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Unión de Grupos Ambientalistas,
I. A. P.

Población y Sustentabilidad



Población y Sustentabilidad

 

En una sociedad injusta pero estable,

no tenemos otro camino que el de educarnos

para ejercer el poder de ciudadanos y hombres libres

fuera de exigencias feudales de la relación entre

señor y siervo, entre sátrapa y cliente.

Carlos Fuentes.

 

 

René Coulomb

   

Introducción

 

La dinámica demográfica y urbana de la zona metropolitana de la ciudad de México (zmcm) se inscribe dentro del proceso de urbanización del país, cuya evolución se explica en gran medida por los procesos socioeconómicos nacionales. Desde 1970, la zmcm aloja alrededor del 18% de la población nacional, a pesar del crecimiento reciente de las ciudades medias, y de que durante la última década las ciudades de entre 500 mil y un millón de habitantes absorbieron el 42% del aumento de la población urbana. Se asiste, sin embargo, a un paulatino cambio en el patrón de urbanización concentrada del país y a una distribución más equilibrada de la población entre las cuatro grandes zonas metropolitanas y las ciudades medias, sin que ello signifique la superación en el corto y mediano plazos del patrón general de concentración-dispersión que caracteriza la distribución territorial de la población mexicana.

 

A partir de los años setenta, empezó a agotarse el patrón de concentración territorial fomentado por el proceso de industrialización sustitutiva de importaciones que reposaba, en gran medida, sobre el ahorro interno y las ventajas de aglomeración que ofrecía la ciudad de México. Se produjo una desconcentración no desdeñable de la inversión pública federal hacia las áreas petroleras, los nuevos centros turísticos y algunos grandes proyectos industriales. Combinado con las tendencias espaciales derivadas de la crisis y el proceso de reestructuración económica de los años ochenta, este proceso se tradujo en una reorientación de los flujos migratorios internos.

 

La apertura comercial, incrementada a partir de 1983, y la reconversión industrial impulsaron la relocalización de importantes ramas industriales fuera de la zmcm y la región centro, como en el caso de la industria automotriz. Por otra parte, la aguda desindustrialización que generó la recesión, la apertura comercial, la drástica reducción de inversión pública y la caída de la capacidad adquisitiva de la población se resintió mucho más en la zmcm: para 1994, ésta concentraba solamente el 24% del empleo industrial del país, contra el 43% en 1975. El 65.6% de la población económicamente activa de la zmcm participaba en el sector terciario y 35.6% dentro del sector secundario. La desindustrialización de la misma se acompañó de un incremento de la corriente migratoria de sectores medios hacia otras ciudades del país. Todo ello se reflejó en los resultados del censo de 1990 que evidencia una notable reducción de la tasa de crecimiento demográfico de la zmcm.

 

La tasa de crecimiento demográfico de la zona metropolitana de la ciudad de México se ha reducido de más de 5% entre 1950-1970 al 3.9% entre 1970 y 1980, para alcanzar 2% durante la última década. Este proceso se deriva, por una parte, de un fuerte descenso de la tasa de natalidad, que se origina en una baja de la tasa global de fecundidad la cual era, en los años sesenta, de 6.6 hijos por mujer en edad fértil y que fue de sólo 3.0 entre 1980 y 1990. La mortalidad, el otro componente del crecimiento natural, bajó de 13 defunciones por mil habitantes en 1950 a 4.87 por mil en 1990. La esperanza de vida al nacimiento era, en 1990, de 75 años. Con el descenso de la natalidad, la zmcm presenta una pirámide de edades cada vez más madura. La edad mediana de los habitantes es ya de 21 años, dos años mayor que la nacional. Este envejecimiento relativo de la población de la metrópoli conlleva cambios significativos en los requerimientos de empleo, vivienda, educación y salud.

 

Las migraciones han jugado también un papel importante en la dinámica demográfica de la ciudad. Entre 1950 y 1980, el 35% del crecimiento de la población capitalina ha sido producto de la migración. En 1990, tres millones 354 mil personas, o sea el 22% de la población residente en la zmcm, había nacido fuera del df y del estado de México. Pero hoy en día las principales corrientes migratorias ya no se dirigen a la ciudad de México, sino que se originan en ella, en particular en el Distrito Federal, que ha venido comportándose durante los últimos años como una entidad expulsora de población.

