Logo UGAM
Unión de Grupos Ambientalistas,
I. A. P.

Pobreza y Vida Digna



Pobreza y Vida Digna

 

 

El hecho de que en el seno de

la civilización superior haya hombres que

 desfallezcan y mueran de inanición no se debe

 a la mezquindad de la naturaleza,

 sino a la injusticia de los hombres.

Henry George.

 

Luis Lopezllera Méndez

 

Introducción

 

Hace poco, en el crucero más transitado cerca de mi casa, conté diecisiete niños y adolescentes desarrapados que aprovechaban la luz roja del semáforo para ofrecer o sorprender a los automovilistas con el limpiado de su parabrisas y así recoger alguna moneda. Esta moneda sería entregada con mezcla de pena y fastidio pero sin mayor violencia. Encendida la luz verde el improvisado escuadrón de jóvenes se dedicó entonces a asaltar un pesado tráiler cargado de refrescos que lentamente avanzaba en medio del embotellamiento; cada muchacho se llevó una caja ante la impotente mirada del chofer.

 

Así, entre la luz roja y la verde, cada 75 segundos, la pobreza se entromete en la circulación de los ordinarios automovilistas, millones a diario en esta gigantesca ciudad de México, para mostrar su cara solícita pero amenazante. Habría que contar el número de cruceros donde se combinan dos realidades: cápsulas rodantes de un progreso exaltado en la televisión y hordas de niños y jóvenes naufragando su vida a centímetros de distancia, frágiles parabrisas de por medio. La cuenta nos sorprendería. Este naufragio no es sino el anuncio del gran hundimiento de una civilización que no supo responder a los llamados lastimeros e iracundos, de quienes huyendo de la hambruna rural creyeron encontrar trabajo y cobijo en la inmensa plancha de asfalto.

 

Artículos, investigaciones, libros, campañas, fundaciones, fondos, programas, proyectos, de todo se ensaya contra la pobreza. Los resultados siguen siendo menos que escasos, si bien hay mucho mérito en algunos. Pero tal parece que el conjunto es contra los pobres, salvo los anuncios estadísticos de mejoría y la proliferación de promesas y exhortos a la paciencia.

 

 

Oprobio que afecta a todos

 

La pobreza está a flor de piel, a la vista de todos. Son los indígenas su símbolo secular, cuya sangre del sacrificio también corre por la condición mestiza y que, paradójicamente, nos permite llamarnos y distinguirnos con lo que nos queda de orgullo como mexicanos. De uno de los rincones más alejados de México, paradójicamente muy pobre y muy rico, surgió hace poco el grito "¡Basta!", de miles de indígenas armados, dispuestos a morir antes que desaparecer en medio de la indignidad y el exterminio.

 

Los nuevos ricos, los petroleros, los economistas y los políticos despreciaron el campo. El campesino fue traicionado no obstante sus revolucionarios muertos a principios de siglo. Hoy esa masa móvil de migrantes que desborda ciudades, no respeta fronteras y provoca el traslado del muro de Berlín a Tijuana. Nos sirve para aprender que el fin de la Historia es justificación de amnésicos que la ignoran, mientras nosotros seguimos determinados por el principio de la geografía.

 

Nuestra pobreza es hoy extrema, es una aberración. Lejos estamos de la pobreza evangélica. Bienaventurados los pobres... Austeridad, humildad, sencillez, incluso candor e ingenuidad, han sido acompañantes del pobre que, con poco, combina subsistencia con virtud. Pero hoy, de la subsistencia se pasa a la miseria, al oprobio, a la extinción.

 

Si el indígena y el campesino migrante son el ejemplo más patente de la miseria, ésta se extiende a otros sectores de la población. Nuevas generaciones de pobladores urbanos no encuentran trabajo estable y se refugian en el comercio informal, conforman ejércitos que hacen de la calle su dominio y del transeúnte su cliente efímero.

 

¿Qué queda del obrero, el proletario clásico, la mano de obra industrial y trabajadora?, ¿cómo calificar su productividad? Con orgullo se hablaba de la Casa del Obrero Mundial fundada en los albores de la revolución. Hoy los sindicatos son estructuras burocráticas que han dependido históricamente de los líderes charros auténticos degradadores de la responsabilidad y creatividad del trabajador, entregando su destino a los designios de gobernantes y empresarios. Excepcionales luchas por una justicia laboral han sido sofocadas por esta complicidad.

