas de agua distintas –una proveniente del escurrimiento de ríos y otra del mar– que se ponen en contacto por la actividad de las mareas. Constituyen uno de los sistemas naturales más productivos del mundo debido a la entrada de nutrientes provenientes de las comunidades vegetales que las rodean y a la materia orgánica que se retiene en el sedimento. Juegan un papel fundamental en el ciclo de vida de muchas especies. Autores como el doctor Snedaker indican que más del 90% de las especies marinas de una región pueden encontrarse en los manglares y estuarios durante uno o más periodos de su ciclo de vida. En el fondo de estos cuerpos de agua y en las zonas bajas costeras se establecen los pastos marinos, llamados así porque las hojas semejan las de los pastizales tierra adentro. Sirven de refugio a numerosos animales marinos (jaiba, langosta, almejas, camarón, abulón, caracol, erizo, choro) y entre sus hojas se acumulan gran cantidad de partículas que les sirven de alimento.

 

Los sedimentos que bajan por los ríos y desembocan en el mar, son redistribuidos por las corrientes marinas y arrojados a las playas por las olas. Los vientos son capaces de acarrear los granos de arena a distancias considerables y acumularlos formando médanos. Estas dunas, a su vez, actúan como obstáculos al viento cargado de partículas, disminuyendo su velocidad y produciendo una mayor acumulación de sedimentos. De esa manera las dunas crecen e impiden que la arena se interne hacia tierra firme (figuras 4 y 5). Las plantas que se establecen en este sustrato móvil son capaces de tolerar el enterramiento de arena y algunas de ellas crecen más cuando se produce esta acumulación. En el golfo de México, donde hay dunas que alcanzan los 30 metros de altura, estas especies juegan un papel muy importante para la fijación de la arena y la estabilización de los médanos.

 

Otro paisaje frecuente en la orilla del mar lo forman los acantilados y las rocas. Los primeros están cubiertos por matorrales y selvas, aunque muchas veces las hojas de estas plantas son más gruesas debido a lo drástico de las condiciones en que viven: escasez de agua en las raíces, alta salinidad e insolación y vientos. Cuando las rocas quedan expuestas parte del día se forman ambientes intermareales donde habitan erizos, algas y caracoles que usan distintas estrategias para sobrevivir a este cambio drástico de ambientes (Figura 4).

 

La diversidad de especies y de otros rangos taxonómicos superiores como el de phyla es uno de los aspectos más llamativos de las costas y los mares. Los phyla son una de las categorías más altas que engloban a una gran cantidad de especies que comparten un patrón de organización corporal. Como ejemplo de ello, el humano pertenece, junto con el resto de los mamíferos, las aves, los peces y los reptiles, al phylum de los cordados, o sea todos aquellos animales que poseen una columna vertebral. Las costas y los mares tienen una composición a nivel de phyla mucho mayor que la de tierra firme (figura 6).

 

Además de los patrones, otro aspecto interesante son los números. La diversidad de especies, o sea la riqueza, está dada por el número de especies que habitan una comunidad o un área dada, y en las costas es alta. Es resultado de varios factores:

 

Ÿ       Un mosaico de comunidades, que aunque ocupen cada una de ellas unos cuantos kilómetros, en su conjunto brindan una gran variedad de posibilidades y condiciones para las especies.

Ÿ       La enorme extensión del litoral.

Ÿ       La variabilidad de condiciones climáticas y de sustrato.

 

Para hablar de números veamos los siguientes: se calcula que México tiene alrededor de 25 mil especies de plantas superiores. De éstas, el 6.7% se han colectado en las costas, aunque muchas de ellas también habiten tierra adentro. En las playas, dunas y costas rocosas de Baja California, sobre una costa subtropical bordeada de un matorral desértico y con una plataforma muy estrecha y pronunciada, se han registrado 563 especies. En Tamaulipas, Veracruz y Tabasco, sobre una costa tropical lluviosa se han encontrado 418 especies. Representan el 33.6% y 24.9% respectivamente del total de especies costeras colectadas (1673) en nuestro país y el 2.3% y 1.6% del total de especies calculadas para México. Solamente 160 especies (poco menos del 10%) son compartidas entre el litoral pacífico y el atlántico del país. Dañamos y reducimos la biodiversidad marina y costera de varias maneras: sobreexplotación de los organismos, alteraciones del medio físico, contaminación, introducción de especies y modificaciones a la atmósfera que incrementan la radiación ultravioleta y alteran el clima. La conservación de esta enorme riqueza es importante desde muchos puntos de vista: biológico, ecológico, social, cultural, económico, ético y estético.

