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Unión de Grupos Ambientalistas,
I. A. P.

Turismo


Turismo

 

La sobrevivencia de nuestro medio ambiente y

de la hotelería y el turismo

depende de la conservación de ambos.

Eberhardt H. Rues

 

Aurelio Ahumada

 

Los números felices

El enorme capital natural de México se muestra en vistosa publicidad para competir, en todo el mundo, con otros destinos turísticos. En busca de divisas e inversión, se apuesta al turismo como uno de los pilares de nuestra economía. Las playas y paisajes de nuestros litorales, la grandiosidad del legado arqueológico y la diversidad biológica, cultural y étnica de México se ofrecen como un suculento platillo, tanto al turista como al inversionista en el competido mercado del turismo mundial.

Según información oficial, el sector turístico se ha convertido en uno de los factores fundamentales para impulsar el crecimiento del país, es la tercera fuente generadora de divisas, y contribuye con el 30 por ciento de las exportaciones de servicios. A finales de 1996, la industria turística mexicana logró alcanzar la séptima posición mundial en recepción de turistas internacionales, equivalente a 21.6 millones de visitantes. Esto significa una derrama económica que ascendió a más de 22 millones de dólares, estimándose la participación de este sector dentro del producto interno bruto (pib) en 5.5 por ciento.

El gobierno federal considera de máxima importancia al turismo, y enfoca sus esfuerzos sobre todo en Cancún, Los Cabos, Loreto, Bahías de Huatulco e Ixtapa como los cinco centros turísticos planeados integralmente que, aunque cuentan ya con las ventajas de un destino consolidado, demandan mayores inversiones. Puerto Vallarta, Acapulco y Cozumel se consideran también destinos consolidados, principalmente por sus playas, que en buena medida han sido la razón del éxito del producto turístico mexicano, sobre todo para el mercado estadunidense, sector muy atractivo para la captación de inversiones en materia de hotelería, entretenimiento y diversión. Anualmente 80 millones de personas provenientes de Estados Unidos visitan la frontera norte mexicana, destacando Puerto Peñasco, en el estado de Sonora, como uno de los cinco destinos con mayor ocupación durante 1996.

Por otra parte, el proyecto del mundo maya, conformando por cinco estados mexicanos, e integrado con varios países centroamericanos, es un ejemplo del nuevo modelo de planeación gubernamental del turismo. Esta zona cuenta con 32 mil 700 habitaciones y ha incrementado 13 por ciento el número de visitantes en relación con 1995, recibiendo 4.3 millones de turistas, todo esto según la información oficial. Menor atención han recibido otros destinos arqueológicos y culturales, como Oaxaca, Chiapas, Guanajuato y la zona de Barranca del Cobre.

Sin embargo, este panorama dista mucho de ser tan halagador en otros campos fuera de la macroeconomía y las estadísticas oficiales: los aspectos ambientales y sociales relacionados con el turismo no han recibido la debida atención y son relegados en las prioridades del modelo económico. Una vez más, se trata de obtener resultados a corto plazo, y a toda costa y sin evaluar las repercusiones a futuro, se pretende aumentar el número de habitaciones hoteleras, las divisas y la inversión captada

Por otra parte, diversos sectores sociales en desacuerdo con la forma en que se desarrolla la dinámica de la inversión turística, cuestionan el dominio del capital económico sobre el capital natural y claman por la conservación de las selvas, los arrecifes, las playas y las culturas nativas, mostrando las evidencias de la destrucción causada por el turismo en lugares de gran importancia ecológica de nuestro país.

 

Lo bueno, lo malo y lo feo

Si bien es cierto que las crisis económica y ecológica resultan cada vez más evidentes para todos los sectores de la sociedad, tenemos que reconocer que nuestro país ha sido muy lento en tratar de cambiar el modelo de desarrollo. A pesar de los notables avances (y retrocesos) en materia de legislación y normatividad ambiental, los desarrolladores turísticos han preferido pedir perdón y pagar multas o sobornos o sufrir clausuras temporales en las obras, antes que considerar con seriedad los aspectos de cuidado ambiental estipulados en las leyes, ordenamientos y normas.

