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Unión de Grupos Ambientalistas,
I. A. P.

Integridad y Biorregionalismo



Integridad y Biorregionalismo

 

La razón utópica, sea conservadora, liberal,

anarquista o comunista,

 es siempre una protesta subjetiva

en contra de lo que hay y a favor de lo que debe haber.

P. Marchetti

 

 

Arturo Pozo C.

 

Introducción

 

La inmensa fuerza, frescura, rigurosidad y belleza del biorregionalismo emana de la revaloración de los valores ancestrales. La puesta en práctica de ellos por comunidades de este tiempo en la ciudad y el campo, se debe principalmente a la relación de los individuos con el lugar donde viven. La vida biorregional de México es manifiesta y el biorregionalismo como herramienta teórico práctica, es una herramienta poderosísima para la defensa de los valores ancestrales y culturales que representan una posibilidad real de sobrevivencia ante el desmoronamiento de una forma de vida caduca.

 

La literatura biorregional es contundentemente clara en relación a la fundamentalidad de sus principios y extensa en cuanto a la difusión de los resultados prácticos relacionados con el mantenimiento y enriquecimiento de las regiones donde viven los biorregionalistas.

 

Básicamente el trabajo lo hice basado en mi experiencia y aprovechando el orden de las ideas expuestas en un artículo publicado en la revista The Trumpeter por mi amigo Peter Berg y, además, puse textualmente, por su contenido y estilo, una u otra figura literaria de su propia cosecha. El movimiento biorregional es un movimiento no violento, práctico y coherente y realmente alternativo a un sistema que va aniquilando todo lo existente. Creo que las reflexiones hechas acerca de las diferencias entre el movimiento biorregional y los movimientos verdes, aunque en el contexto de Estados Unidos y Canadá, son completamente válidas para cualquier sociedad industrial.

 

Por otra parte, vivo en un territorio de una inmensa variedad biorregional, denominado México, donde el biorregionalismo se manifiesta poderosamente mediante una vernacularidad que refresca y da valor a mi vida. En la ciudad promuevo la maravillosa y fuerte riqueza ancestral, amenazada por un industrialismo destructor. Agradecido, humildemente y con lo que puedo, me relaciono con la tierra y sus seres, todos los fines de semana, en la biorregionalidad de Amatlán de Quetzalcóatl, Morelos.

 

 

Integración personal

 

Los seres humanos, lo reconozcamos o no, somos parte inseparable de la naturaleza. El cómo participamos en ella para crear nuestro medio ambiente depende de nuestros motivos, pensamientos y acciones, los cuales elegimos por libre voluntad. Nuestro futuro personal y el del medio ambiente depende de la elección que hacemos, de nuestra actitud y participación. En otras palabras, de ello depende la integración de los individuos o la desaparición de la especie humana.

 

El dilema personal y social en ejercitar nuestro libre albedrío es que al poner precio a las cosas, nuestro condicionamiento da valor prioritariamente al costo material de ellas y no a su valor real. Y así hablamos de la propiedad de la tierra, de explotación económica, de acumulación personal de dinero. Por estar inmersos en un proceso cuyo valor principal son las ganancias económicas, se va perdiendo la percepción original del valor de estar vivos y por ende el valor de la existencia misma. Para descontaminar al planeta es necesario descontaminar la mente y generar individuos no solamente que se hagan responsables de sus propias vidas, sino que sepan qué hacer con ellas. Este proceso comienza con la integración personal, sin la cual no es posible que algún cambio real se lleve a cabo y consiste en la apertura hacia campos de percepción internos olvidados, reprimidos y escondidos. Ellos son zonas productoras de angustia, compulsión y violencia interna, los que se tapan normalmente por los esquemas o modelos mentales a través de los cuales vemos la vida.

 

Es decir, que la vida no se ve ni se vive como es, sino que se ve y se vive condicionada a una educación que adolece de lo fundamental: el valor de la existencia. No es un problema que se soluciona con discursos, es un problema que se soluciona ejerciendo una autoeducación basada principalmente en el sentir y la observancia, herramientas que van incorporando a los individuos a la vida. De esta forma, la inmensa separación que se vive diariamente con el planeta y que se traduce en insensibilidad a cada instante, va desapareciendo y se va experimentando la realidad o la unidad de todas las cosas. Las concepciones biorregionales, emanadas de una experiencia de miles de personas y con frutos de recuperación y enriquecimiento del entorno notables, potencializan esta posibilidad de trabajo interno. Sin embargo, este trabajo es independiente del lugar geográfico donde se viva. La vida de las biorregiones es la base fundamental de sobrevivencia de nuestras existencias y, por ello, la forma de vivir está llegando a un punto crítico para que esa capacidad continúe.

