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Unión de Grupos Ambientalistas,
I. A. P.

Acuacultura


Acuacultura

 

La captura mundial total de peces está aproximándose

a cien millones de toneladas métricas.

La fao cree que es la cantidad máxima

que puede ser sustraída para

 no dejar de ser sustentable.

 

 

Flavio Cházaro   y

Efraín Niembro

 

Introducción

 

Según Gilbert Barnabé, una de las grandes figuras de la acuacultura moderna, el término de acuacultura o acuicultura, engloba todas las actividades que tienen por objeto la producción, crecimiento (desarrollo) y comercialización de organismos acuáticos, animales o vegetales, de aguas dulces, salobres o saladas.

 

El objetivo principal de la acuacultura es la producción de cualquier organismo acuático, manipulando o controlando los ecosistemas de aguas dulces, salobres o saladas, naturales o artificiales, para la producción de especies útiles al humano, o especies amenazadas con el objetivo de recuperarlas.

 

¿Cuáles son los grupos más utilizados en la acuicultura actual? Algas, moluscos, peces y crustáceos son los grupos clásicos, aunque existen otros ejemplos que desde hace diez años empezaron a cobrar interés comercial, como son reptiles acuáticos (cocodrilos y caimanes) y anfibios (ranas y sapos).

 

De aquí se derivan varios términos específicos que en más de una ocasión escucharemos: piscicultura para el cultivo de peces, salmonicultura para el cultivo del salmón o truchicultura para las truchas; conchicultura para el cultivo de los moluscos con concha, miticultura para el mejillón, camaronicultura para el cultivo del camarón, y así con referencia al grupo y especie que se cultiva.

  

Los orígenes de la acuacultura

 

La idea de cultivar las aguas continentales y los mares no es nueva: en Hawaii se descubrieron vestigios de estanques utilizados para el mantenimiento de peces que datan de tiempos prehistóricos, mientras que el primer tratado de piscicultura, atribuido a Fan-Li (China), data del año 475 aC (Milne, 1972). En la antigüedad, Aristóteles menciona el cultivo de ostiones en Grecia, mientras Plinio da algunos detalles del cultivo de morenas como peces de ornato en Roma.

 

La acuicultura en México tiene raíces históricas que se remontan a la época prehispánica, cuando algunos organismos se cultivaban en tapos o cercos con diversos fines. Se sabe que los mayas alimentaban algunas especies de pejesapo y pejelagarto en cenotes para su mantenimiento y engorda (Palomo y Arriaga, 1993).

 

La acuacultura, nació de manera empírica, a partir de la observación de animales acuáticos y mediante técnicas de pesca arcaicas, así fue como se establecieron realmente las primeras formas efectivas de cultivo: con los juveniles de ciertas especies de peces y crustáceos que penetran, procedentes de mar, a las aguas litorales comunicadas con lagunas costeras y estuarios. Allí engordan y, posteriormente, regresan al agua de mar bajo la influencia de ciertos factores (migraciones, reproducción o temperatura). Su captura es entonces sencilla con la ayuda de cercas o tapos de red o empalizadas.

 

En dos especies de agua dulce se consiguió muy pronto el control de su ciclo completo: la carpa que se cría desde la edad media y la trucha, desde hace un siglo. Las crías de peces, moluscos y crustáceos marinos se iniciaron en el siglo diecinueve, pero en ningún caso se consiguió el control del ciclo biológico como en la carpa y la trucha. Se emprendieron entonces siembras masivas de huevos o primeros estados larvarios en el mar. En 1917, por ejemplo, los criaderos de la costa este de Estados Unidos soltaron al mar mas tres mil millones de larvas de peces (bacalao, abadejo y lenguado). Después de este apogeo, la actividad de los criaderos cesó por completo en 1952 sin que se pudiera constatar efecto alguno sobre las poblaciones naturales (Shelbourne, 1964).

 

Esto fue un intento fallido de lo que en realidad se buscaba: el cultivo del mar o maricultura. Queda muy claro que con estudios serios de las dinámicas de las poblaciones naturales de peces y crustáceos, un adecuado programa de acuacultura sustentable y amigable con el medio ambiente, y ubicando sitios naturales para protegerlos y que sean los albergues de los nuevos individuos o reclutas, se logrará que éstos lleguen a tallas de reproductores. En unos pocos años se observarán los incrementos en las pesquerías de aquellas especies que sean cultivadas en el mar o por técnicas de maricultura.

 

En Japón, el cultivo del ostión se inició en el siglo xvii, pero su pleno desarrollo se alcanzó en los últimos 50 años (Imai, 1980). En este país es donde tiene sus raíces la acuicultura moderna. Los trabajos del profesor Hudinaga (a partir de 1934) le permitieron no sólo inducir la puesta de camarones maduros y criar larvas hasta el estado adulto sino, sobre todo, sentar las bases técnicas apropiadas de la cría aplicada actualmente a gran escala: los semilleros (hatchery). Fue el principal promotor en demostrar que la acuicultura de especies marinas era posible y esto dio un fuerte impulso a la investigación.