 

Un millón de deudores de la banca conforman en todo el país, un movimiento de clases medias y agricultores otrora prósperos, ahora en situación de cerrar sus pequeños y medianos negocios, de perder su patrimonio, de alimentar durante toda una vida los fuertes réditos del capital. El Barzón es tal vez la expresión más dinámica del fracaso de un sistema y, por otra parte, de la capacidad de reacción, si no de los pobres, de los empobrecidos. Se repite la historia de la depresión de los años treinta entre los países fuertes, pero somos un país dependiente y, para salir de ella, no entraremos en guerra alguna ni triunfaremos sobre potencias.

 

Los jóvenes estudiantes de las capas populares experimentan su frustración al observar que la deseada educación es la más cara, a la que no se tendrá acceso. Que ya no hay cupo en los planteles públicos. Y que el contar con un título ya no garantiza encontrar trabajo. La educación más apreciada es elitista, extranjerizante y tecnocrática y forma cuadros para empresas sin alma y sin raíz, en esta lucha mundial por la sobrevivencia del más fuerte.

 

Esta pobreza se nos refleja en conocidas estadísticas, alarmantes a pesar de la manipulación de que son objeto. Condiciones de nutrición, salud y medio ambiente, vivienda, educación, empleo, seguridad, justicia: todo es carencia y deterioro para las grandes masas. Estas carencias son reflejo de una pobreza estructural: cultura hegemonizada por la televisión comercial entregada al american way of life; política manipulada por los partidos empezando por el decadente y fraudulento pri, cuyo nonagenario líder obrero fue fiel imagen de su realidad. Economía y gobierno en manos de tecnócratas formados en el extranjero y cuyo mayor logro es, aparte de hablar inglés, repetir fórmulas de Washington y Wall Street.

 

Industriales y empresarios que una vez fueron nacionalistas y productivos hoy se unen a las corporaciones transnacionales como subsidiarios y maquiladores, han pasado al comercio alentador del consumismo o, peor, a la banca usurera y la especulación. ¡Qué pobreza de país!

 

A todo nos acostumbramos. Lo arriba señalado no es desconocido por el conjunto de la sociedad, pero asombra la capacidad de asimilación y conformismo. Hace treinta años, con la calidad humana que protagonizó el movimiento estudiantil del 68, habría habido una insurgencia generalizada. Hoy, las protestas tienen que extremarse para escasamente llamar la atención: el Zócalo y las principales arterias de la ciudad son casi todos los días escenario de manifestaciones tumultuosas y embotellamientos vehiculares que provocan más malestar que entusiasmo. Los cuerpos de contención y represión, equipados con armas sofisticadas __helicópteros, tanquetas, perros, vallas__ aumentan impresionantemente en tamaño y eficacia. Se inician infinidad de huelgas de hambre, cuyo efecto es mínimo, si acaso alguna concesión individual, tal vez ya hay un manual para neutralizarlas.

 

El ingenio popular busca formas de expresión: personajes enmascarados, desnudos, muñecos, teatro callejero, pancartas inusitadas, humor y provocación que no respeta ya solemnidades devaluadas. Baste recordar las sesiones magnas entre diputados y el poder ejecutivo. Pero la gran sociedad, masificada, sentada ante el aparato de televisión, si acaso se conmueve pero no se mueve.

 

 

Una falsa solidaridad

 

La megalomanía de una tecnocracia monetarista __que tomó el poder después de un fallido populismo tercermundista, petrolero y endeudador__ proyectó nuestro país como si fuera del primer mundo: apertura comercial unilateral, masiva privatización, tlc, ocde, inmersión en los juegos financieros más especulativos, aspiraciones a figurar en la Organización Mundial del Comercio, fueron hitos resonados. La indefensión del campesino ante la mercantilización de sus tierras agrícolas, el cierre de cientos de miles de microempresas o el auge del narcotráfico, otros hitos. Pero hacía falta solucionar rápidamente el pesado y creciente fardo de la pobreza, para lo cual se diseñó el Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol).

 

Con esquemas movilizadores, usando consignas participativas de corte maoísta y una intensa campaña publicitaria en los medios de comunicación, se puso como reactor principal y hegemónico al gobierno mismo. Contrariando las tendencias mundiales, no hubo lugar efectivo para la gente crítica y propositiva, ni para la sociedad civil y sus ong, ni para las organizaciones populares autónomas, estables y conformadas. Algunas voces de este conjunto plural, como siempre, quedaron invitadas a niveles consultivos, sólo legitimadores y, ocasionalmente, a distribuir fondos marginales.