 

 

Integración local: el biorregionalismo

 

Los lugares donde vivimos, así como nosotros, están vivos y por ello los llamamos biorregiones. Son sitios únicos que tienen sus características propias de suelos y formas: vertientes, cuencas y climas, plantas nativas, animales y muchas otras. Cada característica afecta a las otras y es afectada por ellas como en cualquier otro sistema vivo. Las personas también son parte integral del lugar donde viven. Lo que hacen afecta al lugar y a su vez son afectadas por lo que hacen.

 

Las biorregiones son áreas geográficas que tienen características comunes de suelos. Ellas existen en toda la biosfera planetaria contribuyendo a la vida con sus particularidades únicas. Por biorregión se hace referencia tanto a una zona geográfica como a una zona de conciencia, a un lugar y a las ideas que se han desarrollado acerca de cómo vivir en él. Las condiciones que influyen la vida de una biorregión son similares a aquellas que influyen la vida de sus moradores humanos.

 

Una biorregión puede determinarse inicialmente con ayuda de la climatología, la fisiografía, la geografía animal y vegetal, la historia natural y otras ciencias naturales descriptivas. Los límites finales más claros de una biorregión son aquellos que son descritos por las personas que han vivido en ella, es decir, mediante el reconocimiento humano de las realidades de vivir en el lugar. Hay algunas formas obvias de ver que toda la vida en el planeta está interconectada, así como muchas más que permanecen aún inexploradas. Sin embargo, existe una resonancia distintiva entre las cosas vivas y los factores que las influyen, lo cual ocurre dentro de cada lugar específico del planeta.

 

El descubrir y describir esta resonancia es una forma de describir una biorregión. Existen países que no se encuentran en un atlas mundial, aunque se pueden ver por un vistazo desde el avión, países cuyas suaves fronteras permanecen invisibles a los ojos de los gobiernos, aún cuando los viajeros las sienten fácilmente al recorrerlas. Hay países naturales que se encuentran en suelos y formas geográficas específicas relacionados con climas particulares y poblados por plantas y animales que han permanecido desde la época de los glaciares. Cada uno es una parte vital separada de la biosfera planetaria unificada, y serían tejidos y órganos en la manifestación normal de la anatomía de la Tierra. Ellas existen como una geografía viva más distintiva que las de las naciones y estados cuyas fronteras cambian arbitrariamente ya sea incluyéndolas o dividiéndolas.

 

 

Rehabitación

 

La rehabitación significa aprender a vivir en el lugar, en una área que ha sido desbaratada y dañada por la explotación. Ello puede ser en la ciudad o en el campo e implica llegar a ser nativo de ese lugar al ser conciente de las relaciones ecológicas particulares que operan dentro y alrededor de él. Esto significa comprender las actividades y el comportamiento social evolutivo que enriquecerá la vida de ese lugar, que restaurará sus sistemas de mantenimiento de la vida y establecerá un patrón ecológico y social sostenible de existencia dentro de él. Simplemente dicho, implica llegar a estar completamente vivo en y con un lugar, lo cual implica también postular por un lugar en la comunidad biótica y dejar de ser explotador.

 

Los rehabitadores son tan diferentes de los invasores como estos últimos lo fueron de los habitantes originales. Ellos quieren adecuarse en el lugar el cual requiere de ser preservado para poder hacerlo. Sus objetivos más básicos son los de restaurar y mantener las cuencas, la capa superior del suelo y las especies nativas, elementos de necesidad obvia en los lugares de existencia, debido a que ellos determinan las condiciones esenciales de agua, comida y diversidad equilibrada. Sus objetivos también podrían incluir el desarrollo de culturas biorregionales contemporáneas que celebran la continuidad de la vida donde ellos viven y, además, nuevas formas de participación regional con otras culturas, basadas en la mutualidad como especies en la biosfera del planeta. El cambio a una sociedad rehabitada sin embargo, requiere cambios básicos en las direcciones sociales, económicas y políticas.