 

 

Para qué sirven las costas

 

Las costas han jugado un papel importante en la vida del humana han sido fuente de alimento, medio de comunicaciones, focos de desarrollo industrial y comercial y, actualmente, polos de recreación. Varios de estos temas han sido ya planteados en otros capítulos, por lo cual en éste se enfatizará el efecto que dichas actividades tienen en la costa.

 

       Pesca y alimentación. El mar es una fuente muy importante de proteína animal para el ser humano. En nuestro país, a pesar de sus extensos litorales (8,476 km en el Pacífico y 3118 en el golfo), la mayor parte de esta proteína proviene de la ganadería, mientras que en países como Japón un 60% proviene del océano. Más de la mitad de la pesca en México corresponde a la pesca ribereña, o sea aquella más ligada con la franja costera. Por tanto, esta actividad económica tan importante no sólo se ve afectada por la sobrepesca que se hace del recurso y por lo dañino de los métodos y artes de pesca usados. También de manera indirecta, pero no por ello menos importante, las actividades que se desarrollan en toda la cuenca repercuten en la costa. Así, la franja costera se ve afectada por muchas actividades, tanto en sus inmediaciones como en regiones a muchos kilómetros de distancia (figura 7). Ejemplo de ellos son las presas, que constituyen un factor importante en la modificación de la cantidad de agua que llega a los estuarios. El represamiento del agua para uso agrícola ha disminuido drásticamente el aporte de agua dulce alterando la dinámica agua dulce-agua salina y, por tanto, las condiciones de vida de los múltiples organismos que ahí viven.

 

       Ciudades e infraestructura. Hoy en día muchos países presentan dos tendencias de comportamiento de la población: un abandono de la vida rural para incorporarse a las ciudades y un crecimiento mayor de las ciudades costeras que las de tierra adentro. En nuestro país se cumple la primera tendencia, mas no la segunda. Los censos de 1980 mostraron que sólo 12.7% de la población total vivía en los 126 municipios costeros del país con una media de 28 habitantes por km2. Este valor se duplicaba para los municipios del interior (Merino, 1987). Son muy pocas las ciudades costeras en México. Sólo tres capitales están sobre la costa: Campeche, La Paz y Chetumal. Si revisamos el estado de Veracruz, cuya costa mide 745 km (casi la cuarta parte del golfo y el Caribe del país), las únicas ciudades costeras son Veracruz, Tecolutla y Coatzacoalcos. Cercanas al mar están Nautla, Vega de Alatorre, Boca del Río y Alvarado. En contraste, en Florida las ciudades de mayor crecimiento y de mayor tamaño en el período 1980-1990 son 15 sobre la costa atlántica (siendo las principales Palm Bay, Sebastián, Port St. Lucie, Royal Palm Beach y Coconut Creek), cinco sobre la costa del golfo (Cape Coral y Safety Harbor) y siete interiores en los alrededores de Orlando. En Florida más de la mitad de la costa está urbanizada.

 

Los asentamientos costeros que más están creciendo corresponden a desarrollos turísticos. Con frecuencia no toman en cuenta las características del ambiente. Se aplanan las dunas, se rellenan y desecan los manglares y humedales y se transforma totalmente el entorno hasta crear un paisaje semejante al de otros centros turísticos. La vegetación local desaparece y se cambia por bugambilias, rosa laurel y especies que han sido introducidas en todas las zonas tropicales. La transformación del entorno es a tal grado que hay una pérdida total de identidad de las costas. El incremento de estos desarrollos turísticos no sólo es en superficie, número de habitantes y número de cuartos de hotel en poblados ya establecidos, sino también mediante la creación de nuevos sitios como Huatulco, Ixtapa y Cancún. Alrededor de todos estos centros se establece un asentamiento de población que brinda servicios a los desarrollos turísticos.

 

Gran parte de la recreación se basa en actividades ligadas con la costa o con el mar (pesca deportiva, veleo, buceo, etcétera). Se calcula que se requieren entre dos y cuatro personas de servicio y apoyo por cada turista. A diferencia del turismo que es una población flotante, ésta es permanente. Alrededor de los centros turísticos comienza a surgir una población urbana con todos sus requerimientos de servicios (calles, luz, agua, drenaje, alimentos, recolección de basura, escuela, servicios médicos y habitacionales, etcétera). Uno de los mayores impactos de estos desarrollos turísticos es el drenaje de aguas negras y grises sin tratar directamente a los ríos y al mar. Lo más triste es que, hoy en día, con las capacidades tecnológicas y de planificación que existen, podríamos tener estas mismas posibilidades de recreación y de vacaciones en la playa sin dañar el ambiente y deteriorar o desaparecer nuestros recursos y nuestros paisajes.