 

Se produjeron proyectos de desarrollo como píldoras mágicas. Se informó de cientos de miles, 250 mil al fin de sexenio, elaborados mediante comités de solidaridad improvisados con la oferta de dinero fácil, aparentemente despartidizando el proceso pero despolitizándolo aún más, engatusando masas, orientando hacia actividades paliativas y de corto plazo. ¿Cuántos de estos proyectos y comités tenían un referente orgánico más o menos real? Tal vez una tercera parte: sus objetivos fueron, por lo general, específicos y puntuales: escolares (becas e infraestructura), vecinales (regularización de la tenencia predial, calles, electricidad o agua potable), de salud (clínicas, grupos de mujeres, niños), de trabajo y producción (microempresas). Terminado el dinero y el interés concreto, muchos de estos comités han desaparecido y los que tenían base más orgánica están devaluados o deprimidos.

 

Ciertamente hay instituciones de gobierno que trabajan sinceramente por el bien de la gente desfavorecida, como FONAES, SEMARNAP, INI, dependencias menores y descentralizadas, en ocasiones asociadas a programas internacionales (PNUD, BID, etcétera), pero su influencia queda relativizada, por la gran política neoliberal.

 

 

La amenaza nuclear y el endeudamiento

 

La pobreza extrema unida a la injusticia social conformaban, junto con la propuesta de fórmulas políticas más democráticas, la ecuación de los movimientos de cambio en el mundo. Así fue en la revolución francesa. Sus ideales liberales inspiraron nuestra guerra por la independencia, cuyo estallido movilizó a los más pobres e indigentes bajo tantas promesas aún hoy incumplidas. Así fue también en la revolución de 1910.

 

En el siglo veinte han fracasado los grupos que movilizaron masas de inconformes y obtuvieron el poder: ni el fascismo ni el comunismo lograron lo que prometieron. Lucharon contra un sistema mundial anónimo y fueron derrotados víctimas de sus propios engaños y violencias. Ni la raza ni la clase, tornadas en religión, bastaron para lograr el cambio. En este siglo que se acaba, ¿cincuenta millones de muertos es el saldo de las guerras mundiales?, ¿otros tantos en las guerras de contención?

 

En América Latina hemos tenido populismos que mezclaron algo de los dos. Nuestra pregonada revolución se agotó con su institucionalización dando lugar a los negocios particulares y la demagogia, alcanzando los niveles de cinismo y corrupción actuales.

 

Una socialdemocracia europea, modelo esperanzador de la postguerra, ha cedido el lugar a un neoliberalismo duro empeñado, a cualquier costo, en mantenerse en la competencia mundial, produciendo los altos niveles de desempleo y descontento popular de hoy.

 

Esta miseria abyecta que sufrimos en México no ha sido desconocida en otros tiempos y lugares. La niñez mendigando o trabajando, la prostitución de jovencitas, la violencia cotidiana desde el nivel casero hasta el más criminal, no son fenómenos nuevos. La revolución industrial original destruyó los tejidos comunitarios en el campo, acumuló miseria en las concentraciones urbanas, la naturalizó, la justificó y la reprodujo en el tercer mundo. La gran depresión de los años treinta sólo tuvo como salida una guerra mundial. El triunfo de occidente garantizó su progreso acusando de todo mal al bloque oriental, fuese europeo o asiático y declarando subdesarrollados, en 1949, a los demás.

 

El terror nuclear, de Hiroshima hasta Chernobyl, ha sido la velada amenaza ejercida sobre todos los pueblos, respondiendo a cada intento por mejorar con un monólogo impuesto. Dictaduras militares, tiranías reales o advenedizas, bandas y camarillas políticas como la mexicana, han sido toleradas y hasta alimentadas, bajo la argumentación del suicidio nuclear.

 

Las instituciones internacionales encargadas de atender la pobreza fueron creadas en Breton Wods aun antes de terminar la guerra, aun antes de crear las Naciones Unidas, confirmando así que primero es lo primero, que la economía está en la esencia de toda política. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial se hicieron cargo del andamiaje económico que prevalece hoy. La crisis energética de los años setenta, resultado del nuevo conflicto este-oeste, le fue endosada al tercer mundo bajo la forma de crisis del endeudamiento provocando, en el último cuarto de siglo, la multiplicación de la pobreza a niveles masivos e inhumanos nunca antes experimentados.

 

Se ha hecho de la deuda un yugo que somete estados y destruye naciones bajo la lógica del capital financiero. La deuda de los Estados Unidos es de más de cinco millones de millones de dólares. Hoy, cada contribuyente estadunidense, cada uno, tiene en su cuenta una deuda cercana a los 50 mil dólares sin olvidar los intereses de cada año. La de México es de más de 150 billones de dólares. ¿Cuándo la pagaremos?, ¿qué generación la podrá saldar? Esta deuda ha financiado la comercialización de productos del mundo industrial hacia nosotros, a costa de acabar con nuestras capacidades productivas, y que no hubieran tenido salida de otro modo: Te endeudo para que me puedas comprar.