Sólo con la acción decidida de grupos sociales, se ha logrado en algunos, casos, detener y, en otros, replantear proyectos turísticos que amenazan con causar daños ecológicos o impactos sociales adversos. En éste, como en otros aspectos de la vida nacional, la participación de la sociedad civil organizada ha sido un importante factor de toma de conciencia. Los casos de Acapulco Diamante, el club de golf de Tepoztlán, las grutas de Cacahuamilpa y el muelle de Cozumel, son recordados tanto por las empresas que pretenden invertir en turismo, como por las autoridades ambientales que temen la reacción de la opinión pública ante la aprobación de un proyecto de turismo, sin importar que éste pudiera estar bien o mal planteado desde el punto de vista de impacto ambiental.

Según reglas no escritas, pero que parecen ser las que en verdad operan, en la mayoría de los casos y con honrosas excepciones, los inversionistas han considerado la manifestación de impacto ambiental como un engorroso y lento trámite dentro de una caja negra o una apuesta en la ruleta rusa y, por ende, tratan de invertir lo menos posible en los estudios ambientales, y lo hacen con el único fin de conseguir la aprobación de su proyecto. Por estas mismas razones, los ecologistas presuponen que todo nuevo proyecto turístico implica necesariamente un terrible impacto ambiental y, por lo tanto, se oponen a él con la misma pasión con que los cristianos emprendían las cruzadas medievales.

La prensa, por su parte, compra cualquier rumor y lo convierte en escándalo. Muy buen negocio, sobre todo si los inversionistas tienen un apellido extranjero o un hermano o amigo incomodo que ocultar. Por esto, las autoridades ambientales se han enfrentado muchas veces a la difícil tarea de evaluar los proyectos turísticos en un ambiente de escándalo político, periodicazos y líneas de gobernadores y funcionarios.

Debería ser evidente para las autoridades, los inversionistas y los promotores turísticos, la necesidad de cuidar al máximo los recursos naturales, la belleza del paisaje, la calidad del agua y la biodiversidad, factores que han sido fundamentales para la atracción del turismo. Pero esto no ha sido así en ninguno de nuestros centros turísticos diseñados en el pasado, ni parece suceder en la nueva explosión turística que comienza a suceder en el Caribe.

Tampoco el desarrollo económico provocado por el turismo ha sido equilibrado: millones de personas viven en condiciones de pobreza y miseria alrededor de los emporios del turismo, y muchos otros jamás podrán siquiera pescar o disfrutar en las playas de las que fueron despojados, mientras los recursos generados se concentran en las manos de las grandes empresas del turismo mundial.

Aunque se le considera la industria sin chimeneas, el turismo ha sido un factor de muy fuerte impacto sobre los recursos naturales de nuestro país. Como ejemplo, destaca el caso de la bahía de Acapulco donde, siguiendo tan solo la ley de la oferta y la demanda y los caprichos de los gobernantes en turno, se levantó nuestro primer gran centro turístico.

Sobre las hermosas playas que hicieron mundialmente famoso a este puerto, se construyeron grandes hoteles que afectaron los ecosistemas costeros y arruinaron el paisaje, los desechos se acumularon y los drenajes se vertieron directamente en medio de la bahía, afectando la vida marina coralina. Los asentamientos humanos invadieron sin control la parte alta del anfiteatro que forman los cerros alrededor de la bahía y, para colmo, no se preservó ninguna zona como reserva ecológica.

La severa contaminación de la bahía, la excesiva densificación, la pérdida de paisaje y atractivos naturales, han alejado de Acapulco al turismo internacional y, por lo mismo, se ha convertido en un destino turístico de baja categoría. Desafortunadamente, poco se ha hecho siquiera para evaluar y corregir la falta de planeación ambiental en los nuevos desarrollos, los errores cometidos en Acapulco se reproducen fielmente en casi todos los centros turísticos en las costas de México.

