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Unión de Grupos Ambientalistas,
I. A. P.

Ecología y Comunidades Indígenas en México



Ecología y Comunidades Indígenas en México

 

La existencia misma de ese mundo, frágil y profundo,

 del indio mexicano, nos propone una pregunta que

 solemos evadir o condenar: ¿Vamos a arrebatarle

a toda esa gente maravillosa su comunidad

 y su cultura reales, una cultura que no está en

los museos, sino en los cuerpos, en la manera de

caminar, en la manera de saludar, de bailar,

de imaginar, para imponerles los fetiches del

racionalismo y el progreso

que nos vienen del siglo xviii?

Carlos Fuentes

 

 

Miguel Angel García Aguirre

 

 

Introducción

 

Actualmente la humanidad y la Tierra enfrentan una crisis de emergencia que amenaza con volver definitivamente irreversible el proceso de destrucción de la base material de supervivencia, reproducción y desarrollo de la vida: los ecosistemas naturales.

 

 Esta crisis se manifiesta agudamente en el paulatino calentamiento de la atmósfera terrestre, producto tanto de la inmensa cantidad de gases contaminantes, generados por la civilización industrial moderna, como de la tala y quema de enormes superficies de bosques y, sobre todo, de selvas tropicales, arrasadas por la expansión acelerada de dicho modelo de civilización.

 

El dilema humano hoy es: suicidio o supervivencia. Hacia la primera vía  —el suicidio social— apuntan los modelos de desarrollo rural moderno y occidental, con sistemas de producción ineficientes por su alto costo energético (de origen fósil‑petrolero) y económico; incosteables e insostenibles a largo plazo; destructivos de los recursos naturales (suelo, agua, fauna, vegetación), a los que se les considera y trata como simples mercancías para su extracción y venta; altamente contaminante en sus procesos de producción y consumo; inseguros y vulnerables, por su uniformidad, ante los ataques de plagas y enfermedades.

 

Estos modelos supuestamente modernos alientan y justifican el derecho del propietario privado individual a hacer un uso destructivo de los recursos naturales, como una forma absoluta de dominio de la naturaleza. Son respaldados, desde que el sistema capitalista industrial y occidental se impuso en el mundo, por un paquete ideológico que considera a la ciencia —producto del método racionalista— como la única forma de conocimiento legítimo, descalificando cualquier otra forma de explicación del mundo, para con ello convalidar intelectualmente un sistema de dominación que ha llegado a extremos racistas: lo moderno frente a lo primitivo, la civilización blanca frente a la barbarie negra o indígena, el cristianismo frente a la idolatría. Son modelos que en los hechos han fracasado en su promesa de proporcionar progreso y bienestar a todo el género humano.

 

La segunda vía, que aun más que supervivencia implica una verdadera revolución ecológica-agraria, se apoya, retoma y desarrolla el modo indígena y campesino premoderno de concebir, manejar y utilizar los recursos naturales, así como sus formas de organización y distribución comunitarias para apropiarse de ellos, para crear un desarrollo rural justo y duradero, que no erosione ni destruya cultura ni naturaleza.

 

Esta disyuntiva mundial y la confrontación de estos dos modelos y lógicas de desarrollo: el moderno neoliberal y el indígena campesino, se presentan en el México actual con una claridad indiscutible.

 

 

Riqueza ecológica y diversidad cultural

 

Las regiones del mundo con mayor diversidad biológica o de megadiversidad se ubican dentro de los trópicos y en la zona ecuatorial, y presentan características similares en cuanto a edad geológica joven con alta sismicidad y actividad volcánica, lo que permite una compleja formación de serranías donde se dan gran cantidad de climas y microclimas y suelos ricos en minerales. La existencia de casi todos los tipos de vegetación del planeta, así como mares a corta distancia, permite gran cantidad de humedad a lo largo de todo el año. Los países de megadiversidad son Brasil, Colombia, México, Indonesia, Zaire, Madagascar, Australia, China, Perú, Ecuador, India y Malasia.

 

En todos estos países, la diversidad biológica se ve acompañada siempre, de la existencia de una gran número de etnias o culturas indígenas. Y esto no es casual: la variedad y riqueza de los ecosistemas permite y alienta el desarrollo de diversos grupos humanos que se adaptan, descubriendo las mejores formas de apropiación, utilización y manejo de los recursos, como garantía de supervivencia y reproducción a largo plazo. Conciben a la naturaleza como productora de una gran variedad de bienes de uso y establecen con ella relaciones de intercambio y no de explotación, desarrollando expresiones culturales que reflejan la complejidad biológica en la que se sustentan.