 

 

Desafío local y global

 

Hoy se considera a la pobreza como el problema mundial número uno, como fue señalado en la Cumbre de Copenhague de 1995 y que, junto con la destrucción ambiental denunciada en la Cumbre de Río de 1992, conforman el desafío radical. La copa de champagne diseñada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo para mostrar cómo están distribuidas las riquezas y los ingresos en el mundo es una triste y célebre imagen de la realidad. Misma que los reportajes de cnn sobre la miseria en África, India, Filipinas, Brasil o México (y ahora también del cuarto mundo en Nueva York, Tokio, París, Londres) se encargan de subrayar.

 

Pero hay otra pobreza más ruin. Es la que demuestran los que transitan por este mundo en calidad de privilegiados. Pobres ricos les llamaba Echeverría en sus desplantes populistas. México está plagado de grupos en posiciones de poder que no activan soluciones sino son un lastre costosísismo envueltos en una trama de convenciones obsoletas.

 

Paradójicamente, nuestro país es atractivo mundial en razón de su cultura, de su naturaleza, de la hospitalidad e idiosincracia de su gente. Pero sus dirigentes económicos y políticos se han conformado con ser meros repetidores de las consignas preparadas en un mundo dominante aunque estéril, por arriba y por afuera.

 

En México se pretende paliar la pobreza con aspirinas mientras la gran solución neoliberal llega milagrosamente algún día: el efecto goteo (trickle down) ofrecerá bienestar para todos. Se nos pide un acto de fe en un sistema y en un progreso que día a día beneficia a pocos y excluye a los más. La solución es el crecimiento, medido por el producto nacional bruto. El pnb es un medidor que considera crecimiento a la construcción de cárceles y el empleo masivo de policías, mientras ignora el trabajo social no remunerado de millones de personas, en especial el de la mujer, en su esfuerzo por sobrevivir.

 

El mundo se fractura. La copa de champaña no derrama líquido, éste embriaga a quienes nadan en él y evapora el resto en las cuentas de una riqueza cada vez más ilusoria, porque deja sin fundamento (social y ecológico) al crecimiento. El éxito aparente de unos cuantos enclaves en Asia (Hongkong, Singapur, Taipei, Corea del Sur) émulos de Japón, __magnificados por razones políticas como antes lo fue Berlín occidental__, no significa que otros grandes conglomerados puedan evolucionar igual, por más que sus élites lo procuren: India, China, Indonesia, Nigeria, Brasil... Elefantes blancos insostenibles abundan en México sin garantizar que nos reorganicemos adentro, como pueblo, como nación, para poner los pies en la tierra y, con la frente en alto, alcanzar niveles generalizados y duraderos de dignidad y bienestar.

 

Las instituciones políticas y económicas funcionando en el país, al igual que en el mundo entero, no están ya a la altura de los desafíos. No son parte de la solución, son parte del problema. Ni el Estado ni el mercado están en posibilidad de resolver la pobreza. A lo más que llegan es a ofrecer medidas asistenciales que intentan aliviar penas y lavar conciencias.

 

Se requieren reformas profundas y, más aún, la instauración de nuevas formas sociales de cooperación y convivencia a partir de la sociedad misma, superando competencias destructivas, exclusivismos y exclusiones, supremacías de clases y juegos de camarillas políticas y económicas.

 

 

Organizaciones de base y biorregiones

 

Si el concepto de Estado-nación es cada vez más limitado, va surgiendo el concepto de biorregión (ecorregión, microrregión, país original), que combina no sólo los elementos poblacionales y culturales, sino también ecológicos y económicos, poniendo el sostén de sus habitantes por sobre el crecimiento de una economía abstracta y exorbitada, que se maneja con indicadores macroeconómicos fijados por intereses predominantemente externos. Cada biorregión tiene su identidad, su genealogía, su historia, su geografía. Para hacer efectivo su potencial cultural, ecológico y económico, requiere reconocer modos propios de organización y dotarse de indicadores y símbolos que propicien su prosperidad a partir de sí mismos y en relación con otras biorregiones y con un mundo global hasta ahora tramposamente ventajoso cuando no darwinistamente hostil. Ante los conceptos dominantes de crecimiento y desarrollo nacional precisamos adoptar el concepto de modos de vida digna y sustentable en una perspectiva local-global, más allá y más acá de las fronteras casi borradas por los actuales fenómenos mundiales.