En las bahías de Huatulco, la construcción de hoteles y carreteras y la operación turística se realizó con tal descuido, que desde las etapas iniciales se afectó severamente el arrecife coralino, la transparencia del agua y la calidad de la arena en las playas, perdiéndose, para siempre, la oportunidad de convertir a Huatulco en un destino internacional de buceo.

Por otra parte, Cancún y el corredor turístico Cancún-Tulum en el Caribe mexicano, es sin duda el más exitoso proyecto turístico integralmente planeado en México. A lo largo de la zona hotelera de Cancún, y con la vista hacia el mar Caribe por un lado y la laguna de Nichupté por el otro, se levantan impresionantes hoteles, donde más de treinta mil cuartos se mantienen llenos casi todo el año.

La exitosa promoción turística de Cancún como destino internacional de playa y actividades subacuáticas, se basa en imágenes de los arrecifes coralinos, el color del mar y de las playas, así como en la exuberante riqueza natural y arqueológica de la zona.

Sin embargo, la preservación del capital natural de la región es un objetivo que parece cada día más difícil lograr. Desde el inicio del proyecto, a principios de los setenta, se desató una avalancha de inversiones e intereses económicos y políticos sobre la zona, que desplazaron al último lugar la conservación de los ecosistemas. Se presume que los pastos importados para el club de golf Pok Ta Pok, trajeron consigo la plaga del amarillamiento letal que acabó con las palmas de coco de la zona y que ahora afecta a todo el sureste mexicano. De la misma forma, con la intención de ganar terreno firme para la construcción de infraestructura turística y de vivienda de lujo, se han rellenando extensas superficies del sistema lagunar Nichupté, rellenos que ahora asfixian la circulación del agua en la zona de la laguna de Bojórquez. Esta es la dinámica que prevalece a más de veinticinco años de distancia.

Un poco alejada de la privilegiada zona hotelera y al norte del sistema lagunar Nichupté, se expande la ciudad de Cancún, que alberga a cerca de cuatrocientos mil habitantes, y a donde un creciente número de inmigrantes llegan diariamente atraídos por la posibilidad de encontrar trabajo y mejores condiciones de vida. En solo 25 años, Cancún ha crecido 17 veces en relación al proyecto original y la mancha urbana medra sobre las zonas de reserva: al norte existen 18 mil nuevos predios y en la reserva sur se promueven programas de vivienda.

El tremendo crecimiento de Cancún ha rebasado la capacidad de respuesta de las instituciones y funcionarios responsables del manejo ambiental de la zona. Según datos oficiales, solo 35% de la población tiene alcantarillado sanitario, por lo que una gran cantidad de contaminantes son arrastrados diariamente hacia el sistema lagunar Nichupté, causando un grave deterioro ecológico, evidente ya en la laguna de Bojórquez que presenta pérdida de oxígeno y proliferación de algas debido al exceso de nutrientes, proceso de extinción de la vida acuática llamado eutroficación.

El uso recreativo sin control de Nichupté también es causa del deterioro: diariamente cruzan la laguna cerca de dos mil  embarcaciones con motores a dos tiempos y escapes bajo el agua que vierten cantidades significativa de aceite y gasolina. A esta situación se agrega el hecho de que, por más de 20 años, los desechos sólidos de la zona hotelera y la ciudad fueron depositados en un basurero en el litoral de la laguna y, aunque este basurero fue recientemente clausurado, los contaminantes acumulados continuarán escurriendo hacia Nichupté por varias décadas.

Además de los problemas de salud pública que la contaminación de la zona lagunar de Nichupté pudiera provocar, se presenta el fuerte riesgo de afectar la zona arrecifal de Nizuc, declarada parque nacional marino y que se localiza justo en la principal desembocadura de la laguna al mar. Esta situación podría provocar severo daño al ecosistema, a la calidad de las playas, a la transparencia del agua y a la belleza submarina y, por ende, la decadencia de Cancún como uno de los más importantes destinos turísticos privilegiados por la naturaleza.