 

La rehabitación económica buscaría suficiencia más que ganancias. Ella podría ser catalogada más adecuadamente como ecológica, ya que su objetivo es mantener exitosamente la continuidad natural del sistema vital a la vez que gozarlo y usarlo para vivir. La mayoría de las formas comunes de la actividad económica, que cuentan en las condiciones naturales de una biorregión, continuarían efectuándose en una sociedad de rehabitación; sin embargo, podrían ser alteradas considerando las variaciones en el corto y largo plazo de sus ciclos.

 

Los rehabitadores del continente están fuera del juego de la competencia y los caminos conducen esencialmente a agua y comida, a un sentido de vivir en el lugar y a una comprensión de los nombres que los nativos asignaban a las cosas y a los espíritus locales.

 

La información útil para los rehabitadores, proviene de un amplio rango de fuentes como estudios de los habitantes nativos locales, en particular la experiencia de aquellos que han vivido allí antes. Los rehabitadores pueden aplicar esta información para cambiar sus propios patrones de vida y establecer nuevas relaciones con la tierra y la vida que los rodea. Esto los ayudará a determinar la naturaleza de la biorregión dentro de la cual ellos están aprendiendo a vivir.

 

 

Vivir en el lugar

 

Vivir en un lugar significa responder a las necesidades de la vida como al placer de vivirla acorde a como emanen de un sitio particular y también a los caminos evolventes que aseguren una permanencia a largo plazo en él. Una sociedad que practica el vivir en un lugar mantiene un equilibrio con su región de mantenimiento por medio de lazos entre las vidas humanas, otras formas de vida y el proceso del planeta como estaciones, tiempo y ciclos hidrológicos, revelados por el lugar en sí mismo. Es lo opuesto a una sociedad, la cual hace su vivir por medio de la explotación destructiva a corto plazo de la tierra y de la vida.

 

Vivir en un lugar es la más antigua forma de existencia que comenzó a ser desbaratada, en algunas partes del mundo hace pocos milenios por el surgimiento de la civilización explotadora y, más generalmente, durante los dos últimos siglos por la diseminación de la civilización industrial.

 

Todo lo relacionado con el sentimiento de pertenencia a un lugar no tiene casi nada que ver con municipio, estado, provincia o fronteras nacionales que los rodean para ser defendidas. La gente de las ciudades y el campo, aun los suburbanos están todos en el mismo planeta y viven en diversas regiones vitales que son pliegues únicos de la piel del mismo. Su interdependencia en un círculo de vida regional no es una proposición esotérica reservada a los bioingenieros globalizadores ni para los planificadores ambientalistas corporativos. Es su vida, su espíritu, su herencia como especie.

 

La gente nativa ya conoce esto. La lucha por recuperar y mantener las tierras nativas tradicionales, es una inspiración para los que toman las banderas de la rehabitación.

 

Un lugar se manifiesta en sí mismo en cada conciencia como una realización personal fundamental, como una visión individual que es el derecho de cada uno de nacer en la esfera de la integridad entre especie y planeta.

 

El hacer crecer la política por un lugar de vida, tiene que basarse en la realidad de vivir allí y es necesario recordar que ningún hecho se puede establecer sin evidencia.

 

Una política biorregional se origina con individuos que se identifican realmente con lugares y encuentran medios para relacionarse positivamente con el tejido de vida que los rodea, implicando a vecinos de cuencas o vertientes y creando una vertiente social. Este grupo semilla es y mantendrá la unidad más importante de la interacción política biorregional.

 

Muchas vertientes sociales de vecinos que trabajan en una amplia variedad de proyectos (cooperativas, jardines comunitarios, energía renovable, educación biorregional, reciclado y muchas otras), pueden fácilmente juntarse para formar una organización que sirva a la comunidad local que es más amplia. En efecto, sería un consejo de cuenca, una representación demandante legítima para los lugares compartidos más cercanos. Un consejo de cuencas es el foro apropiado para resolver asuntos actualmente detenidos y también para establecer nuevos objetivos basados en los principios de restauración de sistemas naturales que responden a las necesidades humanas y a la sobrevivencia de los individuos.

 

Pueden contender efectivamente con las instituciones gubernamentales más cercanas (ciudad, pueblo y municipio) para asegurar sus posiciones. Los gobiernos establecidos, suelen ser arbitrarios en términos biorregionales, pues tienen fronteras antinaturales en línea recta o control sobre diferentes geografías naturales y sus políticas, con las que hay que lidiar, se mantienen para partes de lugares de vida reales. La labor del consejo, sería presionar por una eventual autodeterminación en la cuenca.

