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Unión de Grupos Ambientalistas,
I. A. P.

Cumbre de la Tierra Agenda 21


Cumbre de la Tierra

Agenda 21

 

 

Ana Silvia Arrocha

 

Introducción

 

Hasta principios de los años setenta se encuentran las primeras referencias sobre la relación existente entre medio ambiente y desarrollo. En 1972, en Estocolmo, Suecia, se celebró la primera reunión mundial sobre medio ambiente durante la Conferencia sobre el Medio Humano, en la cual participaron representantes de 113 naciones. La conferencia recogió las principales ideas y planteamientos, no compartidos por todos los países industrializados y por casi ninguno de los países en desarrollo.  En esa conferencia se reconocieron muchos de los problemas ambientales y se examinó su relación con las políticas económicas y de desarrollo.1 De igual manera, se aprobaron una serie de recomendaciones que dieron pie a que los países que aún no habían iniciado programas de protección al ambiente comenzaran a diseñar políticas con dicho objetivo.

 

En 1983, La Organización de las Naciones Unidas estableció la Comisión mundial sobre el medio ambiente y el desarrollo.

 

Cuatro años más tarde salió a la luz el reporte de dicha comisión: Nuestro futuro común, también llamado informe Brundtland, en el cual se describen los peligros derivados de un desarrollo no sustentable. esto es, prácticas que no hacen compatible la conservación del ambiente y el aprovechamiento racional de los recursos naturales.

 

 El concepto de desarrollo sustentable presentado en 1987 por el informe Brundtland estuvo inspirado en ideas de biólogos y economistas pero sin la debida articulación entre todos los aspectos y vertientes del desarrollo.  Sin embargo, el concepto aún no acabado ni definido con precisión fue adoptado en Río de Janeiro como pieza angular, “Es desarrollo sustentable aquel que se lleve a cabo sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades” 2

 

Posteriormente, se solicitó a la Asamblea General de Naciones Unidas que convocara a una conferencia internacional “para examinar el progreso logrado y promover arreglos complementarios... para establecer indicadores y mantener el progreso humano conforme a las directrices que sugieren las necesidades humanas y las leyes ambientales”. 3

 

La Comisión advertía en su informe, que la humanidad debía cambiar los modos de vida y de interacción comercial si no se deseaba la venida de una era con inaceptables niveles de sufrimiento humano y degradación ecológica.

 

El desarrollo sustentable supone una política a largo plazo que deberá atender las necesidades presentes sin comprometer la satisfacción de las necesidades de las generaciones futuras, en función de los recursos naturales disponibles, con niveles menores de contaminación de suelos, aguas y atmósfera, y encaminada al mejoramiento de la calidad de vida del ser humano y el hábitat que lo rodea. El desarrollo sustentable, entendido como política, deberá ser implantado a nivel global, nacional y regional y deberá descansar en la equidad distributiva. Por eso, para los países en desarrollo se trató de una conferencia de justicia, promotora de la reducción de las desigualdades entre el mundo desarrollado y en desarrollo.

 

En 1989, la onu inició los trabajos de planificación de la Conferencia sobre el medio ambiente y el desarrollo en la cual se trazarían los principios para alcanzar un desarrollo sustentable. Durante dos años, numerosos expertos se dedicaron a concertar acuerdos para allanar el camino hacia Río de Janeiro, al igual que miles de miembros de ong, grupos de empresarios, científicos y grupos indígenas colaboraron en la organización de la cumbre.

 

 

Cumbre de Río de Janeiro

 

La cumbre de la Tierra organizada por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el medio ambiente y el desarrollo, se celebró en Río de Janeiro, Brasil, del 3 al 14 de junio de 1992.  Asistieron a esta reunión, los jefes de Estado o de gobierno de 179 países, representantes de organizaciones civiles de muchos países, mujeres, jóvenes, periodistas, defensores de derechos civiles, docentes, empresarios, autoridades locales, representantes de pueblos indígenas, científicos e investigadores, dirigentes religiosos y sindicalistas, entre otros, para discutir compromisos en relación con el medio ambiente y un desarrollo sustentable del mundo para el siglo xix. Para los países en desarrollo se trató de una conferencia sobre el desarrollo y la justicia.

