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Unión de Grupos Ambientalistas,
I. A. P.

Suelos



Suelos

 

Es irónico que un país entre en guerra

por defender un sólo centímetro de sus fronteras,

mientras anualmente acepta perder

 una gran parte de su suelo

 por la dañina erosión.

 

 

Irene Sommer Cervantes   y

Silke Cram Heydrich

 

¿Qué funciones desempeña el suelo?

 

El suelo cumple múltiples funciones dentro de los procesos naturales. En primer término, sustenta y regula muchos procesos bióticos, tal como brindar a las plantas los nutrimentos minerales y el agua para producir su biomasa, misma que representa la fuente de nutrición primaria de la cadena trófica. Es también una interfase, es decir, una zona de interacción en la que se controlan muchos flujos y ciclos de sustancias. Debido a su porosidad y permeabilidad, cumple también la función de redistribuir el agua de lluvia entre varios flujos hidrológicos y, así, transforma la precipitación en infiltración, escorrentía, flujos subsuperficiales o recarga de acuíferos. A lo largo de estos procesos, generalmente se modifica la composición química del agua.

 

En síntesis, el suelo funciona como fuente, filtro y trampa de materiales y energía mediante sus interacciones con la atmósfera, la biósfera, la hidrósfera y la litósfera. Muchas veces se le ha conceptuado como la piel de la tierra a través de la cual se lleva a cabo un intercambio continuo y modulado de sustancias y energía con los ambientes circundantes.

 

Todos estos procesos no son unilaterales ya que a su vez determinan la presencia y grado de expresión de las propiedades y características del suelo y se realizan a diferentes magnitudes e intensidades, dependiendo de las condiciones prevalecientes en la región particular en que se lleven a cabo. A estas acciones retroactivas se les designa procesos formadores del suelo.

 

 

¿Cómo se forma un suelo?

 

Los procesos de formación de un suelo pueden llegar a ser muy complejos y se les designa con nombres a veces complicados, sin embargo, y en un sentido estrictamente ilustrativo, los podemos resumir agrupándolos en tres grandes categorías: procesos de descomposición, procesos de migración y procesos de acumulación (ver figura 1).

 

Tanto los materiales orgánicos como los minerales que constituyen la fase sólida del suelo están sujetos a transformaciones continuas debidas, en su mayor parte, a las condiciones imperantes de humedad y temperatura. Si ambas variables son altas, se favorece la descomposición y los productos de la misma pueden seguir diferentes rutas:

 

n Quedarse en el mismo sitio y reaccionar con otros subproductos (resíntesis, formación de complejos o quelatos). Un ejemplo importante es la formación de minerales secundarios como las arcillas.

 

n Ser eliminados del sistema por: a) absorción por parte de las plantas o microorganismos (nutrimentos); b) pasar a una fase gaseosa y dispersarse en la atmósfera (co2 y n2); c) ser arrastrados por un exceso de agua de drenaje. El agua puede disolver, poner en suspensión o arrastrar parte de los componentes del suelo, especialmente los más ligeros, para luego depositarlos en acuíferos u otras fuentes de agua. Los materiales pueden también ser transportados lejos de la superficie del suelo en que se originaron por el aire o el agua (procesos erosivos).

 

n Sufrir una migración parcial. En este caso el agua excedente (de drenaje) no es suficientemente abundante para eliminar los componentes, de manera que sólo los arrastra localmente dentro del suelo y los va acumulando a una profundidad relativamente constante. Esto se lleva a cabo preferentemente sobre sustancias que se solubilizan fácilmente o partículas muy pequeñas como las arcillas. Con el tiempo se forman capas (llamadas horizontes) en las que predominan los materiales arrastrados, estas capas sirven muchas veces como evidencia para clasificar un suelo y, por lo mismo, son denominadas horizontes de diagnóstico. Algunos ejemplos son las capas de acumulación de carbonatos, de sales solubles o de arcillas.

 

Los procesos de acumulación se presentan a diferentes profundidades. En el caso de los materiales inorgánicos o complejos orgánico-minerales, constituyen los horizontes de diagnóstico anteriormente señalados. Los materiales orgánicos poco descompuestos se encuentran en la superficie del suelo y son la expresión de que existe algún factor limitante para que su descomposición se efectúe. Estas limitantes se refieren particularmente a una disponibilidad deficiente de humedad, temperatura u oxígeno o a un exceso de humedad. Al conjunto de capas u horizontes se le denomina perfil de suelo.