Siguiendo las pautas de Cancún, se desarrollan a gran velocidad y rebasando cualquier intento de planeación u ordenamiento, el corredor Cancún-Tulum, Isla Mujeres y Cozumel, en Quintana Roo y, a menor ritmo pero con los mismos problemas, los demás centros turísticos de nuestro país sean, o no, integralmente planeados. Para desmontar la selva y el manglar y erigir hoteles, discotecas, centros comerciales y restaurantes siempre existe suficiente dinero, mientras que para los esfuerzos de ordenamiento ecológico, conservación y vigilancia se destinan raquíticos presupuestos.

¿ Será el triste destino de Acapulco el signo inexorable de nuestra incapacidad para preservar la gallina de los huevos de oro, el legado de riqueza natural, diversidad biológica y paisaje, así como el potencial turístico que esto implica?, ¿ tenemos que sacrificar todo esto, en aras del supuesto beneficio económico que los funcionarios continúan prometiendo?

 

El cambio de paradigma

Es indudable que la conciencia ambiental se expande ampliamente en nuestro país y así también las acciones que dicha conciencia dictamina. La información de los problemas ambientales llega a un mayor número de personas y, a ante la evidencia de la crisis y la dificultad de conciliar los intereses del desarrollo económico con la conservación de los ecosistemas, un creciente número de ciudadanos, funcionarios, investigadores, instituciones y grupos, comienzan a buscar soluciones y tratan de recuperar el tiempo perdido durante décadas de ignorancia e inacción.

Venciendo inercias e intereses creados, la legislación y normatividad ambientales están comenzando a ser aplicadas en la industria turística: se han generado algunos planes de ordenamiento ecológico para las principales zonas y se refuerza la obligatoriedad de presentar las manifestaciones de impacto ambiental para la autorización de los proyectos; así también, se ejecutan clausuras y multas cuando los inversionistas incumplen la ley.

Un ejemplo notable son las acciones de un heterogéneo grupo integrado por ambientalistas, inversionistas y funcionarios, por tratar de aplicar, en forma concertada, el ordenamiento ecológico del corredor Cancún-Tulum. Por primera vez en nuestro país, el diseño de los proyectos turísticos se basa en los estudios ambientales y en lo establecido por el ordenamiento ecológico, y existe un mecanismo rápido y eficaz para la evaluación de los proyectos. Por otra parte, se ha creado un comité para el saneamiento de la laguna de Nichupté que promueve no sólo el diagnóstico, sino la solución a los problemas ambientales de la zona.

Estos mecanismos distan mucho de ser perfectos, pero por lo menos funcionan para la evaluación de los grandes proyectos, logrando que los temas ambientales sean tomados en cuenta con más seriedad, y que diversos sectores de la sociedad puedan conciliar intereses de manera benéfica para todos.

Cabe destacar que un gran avance para controlar la contaminación en los centros turísticos, es sin duda la nueva normatividad de la Comisión Nacional del Agua para la descarga de aguas residuales y los mecanismos para su aplicación, que además de severos castigos para los infractores, incluyen incentivos para los que cumplen.

Por otra parte, en contraste con la anquilosada burocracia relacionada con el turismo y sus métodos de planeación limitada y autoritaria, surgen ahora novedosas propuestas de participación ciudadana que promueven la discusión y el análisis, integrando a instituciones, empresas y comunidades.

Frente a los muy promovidos megaproyectos turísticos que ahora son cuestionados por sus correspondientes megaimpactos ambientales y sociales que provocan, surgen ahora opciones de turismo alternativo que, además de intentar la conservación ecológica, buscan la participación comunitaria y la participación activa del visitante, dando respuesta a los requerimientos de un creciente número de turistas nacionales e internacionales que buscan un contacto más cercano y activo con los ecosistemas y las culturas, al tiempo que se interesan en la preservación de ambos. Este nuevo tipo de turismo de la naturaleza, de aventura o ecoturismo, es el sector turístico con mayor crecimiento en todo el mundo en los últimos cinco años.