 

En la Cumbre de la Tierra, se concertaron dos acuerdos internacionales y se formularon dos declaraciones de principios y un programa de acción de desarrollo mundial sustentable:4

 

     Declaración de Río sobre el medio ambiente y el desarrollo, en cuyos 27 principios se definen los derechos y responsabilidades de las naciones en la búsqueda del progreso y del bienestar de la humanidad;

 

     Programa 21, también llamado Agenda 21, plan de acción mundial con normas tendientes al logro del desarrollo sustentable desde el punto de vista social, económico y ecológico;

 

     Declaración de principios para orientar la gestión, la conservación y el desarrollo sustentable de todos los tipos de bosques.

 

     Convención marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático para lograr la estabilización de los gases de efecto invernadero que afectan el sistema climático mundial.

 

     Convenio sobre la diversidad biológica el cual exhorta a los países a encontrar cauces y medios para preservar la variedad de especies vivientes y velar por la distribución equitativa de los beneficios del aprovechamiento de la diversidad genética.

 

La humanidad se enfrenta a la pobreza, el hambre, las enfermedades, el analfabetismo, la degradación de los ecosistemas, y las disparidades socioeconómicas continúan aumentando. El equilibrio entre ambiente y desarrollo parece ser el único camino para asegurar la sobrevivencia de la Tierra.5

 

La Agenda 21 no es jurídicamente obligatoria. Sin embargo, es de esperar por parte de los gobiernos que asuman un serio compromiso para su aplicación.6

 

Según el Informe Brundtland, el más grave problema radica en el uso de energía de origen fósil: petróleo, carbón y sus productos y el gas natural. Países miembros de la opep y China se opusieron a la incorporación dentro de la Agenda 21 del capítulo sobre eficiencia energética y racionalización en el consumo de dicha energía.  No olvidemos que el consumo de dichos combustibles es la causa de tres de los grandes problemas ambientales: el cambio climático, la degradación de la calidad del aire en las grandes ciudades y la lluvia ácida.

 

La Agenda 21 explica que la población, el consumo y la tecnología son las principales fuerzas determinantes del cambio ecológico. Contiene estrategias y un programa integral de medidas para detener y revertir los efectos de la degradación ambiental y promover un desarrollo sustentable y ambientalmente limpio en todas las naciones.

 

La agenda está dividida en cuatro secciones. La primera se refiere a la dimensión social y económica; la segunda se relaciona con el manejo y la conservación de los recursos para el desarrollo; la siguiente aborda las funciones de los grupos mayoritarios, y la última parte analiza los significados de la ejecución de cada una de ellas.7

 

 

Dimensiones sociales y económicas

 

La asociación y cooperación entre las naciones es esencial para el funcionamiento eficiente y equitativo de la economía mundial. El desarrollo sustentable requiere inversiones crecientes en los países en vías de desarrollo, así como un uso eficiente de los recursos financieros. Este comentario es pertinente toda vez que durante muchos años los países en desarrollo aun cuando recibieron transferencias de fondos  internacionales no pudieron controlar la corrupción y asegurar un sistema eficaz y honrado en la administración pública.

 

Por lo anterior, la Agenda 21 recomienda que los Estados deberán interrumpir y revertir el proteccionismo y promover una libre competencia, asegurar una política de exportaciones e importaciones que favorezcan el desarrollo sustentable, verificar que las reglamentaciones ambientales no se conviertan en instrumentos de discriminación arbitraria y favorecer esquemas de financiamiento y reducción de la deuda externa de los países en desarrollo.

 

La pobreza es causada por numerosos factores, por lo que no existe una solución única para afrontar el problema.  Los Estados procurarán eliminar el analfabetismo, mejorar los servicios de atención médica, promover la creación de empleos, y en general, garantizar una mejoría en las condiciones de vida de la población impulsando el desarrollo regional y la participación de las comunidades locales, ong e indígenas.