 

Se establece así una relación entre el hombre y la naturaleza que se retroalimenta de forma solidaria:

 

A mayor diversidad biológica/mayores expresiones culturales y grupos étnicos/mayor defensa de la diversidad/supervivencia y reproducción del grupo/conservación y reproducción de la biodiversidad.

 

El territorio mexicano situado en la confluencia de dos grandes regiones geográficas: la neártica (norte) y la neotropical (sur), está a la vez entre dos grandes océanos relativamente próximos entre sí y en el centro de la trayectoria de migraciones florísticas y faunísticas hacia los trópicos. No obstante que buena parte del territorio se encuentra situado dentro del rango tropical (lo cual supone altos y generalizados perfiles de temperatura), al contar con sierras y montañas se convierte en un mosaico de valles y pendientes que producen grandes diferencias regionales en cuanto a la precipitación pluvial, a la humedad y, en general, de climas, con una disponibilidad de aguas concentradas en el centro y sureste del país. Las grandes elevaciones se convierten en barreras físicas que en el transcurso de los milenios han creado condiciones de aislamiento que favorecen la presencia de múltiples tipos de suelo y procesos de especiación. Todos estos fenómenos han dado por resultado que en el México se reúnan los paisajes y ecosistemas más diversos: desde el desierto, la selva y playas tropicales, hasta las nieves perpetuas y glaciales pasando por bosques templados, por lo que se cuenta con un alto nivel de especies únicas en el mundo de flora y fauna (endemismos).

 

Así, poseyendo más del 10% del total de especies de flora y fauna mundial y prácticamente todos los ecosistemas terrestres (a excepción de la tundra), en el territorio nacional se reconoce oficialmente la existencia de 56 grupos étnicos distintos que van desde los misteriosos seris, habitantes del desierto sonorense, hasta los zoques de las selvas del Ocote y Chimalapas, pasando por los místicos huicholes de Jalisco, los mixes, habitantes del país de las nubes en los bosques serranos de Oaxaca, o los combativos tzeltales, colonos involuntarios de la hoy famosa selva Lacandona en Chiapas.

 

Todos estos grupos étnicos existentes en México, y cuya mayoría se encuentra en las dos entidades que ocupan el primer y segundo lugares en biodiversidad del país (Oaxaca y Chiapas), durante siglos han vivido y convivido con su medio, desarrollando culturas que en el pasado prehispánico alcanzaron un elevado nivel de conocimiento y manejo de su entorno (como la maya, olmeca o mexica), bajo modelos de producción material y reproducción social muy distintos en su lógica a la de los europeos conquistadores.

 

 

500 años de destrucción y resistencia

 

La conquista española, hecha con la espada y con la cruz, representante del modelo occidental basado ya desde entonces en la veneración del oro y la mercantilización de la naturaleza y la cultura, interrumpe violentamente las formas indígenas de apropiación natural, obligando a estos grupos a replegarse hacia zonas de refugio (sierras y selvas) y a sobrevivir en la resistencia sin renunciar a su cosmovisión, a sus prácticas productivas, ni a sus formas comunales de organización.

 

Es así como durante 500 años se implanta y desarrolla en México un modelo de desarrollo industrial, moderno y modernizante, cuyo objetivo principal es la acumulación de capital por encima de todo: naturaleza, ética y moral.

 

Las consecuencias de este modelo —cuyos efectos se han acelerado patéticamente en los últimos 20 años, bajo la bandera del neoliberalismo económico y la globalización mundial— son terriblemente aleccionadores en lo que toca a los ámbitos ecológico y social:

 

·      México ha perdido ya 95% de las selvas lluviosas tropicales, el 70% de los bosques de niebla y el 50% de los bosques templados que poseía.

 

·      Se calcula oficialmente que la deforestación anual en México alcanza las 600 mil hectáreas, principalmente de bosques tropicales, estando, según datos de la fao, en el cuarto lugar mundial en lo que toca a destrucción de bosques.