 

La población, las comunidades y organizaciones locales, la gente común, mediante formas muchas veces insospechadas se entreayudan para sobrevivir. Las prácticas indígenas y populares del tequio, de las mayordomías, de las ferias y cofradías, han sido formas de redistribución de tareas y recursos con fines comunitarios. La forma menos estudiada y sin embargo la más generalizada es la economía no monetarizada de las familias y células coexistentes, entidades religiosas y culturales, donde se ejerce la generosidad aun en situaciones extremas y donde la mujer juega un rol fundamental.

 

La economía informal es una difundida muestra del potencial laboral y organizativo de la gente, merecedora de mejores alternativas. Las cadenas, las cajas de ahorro y préstamo, las cooperativas de consumo y producción, las microempresas más elementales, (pequeños talleres y negocios familiares o vecinales), son formas de subsistencia y eventual progreso que ameritan ser conocidas y respaldadas. Igualmente se pueden señalar modestos despachos para ofrecer servicios profesionales, sean estos médicos, legales, contables, técnicos, etcétera.

 

Cotidianamente siempre es posible encontrar, hasta en la más pequeña localidad, algún tipo de organización. No sería posible prosperar y ni siquiera sobrevivir si no se establece algún tipo de cooperación popular, muchas veces informal y tradicional de ayuda mutua. Las redes familiares han sido tejidos sociales básicos, en países indolatinos como el nuestro, actualmente sometidos a intenso proceso de destrucción.

 

Toda comunidad cuenta con algún tipo de liderato ligado, casi siempre, a alguna función institucional que genera actividades constantes y que, eventualmente, producen formas orgánicas más o menos duraderas: maestros, sacerdotes, médicos, comerciantes, artesanos, comisarios ejidales, autoridades indígenas, dirigentes político-partidarios, delegados de gobierno, etcétera.

 

En su mayoría estos líderes y las organizaciones que han generado fueron cooptados y corrompidos __o marginados__ por el populismo estatal. Han sido manoseados, muchas veces dañados, por los programas políticos y comerciales, movidos principalmente por el afán de poder y dinero.

 

El problema es agudo porque la mayoría de estos grupos __los más visibles, como los sindicatos, ejidos y asociaciones vecinales__ han dependido de estructuras e instituciones dominantes que producen heteronomía en lugar de autonomía. Esto ha sido por el gran peso histórico del partido oficial y su gobierno durante tantas décadas, monopolizando la gestión social.

 

Pero la actual crisis está produciendo más dirigentes naturales y organizaciones que cuestionan este sistema de patrocinio y corrupción, aunque todavía con actitudes más reivindicativas que creativas.

 

Como contraste tenemos a la iglesia que hasta hace poco ha actuado más desde lo marginal e informal, pero impulsando también estructuras con posturas doctrinales, incluso ideológicas (ya sean vanguardistas de izquierda o masificantes de derecha). Como sus obras más destacadas se mencionan las misiones indígenas y las cajas populares, por una parte; así como la inspiración del movimiento sinarquista y un sinnúmero de obras asistenciales, por otra, sin descartar proyectos microrregionales exitosos dirigidos por gente religiosa, gente excepcional.

 

Es difícil saber cuántas organizaciones existen en cada localidad, pues habría que pensar en las instituciones que las generan o respaldan, como por ejemplo, las escuelas y las uniones de padres de familia (con las cuales, aparte de la educación propiamente dicha, habría que considerar las actividades permanentes que se suscitan, sean culturales, deportivas, ecológicas), las parroquias, los grupos de asistencia social, etcétera. Todas estas organizaciones se entrecruzan con los negocios, con la organización municipal misma y con los grupos partidistas.

 

Lo más probable es que en cada dimensión vital se genera por lo menos una organización: en lo religioso-cultural, lo gubernamental-partidario, lo empresarial-filantrópico, los medios de comunicación y educación, los gremios profesionales y grupos intelectuales, las minorías-mayorías marginadas o emergentes (mujeres, ancianos, indígenas, migrantes, discapacitados, desempleados, endeudados, homosexuales); así como agencias internacionales y el mundo transfrontera en general, con las corrientes sociales forjadas más allá de los límites naturales y administrativos y que intervienen en el ámbito local.

 

Si estimamos que en México existen por lo menos unas 100 mil pequeñas comunidades rurales y suburbanas, sin tomar en cuenta a las grandes ciudades, habrá que considerar por lo menos un número similar de organizaciones de base como posibles líderes y un número mayor indeterminado que conforma el tejido social. Pero todo esfuerzo por medir el funcionamiento orgánico de la sociedad sólo pretendería simplificar algo que es complejo y requiere acercamientos más bien cualitativos y no simplistas. Se deben emplear enfoques más antropológicos y sistémicos que estadísticos.