 

En materia de modelos de consumo, el programa señala los Estados deberán considerar las limitaciones ecológicas del planeta, llevar a cabo una política eficiente de producción y disminuir el consumo, aplicar la legislación ambiental de manera eficiente, estimular la transferencia de tecnologías limpias y garantizar el acceso a la información, la educación y la sensibilización pública.

 

Respecto a la dinámica demográfica y la sustentabilidad, los Estados promoverán programas de planeación familiar y de salud dirigidos, especialmente, a la atención de los niños y para la erradicación de la pobreza.

 

Por cuanto hace a la salud humana, establece que se deberán reforzar las campañas de vacunación y el control de enfermedades como el sida, dar preferencia a los programas de educación y prevención de enfermedades; ejecutar medidas de saneamiento básico para los niños, aprovechar los conocimientos tradicionales en la materia y controlar la distribución y uso de plaguicidas para reducir a niveles mínimos los riesgos para la salud.

 

La urbanización forma parte del proceso de desarrollo, sin embargo en un creciente número de ciudades se observan síntomas de la crisis global del ambiente, por lo que los Estados  deberán favorecer asentamientos humanos sustentables, dotados de servicios básicos de saneamiento, agua potable y de recolección de basura; apoyar programas de acción de tecnologías eficientes,  tales como las energías solar, hidrológica, eólica; diseñar estrategias en materia de transporte público y estimular la creación de microempresas. También se prevé que los gobiernos alienten el establecimiento de ciudades intermedias en las que se apoyen los programas de empleo y de vivienda.

 

Por último, en esta sección establece que los gobiernos deberán realizar un gran esfuerzo para integrar las políticas económicas y las de protección del ambiente, desarrollar esquemas de evaluación de los recursos naturales y de los servicios que estos prestan al desarrollo, asimismo, los Estados deberían invertir en la educación, la capacitación y la ciencia y la tecnología.

 

Conservación y gestión de los recursos.

 

Para la protección de la atmósfera, la Agenda 21 propone que los Estados: modernicen los sistemas energéticos y  promuevan el uso de tecnologías más armónicas con el medio ambiente, impulsen nuevas alternativas para combatir la contaminación atmosférica en lo que se refiere a la concentración de gases invernadero y otros que provocan el calentamiento global y establezcan programas de consumo energético eficiente.

 

Las actividades humanas provocan el desgaste, degradación y erosión de los suelos. Para revertir estos procesos, los Estados deberán desarrollar políticas de uso de suelo en armonía con los intereses de las comunidades y el aprovechamiento sustentable de los recursos naturales, elaborar planes de ordenamiento ecológico que integren prácticas tradicionales e indígenas adecuadas, mejorar y hacer efectiva la legislación en la materia, y alentar la participación de las instituciones y grupos en la toma de decisiones.  En este capítulo se incluye un calendario vital a ser aplicado antes del año 2000.

 

En materia de lucha contra la desertificación los gobiernos deberán invertir en la reforestación y control de incendios y plagas, y en la investigación sobre recursos forestales; ejecutar una política forestal que fomente la creación de microindustrias de transformación que no sólo utilicen la madera sino los demás productos forestales, tales como plantas medicinales, mimbre, bambú, tintes vegetales, fibras y artesanías locales.  De igual manera, señala que los gobiernos deberán construir áreas verdes en zonas urbanas, fomentar el turismo ecológico y reducir el daño causado a los bosques mediante el ordenamiento sustentable de las zonas adyacentes a los mismos.

 

Con el mismo propósito los gobiernos deberán adoptar planes sustentables para el uso de tierras y elaborar planes de ordenamiento de recursos hídricos, llevar a cabo programas acelerados de forestación y manejo ambiental; impulsar la ejecución de programas de energía alternativa reduciendo el consumo de carbón de leña, capacitar a la población rural con programas de agrodesarrollo y conservación de agua y suelos y mejorar las condiciones de vida de las zonas rurales. En cuanto a este capítulo, ya se cumplió una de las propuestas del Programa 21, pues ya se firmó la Convención internacional sobre lucha contra la desertificación, cabe señalar que México fue el primer país en firmarla y que ya se encuentra en ejecución un programa en consecuencia.