 

       Obtención de productos. El ser humano depende del medio marino para muchas de sus actividades como el transporte la explotación petrolera y de sal. Más del 90% del petróleo que se extrae en el país proviene de los estados costeros (Merino, 1987). En 1983, el 62% del gas y petróleo provino de los pozos localizados en el mar, principalmente en la sonda de Campeche. Diversos minerales (manganeso, cobre, azufre), arena y sal son explotados a lo largo de la costa. Baja California es particularmente importante por sus depósitos de sal. Estas actividades requieren la construcción de complicados diseños urbanísticos e industriales como puertos, plataformas y ductos, hoteles con sus muelles y escolleras. Implican la alteración y transformación, ya sea directa, o indirecta de la costa. Muchas de estas actividades de extracción alteran no sólo el lugar donde se lleva a cabo la explotación sino que a su alrededor se establece una infraestructura de carreteras, depósitos, muelles y asentamientos humanos poco reglamentados, que hacen que el deterioro ambiental sea de mayor intensidad y extensión de lo que debería ser.

 

       Protección. Las costas son una protección importante de la tierra firme. Su propia dinámica les permite recibir el impacto del mar y de los vientos, sobre todo durante eventos que producen gran oleaje como huracanes. El manglar, las marismas y las dunas protegen las costas bajas del oleaje producido por huracanes y tormentas. Las modificaciones que hacemos más frecuentemente eliminan estos ecosistemas, haciendo la costa aún más vulnerable. Los humedales también son las áreas de acumulación del exceso de agua producido durante años lluviosos o huracanes tierra adentro. Aquí el agua se almacena y poco a poco se va liberando al mar. Hasta hace poco tiempo los humedales eran desecados para usar la tierra para agricultura. El estado de Louisiana tiene el 40% de los humedales de Estados Unidos y forma parte del extenso delta en el que desemboca el Mississippi, el río más grande de ese país. Desde los cincuenta se han perdido más de 800 millas cuadradas de humedales y, de seguir esta tasa de afectación, todos habrán desaparecido en 70 años (Weber, Townsend y Bierce, 1992). Durante el tiempo de vida de un solo humano pueden desaparecer las zonas de inundación creadas por uno de los ríos de mayor tamaño durante miles de años. En México los números aún no alcanzan estas dimensiones pero las cuencas y, por tanto, los humedales que cruzan el Papaloapan y el Grijalba-Usumacinta están siendo cada vez más afectados por el represamiento, la desecación y la contaminación.

 

 

Donde todo se deposita finalmente

 

Las tierras bajas, los cuerpos de agua costeros y, por último, el mar son los depósitos más grandes de basura y desperdicios del mundo. Los mares, al ser las regiones más bajas hacia las cuales fluyen todos los escurrrimientos y ríos, son un depósito que absorbe grandes cantidades de sedimentos y minerales arrastrados desde tierra adentro. Todo, finalmente, acaba fluyendo hacia ellos, incluyendo los desperdicios y las sustancias producidas por las actividades humanas como contaminantes, residuos radioactivos, etcétera (figura 8). Todavía muy recientemente, el mar se consideró como un basurero infinito, y algunas personas aún lo siguen haciendo. Muchos desechos tóxicos y aun radioactivos han sido arrojados al mar. Los tanques de los cargueros se limpiaban en el mar y era frecuente pisar en una playa restos de chapopote o algo así. Uno de los mayores problemas de las playas hoy en día es la cantidad de desechos, sobre todo plástico, que el mar arroja. Uno de los principales grupos productores de esta basura son los pescadores, tanto profesionales como deportivos, que arrojan desde hilo de nylon, anzuelos, latas, botellones, etcétera. La transformación de la costa a causa de las actividades humanas trae consigo muchos de los problemas que aparecen en este capítulo y que se enlistan en la figura 8.

 

 

Impacto producido

 

Pesca. Afectación de poblaciones naturales; alteración del fondo marino; captura de especies asociadas no deseadas o protegidas.

 

Acuacultura y maricultura. Modificación del litoral y de las condiciones ambientales; incremento de nutrientes, antibióticos, etcétera; incremento de patógenos; modificación de la hidrología de humedales costeros.