 

En 1960, Ito aclimató el rotífero Brachionus plicatilis al agua de mar. Su utilización en la alimentación de larvas de peces marinos permitió por primera vez la cría de éstas hasta el estado de juveniles, abriendo la posibilidad del cultivo de peces marinos (Seto Marine Biology Laboratory, 1966). Desde este periodo a la fecha, existen grandes progresos en el cultivo de innumerables especies de crustáceos, moluscos y peces, de todos los tipos de aguas. Actualmente, se incorporan a los especies explotadas comercialmente los anfibios y los reptiles acuáticos.

 

 

La acuacultura moderna

 

La piscicultura en aguas dulces y el cultivo tradicional de moluscos –ambos limitados a lugares restringidos y saturados–, son aspectos bien conocidos de la acuicultura. Sin embargo, después de una decena de años se han producido inmensos progresos en todo el mundo que contribuyen a acrecentar una gran esperanza: la de cultivar el mar.

 

El mar sólo proporciona el 10% de las proteínas animales de la alimentación humana y el 1.3% de su alimentación global (Duvigneaud, 1980). El ser humano obtiene la mayoría de sus alimentos de las tierras emergidas en las que habita y que representa la cuarta parte de la superficie de la Tierra. Esto pone de manifiesto, en un planeta con una demanda de alimentos cada vez mayor para una creciente población que rebasa los cinco mil millones de habitantes, la alternativa de cultivar esas tres cuartas partes restantes.

 

A pesar de estas dificultades, las capturas de la pesca oceánica tradicional -realizada de forma casi salvaje- parecen haberse estabilizado desde hace algunos años en unos 80 millones de toneladas (82 millones en 1985, de los cuales 8.9 millones son de aguas interiores), mientras que en el curso de los decenios anteriores a 1970, habían aumentado un 77%. Por tanto, la mayoría de las reservas pescables son explotadas al máximo (fao, Servicios de Recursos Marinos, 1983). Igualmente, se admite un límite de 100 millones de toneladas para los recursos de la pesca tradicional. Por otra parte, el gasto energético en combustible, que representaba alrededor del 10% del precio del pescado antes de 1974, supone actualmente mas de un tercio. Esto indica la clara sobreexplotación de las provisiones naturales y que se refleja en un esfuerzo adicional de pesca para encontrar el mismo recurso.

 

Señalemos, antes que nada, que la acuicultura, a diferencia de la pesca, no depende obligatoriamente de las cadenas tróficas naturales porque, precisamente, controla dichas cadenas para aumentar su producción.

 

Incluso con rendimientos bajos, la acuicultura de producción (cuyo objetivo es reconducir el funcionamiento de los ecosistemas acuáticos hacia la obtención de especies útiles para la humanidad), tiene una dimensión difícil de estimar: generalmente se admite que el rendimiento de la pesca marítima en las zonas explotadas es del orden de dos kilogramos por hectárea y año, mientras que la acuicultura extensiva produce, al menos, un centenar de kilos en la misma superficie y, frecuentemente, de una a dos toneladas.

 

Las consecuencias económicas de todo ello son evidentes: un estudio realizado por Arrington (1992) en Formosa demuestra que el costo por kilogramo de peso vivo producido en acuacultivos es mucho más bajo que el correspondiente a la producción de cerdo, considerado como un excelente transformador. Sobre la base de un costo arbitrario de uno para el cerdo, los costos en acuacultura serían:

 

Acuacultura de aguas dulces                     0.43

Aguas salobres                                            0.53

Aguas marinas                                             0.24

 

Según Nash (1987), la proyección de la producción acuícola para el año 2000 a partir de los datos correspondientes a 1983 y teniendo en cuenta los criterios económicos propios de la economía de los países productores (según las indicaciones del Banco Mundial), la producción puede alcanzar 22 millones de toneladas, es decir, el doble de la producción de 1984. La acuicultura, que actualmente supone el 13% de la producción de la pesca, pasaría a representar el 25%.

  

 

Algunos datos de la acuacultura mundial (1993)

 

Producción de la acuicultura en el mundo

         Zona                                                       Producción (miles de toneladas)

 

     Peces

Moluscos

Crustáceos

      Algas

         Total

África

45

3

1

1

50

Asia+Pacífico

3,358

2,586

76

2,392

8,412

Europa+Oriente medio

727

495

 

0.1

1,222

Norteamérica

152

133

27

 

312

Sudamérica

167

31

50

1.6

250

Total

4,449

3,248

154

2,394.7

10,246

 

Contribución de la acuicultura a las producciones acuáticas

Producción

Peces

Moluscos

Crustáceos

Algas

Total

Pesca

Acuacultura

62,753

4,448

3,069

3,245

878

153

811

2,393

67,510

10,240

% Acuacultura

7%

51%

17%

75%

15%

 

 

Como podemos apreciar en el cuadro anterior, la acuacultura hasta finales de 1993, representaba el 75% de la producción de algas a nivel mundial, siendo las macroalgas el grupo más representativo debido a que son las especies más consumidas por los japoneses o para la comida japonesa.