 

En materia de conservación de la biodiversidad, agricultura sustentable y desarrollo de las regiones montañosas la Agenda establece que los Estados, en coordinación con las ong y las instituciones privadas, deberán invertir en programas de manejo ambiental y conservación de recursos naturales, impulsar métodos tradicionales de agricultura con la participación de las comunidades locales en el manejo de ecosistemas, desarrollar y fomentar el uso de tecnologías sustentables, crear áreas para la protección, rehabilitación  y aprovechamiento sustentable de los ecosistemas.

 

Como herramienta que promete contribuir de manera significativa al desarrollo sustentable se encuentra la biotecnología, la cual deberá ser utilizada y dirigida para mejorar las cualidades nutricionales de los productos alimenticios,  desarrollar vacunas y otros tipos de medicamentos para la prevención y cura de las enfermedades, mejorar la resistencia contra las plagas en la agricultura, rehabilitar los mediante la reforestación, el tratamiento de aguas, y la reutilización de desechos orgánicos. Los Estados deberán apoyar los programas nacionales científicos-tecnológicos, de capacitación profesional con inversiones y financiamiento.

 

En materia de protección y gestión de los océanos los Estados deberán prever la degradación de los ecosistemas marinos, informar a la población de los riesgos de la contaminación, velar por la aplicación de la legislación en materia de contaminación;  proteger, manejar y conservar los arrecifes, los estuarios, los pantanos y otras áreas oceánicas; promover la investigación y capacitación, mejorar las condiciones de vida de los pescadores y la comunidad local.

 

Para la protección de las aguas dulces, los objetivos para el año 2000 son proporcionar agua potable para todos los ciudadanos, así como garantizar el saneamiento básico y reciclaje de los desechos sólidos de las zonas urbanas, controlar y combatir las enfermedades transmitidas por el agua contaminada. Impulsar la investigación para el manejo de los ecosistemas acuáticos y el agua potable. También deberá instituirse la obligatoriedad de presentar estudios de impacto ambiental para todos los grandes proyectos hídricos de desarrollo y fomentarse el uso de fuentes distintas del agua dulce.

 

El capítulo correspondiente al uso adecuado de los productos químicos tóxicos señala que los gobiernos deberán ejercer un control de las emisiones por medio de inventarios, la expedición de normas para la utilización de dichos productos y la regulación de la exposición a los mismos. Las industrias deberán, generar y aceptar códigos internacionales de principios para prevenir y combatir los riesgos de impacto ambiental, adoptar medidas para la difusión de la información y capacitación al público acerca de emisiones tóxicas, desarrollar un sistema internacional de patrones de señalización y velar por la rigurosa equidad en el control y empleo de los productos químicos sin que exista diferencia entre los países.

 

En materia de residuos, los Estados deberán solicitar y dar asistencia para la innovación industrial a fin de reducir y combatir la producción excesiva de residuos peligrosos, efectuar auditorías ambientales en las industrias y verificar el manejo adecuado en las mismas, impulsar procesos de reciclaje, invertir conjuntamente con las empresas en investigaciones que busquen alternativas energéticas, mejorar los sistemas de irrigación, impulsar la educación para la prevención de enfermedades y el tratamiento adecuado de los desechos.  Respecto de los residuos radioactivos  los gobiernos deberán con las organizaciones internacionales para fomentar prácticas que limiten y reduzcan a un mínimo el volumen de estos residuos, velar por su almacenamiento, tratamiento, transporte y eliminación en condiciones seguras, proporcionar a los países en desarrollo asistencia técnica necesaria para el manejo adecuado de los residuos, promover formas alternativas de energía, respetar el Código de Práctica sobre Movimientos Transfronterizos de Desechos Radioactivos  y no exportar los desechos radioactivos.

 

 

La función de los grupos sociales

 

Mediante el Programa 21, los gobiernos convinieron en el logro de metas, políticas y mecanismos que sólo podrán convertirse en realidad con la participación real de todos y cada uno de los sectores de la sociedad. La amplia participación social en todas las etapas de la gestión ambiental, asociada a la responsabilidad frente a las acciones emprendidas, es condición necesaria para alcanzar el desarrollo sustentable.