Uno de los proyectos ecoturísticos más importantes en México es sin duda, el que se realiza en Mazunte, una bahía situada a 15 km de Puerto Ángel en la costa de Oaxaca, donde desde hace casi cuatro décadas, funcionaba el rastro de tortugas marinas más grande del país. El rastro dejo de operar en junio de 1990, a raíz del decreto de veda total y permanente a la explotación de los quelonios marinos, una victoria de los grupos ambientalistas que desde tiempo atrás exigían detener la depredación acelerada del recurso.

Sin embargo, la veda de la tortuga por sí sola no garantizaba la conservación del recurso, que para cientos de familias representó por muchos años la principal fuente de ingresos. Resultaba necesario generar fuentes nuevas de ingreso para los pescadores y operarios del rastro, así como garantizar la conservación de la selva baja, de los humedales y, las lagunas costeras, y las playas de desove de tortuga marina.

El Programa para el desarrollo sustentable de la costa de Oaxaca coordinado por el grupo ambientalista Ecosolar, en conjunto con la Asociación de Comuneros de la Reserva Ecológica de Mazunte, ha rendido ya numerosos frutos, siendo el más notable, el favorable cambio que experimenta la comunidad y los ecosistemas de la región, donde funcionan proyectos alternativos a la pesca de la tortuga.

Por principio de cuentas, se logró la regularización de la tenencia de la tierra. Los mazunteños, una vez organizados, iniciaron tres empresas sociales, una de ellas dedicada al ecoturismo, donde los conceptos cliente y prestador de servicios se han cambiado por huésped y anfitrión. Los huéspedes de Mazunte disfrutan, comparten, aprenden, enseñan y colaboran en la conservación del entorno natural. El poblado de pescadores funciona como un eco-hotel que cuenta con varias cabañas rústicas, confortables, limpias y seguras y, sobre todo, con la atención de la familia hospedera.

Otra de las empresas de los mazunteños es una fábrica de cosméticos naturales, con ingredientes orgánicos de la región, así como un taller de serigrafía y un vivero forestal. Además, realizan programas permanentes de restauración ambiental y de capacitación ambiental, tanto para los habitantes de la región como para los visitantes.

El proyecto se extiende ahora por la cuenca del río Tonameca hasta la parte alta de la sierra y se integra, en un programa agroecológico, ecoturístico y de saneamiento ambiental, con los productores de café orgánico de la Unión de Comunidades Indígenas, para la restauración ambiental de la zona y dejarla libre de pesticidas y prácticas agrícolas nocivas.

El Programa para el desarrollo sustentable de la costa de Oaxaca es, tal vez, uno de los mejores modelos de conservación y uso sustentable de la selva baja y los ecosistemas costeros del Pacífico, con una serie proyectos comunitarios de agroecología, de saneamiento de cuencas de los ríos que bajan de la sierra y de lagunas costeras, de protección y uso turístico sustentable de las playas de desove y las zonas de alimentación y apareamiento de las tortugas marinas, de reforestación e instalación de sistemas biológicos para el tratamiento y reuso de agua, así como para el control de los vectores causantes del paludismo y dengue.

Las opciones que se ofrecen para quienes buscan experimentar el ecoturismo en las costas del Pacífico mexicano son cada vez más amplias. En Puerto Vallarta, por ejemplo, uno puede elegir entre la observación del rito invernal de apareamiento y procreación de la ballena jorobada o poner a prueba el músculo y la habilidad para gozar la adrenalina surfeando en kayac entre las olas de la bahía de Sayulita. Pero también puede uno dar caminatas por entre la selva baja y llegar a una cañada salpicada de flores, para tomar un saludable baño termal y refrescarse luego en el río de agua fría, con la música de fondo de los cantos de los pájaros y el agua golpeando las rocas.

Algunas agencias de ecoturismo fácilmente localizables en Puerto Vallarta y otros centros turísticos, se encargan de facilitar todo: rutas, transporte, guías capacitados, equipo, alimentos y seguridad; haciendo accesible las experiencias del ecoturismo a un amplio número de personas.