 

·      Los cambios de uso del suelo han transformado ya irreversiblemente el 25% del territorio nacional con vegetación original en sistemas agropecuarios ineficientes, estimándose que en los últimos veinte años, se han perdido más de 16 millones de hectáreas debido a la deforestación, además de que el 38% de la cubierta vegetal actual presenta diversos grados de perturbación.

 

·      En el 80% del país, existen distintos índices de erosión; presentándose de manera severa y muy severa en 17% de los suelos, calculándose que año con año se depositan en ríos y mares 500 mil toneladas de suelo fértil, contaminándolos y provocando inundaciones. Por su parte, 10% de la superficie bajo riego se ha declarado irreversiblemente improductiva por salinización.

 

·      México cuenta, según estimaciones de la onu, con un 60% del total de las familias viviendo en situación de pobreza, dentro de las cuales existen nueve millones de niños en estado de pobreza extrema.

 

·      60 mil niños mexicanos han sido arrojados a vivir en las calles por condiciones de miseria y violencia intrafamiliar.

 

·      Oficialmente se reconoce que 6% de la población total adulta (cinco millones de personas) son analfabetas y que 35 millones carecen de instrucción básica, sin posibilidad de adquirirla.

 

·      De ser un país exportador de granos básicos pasó, a partir de 1976, a ser importador de enormes cantidades anuales de maíz y frijol, elementos básicos en la dieta del 50% de las familias mexicanas.

 

·      Se calcula que diariamente emigran del campo a la ciudad de México un total de tres mil personas en busca de un empleo cada vez más inaccesible.

 

·      La población económicamente activa en el sector informal (vendedores ambulantes, pordioseros, limpiaparabrisas, tragafuegos, payasitos) supera con creces el número de mexicanos con empleo fijo.

 

En contraparte:

·      30% del total de la población mexicana obtiene el 70% del producto interno bruto y dentro de este 30%, sólo 300 familias extremadamente ricas concentra el 30% de dicho pib.

 

·      Mientras el modelo de desarrollo modernizante e industrial demuestra sus nefastas consecuencias y su fracaso, las comunidades indígenas en resistencia no sólo se sostienen y de distintas maneras reproducen un modelo alternativo de vida, sino que pasan a la defensa activa de su territorio y de sus recursos naturales con distintos métodos de lucha. Como ejemplo de ello, entre muchísimos otros, tenemos:

 

·      La lucha de las comunidades zapotecas de la sierra Juárez de Oaxaca durante los ochenta, contra la fábrica de papel Tuxtepec, que pretendía prorrogar la concesión de los bosques comunales por otros 25 años.

 

·      La lucha de los indígenas nahuas del alto Balsas de Guerrero, de 1990 a 1994 por impedir la construcción de una enorme presa hidráulica dentro de su territorio.

 

·      Durante el mismo periodo y hasta la fecha, la lucha de los zoques chimalapas por impedir la construcción de una autopista de cuatro carriles dentro de su selva y la imposición de una reserva de la biósfera federal, sin resolver los problemas agrarios y sin afectar intereses de ganaderos, talamontes y narcotraficantes.

 

·      El levantamiento armado en 1994 de las comunidades tzeltales, tzotziles, choles y tojolabales, asentados en la selva Lacandona y en los altos de Chiapas, motivados por la marginación, el despojo agrario y la falta de alternativas productivas existentes bajo el sistema decretado e impuesto de reserva de la biósfera Montes Azules en su territorio bajo posesión.

 

 

La modernidad, los indígenas y los recursos naturales

 

Los indígenas y campesinos mexicanos, desde siempre, han tenido como eje de lucha la tierra. Su defensa, su recuperación o su dotación.

 

Más recientemente, cuando el simple reparto agrario demostró que por sí mismo no rompe la situación de explotación campesina, al subsistir los mecanismos de distribución e intercambio altamente desigual es (precios bajos para productos agrícolas y materias primas y precios altos para productos industrializados, créditos leoninos, tecnologías caras y sofisticadas, generadoras de mayor dependencia), los campesinos organizados han desarrollado luchas por mantener y expandir el control de sus procesos productivos, dándoles un carácter económico: eliminación de coyotes intermediarios, apropiación de fases primarias de procesos industriales como aserraderos, beneficios de café, molinos, exportación directa de productos.