 

 

Las organizaciones no gubernamentales

 

A lo largo de casi cinco décadas, organizaciones de servicio social gestadas en el seno de la sociedad han estado surgiendo para abocarse a la superación de la pobreza, entendiendo al pobre no como objeto de su acción sino como sujeto con quien hay que dialogar y crear conjuntamente estrategias y acciones concretas. Estas organizaciones no persiguen fines partidarios ni fines lucrativos, y aunque se relacionan con las entidades políticas y económicas establecidas, no se identifican con ellas. Las Naciones Unidas las denominó organizaciones no gubernamentales, ong. En todo el mundo se constata su presencia en cientos de miles. Responden al acendrado altruismo existente en lo más noble de nuestra gente y a la convicción de que los principios asociativos, combinando trabajo, servicio y reciprocidad, están en la esencia misma de un progreso verdaderamente humano.

 

En muchas ocasiones, estas ong deben enfrentar junto con los sectores sociales con los que se asocian, en especial los más afectados por la falta de oportunidades (indígenas, campesinos, colonos y trabajadores suburbanos), intereses excluyentes que están detrás de las dificultades y los obstáculos presentados por las instituciones que estructuran el poder. Son vistas entonces como políticas y confundidas con los partidos. Tal ha sido el caso más reciente de las organizaciones que trabajan por los derechos humanos, por la ecología, por el respeto a las identidades étnicas, por las minorías más marginadas (como los migrantes, los ancianos, los niños de la calle o las prostitutas). Pero estas ong, salvo algunas creadas como pantalla, no persiguen posiciones de poder sino la creación de sinergías que tengan la virtud de reformar instituciones de abajo hacia arriba en forma pacífica y constructiva.

 

El referente gubernamental–no gubernamental sitúa a estas organizaciones en el campo coyuntural de lo político–no político en el cual, sin ser partidos y sin buscar el poder, resultan conflictivas porque cuestionan y monitorean desde abajo las acciones gubernamentales, a la vez que dan alimento y consistencia al agrupamiento de la gente en función de sus necesidades vitales.

 

Son vistas a veces como entidades subversivas, salvo aquellas que son simplemente asistenciales, contratistas, maquiladoras de trabajo social o complementarias financieras. Esto es lo que distingue a las ong de grupos como clubes, coros, boy scouts o alcohólicos anónimos; grupos cuyos eventuales conflictos son funcionales mas no públicos, pues no se refieren a, ni inciden en, la naturaleza de lo político.

 

En 1960 habría unas 50. Hace diez años (1987) una investigación pionera registró menos de 500. Hace cinco años otra investigación detectó unas tres mil 500. En el directorio más reciente aparecen poco más de cinco mil ong. Pero tal vez habrá el doble, aplicando criterios más amplios. Se encuentran en condiciones de fragilidad y relativa durabilidad pues la sociedad civil en mucho ha crecido de afuera hacia adentro obedeciendo a apoyos externos, lo que nos lleva a una globalización alterna pero con poco sostén local, lo local más auténtico muchas veces sometido al dumping desde lo global.

 

 

Hacia una mesoeconomía sustentable

 

Tanto local como globalmente, la sociedad civil organizada está convencida de la necesidad de procesos y cambios que permitan superar una dinámica contraria al bien común. Se trata de un fenómeno de conciencia, ética y compromiso, que paulatinamente va tomando forma en todos los sectores. Movimientos masivos, redes de ong, al igual que personalidades públicas, intelectuales, corrientes de opinión, se pronuncian cada vez más por encontrar y auspiciar alternativas. Tal es el caso del programa Modos de vida sostenible que la Sociedad Internacional para el Desarrollo ha impulsado entre 1996 y 1997. México participa en él y se beneficia de los aportes de muchos otros países trabajando en el mismo sentido.

 

En el estudio desarrollado en México colaboraron integrantes de veinte experiencias microrregionales del país que confluyeron en el taller de enero de 1997 convocado por organizaciones de todos los sectores. Procesos similares, tras la convocación de la Sociedad Internacional para el Desarrollo, se han efectuado en otros países afectados por una pobreza mayoritaria, mismos que se presentaron en la conferencia mundial de la sid en Santiago de Compostela, España, en mayo de 1997.

 

En estos estudios, encuentros y debates, se han ido perfilando criterios y recomendaciones propositivas que habrán de tomarse muy en cuenta si queremos superar los desafíos de la pobreza y la destrucción del medio ambiente. A continuación, algunos puntos sustantivos.

 

 

Hacia un amplio consenso

 

Es importante conocer y compartir en forma participativa, respetuosa y comprehensiva, las experiencias de pueblos y comunidades concretas, con sus esfuerzos de diferenciación, sobrevivencia, resistencia, alternatividad y complementaridad. Muchas veces por su relativa invisibilidad, no han sido considerados en el diseño de planes de desarrollo macrorregionales. Se podrán desprender de estos conocimientos, que lindan con sabidurías y escenarios impensados, estrategias nuevas que pudieran multiplicar estas experiencias semilla.