 

Poco a poco los porcentajes se van invirtiendo a favor de la acuacultura y esto queda reflejado en el 51% de la producción de moluscos por medio de la acuacultura que supera a la pesca tradicional en 1993. Las especies más cultivadas en este periodo fueron los mejillones, las almejas, las madreperlas y las escalopas o zamburiñas.

 

Para el año 2000 se espera un incremento significativo en los porcentajes de crustáceos y peces provenientes de acuacultivos que, para 1993, presentaron valores modestos de 17% y 7% respectivamente.

  

La acuacultura en México

 

La acuacultura nacional tiene raíces históricas que se remontan a la época prehispánica, cuando algunos organismos acuáticos se cultivaban con fines diversos. En todo el periodo histórico posterior a la conquista y hasta después de la revolución, salvo contadas excepciones (algunas muy destacadas como las iniciativas de Esteban Cházari y los cultivos de madreperla en Baja California Sur realizados por Gastón Vivés), prácticamente no existe mayor evidencia del desarrollo de cultivos.

 

En nuestro siglo, en la década de los años cincuenta se registran acciones cada vez más importantes que orientan la acuacultura hacia su fase extensiva y de consumo ocasional de los productos generados. De 1960 a 1970 su práctica empieza a generalizarse y se crean diversos organismos gubernamentales para fomentarla. En materia de cultivos, destacan las acciones de propagación de la carpa por todo el altiplano del país (Juárez, P. J. R., 1985), así como las primeras granjas de producción de bagre en Sinaloa y de camarón azul en Sonora. De igual forma, se desarrollan acciones en las aguas salobres, concretadas en diversos estudios de carácter bioecológico y, en 1972, se crea la Dirección General de Acuacultura.

 

A la fecha, se tienen identificadas en México 136 especies con potencial de cultivo. De ellas se aprovechan 57: 13 con un dominio tecnológico que permite practicar cultivos de ciclo completo, 16 que están en proceso de alcanzar una tecnología más desarrollada y el resto que presentan diferentes grados de dominio en su cultivo. En el caso específico del camarón, existen en el Pacífico 64 especies de interés comercial y en el golfo de México 17.

 

La producción pesquera nacional en 1995 ascendió a 1'404,384 toneladas, de las cuales 157,574 (11.22%) fueron producidas por acuacultura. El valor de la producción acuícola representó el 14.59% del valor total nacional de la producción, por lo que se puede concluir que el valor de los productos acuícolas es mayor que el de los productos obtenidos de la pesca, esto es, el valor de la tonelada producida por acuacultura es en promedio de $5 mil 750 pesos  mientras que el de la pesca es de tan sólo $4 mil 250 pesos (26% menor), destacando que este patrón de precios se presenta también en el camarón. Esto puede atribuirse al hecho de que el acuacultor tiene la opción de obtener mejores precios en los mercados ya que puede vender directamente al consumidor, puede escalonar los tiempos de cosecha y puede vender el producto en mejores condiciones sanitarias (vivo inclusive).

  

Tendencias nacionales contra mundiales

 

La pesca mundial registró, en 1960, un total de 40 millones de toneladas capturadas, aumentando paulatinamente hasta estabilizarse, a partir de 1988, en volúmenes cercanos a 100 millones de toneladas. En el caso de la acuacultura, se registró, en 1984, un volumen total de producción de diez millones de toneladas y, en 1993, de 22 millones.

 

Al analizar en qué medida la acuacultura en México contribuye en la producción de recursos pesqueros, obtenemos la siguiente gráfica:

 

 

Actualmente, la Dirección General de Acuacultura de la Semarnap plantea, en su Programa de pesca y acuacultura 1995-2000, un incremento de 76 mil toneladas en ese periodo, que representa el 43.6%. Cabe recordar que el incremento de la camaronicultura fue del 17% de 1994 a 1995 a pesar de la crisis que ha sufrido el país.

 

 

 

La siguiente gráfica nos indica la participación de los estados en la actividad acuícola nacional (aglutinados e individualmente):

 

 

Destacaremos también que por acuacultura, 88% del camarón se produce en Sonora y Sinaloa, 81% del ostión en Veracruz y Tabasco, y que 92% de la trucha y 79% de la carpa provienen de las entidades sin litoral.

 

Como indicadores de la política actual de la Semarnap tenemos que sus centros acuícolas dedican su producción de crías en 55% a la tilapia, en 29% a la carpa, y en 3% a la trucha.

 

En el caso de la producción mundial de camarón, de 1984 a la fecha se incrementó un 51%, y por acuacultura 453%. En México, en el mismo periodo, la producción se mantuvo estable y, sin embargo, por acuacultura, tan sólo de 1988 a la fecha la producción pasó de mil a 12 mil toneladas.

 

Esto ha generado en muy poco tiempo el desarrollo de una infraestructura de producción significativa aunque de forma desordenada, por lo que se requiere hacer una revisión de la actividad, con objeto de sentar bases sólidas para el futuro. La infraestructura actual se detalla en el siguiente cuadro:

 

 

 

Tipo de granja

Núm. de

unidades

Superficie

(ha)

 

Granjas con sistemas extensivos

71

2,884

 

Granjas con sistemas semi-intensivos

147

10,872