 

Los procesos de formación están gobernados por uno o varios factores que actúan sincrónicamente y a los que se agrupa en las siguientes categorías: materiales de origen, vegetación (organismos), clima, relieve y tiempo.

 

 

¿Cómo definir un suelo?

 

Para poder entender el funcionamiento del suelo, considerando que se trata de un sistema muy complejo, su estudio debe abordarse desde varios puntos de vista: 1) como componente de un sistema natural; 2) como un producto natural ; y 3) como un recurso natural explotado para el desarrollo económico.

Dentro de este último aspecto hay múltiples posibilidades de utilización; algunas de las más importantes son: el suelo es la base de la producción agropecuaria, constituye el sustrato donde se asientan construcciones y vías de transporte y está considerado (aunque sin mucho sustento científico) como un excelente medio de tratamiento para todo tipo de desechos y basura.

 

Dada la multiplicidad de funciones que reúne el suelo, tanto como componente natural como por su valor como recurso útil para la humanidad, es difícil construir una definición de suelo que se adapte a todos estos puntos de vista. Las primeras definiciones de suelo hacían énfasis en su utilidad para las actividades agropecuarias, aunque paulatinamente fueron incorporando conceptos concernientes a su función como parte de la naturaleza.

 

Partiendo de lo anterior, el suelo se conceptúa como un cuerpo natural con un desarrollo constante en espacio y tiempo, situado en la corteza terrestre, constituido por una fase líquida (solución del suelo), una gaseosa y una sólida (materiales minerales y orgánicos); que sustenta vegetación y que se forma por la interacción continua y simultánea del material a partir del cual se origina, del clima imperante, del tipo de vegetación (incluida la fauna) propia de la región y las condiciones particulares del relieve.

 

Las definiciones más actualizadas adoptan una visión más general: consideran al suelo como “un sistema complejo, polifuncional, abierto, polifacético y estructural desarrollado en la superficie de la litósfera” (Arnold et al, 1990).

 

 

¿Es un recurso renovable?

 

Muchas veces se piensa que el suelo se recupera rápida y fácilmente de todo impacto causado por agentes externos, sin embargo esto no es del todo cierto, hay ciertas características que cambian muy fácilmente y por tanto no afectan las funciones generales del mismo (de hecho las prácticas agrícolas más generalizadas se basan en la manipulación de estas características, tales como disponibilidad de nutrimentos, de agua y de aire); sin embargo, aquellas características que son más estables y que han requerido más tiempo para desarrollarse, son de muy difícil recuperación en caso de modificaciones (composición mineral del suelo y tamaño de partícula).

 

Las características menos variables del suelo requieren de miles de años para formarse; mientras que, una vez formadas, las características más variables para ese mismo suelo pueden modificarse en un lapso de meses o incluso en un solo día. El suelo se considera como un recurso renovable pero a muy largo plazo.

 

 

Suelos de México

 

Ya que los suelos son difíciles de catalogar dada su extrema variabilidad, existen en el mundo una multitud de sistemas de clasificación de los mismos. En muchas ocasiones las clasificaciones se adecuan a las expectativas y utilidad que representan para cada nación en particular, por lo que es difícil establecer equivalencias entre las mismas. Sin embargo, la fao, en colaboración con la unesco, (1970) propuso un sistema suficientemente sencillo que puede ser aplicado por cualquier nación, sin importar el grado de profundidad en que se hubieran estudiado sus suelos.

 

Este sistema fue adoptado por México a través del inegi y, con una serie de adaptaciones, sirvió de base para establecer el inventario de suelos nacionales. Recientemente, el Instituto de Geografía de la unam publicó el Atlas nacional de México, con el que se actualiza parte de la información originalmente generada por el inegi y que en este trabajo es utilizada como fuente para establecer los tipos de suelo en el país y la extensión aproximada que ocupan, tanto  nacionalmente  como por región climática.

 

Ya que el clima es uno de los factores que ejercen una influencia más notable sobre el desarrollo de los suelos, se optó por referirlos a las 11 regiones climáticas nacionales reportadas por el Instituto de Geografía (1991. Ver figura 2).