 

Los ejes temáticos que se han utilizado para su estudio, corresponden a necesidades vitales: identidad, seguridad y sostenibilidad económica y ecológica. Pueden servir para generar implementaciones específicas que ayudan a resolverlas sin violentar los modos culturales y ambientalmente respetuosos.

 

Para la identidad, la comunicación es fundamental, para lo cual se requieren signos unívocos que propicien la cohesión, la cooperación, la conducción democrática y la lealtad.

 

Para la seguridad es muy importante la prevención de la violencia, lo que implica la creación de formas de detección de hostilidades, de abusos y comportamientos desleales, así como vigilancia, protección y capacitación para un manejo no violento de situaciones conflictivas.

 

Para la sostenibilidad se requiere una economía con intercambios justos, en base a la confianza y la reciprocidad, que propicien la creatividad de los habitantes y un medio ambiente que se regenere constantemente, para lo cual es necesario valorar tanto el trabajo humano como los recursos naturales sin someterlos a una depredadora explotación.

 

Las instituciones que han tenido un rol fundamental en la satisfacción de estas necesidades son principalmente gobiernos, empresas e iglesias que, al condicionar, muchas veces, el quehacer de sociedades concretas, en lugar de servirlas, las absorben y someten, incluso las artificializan. Los actuales tejidos sociales más elementales, base de la convivencia local, están sumamente debilitados por encontrarse ante instituciones que concentran poder y operan a favor más bien de élites y cúpulas, clases políticas, jerarquías piramidales, negocios y corporaciones transnacionales.

 

Se hace necesario crear un sistema de apoyo que revalore la función institucional y se instaure en forma efectiva para respaldar y lograr una vida digna y sostenible más generalizada. La sociedad civil es hoy el concepto y la práctica que hay que tomar muy en cuenta para esta tarea.

 

En la lucha por superar la pobreza, se hacen notables esfuerzos intrasectoriales, tanto del gobierno, como de empresas, de la iglesia, de la academia, de los medios de comunicación, de las agencias de financiamiento, de las ong y de las organizaciones de base. Poco se hace a nivel intersectorial. Se requieren ejercicios constantes por crear sinergías entre los diversos sectores y sus iniciativas más dinámicas para ir construyendo __de abajo hacia arriba__ el sistema de apoyo tan necesitado. Consideramos que la sociedad civil organizada y plural, y los mismos sectores más afectados por la pobreza, desprovistos de intereses de poder, deben ser los más interesados en lograr estas sinergías.

 

La contradicción micro-macro, usualmente manejada sin resolverse en el contexto nacional, ha sido superada por otra contradicción: la mega-molecular. Es una dinámica que concentra el poder mundial en unas cuantas manos y que fragmenta todo tejido nacional y regional, quedando sólo partículas vitales sobrevivientes. El desafío consiste en religar tantas partículas vitales con procesos que salven toda la riqueza local e incorporen los avances amigables de la globalización, en una mesoeconomía realmente humana.

 

Estos esfuerzos alternativos deben ser respetados, estudiados y comprendidos por quienes ahora hablan de una solución final, como única e incuestionable. No hay modelos únicos y sí hay una gran variedad de modos. Estos modos deben ser respaldados como experimentos microrregionales y pro mesoeconómicos, necesarios para enriquecer el abanico de soluciones y desahogar la energía social en términos positivos. El actual propósito del Banco Interamericano de Desarrollo de ampliar las posibilidades de financiamiento para iniciativas regionales y zonales de la sociedad civil, es loable si no se burocratiza ni es manipulado por los intereses preestablecidos.

 

El intercambio de conocimiento y la reciprocidad en estos procesos es muy importante para ir creando confianza y empatía. La otra bolsa de valores es un sistema reticular que auspicia el enriquecimiento del conocimiento alternativo, soportado por experiencias y lecciones aportadas por la misma gente, dentro y fuera del país. En base al conocimiento y la confianza, impulsa la creación de bancas civiles y la obtención de dinero alternativo, con mercados conviviales y complementarios, eventualmente sustantivos, de interés social. Ésta y otras iniciativas sistémicas deben ser apoyadas por los mismos beneficiarios y, también por todo interesado de buena voluntad.