 

 

Biorregionalismo, política verde y medioambientalismo

 

Ha habido alguna confusión acerca de la relación entre el lugar de vida y la política verde desde el primer Congreso biorregional norteamericano. Unos pocos participantes de ese evento opinaron que no había diferencia entre los dos. Las diferencias son muy claras, sin embargo. Debería comprenderse así para que los genuinos objetivos biorregionales puedan realizarse. Primero que nada, la política verde intenta cubrir un rango más extenso de áreas, donde hay similitudes. Las direcciones biorregionales son más definidas y específicas. Esto es obvio en una declaración de definición del inicial Encuentro de planeación de la organización verde:

 

La política verde entreteje sabiduría ecológica, descentralización económica y poder político cuando quiera que la responsabilidad práctica, personal y social, la seguridad global y la autodeterminación lo demanden. Aboga por la acción no violenta, por un orden mundial cooperativo y la autosustentabilidad.

 

Algunas de las palabras son las mismas, pero su sentido muy diferente. Los biorregionalistas, tienen una dirección específica. Para sabiduría ecológica ellos quieren mantener y restaurar las cuencas y las biorregiones. Estos son los lugares que ellos quieren descentralizar y donde ellos desean practicar la autodeterminación. Su responsabilidad social y personal es la de responder a las necesidades humanas básicas y crear formas de apoyo para los individuos en los lugares de vida. Así como para los otros objetivos como seguridad global y orden mundial cooperativo, los biorregionalistas pueden escoger aliarse con grupos y movimientos que desarrollan formas efectivas para aplicar ese sentimiento, pero su esfuerzo primero es resolver los problemas de donde ellos viven.

 

La diferencia más crítica entre los movimientos puede estar en su orientación ecológica actual. ¿Cuánta sabiduría ecológica están ellos realmente preparados a aceptar? Los biorregionalistas contestan, “¡toda la que podamos!” Ellos ven sus vidas como entrelazada con los procesos naturales, como parte de la vida de un lugar. Desde su punto de vista biocéntrico, la sociedad humana está basada fundamentalmente en la interdependencia con otras formas de vida. Ellos tienen la convicción para elegir cuáles clases de trabajo emprender para oponerse a la última depredación industrial.

 

No está establecido que los seguidores de la política verde estén similarmente comprometidos y que se cuestionen si llegarán a serlo. Tienen una multiplicidad de inquietudes (la sabiduría ecológica es solamente uno de los diez valores enlistados) y entre muchos verdes, la conciencia ecológica está limitada una perspectiva medioambiental más vieja: intentar reformar la industria en vez de luchar por remplazarla. Algunos biorregionalistas, quienes también son activos en la política verde, sienten que podrían convencer a miembros de ese movimiento para que cambien de dirección. No hay duda de que algunos serán persuadidos, pero el deseo evangelista no es una buena base para construir coaliciones. Una verdadera y relevante política de lugar de vida se originará de consejos de cuencas y de eventos como los encuentros biorregionales. Cuando el apoyo por estos grupos naturalmente a escala sea buscado, los verdes pueden aún probar ser aliados muy poderosos sin importar su diferente énfasis y dirección.

 

El clásico medioambientalismo, ha engendrado una peculiar y negativa enfermedad política entre sus adherentes. Alertados a refrescar los horrores casi diariamente, investigan el grado de extensión de cada nueva situación amenazante, listos para protestar y hacer exhaustivas campañas para prevenir una futura ocurrencia.

 

Esto es un servicio valioso, por supuesto. Sin embargo, imagínese un hospital que sólo consiste en un cuarto de emergencia, sin ningún cuidado maternal, sin clínica pediátrica, ni terapias de recuperación, sólo casos traumáticos. El rescate del medioambiente ha llegado a ser como correr a una tienda de asistencia en un campo de batalla, en una guerra contra una máquina asesina que opera más allá del alcance y que cambia de posición después de cada aparente derrota. Nadie puede dudar de las bases morales del medioambientalismo, pero los términos esencialmente defensivos de su interminable lucha militan contra la posibilidad de parar la matanza. Los medioambientalistas se han encontrado a sí mismos en la posición de conocer cuantas malas cosas hay, pero son solamente capaces de llegar a hacer un trato. El medioambientalismo, a lo más, alcanza su cenit en una posición desde fuera. Es tiempo de cambiar, de salvar lo que queda y comenzar a mantener programas biorregionales para la rehabitación.