Para aquellos que desean un contacto más profundo con el medio natural, existen otras opciones, como el Hotelito Desconocido, brinda la oportunidad de alojarse en hermosas cabañas tipo palafitos a la orilla del estero de El Ermitaño, a sólo hora y media al sur de Puerto Vallarta.

En el Hotelito Desconocido, uno puede remar en kayac hasta el santuario de avifauna en la amplia laguna o bien visitar a caballo los parajes de selva y disfrutar las dunas de arena y el mar y, por la noche, recorrer la playa observando el desove de tortugas marinas bajo la luz de la luna o el cielo estrellado. Este hotel ecoturístico, es un alarde de arquitectura ecológica a base de bajareque y palapa, con servicios de muy alta calidad y comodidad.

En congruencia con los objetivos ambientales, en el Hotelito Desconocido, se ha instalado un avanzado sistema biológico de tratamiento de aguas residuales, así como viveros y un programa de restauración ambiental. Todo el equipo y los servicios son activados por la energía solar y del viento, interesantes instalaciones que pueden ser visitadas.

Estas y otras muchas y diversas experiencias de ecoturismo que se encuentran disponibles en diversos lugares de nuestro país, han tenido hasta ahora varios efectos positivos para el conocimiento, apreciación y conservación de los ecosistemas. Los pobladores, autoridades y empresarios en estas regiones comienzan a darse cuenta que la conservación del entorno genera ingresos y asegura su patrimonio. La tortuga marina, las garzas, los tejones y venados son más apreciados vivos que muertos, y los recursos de la selva son mucho más productivos si se aprovechan en forma sustentable.

Debido a la forma en que se han generado los proyectos ecoturísticos, generalmente por iniciativa de grupos ambientalistas, por comunidades organizadas o por pequeños empresarios, existe muy poca información al turista potencial, nacional o internacional, además de que la inexperiencia es todavía un factor común en muchos casos, lo que ocasiona mala calidad de servicios e impacto ambiental. En este aspecto, resulta muy necesaria la organización de seminarios y talleres, así como cursos de capacitación y reuniones en las que se discutan estos aspectos y se definan soluciones a los problemas.

Un ejemplo de lo anterior es la gran afluencia de visitantes en el área natural protegida de la mariposa monarca, la cual ha producido muy pocos beneficios a las comunidades locales y a la conservación de la región, y más bien ha ocasionado un notable aumento de contaminación y deterioro. Aunque se han invertido fuertes recursos para la conservación de las zonas de reserva, estas van quedando como islas boscosas en medio de un mar de desforestación. Las medidas represivas para controlar la tala no han dado resultado y se han generado pocas alternativas de ingreso, que no sean la concesión de un puesto de comida para unas pocas familias. A la fecha no parece existir ningún programa para el desarrollo sustentable de la región.

Por otra parte, los exitosos programas mexicanos para la conservación de la ballena gris y otras especies en Baja California, han beneficiado a unas cuantas empresas estadunidenses que cobran las excursiones o tours balleneros en miles de dólares. Mientras, en México, la afluencia turística no ha sido aprovechada para generar recursos para la conservación de esta especie ni para otras, y un gran número de visitantes procedentes del sur de Estados Unidos recorren en sus campers y disfrutan de, o afectan a la naturaleza de Baja California, dejando a su paso tan sólo toneladas de desechos y muy poco dinero a la economía regional.

Es notable la ignorancia y falta de participación de las instituciones gubernamentales relacionadas con el turismo, quienes continúan minimizando la participación social y de las comunidades, y prefieren sólo promover las enormes estructuras de concreto y pavimento y sentarse a las mesas de los grandes hoteles en ambientes de aire acondicionado y bienestar artificial.