 

La dimensión local-global es hoy una realidad. Actuar localmente y pensar globalmente, pensar localmente y actuar globalmente, son orientaciones paradigmáticas. Tan importante es lo local y cercano como lo global y lejano. Existe una constante interacción que plantea complejidades nunca experimentadas antes, aflorando por doquier conflictos y nuevos valores. La intervención internacional y la emergencia local hoy se entrelazan y se requiere crear condiciones de empatía y comprensión mutua para producir acciones sinérgicas que conduzcan al mejoramiento y progreso.

 

Son tres los factores que a lo largo de siglos han determinado la situación crítica de hoy: el trabajo humano con su múltiple creatividad; la tierra, los energéticos y el medio ambiente vital; el dinero y su función de circular información, confianza y recursos. En la revolución industrial fueron transformados en mercancía, acumulándose en pocas manos su beneficio y las decisiones sobre su uso y destino. Es necesario recuperar dichos factores: revalorarlos, regenerarlos y situarlos en el seno de la sociedad para beneficio de la misma. Trabajo, tierra y dinero vistos como elementos vitales de la gente y no como objetos de concentración y exclusión. Hay que pensar en ocupación autoproductiva más que en empleo; en naturaleza a preservar más que en depredar; en signos de valor consensados y de uso vital más que en dinero usurero, inflacionario y especulador.

 

A una gran capacidad de comprensión, diálogo, invención conjunta, nos está convocando la misma crisis (fractura o caos o como la queramos denominar). En los años treinta la salida para quienes más la sufrían fue una terrible guerra mundial. Esforcémonos para que nuestra salida sea actualizando los valores más nobles de la humanidad, no los de la bestia ni el robot. Más allá del orden y el caos, más allá del autoritarismo y las convulsiones. Necesitamos apelar a lo mejor de cada quien para crear una civilización de la pluralidad y la tolerancia, la prosperidad y, por qué no, la belleza. Son tal vez, como dicen los expertos en caos, las pequeñas mariposas que aletean por doquier, insignificantes aparentemente, causas eficientes de mutaciones insospechadas. Que sean para bien.

 

 

Acerca del autor

 

Luis Lopezllera Méndez es arquitecto y fue profesor en la unam entre 1960 y 1970. También fue fundador del imes, del fat, del Copevi, del pdp; así como presidente del Secretariado Social Mexicano y co-fundador de redes internacionales como cres (Comité Regional de Emergencia) entre 1980 y 1990 y del iggri (International Group and Grass Roots Initiatives) de 1985 a 1997.

 

Actualmente es presidente de la Red Sur-norte de Culturas y Desarrollo con sede en Bruselas, editor de La otra bolsa de valores e impulsor del tianguis Tláloc. Ha dado y participado en cientos de cursos y encuentros acerca de la organización y la autosuficiencia de comunidades y grupos populares. Luis es un hombre con facilidad de palabra, un gran orador que convence con su discurso y su mirada diáfana. A Luis le importan los humanos y para ellos trabaja.

 

 

Qué podemos hacer

 

·      Si eres dueño de empresa pequeña, mediana o grande, distribuye mejor y más equitativamente, los salarios.

 

·      Cuando tengas tiempos libres dedica parte de ellos a enseñar a personas que no han tenido las mismas oportunidades.

 

 

·      Evita a toda costa la corrupción, no la minimices ni la toleres en ningún sentido, en ninguna ocasión.

 

·      Ayuda siempre a tu próximo y, cuando puedas, a tu prójimo.

 

 

·      Sé tolerante con los que no han tenido oportunidades de estudio, nutrición, recreación o trabajo en la vida.

 

·      Evita el ocio. Afíliate a algún grupo de ayuda, hay mil formas de regresar un poco a la vida.

 

 

·      Piensa qué cosas de las tantas que tienes las puedes donar o vender a bajos precios a personas que muy poco o nada tienen.

 

·      Haz una lista de tus valores, revisa si eres congruente.

 

 

·      Ayuda a crear un país verdaderamente democrático.

 

·      Fomenta el espíritu cívico.

 

 

·      Participa más en las actividades de tu comunidad, de tu trabajo, de tu escuela.

 

·      Sé responsable de todas tus acciones.

 

 

Para saber más

 

Galeano, Eduardo. Las venas abiertas de América Latina.. Siglo xxi. México.

 

Instituto Nacional de Nutrición. Encuesta nacional de alimentación en el medio rural. innsz, México, 1989.

 

Calva, J. La disputa por la tierra. Fontamara. México, 1993.

 

Calva, J. Crisis agrícola y alimentaria en México. Fontamara. México, 1988.

 

Calva, J. Los campesinos y su devenir en las economías de mercado. Siglo xxi. México, 1988.

 

Laurel, O.C y J. Blanco Morbilidad ambiente y organización social, en Salud Pública de México. Época v. México, 1975.