 

Cabe mencionar que, dado que nuestro objetivo es dar un panorama general de este tema en poco espacio, las generalizaciones aquí planteadas difícilmente resultarán válidas al ser aplicadas a casos particulares.

 

 

Región i. Noroeste

 

Abarca la costa oeste de la península de Baja California, el clima dominante es muy árido (bw) con temperaturas que varían de semicálidas a templadas y el régimen de lluvias es de invierno. Representa un 2% del territorio nacional. Los suelos dominantes son:

 

n Regosoles (49%). Suelos profundos, bien drenados que se forman a partir de materiales no consolidados. Las características que los diferencian de otros suelos aún no se desarrollan y pueden convertirse, al paso del tiempo, en otros tipos de suelo. Al interior de esta región su limitado desarrollo se debe a sequías prolongadas. Se ubican en muy diversas posiciones topográficas, en caso de que se presenten sobre laderas son susceptibles de erosionarse fácilmente. El aprovechamiento agrícola en este tipo de suelos es muy limitado, pero su conservación muchas veces redunda en una eficiente recarga de acuíferos.

 

n Calcisoles (34%) (Antes xerosoles y yermosoles; fao, 1970). Suelos propios de zonas áridas y semiáridas en donde la deficiencia de humedad impide el lavado de sustancias solubles (como sales y carbonatos). Esta limitante impide que se desarrollen suelos profundos y hace que los aportes de materiales orgánicos sean mínimos. Presentan acumulaciones, en mayor o menor grado, de carbonatos, especialmente de calcio en su perfil. El potencial agrícola de estos suelos puede llegar a ser alto si se cuenta con infraestructura de riego; aunque en este caso, se potencia su susceptibilidad a la salinización y encostramiento superficial, dado que el arrastre de sales se presenta preferentemente hacia la superficie del suelo por los altos índices de evaporación. También se usan para pastoreo extensivo.

 

En esta región encontramos como componentes edáficos de menor importancia los leptosoles (10%) (ver región II) y los Solonchak (7%) (ver región III), mismos que se describirán en la región climática en donde resulten más relevantes.

 

 

Región ii. Golfo de California

 

Ocupa la costa oriental de la península de Baja California y la parte central de la misma, Sonora (salvo el extremo sur) y la parte suroeste de Chihuahua. El clima dominante es muy árido con temperaturas de muy cálidas a templadas. El régimen de lluvias es intermedio. Tierra adentro, el clima se torna más húmedo, del tipo árido a semiárido y en las tierras altas llega a ser subhúmedo, con temperaturas que van de muy cálidas a semicálidas y a templadas. El régimen pluvial es intermedio. Comprende el 14% de la superficie nacional.

 

n Regosoles. Los suelos dominantes resultan ser, de nuevo, los regosoles (ver región i ) ocupando un 39% de esta región.

 

n Calcisoles. Ocupan un 24% de la región (ver región i).

 

n Leptosoles (23%). Los leptosoles (anteriormente litosoles y rendzinas; fao, 1970). Son suelos que, al igual que los anteriores, son muy someros y pedregosos, de poco desarrollo y con pocas características particulares; pero en este caso su formación se lleva a cabo sobre rocas consolidadas y su ubicación topográfica se asocia a las zonas montañosas, por lo que son altamente susceptibles a la erosión. Se les puede encontrar bajo muy diversas condiciones climáticas. Su potencial agrícola es limitado; para preservarlos de la erosión es preferible conservarlos bajo vegetación natural. También son utilizados para pastoreo extensivo.

 

Las unidades de suelos presentes en menor proporción en esta región son feozems 5% (ver región iii), vertisoles 3% (ver región iii), cambisoles 2% (ver región ix), solonchaks 2% (ver región iii), luvisoles 2% (ver región vii).

 

 

Región iii Pacífico central

 

Comprende la parte sur de Sonora, el estado de Sinaloa, el extremo suroeste de Chihuahua, el estado de Nayarit y el borde oeste de Durango. En la planicie costera, el clima varía de muy árido a semiárido. Tierra adentro, en cuanto a temperatura, es cálido. Hacia la sierra se vuelve subhúmedo con temperaturas semicálidas o templadas. El régimen de lluvias es de verano. El porcentaje cubierto  por esta región es del 8% del país.

 

Los suelos dominantes en esta región corresponden a

regosoles 33% (ver región i), leptosoles 14% (ver región ii).