 

Sin embargo, estas luchas económicas han demostrado ya sus límites, pues en el fondo están inmersas en una competencia desleal, subordinadas a una estrategia de desarrollo rural impuesta por los sectores dominantes, quienes fijan y aplican a su arbitrio y conveniencia sus reglas del juego: controles monopólicos de los mercados, apertura de la frontera para importación de productos de bajo costo, competencia dumping con caídas artificiales de los precios en determinadas temporadas, alzas violentas en las tasas de interés de los créditos agrícolas, cambios legislativos totalmente desventajosos y lesivos para las comunidades, etcétera.

 

Se empieza a dar, entonces, entre las comunidades indígenas y campesinas más avanzadas, un tercer tipo de lucha: la lucha ecológica por un modelo de desarrollo sustentable, que pondere la autosuficiencia local y regional; el aprovechamiento integral y sostenido de todos los recursos del ecosistema para una producción diversificada y de uso múltiple del suelo; el rescate de las tecnologías tradicionales y la adopción de tecnologías apropiadas, en todos los ámbitos de la vida comunitaria: la economía, la salud, la educación, los servicios, la vida doméstica, el rescate y la defensa de las expresiones culturales (idioma, vestido, cosmogonía, leyendas, fiestas y tradiciones) y, sobre todo, de las formas de organización solidarias (tequios, faenas, trabajos colectivos, mano vuelta); la apropiación y adecuación de aquellas partes del conocimiento científico y de las tecnologías modernas que complementen y no sustituyan los saberes tradicionales, y que se adecuen a los procesos campesinos de desarrollo; esto mediante el diálogo e intercambio entre indígenas, investigadores y técnicos.

 

Todo lo anterior como base estructural para la verdadera autonomía política de las comunidades indígenas.

 

 

La alternativa hoy: autonomía indígena,          desarrollo sustentable y conservación          ecológica

 

La comprensión total por parte de las comunidades indígenas y campesinas de la estrategia planteada y la decisión para asumirla y desarrollarla por ellos mismos —si bien es objetivamente necesaria como lo demuestra su propia experiencia— no es ni será un proceso fácil pues, a pesar de que en su memoria histórica y en su intuición poseen los elementos para ello, los niveles de miseria y marginación y el colonialismo cultural a que han estado sometidos (así como los complejos de inferioridad de clase y de raza que la élite dominante, la escuela, la iglesia y los sistemas judiciales les han inculcado) hacen que tengan la necesidad de ser civilizados y se avergüencen de su idioma, de sus concepciones y de sus prácticas productivas y sociales.

 

Así, por ejemplo, un sector indígena con muy alto nivel de organización política, como es el ezln, planteó entre sus 34 puntos de demandas fundamentales para inicio del diálogo por la paz (marzo 1995):

 

“Punto núm. 8. ...La dotación de tierras debe incluir maquinaria agrícola, fertilizantes, insecticidas, créditos, asesoría técnica, semillas mejoradas, ganado...” y

 

“Punto núm. 11. Que se construyan viviendas en todas las comunidades rurales de México y que cuenten con los servicios necesarios como luz, agua potable, caminos, drenaje, teléfono, transportes. Que tengan las ventajas de la ciudad como la televisión, estufa, refrigerador, lavadora...”

 

Sin embargo, cabe decir que el ezln recapacitó, pues posteriormente, ha impulsado entre sus comunidades programas de agricultura orgánica y medicina tradicional, con apoyo de diversos organismos no gubernamentales.

 

Cuando la mayoría de las comunidades indígenas de todo el país se aglutinan en torno a demandas de reconocimiento a su autonomía y respeto a sus más elementales derechos, expresados en una ley que recoja los acuerdos de San Andrés Larraizar alcanzados entre el ezln y el gobierno federal, se levanta paralelo un movimiento social, fundamentalmente en el sureste del país, que silenciosa e irreversiblemente lleva a la práctica alguno o muchos de los aspectos contenidos en la estrategia de desarrollo rural campesina, dando origen a organizaciones como la Coordinadora Nacional de Organizaciones Cafetaleras (cnoc), el Plan Piloto Forestal Quintana Roo, el Consejo Indígena Independiente de Xpujil, Campeche; el Foro Indígena Chinanteco de Uxpanapa, Ver; la Unión de Comunidades Indígenas Cien Años de Soledad en Oaxaca; la aric Independiente Unión de Uniones en Chiapas, la Unión de Ejidos Tzotziles, El Triunfo de los Pobres de la selva del Ocote; la Unión de Comunidades Indígenas de la Región del Istmo, Oaxaca; la organización ismam de la sierra sur de Chiapas, la reserva ecológica campesina de los Chimalapas, Oaxaca.