 

 

Segregación y exclusión

 

La dinámica del proceso de poblamiento de la metrópoli se caracteriza por una fuerte desvinculación entre los ritmos del crecimiento de la población y los del área urbanizada. Resalta en este sentido la muy importante expansión espacial de la metrópoli durante la última década, sin correspondencia con una tasa de crecimiento poblacional en disminución. Esta aparente irracionalidad de la expansión espacial de la zmcm se nutre de varios factores, entre los cuales resalta el proceso de despoblamiento que caracteriza áreas cada vez más amplias del Distrito Federal y que alimenta, en una proporción creciente, el poblamiento periférico de los municipios conurbados.

 

El despoblamiento de las áreas de más antigua urbanización está fuertemente vinculado con el desplome del parque de vivienda de alquiler, causado tanto por los efectos de la crisis económica sobre el mercado del arrendamiento, como por los procesos de refuncionalización del espacio central metropolitano y de sustitución del uso habitacional por la expansión de las actividades del sector terciario de la economía. Por otra parte, un efecto de la crisis ha sido el de impulsar asentamientos suburbanizados en los márgenes cada vez más remotos del área metropolitana generando, a la vez, una subutilización de la infraestructura urbana existente y un empeoramiento de las condiciones de vida de la población que habita las colonias populares de reciente urbanización.

 

Durante las últimas décadas, las necesidades habitacionales de los sectores mayoritarios de la población han sido satisfechas sólo en una pequeña proporción por medio del mercado inmobiliario formal y de los programas públicos de vivienda. Esta urbanización popular se ha venido desarrollando, fundamentalmente, mediante el fraccionamiento ilegal de tierras de propiedad privada, ejidales y comunales, desplazando muchas veces la actividad agropecuaria. En 1990, las colonias populares alojaban las dos terceras partes de la población metropolitana y ocupaban el 52% del área urbana total. Las condiciones habitacionales de las colonias populares tienden a mejorar a lo largo del tiempo. Sin embargo, en 1990 el 58% de las viviendas localizadas en las colonias populares de reciente formación no tenían agua potable entubada y el 38% tenían techos de material perecedero.

 

En vez de aplicar políticas urbanas y de vivienda que respondieran a la demanda habitacional de las mayorías de escasos recursos, los gobiernos optaron por la regularización de los asentamientos populares que, en los hechos, favoreció la expansión constante de amplias áreas periféricas suburbanizadas e impuso sobre el mapa la presencia dominante de las colonias populares. Si bien el financiamiento público de la producción de conjuntos habitacionales subsidiados tiene un peso relativo cada vez mayor en la producción del sistema habitacional de la metrópoli, su implantación periférica ha contribuido muchas veces a la expansión espacial del área metropolitana. Asimismo, la acción estatal en las áreas centrales, con la excepción de la reconstrucción postsísmica, ha igualmente contribuido al desplazamiento de fuertes contingentes de población de bajos recursos hacia la urbanización periférica.

 

Con todo, es innegable que las condiciones materiales promedio de las viviendas de la zmcm han ido mejorando constantemente durante las últimas décadas, tanto en lo que concierne la calidad de los materiales como el espacio habitable (menor hacinamiento) o la disponibilidad intradomiciliaria de energía eléctrica, agua potable y drenaje. El acceso a los servicios educativos también mejoró: la población de 15 años y más con primaria completa alcanzó 80.2% en 1990 (contra 27.8% en 1970). Sin embargo, las áreas periféricas de reciente urbanización presentan un nivel de instrucción inferior, en parte debido al déficit de servicios educativos. Mientras las delegaciones centrales concentran una sobreoferta de estos servicios, en las delegaciones y municipios periféricos las deficiencias son importantes.

 

La zmcm tiene una mayor disponibilidad de recursos relacionados con la salud que el resto del país, y se encuentra en una etapa avanzada del proceso de transición epidemiológica, en el cual las enfermedades crónico-degenerativas y no transmisibles han ido tomando una importancia cada vez mayor. Sin embargo, para 1992, el 63% de los casos de morbilidad en el sistema público de salud se refieren a enfermedades infecciosas respiratorias agudas y el 24% a enfermedades infecciosas gastrointestinales, cuya incidencia es notablemente mayor en las áreas periféricas de reciente urbanización.