 

n Feozems 14%. Son suelos en los que se observa la influencia de climas más húmedos. Se forman sobre materiales no consolidados de reacción alcalina. Son relativamente profundos con un desarrollo medio (parte de las arcillas han sido eliminadas de la parte superior del suelo y se han acumulado a cierta profundidad, horizonte b), ya no presentan acumulaciones de calcio en el perfil; los aportes de materia orgánica son mayores que en los casos anteriores y le imprimen un color oscuro a la capa superficial del suelo, además de hacerla suave y esponjosa. La humedad no llega a ser excesiva, evitándose el arrastre y la pérdida de nutrimentos debido al drenaje, por lo que su potencial agrícola es alto. Se utilizan intensivamente para la producción de granos y hortalizas, en muchas ocasiones con el auxilio del riego. En condiciones naturales, pueden ser susceptibles a la erosión según el relieve particular en que se presenten; sin embargo, la principal amenaza para este tipo de suelos deriva de las técnicas agrícolas intensivas: compactación por el uso de maquinaria pesada y el uso indiscriminado de agroquímicos.

 

n Cambisoles  12% (ver región ix).

 

n Vertisoles 10%. Son suelos que se desarrollan en climas tropicales y subtropicales con una marcada diferencia entre estaciones seca y húmeda. Estas condiciones ambientales favorecen la formación de arcillas que tienen la propiedad de hincharse cuando están húmedas y encogerse al secarse. La superficie del suelo en época de secas presenta grietas que llegan normalmente hasta 50 cm de profundidad. Son suelos casi siempre muy fértiles, aunque con ciertos problemas de manejo agrícola como son dificultad para la labranza, mal drenaje y deficiencia de materia orgánica. Son susceptibles a sufrir acumulación de sales. Como en el caso de los feozems, la maquinaria pesada y el exceso de agroquímicos, pueden llegar a dañarlos.

 

Otras unidades de menor extensión en esta región son:

n Calcisoles 8% (ver región i).

 

n Solonchaks 6%. Aunque en términos de superficie pueden llegar a considerarse poco significativos, los solonchaks o suelos salinos son la manifestación de una fuerte degradación de suelos y localmente, pueden representar serios problemas. Esta región es particularmente sensible a sufrir este proceso. Los solonchaks son suelos con una fuerte acumulación de sales solubles que inutilizan el recurso, proceso favorecido por un clima árido o semiárido, aunque no es exclusivo de los mismos. También se puede presentar en zonas con drenaje deficiente y aporte externo de sales, en donde el nivel de agua del suelo queda muy cercano a la superficie y, debido a la evaporación, las sales migran paulatinamente acumulándose en la superficie. El problema de la salinización ha llegado a ser de primera importancia al interior de los distritos de riego. Su rehabilitación es difícil y costosa, se requiere mucha agua de buena calidad y la instalación de drenaje artificial para eliminar las sales del suelo. A veces este problema se agrava, cuando las sales dominantes son de sodio.

 

n Luvisoles y acrisoles 3% (ver región vii).

 

 

Región iv. Norte

 

Predomina un clima muy árido semicálido a templado. En la franja fronteriza se presenta un régimen intermedio de lluvia, en el resto del área se observa un régimen de lluvias de verano.

 

Abriéndose hacia las sierras y hacia el sur, el clima cambia a árido y a semiárido con temperaturas que van de semicálidas a templadas. Es la región climática más extensa de la nación, ocupando un 26.5% de su superficie.

 

Esta región abarca los estados de Chihuahua, Coahuila (parte oeste), Durango, Zacatecas (parte norte), San Luis Potosí y los extremos occidentales de Nuevo León, y Tamaulipas, así como el norte de Aguascalientes, Guanajuato y Querétaro.

 

Los suelos dominantes en esta región son propios de zonas áridas y ya han sido descritas con anterioridad:

 

Calcisoles 37% (ver región i), leptosoles 30% (ver región ii).

 

Otras unidades menos importantes en cuanto a extensión cubierta son: regosoles 13% (ver región i), feozems 10% (ver región iii), cambisoles 4% (ver región ix), solochaks 2% (ver región iii).