 

Todos estos movimientos indígenas parecen haber comprendido y pretenden demostrar que el modelo de producción indígena-campesina no sólo es viable, sino imprescindible para fincar una verdadera autonomía y capacidad de gestión política y que, bajo la perspectiva de una redefinición de los conceptos desarrollo y modernidad, sólo este modelo garantiza una vida digna para las comunidades, el abasto suficiente, barato y sostenido de los productos e insumos que los centros urbanos requieren; el respeto y revalorización de la cultura, la ética y la naturaleza y, al final, la supervivencia de la humanidad y de la vida en la Tierra, tal como está implícito en las palabras pronunciadas en 1854 por el jefe indígena Seattle, cuando el presidente de los Estados Unidos quiso comprar las tierras de la tribu duwamich:

 

“Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos. Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. Todo va enlazado.

 

Todo lo que le ocurra a la tierra les ocurrirá a los hijos de la tierra.

 

El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo.

 

Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él de amigo a amigo, queda exento del destino común. Después de todo, quizás seamos hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que quizá el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar ahora que Él les pertenece, lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. Él es el Dios de los hombres y Su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco. Esta tierra tiene un valor inestimable para Él, y si se daña se provocaría la ira del Creador. También los blancos se extinguirán, quizá antes que las demás tribus. Contaminen sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos.

 

Pero ustedes caminarán hacia su destrucción rodeados de gloria, inspirados por la fuerza del Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja. Ese destino es un misterio para nosotros, pues no entendemos por qué se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con cables parlantes. ¿Dónde está el matorral? Destruido. ¿Dónde está el águila? Desapareció. Termina la vida y empieza la supervivencia.”

 

 

Bibliografía

 

Anta F., Salvador (coordinador). Ecología y manejo integral de recursos naturales en la región de la Chinantla, Oax. Friedrich Ebert Stiftung. Facultad de Ciencias-pair. unam. México, df. 1992.

 

De Vos, Jan. Cuando la selva Lacandona aún era selva. sep/ciesas. Programa Cultural de las Fronteras. México, df. 1988.

 

Dichtl, Sigrid. Cae una estrella. Desarrollo y destrucción de la selva Lacandona. Secretaría de Educación Pública. Programa Cultural de las Fronteras. México, df. 1988.

 

Leff, Enrique y Julia Carabias (coordinadores). Cultura y manejo sustentable de los recursos naturales (2 volúmenes). Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, unam. México, df. 1996.

 

ini. México Indígena, núm. 24, Año iv, Ecología. Instituto Nacional Indigenista. México, df. 1988.

 

Nahmad, Salomón, Alvaro González, y Marco A. Vázquez. Medio ambiente y tecnologías indígenas en el sur de Oaxaca. Centro de Ecología y Desarrollo. México, df. 1994.

 

Toledo, Víctor Manuel. La ecología, Chiapas y el artículo 27. Ediciones El Quinto Sol. México, df. 1994.

 

Toledo, Víctor Manuel, Julia Carabias y Cristina Mapes. Ecología y autosuficiencia alimentaria. Siglo xxi Editores. México, df. 1985.

 

 

Toledo, V. Manuel, Julia Carabias, Carlos Toledo y Cuauhtémoc González Pacheco. La Producción rural en México: Alternativas ecológicas. Fundación Universo Veintiuno, ac y Prensas de Ciencias. unam. México, df. 1993.

 

uicn, pnuma y wwf. Cuidar la Tierra. Estrategia para el futuro de la vida. Unión Mundial para la Naturaleza. Sadag Bellegarde-Valserine, Francia, 1981.

 

 

Acerca del autor

 

Miguel Angel García Aguirre nació en México, df., en 1954. Cursó la carrera de Antropología Social en la Escuela Nacional de Antropología e Historia de la sep (enah). Y en 1975 ingresa al gobierno en programas de organización y capacitación campesina para el aprovechamiento y conservación forestal de la subsecretaría Forestal. Ahí permanece hasta 1988, habiendo sido casi de todo: promotor, coordinador de promotoría; jefe de departamento y subdirector, trabajando con campesinos e indígenas en los bosques y selvas de Tlaxcala, Puebla, Hidalgo, Veracruz, Oaxaca, Nuevo León y Quintana Roo.