En contraste, el nuevo perfil de un creciente sector del turismo mundial es el de alguien que prefiere el paisaje natural en vez de los grandes edificios, y gusta de disfrutar en espacios abiertos libres de aglomeraciones, donde se escuche el canto de los pájaros y los sonidos de la naturaleza en vez de la música de supermercado. El nuevo turista disfruta del calor humano y el contacto con la gente y la cultura local, que no le pueden dar los acartonados botones ni los asépticos salones de aire acondicionado.

Es indudable que el ecoturismo presenta riesgos, sobre todo si se realiza sin tomar medidas para evitar impactos ambientales y sociales. Para esto, es importante que se promuevan conceptos tales como el ordenamiento ecológico, la evaluación de impacto ambiental y las medidas para evitarlo, tales como la instalación de plantas de tratamiento de aguas residuales, adecuado manejo de los desechos, arquitectura e instalaciones amables con el ambiente, normas y reglamentos para proteger las especies y sus hábitats; pero, sobre todo, el de procurar que la conservación genere beneficios directos e inmediatos a la conservación ecológica y a las comunidades y habitantes de las zonas ecoturísticas.

El turismo de la naturaleza, bien enfocado, es ahora una interesante alternativa para la conservación y el uso sustentable de los recursos naturales, así como para la generación de ingresos, empleos, bienestar económico y mejor calidad de vida a las comunidades. Los proyectos deben incluir programas que garanticen el conocimiento y la conservación de los ecosistemas, así sean estos los arrecifes de coral en el caribe mexicano, las ballenas en Baja California, la exuberante selva del sureste, el desierto del norte o la selva baja de la costa del Pacífico.

La participación empresarial en el turismo de la naturaleza tiene en México un enorme potencial, que apenas comienza a explorarse. Una de las primeras experiencias de la inversión privada en turismo orientado a la naturaleza es el parque eco-arqueológico de Xcaret, localizado en el corredor Cancún-Tulum, donde se ha demostrado que se puede lograr un impresionante éxito económico si se brinda al, cada vez mayor, grupo de turistas amantes de la naturaleza, la oportunidad de disfrutar, aprender y colaborar en la conservación, en un ambiente de seguridad, limpieza, congruencia ambiental y buen servicio.

Un enorme letrero en el aeropuerto de Cancún dice cuando visites Xcaret, no te olvides de visitar Cancún, marcando así una preferencia del visitante hacia la naturaleza que puede aprovecharse en Huatulco, Puerto Vallarta y otros centros turísticos. En vista de la creciente afluencia de visitantes a Xcaret, el mayor reto para esta empresa mexicana, que también opera en concesión el acuario natural en la caleta de Xel-Ha en el mismo corredor turístico, es limitar la afluencia de visitantes a la capacidad de carga, desde el punto de vista ambiental, de ambos parques.

 

El turismo sustentable

Con base en todo lo anterior, podemos imaginar para México dos posibles escenarios a futuro; siendo el primero, que prevalezca la torpeza de las autoridades y empresarios y se continúe construyendo costosos megaproyectos a costa de los ecosistemas y que se erijan por decreto supuestos desarrollos ecoturísticos, donde se imponen los intereses económicos por encima de los de las comunidades. Todo sin importar el espíritu de conservación y uso sustentable de los recursos. Esto tan sólo puede generar malestar social, miseria y radicalización de posiciones frente al desarrollo.

Es un hecho que para los nacionales y extranjeros resulta cada vez más peligroso viajar por nuestras carreteras y alejarnos del hotel, y aun en los aeropuertos y terminales de autobuses se corre el peligro de ser asaltado. El ecoturismo en este primer panorama sería muy limitado y elitista, sólo para aquellos que puedan pagar la exclusividad de algunos espacios naturales privatizados y protegidos por ejércitos de guardias blancas, o para algunos pocos y arriesgados ambientalistas de mochila en la espalda.

El segundo, y más deseable escenario, plantea un cambio profundo en el enfoque de conservación y turismo en México, una nueva actitud basada en el uso sustentable de los recursos naturales, siguiendo, entre otras, las siguientes premisas:

Generar los planes de ordenamiento ecológico de las zonas turísticas y establecer mecanismos para controlar su aplicación, basado todo esto en las evaluaciones ambientales y en la concertación de intereses de los diversos sectores sociales.