 

n Castañozems 2%. Son suelos muy parecidos a los feozems cuya distribución es muy limitada en nuestro país sugún las fuentes consultadas, por lo que incluimos su breve descripción en esta región. Sustentan vegetación de pradera, son fértiles y poseen un horizonte superficial suave y mullido, así como materia orgánica en abundancia. La diferencia es que se desarrollan bajo climas un poco más secos que los feozems, por lo que pueden presentar pequeñas acumulaciones de carbonatos de calcio en el perfil. Tienen una alta fertilidad potencial, pero la limitante para su aprovechamiento muchas veces es la escasez de agua. Si se introduce riego, debe monitorearse su estado de salinidad. Se usan también para pastoreo extensivo.

 

n Planosoles, luvisoles y vertisoles  2% (ver regiones x, vii y iii).

 

 

Región v. Centro

 

Ocupa el sur de Zacatecas, de Aguascalientes, de Guanajuato y de Hidalgo; el este de Nayarit. El estado de Jalisco (salvo la costa), y el Distrito Federal. Así como la parte norte de Michoacán, de México, de Tlaxcala y de Puebla. Predomina un clima subhúmedo con variantes, las temperaturas son semicálidas o templadas y el régimen de lluvias en verano. Ocupa 9.7% del territorio nacional.

 

Los suelos característicos de esta región son feozems   37%   (ver región iii), regosoles 16% (ver región i), vertisoles 14% (ver región iii), luvisoles  8%    (ver región vii).

 

n Andosoles 8%. Son suelos formados a partir de cenizas volcánicas; por tanto, se asocian a relieves montañosos. Poseen una capa superficial muy suelta con abundante materia orgánica, muy frecuentemente se presenta una capa endurecida de drenaje deficiente como límite interno (tepetates); por estas circunstancias son muy susceptibles a la erosión. En cuanto a su potencial de aprovechamiento, dado que su distribución no está restringida a un tipo de clima particular encontrándolos tanto en climas templados como tropicales, puede ser muy variable; aunque debe dársele preferencia al uso forestal debido a las limitantes que poseen para su aprovechamiento agrícola: retienen fuertemente ciertos elementos nutritivos, tales como el fósforo y el potasio, son suelos relativamente ácidos y pueden llegar a desarrollar toxicidad por exceso de aluminio. Como se mencionó, las condiciones topográficas en que se ubican restringen el uso de maquinaria. En esta región, los andosoles son especialmente importantes pues se presentan a todo lo largo del eje neovolcánico.

 

Otros suelos presentes en menor proporción en esta región son cambisoles 4% (ver región ix), calcisoles 4% (ver región i), leptosoles 4% (ver región ii).

 

n Planosoles 3%. Los planosoles son muy escasos en términos globales en el territorio nacional. Muchas veces se localizan en las proximidades de ríos o estuarios. Para su formación requieren de climas con estaciones alternadas (seca-húmeda) muy marcadas. Poseen una capa impermeable cercana a la superficie del suelo, ocasionando que se inunden durante la estación húmeda; esto hace que la parte superficial inundada presente una descomposición retardada de los materiales orgánicos. Son pobres en nitrógeno, potasio y calcio. Sus usos son muy limitados.

 

n Castañozems 2 % (ver región iv).

 

 

Región vi. Noreste

 

Incluye los estados de Tamaulipas, de Nuevo León y la franja oriental de Coahuila. El clima varía de semiárido a árido y la temperatura va de cálida a semicálida. El régimen de lluvias es intermedio en la franja fronteriza y de verano en la parte centro y sur. Abarca el 9% de la república mexicana.

 

Los tipos de suelos más abundantes son:

leptosoles 42% (ver región ii), calcisoles  32% (ver región i),vertisoles  17%  (ver región iii).

 

Otras unidades menos abundantes son castañozems 6% (ver región iv), regosoles 2% (ver región i y feozems 1% (ver región iii)

 

 

Región vii. Golfo de México

 

Abarca el sur de Tamaulipas, las porciones orientales de San Luis Potosí, Querétaro y Oaxaca; el norte de Hidalgo; los estados de Veracruz y Tabasco, así como el norte de Chiapas. El clima predominante es húmedo o subhúmedo con temperaturas que varían de cálidas a semicálidas. El régimen de lluvias puede ser intermedio o de verano. Ocupa el 9% de la superficie de la república.

 

 

Los suelos principales son:

n Vertisoles 25 % (ver región iii).