  

Integración total

 

El occidente se relaciona con un estado mental que surgió del desalojo de la gente de sus identidades regionales: los europeos transferidos al continente americano, indígenas exterminados o sacados de su tierra en América, Australia y las islas del Pacífico; africanos arrebatados de su continente y esclavizados principalmente en lo que hoy es Estados Unidos europeos establecidos que perdieron sus culturas regionales tranformandolas en una monocultura. Globalización, monocultura y desalojo son fatales.

 

La historia de nuestras especies viene de hace millones de años, lo suficiente para haber ejercido un empuje en el desarrollo de toda la biosfera, ciertamente el más reciente y activo empuje desde la edad de hielo. Todas las especies comparten el planeta interdependientemente. Dependemos de todos los otros para sobrevivir, tanto por comida como por iluminación. El espíritu y la sobrevivencia de las especies están esencialmente conectados. La nuestra aún está aprendiendo de las otras: la silente conversación de las plantas, la controlada concepción de lobos y venados, el sensible orden social sin coerción de una bandada de pájaros o de un cardumen de peces. Este es nuestro ciclo de lo posible.

 

Es tiempo de desarrollar los medios políticos para dirigir a la sociedad hacia la restauración o la mantención de los sistemas naturales que soportan la vida. En un rancho en el campo o en un departamento en la ciudad, estamos completamente inmersos en la trama de la vida. No podemos conocer todos los detalles de todas las conexiones.

 

La política biorregional no trata de vencer el misterio, apunta hacia la construcción de una transición social, de tal forma de que podamos vivir con el misterio. ¿Podemos dejar de llorar en la trama de la vida y concientemente generar un papel como compañeros en toda la existencia? Mejor hagámoslo y comencemos por donde vivimos.

 

Acerca del autor

 

Arturo Pozo Contreras nació en Chile en 1946. Se graduó de ingeniero químico y trabajó en investigación electroquímica. En 1974 llegó a México invitado por el gobierno mexicano para trabajar en planes y programas de estudio de ingeniería y labores docentes.

 

En 1975 se dedicó a la investigación en el campo de la física nuclear y en el año de 1978 representó al gobierno de México en el Organismo Internacional de Energía Atómica en Viena, Austria. Allí conoció y participó en el naciente movimiento ecologista europeo.

 

En 1980 comenzó a practicar budismo zen. En 1982 dejó la investigación nuclear y fundó la Asociación Civil de Ecología Sobrevivencia. En 1985 trabajó en Greenpeace en Nueva York y comenzó sus estudios de terapia de polaridad. De 1988 a 1992 representó a México en el consejo directivo del Congreso Biorregional de la Isla de la Tortuga, cabeza del movimiento biorregional de Norteamérica. Fue miembro coordinador del consejo de visiones: guardianes de la Tierra y participante del gran consejo de sacerdotes mayas.

 

Organizó el capítulo de religión y salud mental del Congreso Mundial de Salud Mental de las Naciones Unidas de donde surgió “Tradiciones en armonía” representatividad no oficial de tradiciones religiosas y espirituales de la cual ha sido coordinador hasta 1997.

 

Coordinó representando a México, la comisión de lineamientos operativos de “La Otra Cumbre Económica”, organismo de cooperación internacional alternativa. Publicó artículos de ecología y conciencia en diversos medios alternativos. En 1992 fundó la Asociación Mexicana de Investigación Geobiológica. Ha participado en la organización de eventos internacionales sobre ciencia y conciencia. Imparte un programa internacional de cursos relacionados con el despertar energético de la conciencia por medio de la Red de Medicina Energética la cual dirige.

 

Da cursos de energía relacionados con el desarrollo humano en la Universidad Iberoamericana. Desde 1995, pertenece al consejo editorial de la revista En Tiempo Presente. Investiga en el campo de las frecuencias relacionado con la salud y el despertar humano. Ha desarrollado el concepto de Arquitectura energética y El lugar y la casa que sanan. Es terapeuta en medicina energética y geobiólogo consultor internacional. Sus temas de enseñanza están en el ámbito interrelacionado de ciencia, polaridad, geobiología, energía y transformación personal, budismo zen, ecología, tecnología alternativa, biorregionalismo y procedimientos para el consenso.

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