 

De hecho, la calidad de vida y el acceso de la población a la infraestructura y a los servicios presenta fuertes desigualdades en función del tipo de poblamiento de que se trate, de la antigüedad de los asentamientos y del grado de consolidación de los mismos. Pero esta diferenciación socioespacial de la metrópoli se estructura también en torno a la división administrativa entre el Distrito Federal y los municipios conurbados del estado de México. La distribución desigual de las cargas del proceso de urbanización entre las dos entidades y la gran disparidad en términos de recursos para hacerles frente, consolida un proceso de segregación/exclusión en beneficio de las áreas centrales de la aglomeración (básicamente el Distrito Federal), que presentan las mejores condiciones de vida.

 

 

La demanda de suelo y vivienda

 

Es fundamental entender que, si bien el crecimiento de la población metropolitana tiende a reducirse notablemente, esto no es el caso para el grupo de población que está en la edad de trabajar y también de formar un hogar. La transición demográfica en la cual se encuentra la metrópoli hace que se enfrente un aumento de la demanda de empleo y vivienda que está muy por arriba de su tasa de crecimiento demográfico.

 

La proyección de la población para el año 2010 estima a 19.8 millones el número de habitantes de la zona metropolitana de la ciudad de México al año 2010.1 El peso relativo de la población de la zmcm en relación a la población nacional disminuirá de 19% en 1990 al 17.8%, mientras que la mayoría de la población metropolitana (el 62%) vivirá para entonces en los municipios conurbados del estado de México. Se prevé que la tasa de crecimiento natural demográfico de la ciudad bajará de 2.1% en 1990 a 1.1% en 2010. Este decremento será producto de una natalidad cada vez menor, misma que pasará de 25.9 nacimientos por mil habitantes en 1990, a 15.8 por mil en 2010. La tasa global de fecundidad, de 2.8 hijos por mujer en edad fértil en 1990, se colocará por abajo del nivel de reemplazo intergeneracional (de aproximadamente 2.1 hijos por mujer) en los primeros años del próximo siglo y se estima que será de 1.9 hijos por mujer en el 2010.

 

Conjuntamente con el descenso de la fecundidad, existe un componente de gran peso en la disminución del crecimiento de la población capitalina, pero que presenta dificultades importantes para ser medido: el representado por la migración, que podría dar una tasa negativa del -0.5% anual durante el periodo 1990-2010. A pesar de ello, y a causa del crecimiento natural sobre todo de los municipios conurbados, el crecimiento total de la zona metropolitana seguirá siendo positivo, de 1.5% entre 1990 y el 2000 y de menos del uno por ciento entre el 2000 y el 2010.

 

La edad mediana de la población metropolitana continuará aumentando de los 21 años alcanzados en 1990, a 24.4 años en el 2000 hasta poco más de 28 años en el 2010. Para el año 2010 el grupo de los menores de 15 años significará ya sólo el 24.5 por ciento de la población metropolitana. Es decir, la población entre 15 y 64 años tendrá un peso cada vez mayor. Este proceso de cambio de la estructura de edades transformará las necesidades de salud y educación y generará tasas muy elevadas en el incremento de la demanda de empleo y de vivienda.

 

Es así como se espera un incremento de 73% del número de hogares en la metrópoli: de 3.3 millones en 1990 a 5.7 millones en el año 2010. Esto significa que las necesidades habitacionales crecerán a tasas mucho más elevadas que la población y presionarán por una expansión del área urbana mucho más importante de la que suelen pensar los planificadores y los tomadores de decisión. Esta muy importante demanda de vivienda se relaciona con el número medio de miembros de los hogares, el cual disminuirá en forma continua: de 4.7 personas por hogar en 1990, a 4.0 en el 2000, hasta llegar a 3.5 en el 2010.

 

La proyección de número de hogares lleva a estimar un incremento global de alrededor de 2.4 millones de viviendas en la zmcm al año 2010, el 80% en los municipios conurbados (casi 2 millones). Este incremento esperado del parque habitacional implica un requerimiento de suelo urbano para la zona de 92 mil hectáreas adicionales (monto equivalente al 75% del área urbana actual).2 La presión que ejercerá la demanda de un lugar en donde vivir, por parte de un volumen muy importante de nuevas familias (alrededor de 120 mil al año), convertirá el espacio habitable en un bien escaso y fuente de conflictos sociales y políticos. Ello significará un desafío –aun mayor que el actual– para la sustentabilidad medioambiental del valle de México y, más generalmente, para la gobernabilidad de la ciudad.