 

n Gleysoles 13%. Los gleysoles son suelos propios de zonas que permanecen inundadas por periodos prolongados a lo largo del año (pantanos). Los suelos están sometidos, por tanto, a condiciones de aireación muy deficientes (ambiente reductor) que muy pocos cultivos toleran. En ocasiones son drenados artificialmente para poder aprovecharlos. En México su distribución es muy restringida, pero localmente pueden llegar a ser importantes. Los gleysoles son muy susceptibles a la contaminación debido al estrecho contacto que guardan con agua que no tiene posibilidades de drenar. Desgraciadamente, coinciden (en esta región sobre todo) con zonas de explotación petrolera que los impactan fuertemente.

 

n Acrisoles 11%. Son suelos similares a los luvisoles (presentan horizonte b), pero los efectos del agua de drenaje son más drásticos. Muchas veces exhiben colores rojizos, que son indicadores de un drenaje muy eficiente y condiciones de buena aireación (ambiente oxidante). Son suelos en donde la alta acidez restringe el tipo de cultivos que prosperarían en tales condiciones. Poseen, además, un reserva de nutrimentos relativamente baja y el horizonte b es susceptible de endurecerse, evitando la penetración de raíces. Se les califica de moderada tendencia a la erosión. Son suelos que han estado sometidos a prácticas agrícolas tradicionales, tales como la roza-tumba-quema que, debido a presiones demográficas, ha ido perdiendo su carácter de sustentabilidad. Suelen utilizarse para la producción de cultivos  como el cacao, la piña y el café. También se ocupan para pastizales artificiales en la producción ganadera.

 

n Luvisoles 10%. Los luvisoles son suelos propios de climas húmedos pero que presentan una estación de secas. Bajo climas tropicales se forman en materiales de reciente depositación. El suelo está dotado de un exceso de agua que fluye a través del mismo en forma de drenaje. Esta agua de drenaje arrastra minerales acillosos y complejos organo-minerales que paulatinamente se van acumulando a cierta profundidad del suelo (horizonte b). A pesar del exceso de drenaje poseen una reserva de nutrimentos relativamente alta (aunque la reserva no es tan alta como en los feozems, que también poseen horizonte b). Naturalmente presentan vegetación de bosque o de selva y son altamente susceptibles a la erosión. Pueden ser usados para la producción agrícola adoptando técnicas que minimicen los riesgos de erosión.

 

Cambisoles 11% (ver región ix), leptosoles 11% (ver región ii), regosoles 7% (ver región i), feozems 5% (ver región iii).

 

n Nitosoles 3%. Esta unidad sólo se encuentra representada en esta región. Son suelos propios de climas tropicales con una estación de secas definida. Presentan fuertes acumulaciones de arcillas (horizonte b), el material a partir del cual se forman es de reacción básica. Poseen altas concentraciones de óxidos de hierro (coloraciones rojizas que denotan un ambiente oxidante). Suelen utilizarse para el cultivo del cacao y café, sin necesidad de recurrir a demasiados insumos.

 

Andosoles 2% (ver región v), solonchaks 2% (ver región iii).

 

 

Región viii Balsas-Valle de Oaxaca

 

Observa un clima que va de semiárido a subhúmedo con temperaturas cálidas, el régimen de lluvias es de verano. Incluye el sur de Jalisco, del estado de México y de Hidalgo; la franja central de Michoacán; los estados de Morelos, Puebla y Guerrero (salvo la costa) y la franja central de Oaxaca. Comprende el 7.5% del territorio nacional.

 

Los suelos que ocupan mayor superficie en esta región son: regosoles 32% (ver región i), leptosoles 21% (ver región ii), cambisoles 13% (ver región iv), luvisoles 9% (ver región vii).

 

Otras unidades menos extendidas son andosoles 7% (ver región v), feozems 7% (ver región iii), acrisoles 6% (ver región vii), vertisoles 4% (ver región iii), calcisoles 1% (ver región i).

 

 

Región ix. Pacífico sur

 

Ocupa el estado de Colima y las costas de Jalisco, de Michoacán, de Guerrero y de Oaxaca. El clima es subhúmedo y las temperaturas pueden ser cálidas, semicálidas o templadas (en las tierras altas). El régimen de lluvias es de verano. Abarca 4.2% de la superficie de México.

 

Los suelos más comunes son:

 

Regosoles 57% (ver región i).