 

Los gobiernos deberán permitir al público el acceso a toda información concerniente al medio ambiente y el desarrollo para permitirles fundamentar sus decisiones. Fomentarán programas de educación y capacitación y la ejecución de acuerdos institucionales para el desarrollo sustentable con los diferentes sectores.

 

Respecto a los grupos sociales mayoritarios, los Estados deberán cumplir lo siguiente:

 

.     Mujeres. Desarrollar nuevas estrategias para reducir obstáculos legales, culturales y económicos, asegurar su participación en los procesos de gestión ambiental mediante la educación, capacitación, el acceso a los servicios de salud, entre otros.  Abolir la discriminación y reducir la carga de trabajo pesado de las mujeres, instalando guarderías y escuelas maternales.

 

.     Niños y jóvenes. Garantizar la educación y su efectiva participación en los procesos de toma de decisiones, vigilar los abusos infantiles, incluyendo los sexuales, con mecanismos legales nacionales e internacionales. Velar por que gocen de servicios de salud, vivienda y alimentación adecuada.

 

.     Comunidades indígenas. Velar por la protección de sus tierras y sus recursos naturales. Incorporar la legislación nacional los derechos y obligaciones de las poblaciones indígenas. Promover la adopción de prácticas tradicionales para el desarrollo de tecnologías alternativas compatibles con el medio ambiente. Proteger la propiedad de las poblaciones, incluyendo sus ideas y  conocimientos y fomentar su participación en la formulación de legislaciones y políticas.

 

.     Organizaciones no gubernamentales. Incorporarlas en los procesos de toma de decisiones, de revisión y análisis de cómo se están llevando a cabo las metas y objetivos de la Agenda 21 y especialmente, favorecer su participación en la ejecución de planes de desarrollo sustentable. De igual manera, promover legislaciones que les concedan el derecho a recurrir a los medios jurídicos para salvaguardar el interés público.  En este sentido, las reformas de la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente de  nuestro país ha dado un primer paso respecto del reconocimiento del interés jurídico para las organizaciones locales vecinas de obras que puedan afectar el medio ambiente.

 

.     Autoridades regionales. Promover la descentralización de funciones y responsabilidades ambientales, toda vez que las mismas se encuentran más cerca de los problemas que se originan en sus comunidades: educación, dotación de agua potable, servicios de salud, etcétera.

 

.     Trabajadores y sindicatos. Promover su participación en la formulación de la política laboral, estrategias industriales, insalubridad y transferencia de tecnología, promover y fomentar, junto con los empresarios programas de educación y capacitación.

 

.     Industrias y comercios. Deberán aumentar los incentivos para la reconversión tecnológica y el uso racional de la energía y expedir leyes que fomenten una gestión ambiental integral. Desarrollar estrategias y planes para un manejo ético de los productos, energía y desechos industriales.

 

.     Científicos y técnicos. Promover la creación de un sistema eficiente de comunicaciones, desarrollar y apoyar estrategias para la investigación, proporcionarles información y vincular su quehacer con las actividades industriales.

 

.     Agricultores. Desarrollar estrategias sustentables para la agricultura, prácticas y tecnologías adecuadas, auxiliarlos en el manejo de plantaciones, fomentando el desarrollo de microempresas para las comunidades indígenas. Invertir en el campo y para la mejoría de las condiciones de vida de los trabajadores rurales. Introducir conceptos ecológicos para el desarrollo de sus prácticas agrícolas y elevar los precios de sus productos.

 

Medios para la puesta en práctica.

 

Para llevar a cabo el Programa 21 es necesario voluntad política apoyada por recursos financieros y tecnológicos de los países industrializados hacia los países en desarrollo, y con especial cuidado hacia las naciones cuya economía atraviesa una fase de transición, las cuales enfrentan enormes tensiones sociales y políticas. También se requieren fondos para que los distintos órganos internacionales puedan poner en práctica las recomendaciones de dicho Programa.