 

 

La sustentabilidad medioambiental

 

Es evidente que el incremento esperado del número de viviendas y de suelo urbanizado, y más que todo las formas actuales de su producción, representa un desafío hasta ahora desconocido respecto de la capacidad de carga poblacional del valle de México.

 

En la actualidad, el abastecimiento de agua potable de la zmcm (60.3 m3/segundo) depende, en más de una cuarta parte (26.4%), del sistema Lerma-Cutzamala. De seguir con el patrón de consumo de agua actual (364 y 230 litros por habitante al día en el df y el estado de México, respectivamente), el incremento poblacional esperado para el año 2010 implica una dotación adicional a la ciudad del orden de 14m3 por segundo. Este suministro adicional de agua potable deberá provenir de las cuencas externas, pues el acuífero del valle muestra señales crecientes de agotamiento. Pero el déficit financiero del sistema de agua y drenaje (mil millones de dólares por año para el df) hace dudar de la capacidad de los organismos públicos responsables para atender la demanda futura, tanto en cantidad como en calidad, así como para corregir los graves problemas de equidad en el acceso, particularmente en los municipios conurbados del estado de México.

 

En segundo lugar, las enormes deseconomías que significan para la ciudad la expansión espacial de los asentamientos periféricos (requerimientos adicionales en transporte, infraestructura, equipamientos), así como la pérdida de la función habitacional en el centro de la metrópoli y la consecuente subutilización de la infraestructura construida, tenderán a incrementarse, sin que sea claro sobre quién recaerá la carga de los costos adicionales de la urbanización periférica.

 

En tercer lugar, la evolución que tendrá en el futuro la calidad del aire en la metrópoli dependerá del éxito de las acciones emprendidas para disminuir el volumen de los distintos contaminantes que tienen, en gran parte, su origen en un patrón medioambientalmente poco sustentable de los procesos de urbanización e industrialización. El incremento del parque automotor está fuertemente vinculado con la expansión del área urbanizada y una estructura urbana inadecuada, en particular en cuanto a la desarticulación espacial entre la vivienda y el empleo.

 

El transporte contribuye en alrededor del 75% de la contaminación atmosférica total. La tendencia actual es dejar que sea el transporte colectivo privado de baja capacidad el que asuma la mayor parte de la transportación de personas.3 De seguir así, las futuras áreas de expansión de la ciudad dependerán del transporte privado de baja capacidad, contaminante, inseguro y que impulsa un proceso indeseable de urbanización periférica, dispersa y no regulada. Dada la superficie estimada anteriormente para el 2010, y de seguir la tendencia actual de expansión del número de automóviles privados, éste se incrementaría a 7 millones: más del doble del parque automotor actual. Esta tendencia tiene implicaciones para la contaminación del aire de la zmcm y la salud de sus habitantes difíciles de imaginar. Las formas actuales del poblamiento de la metrópoli plantean entonces un futuro muy conflictivo en lo que concierne a la relación entre medio ambiente, salud y calidad de vida de la población.

 

 

Alternativas para reorientar el poblamiento

 

 

Frente al carácter indeseable y en gran parte insostenible de las tendencias del poblamiento de la metrópoli, el sistema nacional de planeación ha definido los objetivos, las estrategias y las políticas que configuran para la zmcm una organización más acorde con los principios de equidad, justicia social y sustentabilidad del desarrollo.4 Por una parte, se propone avanzar hacia un mayor equilibrio en la distribución de las actividades económicas y de la población dentro del territorio nacional y, por otra parte, se busca lograr un ordenamiento territorial más equilibrado y ambientalmente sustentable de las regiones metropolitanas, mediante tres objetivos específicos:

 

Mejorar la calidad de vida de la población, particularmente de los grupos de menores recursos económicos y mejorar el medio ambiente.

 

Reducir el costo social del poblamiento, incluyendo la dotación de agua, drenaje, energía, transporte y suelo.