 

Agricultura y actividades agropecuarias. Erosión; contaminación por fertilizantes, herbicidas, plaguicidas y patógenos.

 

Actividad forestal. Erosión.

 

Extracción de agua potable. Disminución de reservorios de agua; intrusión del manto de agua salina; modificación de la hidrología de humedales costeros.

 

Construcción de puertos y muelles. Alteración de la circulación litoral; modificación de las corrientes de acarreo de sedimentos; incremento de la navegación; contaminación; modificación de las características naturales de los ecosistemas que brindan protección a las tierras interiores.

 

Desarrollos urbanos. Modificación de la morfología costera; contaminación por basura y aguas negras; alteración y eliminación de hábitats; introducción de fauna y flora exóticas; modificación de las características naturales de los ecosistemas que brindan protección a las tierras interiores.

 

Desarrollos turísticos. Modificación de la morfología costera; contaminación por basura y aguas negras; alteración y eliminación de hábitats por drenaje, nivelación, principalmente dunas, manglares y humedales; introducción de fauna y flora exóticas; asentamientos muy extensos y lineales, bordeando la playa; modificación extensiva de las características naturales de los ecosistemas que brindan protección a las tierras interiores.

 

Construcción de carreteras y caminos. Modificación del drenaje natural; barreras al paso de fauna; asentamientos desordenados a la orilla de la carretera con la consecuente contaminación y pérdida de hábitats.

 

Navegación comercial, deportiva, y turística. Contaminación por combustibles y aceites; daños a la vegetación y arrecifes por impactos directos de las propelas o creación de corrientes y acumulación de sedimentos; ruido; basura arrojada al mar.

 

Dragado de canales. Modificación de la morfología costera; alteración de los patrones de circulación de agua y de sedimentos; modificación de hábitats; alteración de la hidrología.

 

Establecimiento de industrias. Contaminación de muy diversos tipos; extracción de materiales y modificación del ambiente

 

Recreación diversa. Un incremento casi ilimitado de visitantes y de las consecuentes actividades: pisoteo, contaminación, buceo destructivo, arponeo, etcétera.

 

El futuro de las costas

 

El bienestar económico y la calidad de vida no pueden perdurar o mejorar a menos que nuestros ecosistemas mantengan sus procesos sin alterar y funcionando adecuadamente y las especies que les dan vida sigan encontrando condiciones para vivir y reproducirse con éxito. La conservación de nuestras costas y de la naturaleza no es incompatible con las actividades humanas, ya sean recreativas o productivas. Pero hay que hacerlo sin abusar y explotar de más, sólo por un afán económico. Los tiempos de los procesos de la naturaleza son de miles de años, los de la sociedad humana de sólo decenas. Es necesario aceptar esta diferencia y aprender a usar los recursos permitiendo su recuperación en periodos de tiempo de generaciones. Nuestros hijos heredarán la naturaleza que nosotros hemos explotado y, si no logramos que ésta se recupere, nuestros bisnietos serán testigos de los destrozos causados por nuestra generación.

 

La recuperación de los ecosistemas degradados y el uso sustentable de los recursos naturales sólo puede lograrse mediante la aplicación de políticas y programas de largo plazo, en los cuales la ciudadanía participe activamente. Nuestra participación debe ser en todas las escalas, desde la vida diaria –por ejemplo disminuyendo nuestro gasto diario de energía y reciclando los desechos–, en la organización y actividades de nuestra comunidad y, regionalmente, expresando nuestra opinión y preferencias, participando en organizaciones civiles y cualquier otro mecanismo que podamos imaginar. El cuidado de la naturaleza, y por tanto de las costas, requiere de todo nuestro entusiasmo, cariño e imaginación.

 

 

Figura 1. Delimitación de la zona costera en que se muestra la relación entre la costa y la cuenca. Puede verse la estrecha vinculación que existe entre las tierras altas y las bajas, dada por los flujos de agua (infiltración è y escurrentía è), de sedimentos (4), de nutrientes y contaminantes ( ) de flora y fauna. La gran riqueza de los ecosistemas costeros es resultado de una estrecha vinculación entre las condiciones biológicas y la topografía, las características del drenaje y los suelos. Las flechas muestran la extensión de la zona costera en base a las relaciones ecológicas que se establecen entre los elementos de la cuenca, la costa y la plataforma continental. Los números indican las distintas comunidades costeras: 1) estuario, 2) manglar, 3) humedal, 4) playas, 5) dunas, 6) acantilados. Asentamientos y actividades humanas: 7) poblados, 8) ciudades e industria, 9) cultivos y potreros.