 

Sin embargo, cabe apuntar que la Agenda no contiene un esquema fuerte en materia de financiamiento, pues sólo hace referencia vaga al cumplimiento de destinar el 0.7 por ciento del pib nacional a la asistencia del desarrollo sustentable y siempre y cuando sea posible para el país.

 

En este orden de ideas, debe revisarse la legislación ambiental internacional para hacerla más efectiva, que promueva la integración de políticas ambientales y de desarrollo, con la eliminación de prácticas comerciales que presenten un obstáculo para este fin. Se deberá promover un esquema justo de participación en la toma de decisiones internacionales tanto para los países industrializados como en desarrollo y considerar la posibilidad de ampliar y fortalecer los mecanismos para identificar, prevenir y solucionar prácticas comerciales que no sean compatibles con la preservación, conservación del medio ambiente y el aprovechamiento de los recursos naturales y en el mundo.

 

La situación de México

 

Debe reconocerse que en México apenas se empieza a plantear la elaboración de una política integrada para la ejecución de la Agenda 21. Existen diferentes grados de avance en ciertos capítulos de la agenda, es grave comprobar que a cinco años de distancia de la Conferencia de Río no se pueda señalar un solo país que haya iniciado una política de desarrollo sustentable y México no es la excepción.  Trasladados los compromisos internacionales a México, se comprende que no será fácil transitar hacia el desarrollo sustentable.

 

El amplio consenso en torno a la necesidad de un desarrollo sustentable entraña un compromiso compartido para realizar cambios significativos en la conducción de las economías de los países. Para ello se requieren profundas transformaciones institucionales, tecnológicas y de patrones culturales y de producción y consumo. Además del componente social, caracterizado por su aguda desigualdad, el objetivo de la equidad queda aún más distante.8

 

Sin embargo, la participación efectiva de la sociedad podrá ir allanando el camino hacia el alcance de los objetivos de la Agenda 21. México tiene que realizar su máximo esfuerzo posible para encauzar su desarrollo hacia niveles crecientes de sustentabilidad. La evaluación deberá partir de cambio, más que de metas objetivo ajenas las circunstancias concretas de nuestro país.

 

Notas y Bilbiografía

 

1Urquidi, L. Víctor. Economía, política ambiental y desarrollo sustentable. Grupo de diputados ciudadanos. Talleres Gráficos de la Cámara de Diputados. 1996, pág. 9.

2Comisión Brundtland, Nuestro futuro común. Alianza Editorial, Madrid 1987.

3 onu Declaración de gro Harlem Brundtland. En Informe de las Naciones Unidas de la Conferencia sobre el medio ambiente y el desarrollo. Vol. ll, actuaciones de la conferencia, anexo II. pp. 52-55.

4 Keating, M. Cumbre para la Tierra. Programa para el cambio. Centro para Nuestro Futuro Común. 1993. Pág. VIII.

5 Sato, M. et al. Sinopsis de la Agenda 21, Semarnap/PNUD. 1997.p 37.

6Azuela et. al. coordinadores. Desarrollo sustentable. Hacia una política ambiental. unam. 1993, p 22.

7 Sato, Michéle et al. Sinopsis de la Agenda 21., op. cit. p 37.

8Urquidi, L. Víctor. Economía, política ambiental y desarrollo sustentable

 

Acerca de la autora

 

Ana Silvia Arrocha Contreras, nació en México df en mayo de 1968. Sus estudios universitarios los realizó en la Universidad Panamericana y obtuvo el título de licenciada en Derecho. Trabajó en el despacho de abogados Bufete Sepúlveda, posteriormente pasó al despacho del abogado Alberto Székely con el cual colaboró como abogada durante tres años. Actualmente se desempeña como secretaria técnica de la Comisión de Ecología y Medio Ambiente de la Cámara de Senadores. Es titular de la materia de derecho ambiental en la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana. Ha participado en seminarios de especialización en materia de amparo, propiedad intelectual, bioseguridad, variedades vegetales y acceso a recursos genéticos. Ha elaborado estudios en materia de participación social, sobre indígenas y medio ambiente. Ha impartido pláticas acerca del derecho a la información y acerca de las reformas a la Ley general del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente.

 

 

Para saber más

 

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