 

Orientar espacialmente el poblamiento a los lugares con mejor aptitud territorial y menor riesgo, preservando las tierras de alto valor agrícola, forestal, de recarga acuífera o escénico.

 

Las principales políticas que se han fijado para avanzar en estos tres objetivos son:

 

Continuar los programas para la disminución de las tasas de crecimiento natural de la población.

 

Procurar la densificación de las áreas ya urbanizadas, evitar la migración del Distrito Federal a los municipios metropolitanos y estimular el arraigo de la población y la incorporación de nuevos pobladores en el Distrito Federal.

 

Crear una oferta de suelo urbanizado en zonas adecuadas para el poblamiento y a costos accesibles para la población de menores recursos económicos.

 

Procurar una mejor congruencia entre el poblamiento y la actividad económica y estimular la diversificación del uso del suelo y de la actividad económica.

 

Evitar la ocupación de áreas agropecuarias y el poblamiento en las áreas de mayor vulnerabilidad, preservar los recursos naturales y proteger las áreas estratégicas para el equilibrio medioambiental de la zmcm.

 

Aprovechar la capacidad estructurante del transporte, estimulando el transporte colectivo.

 

Distribuir en forma más equitativa la inversión pública, fortaleciendo la hacienda de los municipios y delegaciones periféricas, al mismo tiempo que su capacidad de intervenir en la planeación y gestión del proceso de desarrollo metropolitano.

 

Sin embargo, varias de estas políticas enfrentan múltiples obstáculos para llevarse a la práctica. Al no plantearse, por ejemplo, una reestructuración radical de las formas actuales de producción habitacional, el poblamiento mayoritario –actualmente excluido del mercado formal de suelo y vivienda– seguirá ocupando áreas agropecuarias, estratégicas par el equilibrio medioambiental, o fuertemente vulnerables. Está claro que la actuación de los organismos de vivienda del sector público constituyen uno de los instrumentos más poderosos para modificar el cauce del desarrollo urbano. Sin embargo, las políticas recientes apuntan hacia la disminución de este papel. Al renunciar a su capacidad para intervenir en el mercado del suelo, se inhabilita un mecanismo vital de la planeación urbana.

 

Por una parte, no existe una planeación de áreas a ser urbanizadas (reservas territoriales) que podrían servir, de modo predominante, para el uso habitacional popular, el cual, más allá del éxito –improbable en las actuales condiciones– de las políticas de redensificación y densificación, demandará al año 2010 una considerable superficie de suelo urbano adicional al actualmente existente. Por otra parte, no se cuenta con una aplicación decidida de recursos destinados a subsidiar el acceso al suelo urbano y la vivienda para las mayorías empobrecidas de la población.

 

En segundo término, asegurar un poblamiento ambientalmente sustentable implica contrarrestar dos factores que han contribuido ampliamente a incrementar la vulnerabilidad medioambiental del valle de México: la expansión del poblamiento periférico en forma dispersa y no regulada (que se ha expresado por un debilitamiento, hasta la destrucción, de la frontera rural de la ciudad), y la desvinculación espacial creciente entre hábitat y actividades económicas (lo cual ha inducido una estructura urbana dominada por las necesidades de los automovilistas).

 

Se tiene entonces que diseñar políticas y programas que permitan crear verdaderas nuevas ciudades –y no ciudades dormitorios– en las áreas de expansión de la metrópoli, en donde la vivienda comparta el mismo espacio con las actividades económicas y los equipamientos. Tenemos también que encontrar formas novedosas de expansión urbana que se apoyen sobre un esquema integral de desarrollo tanto urbano como rural de la gran ciudad. Esto último implica pasar de una actitud de conservación y protección a una de desarrollo de la frontera rural, asociando las comunidades agrarias del valle de México a la planeación del proceso de desarrollo de la metrópoli. Incorporando, cuando sea factible, a los actuales pueblos conurbados y sus actividades agropecuarias dentro de la planeación integral del espacio metropolitano; por ejemplo, mediante la explotación sustentable y el desarrollo de actividades que aseguren la economía de la conservación, rehabilitación y rescate de las áreas naturales (bosques, cuerpos de agua).