 

En 1988 renuncia al gobierno en protesta por el fraude electoral y desde entonces milita activamente en la sociedad civil organizada, en el Pacto de Grupos Ecologistas (del que es coordinador de la comisión de Bosques y Selvas), del Comité Nacional para la Defensa de los Chimalapas (con el cargo de coordinador regional) y en Maderas del Pueblo del Sureste, ac (de la que fue fundador y es coordinador general de Proyectos).

 

Desde 1990 a la fecha coordina un proyecto de desarrollo sustentable y conservación ecológica en la selva de los Chimalapas, apoyando comprometidamente la lucha de las comunidades indígenas en la defensa de su territorio y de los recursos naturales de esa importantísima región, construyendo con ellos, en la práctica, el concepto reserva ecológica campesina.

 

Para saber más

 

·      Ceceña C., José Luis. Super explotación dependencia y desarrollo. Editorial Nuestro Tiempo. México, 1970.

 

·      Córdova, Arnaldo. La ideología de la revolución mexicana. Ediciones Era. México, 1973.

 

·      Cosío Villegas, Daniel. El sistema político mexicano. Cuadernos de Joaquín Mortiz. México, 1973.

 

·      Foster, G.M. Las culturas tradicionales y los cambios técnicos. Fondo de Cultura Económica. México, 1974.

 

·      Galeano, Eduardo. Las venas abiertas de América Latina. Editorial Siglo xxi. España, 1988.

 

·      Leff, Enrique. Racionalidad ambiental, democracia participativa y desarrollo sustentable. Editorial Siglo xxi. México, 1994.

 

·      Smith, Waldemar R. El sistema de fiestas y el cambio económico. México, 1977.

 

·      Warman, Arturo. Los campesinos hijos predilectos del régimen. Editorial Nuestro Tiempo. México, 1976.

 

·      Wolf, Eric R. Las luchas campesinas del siglo xx. Editorial Siglo xxi. México, 1974.

 

·      Arellano, J. y Víctor Toledo. La etnoecología: un aspecto no estudiado del conocimiento indígena. América Indígena, núm. 40.

 

·      Los campesinos. ¿Para qué orgnanizarlos? Centro de Ecodesarrollo. México, 1976.

 

·      Argueta A. Los grupos indígenas y las áreas naturales protegidas.Oikos. 1990

 

·      Calva, J.L.(coordinador) Alternativas para el campo mexicano. Fontamara. unam. México, 1993.

 

 

Para saber más

 

·      Ceceña C., José Luis. Super explotación dependencia y desarrollo. Editorial Nuestro Tiempo. México, 1970.

 

·      Córdova, Arnaldo. La ideología de la revolución mexicana. Ediciones Era. México, 1973.

 

·      Cosío Villegas, Daniel. El sistema político mexicano. Cuadernos de Joaquín Mortiz. México, 1973.

 

·      Foster, G.M. Las culturas tradicionales y los cambios técnicos. Fondo de Cultura Económica. México, 1974.

 

·      Galeano, Eduardo. Las venas abiertas de América Latina. Editorial Siglo xxi. España, 1988.

 

·      Leff, Enrique. Racionalidad ambiental, democracia participativa y desarrollo sustentable. Editorial Siglo xxi. México, 1994.

 

·      Smith, Waldemar R. El sistema de fiestas y el cambio económico. México, 1977.

 

·      Warman, Arturo. Los campesinos hijos predilectos del régimen. Editorial Nuestro Tiempo. México, 1976.

 

·      Wolf, Eric R. Las luchas campesinas del siglo xx. Editorial Siglo xxi. México, 1974.

 

·      Arellano, J. y Víctor Toledo. La etnoecología: un aspecto no estudiado del conocimiento indígena. América Indígena, núm. 40.

 

·      Los campesinos. ¿Para qué organizarlos? Centro de Ecodesarrollo. México, 1976.

 

·      Argueta A. Los grupos indígenas y las áreas naturales protegidas. Oiko, 1990

 

·      Calva, J.L.(coordinador). Alternativas para el campo mexicano. Fontamara. unam. México, 1993.