 

nCambisoles 28%. Los cambisoles son suelos que exhiben un grado mínimo de desarrollo, apenas es apreciable una capa de acumulación de materiales finos (horizonte b incipiente), son comunes en zonas templadas, aunque en climas tropicales pueden asociarse con materiales de reciente depositación o a fuertes pendientes. Tienen buen potencial agrícola, aunque las limitaciones principales son su poca profundidad y el exceso de piedras superficiales. En zonas tropicales pueden tener baja reserva de nutrimentos, pero no tanta como los acrisoles.

 

Otras unidades presentes en menor proporción son feozems 5% (ver región iii), leptosoles 5% (ver región ii), luvisoles, andosoles y vertisoles 5% (ver regiones vii, v y iii).

 

 

Región x. Sureste

 

La integran la parte sur de Chiapas y el extremo oriental de Oaxaca. El clima es húmedo graduando a subhúmedo en las tierras altas, con temperaturas que pueden ser cálidas, semicálidas o templadas. El régimen de lluvias es en verano. Corresponde al 2.9% del la superficie del país.

 

Los suelos que ocupan áreas más extensas son regosoles 29% (ver región i), leptosoles 21% (ver región ii), luvisoles 18% (ver región vii).

 

Otros tipos de suelo de menor representación en esta región son cambisoles 11% (ver región ix), acrisoles 7% (ver región vii), vertisoles 7% (ver región iii), solonchaks 4% (ver región iii), planosoles y andosoles 3% (ver región v).

 

 

Región xi. Península de Yucatán

 

Abarca los estados de Campeche, Yucatán y Quintana Roo. El clima es subhúmedo con temperaturas cálidas. El régimen pluvial es de verano en la porción occidental de la península, en tanto que para la porción oriental el régimen de lluvias es intermedio. Ocupa el 6.7 % del territorio nacional.

 

Hay tan sólo una unidad de suelos que ocupa casi toda el área referida:

 

  • Leptosoles 75% (ver región ii). Esta región está dominada por material calcáreo; de manera que los leptosoles (antes rendzinas) que se presentan aquí son muy particulares. Se trata de suelos someros y pedregosos, pero con una capa superficial muy oscura y rica en materia orgánica con buena reserva de nutrimentos, lo que hace de ellos un recurso con mayor potencial de aprovechamiento agrícola que otros leptosoles.

 

Otras unidades de distribución más limitada son luvisoles 8% (ver región vii), vertisoles 6% (ver región iii), regosoles 5% (ver región i), solonchaks 3% (ver región iii), gleysoles más acrisoles 3% (ver región vii).

 

 Conclusiones

 

Como se puede apreciar en la tabla 1, los suelos de más amplia distribución nacional (65%), corresponden a suelos someros con poco desarrollo (leptosoles, regosoles y calcisoles), lo que dificulta su aprovechamiento agrícola.

 

  • Los suelos fértiles y más explotados (feozems, verisoles, cambisoles y luvisoles) ocupan 26% del territorio nacional y las presiones a las que se les somete, debido a una explotación agrícola intensiva, representan un riesgo para su potencial productivo.

 

  • Las regiones que exhiben una mayor diversidad de suelos son la región centro y la del Golfo de México. Ambas regiones están sujetas a altas densidades de población, lo que promueve múltiples presiones sobre el recurso. Entre ellas destacan: la demanda de terrenos para construcción, vías de comunicación y uso industrial, así como para disposición de residuos, tanto municipales como industriales.

 

Otras actividades productivas que representan un riesgo para el suelo son:

 

a)     Minería: especialmente por la extensa superficie que afecta y porque los residuos generados sepultan grandes superficies de suelo. Sin embargo, no suelen coincidir con áreas agrícolas muy productivas (región norte y áreas montañosas al interior de otras regiones).

 

b)     Producción petrolera: genera gran cantidad de sustancias tóxicas que frecuentemente se ven sujetas a derrames o escapes, en este caso coinciden con suelos que poseen baja capacidad amortiguadora para este tipo de impactos (región Golfo de México).

 

 

c)       Riego: la salinidad, producida como efecto secundario, esta afectando                                                                                                            

     amplias zonas productivas (región pacífico central y región noreste).

 

 

Figura 1 Esquema simplificado de los procesos formadores del suelo.Tabla 1. Unidades de suelo y extensión aproximada (%) que ocupan, en el país (negritas) como por región climática.