 

En cuanto a la necesidad de revertir el proceso de despoblamiento de las áreas centrales no se cuenta hasta ahora con los instrumentos suficientes para asegurar que las mayorías de bajos ingresos puedan seguir ocupando, o volver a ocupar, dichos espacios. La optimización de la infraestructura ahí acumulada implica contrarrestar con diferentes medidas (fiscales, normativas y financieras) la especulación inmobiliaria que tiende a reservar para una minoría solvente el acceso y disfrute de estas áreas.

 

La sustentabilidad del futuro poblamiento de la ciudad de México y de su zona metropolitana no podrá lograrse sin la planeación integral, lo cual requiere tanto de un fortalecimiento de los gobiernos locales como de un profundo proceso de democratización en la toma de decisiones, creando espacios de gestión entre autoridades y actores sociales, limitando el peso excesivo que tienen actualmente los intereses de grupo (fraccionadores, promotores inmobiliarios, microbuseros) sobre el desarrollo urbano de la ciudad y encontrando nuevas formas de gobernabilidad que legitimen las difíciles pero necesarias decisiones que se tienen que tomar, en pro del bien común de la población actual y de las generaciones futuras.

 

 

Una proyección alternativa, sobre la base de una menor tasa de emigración para el Distrito Federal, eleva en poco más de un millón de personas adicionales la población estimada al año 2010.

 

Los requerimientos de suelo urbano que corresponden al incremento esperado del parque habitacional se calculan en función del patrón de ocupación del espacio habitable (viviendas/hectárea) que presentan históricamente los distintos tipos de poblamiento de la metrópoli (colonias populares o de nivel medio, conjuntos habitacionales, etcétera).

 

Las combis y minibuses transportaron el 57.7% del total de pasajeros movilizados en la zmcm en 1990 (40.7 millones). Este escenario programático encuentra su marco general de definición en el Plan nacional de desarrollo y los programas estatales de desarrollo. Las aplicaciones específicas a los procesos de poblamiento y desarrollo urbano-regional de la zmcm se establecen, por una parte, en el Programa nacional de desarrollo urbano y, por otra parte, en los programas estatales de desarrollo urbano, tanto del Distrito Federal como del estado de México.

 


Bibliografía

 

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Soms García, Esteban. La hiperurbanización en el valle de México, vol. i y ii. uam-a. México, 1986.

 

 

 

Acerca del autor

 

René Coulomb es francés de origen y naturalizado mexicano, es sociólogo y doctor en urbanismo por el Instituto de Urbanismo de París. Tiene más de veinte años de desempeñarse en actividades de investigación y asesoría en procesos de autogestión comunitaria en el campo de la vivienda popular, primero en el Centro Operacional de Vivienda y Poblamiento, Copevi, ac. y, posteriormente, en el Centro de la Vivienda y Estudios Urbanos, Cenvi, ac, ong de la cual es socio fundador (1979). Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, de la Red Nacional de Investigación Urbana, de las sociedades Mexicana y Latinoamericana de Planificación y de la Coalición Internacional para el Hábitat. Colabora en los comités editoriales de las revistas Sociológica y Ciudades.

 

Sus investigaciones se han centrado en la problemática de la vivienda en renta y el deterioro habitacional en las áreas centrales de la ciudad de México, el análisis de las políticas habitacionales y el seguimiento de los procesos de autogestión urbana que llevan a cabo cooperativas, grupos y movimientos sociales en la metrópoli mexicana.

 

Se incorporó en 1982 al área de sociología urbana de la uam-Azcapotzalco, de la cual es profesor investigador titular c. A partir de 1992, diseña y coordina el programa de investigación Observatorio de la ciudad de México que desarrollan conjuntamente el Cenvi y la uam-a. Este programa de investigación-acción se propone constituirse en un instrumento permanente de seguimiento y análisis de la dinámica urbana, económica y sociopolítica de la zona metropolitana de la ciudad de México, al servicio de los gobiernos locales, de los dirigentes sociales y de las ong que tienen a la ciudad de México como su espacio de decisión y de actuación.

 

De entre sus publicaciones, resaltan los libros La ciudad y sus actores (1988), Políticas urbanas y urbanización de la política (1989), ¿Todos propietarios? Vivienda de alquiler y sectores populares en la ciudad de México (1991); Pobreza urbana, autogestión y política (1992), Dinámica urbana y procesos sociopolíticos, vol. 1 y 2 (1993 y 1996), editados por el Cenvi y la uam Azcapotzalco.

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