 

Figura 2. Este dibujo muestra el tipo de costa que se presenta cuando coincide con el borde de una placa tectónica (a) –el Pacífico de México– y cuando se localiza en el centro de una placa (b). En el primer caso el contacto de dos placas y la subducción de una de ellas bajo la otra produce una costa activa desde el punto de vista tectónico con una zona montañosa. Las costas pasivas se localizan en el centro de una placa, han permanecido estables desde el punto de vista tectónico y reciben gran cantidad de depósitos y sedimentos provenientes de las montañas que se depositan formando bahías, deltas, playas largas (modificado de Davis, 1994). El esquema también muestra las placas tectónicas que rodean al continente americano: 1) placa del Pacífico, 2) placa de Norteamérica, 3) placa Juan de Fuca, 4) placa de Cocos, 5) placa de Nazca, 6 placa del Caribe, 7) placa de América del Sur.

 

Figura 3. Dibujos de un humedal (inundado permanentemente con agua dulce), de un manglar (inundado temporalmente con agua salobre), y de un estuario (inundado permanentemente con agua salobre) cubierto por pastos marinos en el fondo en el que pueden apreciarse las formas de crecimiento de las plantas que le dan la apariencia característica a cada tipo de vegetación. Se indica el nivel del suelo y del agua, cuya fluctuación se señala mediante una línea punteada. Se muestran ejemplos de los organismos que habitan estas comunidades y algunas de las adaptaciones particulares de estos ambientes como son las plantas enraizadas y las flotantes que habitan los humedales (a) y las plántulas del mangle rojo (b).

 

Figura 4. Distribución de especies fijadoras de dunas en el golfo de México y el Caribe. Tres de las especies son endémicas del golfo: 1) Chamaecrista chamaecristoides, 2) Trachypogon gouinii. Otras especies tienen una distribución más amplia y también toleran el enterramiento: 3) Uniola paniculata. 4) Schyzachirium scoparius. 5) Coccoloba barbadensis, entre otras. En el extremo inferior se muestra cómo un pasto va quedando enterrado por la arena y sigue su crecimiento llegando a construir una pequeña duna.

 

Figura 5. Al analizar los datos dados por Norse (1993) y Margulis y Schwartz (1981) acerca de la diversidad de phyla o patrones corporales se encuentran 15 phyla que sólo habitan en el medio marino, uno que es exclusivamente terrestre (Onicóforos) y 17 que tienen especies en el medio marino y en el terrestre. El asterisco indica que el 95% de las especies o más de esos grupos son marinos.

 

 

 

              Exclusivamente marinos                             Marinos y terrestres 

 

              Placozoos                                                         Poríferos *

              Ctenóforos                                                        Cnidarios (Celenterados) *

              Mesozoos                                                          Platelmintos

              Gnatostomúlidos                                              Nemertinos *

              Quinorrincos                                                      Gastrotricos

              Loricíferos                                                         Rotíferos

              Forónidos                                                          Acantocéfalos

              Braquiópodos                                                   Endoproctos *                          

              Priapúlidos                                                        emátodos

              Sipuncúlidos                                                     Nematomorfos

              Equiúridos                                                         Ectoproctos

              Pogonóforos                                                     Moluscos

              Equinodermos                                                  Anélidos

              Quetognatos                                                     Tadígrados

              Hemicordados                                                  Pentastómidos

                                                                                          Artrópodos

                                                                                          Cordados

 

 

Dibujos y descripciones

 

Exclusivamente marinos                             Marinos y terrestres

Placozoos                                                         Poriferos *                           101-A

Ctenóf oros               (pag 161-B)                   Cnidarios  (Celenterados) * 121- 6.4 C

Mesozoos                  (87-A)                             Platelmintos                        (172 A)

Gnathostomulidos                                            Nemertinos *                       (222 A)

Kinorincos                 251 A y G                       Gastrotricos                        (248 A)

Loriciferos                                                         Rotiferos                             (237 A)

Foronideos                732 A                              Acantocefalos                    (234 A)

Braquipodos             751 H                              Endoproctos *                    (276 A)       

Priapulidos                469 A                              Nematodos                         (254 A)

Sipunculidos             473 D                             Nematomorfos                   (271 E)

Equiúridos                 476 A                              Ectoproctos                        740 E

Pogonoforos             825 B                              Moluscos                             (296 C)

Equinodermos          761 C                             Anelidos                              419 A