Establecer eficientes mecanismos de normatividad, monitoreo y control del impacto ambiental causado por las instalaciones y actividades turísticas.

Establecer programas para el desarrollo sustentable de las áreas de vocación turística y en las áreas naturales protegidas y sus zonas de amortiguamiento, con la participación de todos los sectores sociales y las comunidades y la generación de empleo en actividades económicas diversificadas que busquen la autosuficiencia regional.

Generar ingresos por las actividades de uso sustentable de los recursos de flora, fauna, ambiente y paisaje natural, y aplicar parte de los ingresos para la investigación y conservación los recursos.

Generar mediante la educación ambiental y el ecoturismo, una cultura regional de conservación y uso sustentable de los recursos, así como de participación de las comunidades en el manejo y en los beneficios. Utilizar los recursos económicos generados por el ecoturismo para impulsar proyectos regionales de desarrollo sustentable.

Generar en los actuales megaproyectos y centros turísticos, atractivos programas y actividades turísticas que enfaticen la conservación de la riqueza natural y la cultura local.

En conclusión, podemos afirmar que a pesar del gran daño que el turismo y otras actividades han causado a nuestros ecosistemas, México es aún uno de los países con mayor potencial turístico. Para utilizar correctamente este potencial y lograr un desarrollo turístico sustentable es necesario revisar y cambiar las premisas que rigen nuestro actual modelo económico.

Algunos de los factores que pueden propiciar este necesario cambio son la participación ciudadana y el empuje y la visión de empresarios y funcionarios que decidan ser pioneros en la generación de estos nuevos modelos turísticos. Se ha dicho que el turismo es una actividad que fomenta la paz y la comunicación entre los pueblos. Las experiencias en México y en otros países demuestran que el turismo sustentable puede ser un importante factor para la conservación y uso racional de los recursos naturales, además de un buen negocio en el que todos salimos ganando.

 

Acerca del Autor

Aurelio Ahumada Rivera, es mexicano nacido en la ciudad de México. Egresó de la unam con el grado de Ingeniero Mecánico Electricista, posteriormente efectuó postgrados en Ingeniería Ambiental en la Facultad de Ingeniería y en la facultad de Química de la unam.

Fue investigador en el área de ingeniería industrial de la facultad de ingeniería de la unam de 1971 1974, director de sistemas en el Combinado Industrial de Ciudad Sahagún de 1973 a 1975, director de sistemas en Industrias Conasupo y director general de Organización Sistémica, Asesores, sa.

Fue coordinador del programa de investigación y conservación de la tortuga marina de la Universidad Nicolaita de Morelia y realizador del programa operación tortuga en convenios convarias instituciones. Miembro fundador y coordinador de ciencia y tecnología de Ecosolar, ac, fundador y director de Eco Red, sa de cv de 1994 a la fecha, grupo dedicado a la consultoría ambiental, diseño y realización de proyectos ambientales, tratamiento y reuso de agua, energía alterna, ecoturismo, estudios de factibilidad y de impacto ambiental, etcétera.

Dentro de sus proyectos más relevantes se encuentran el Programa para el Desarrollo Sustentable de la Costa de Oaxaca, iniciado a partir de la veda a la tortuga marina en 1990,. Esta zona fue extremadamente dañada por el huracán Paulina. El Programa de Aprovechamiento forestal Sustentable con los ejidatarios de Santa María Atarasquillo, el Plan Maestro para el Desarrollo Sustentable del Sur de Sonara, entre varios más.

Aurelio ha sido catedrático de la Universidad nacional Autónoma de México y ha ofrecido cursos de capacitación en tecnología ambiental y educación ambiental en diferentes países de Latinoamérica.  Ha dictado conferencias en México y en el extranjero y ha sido realizador de diferentes documentales. Es un excelente fotógrafo. Es miembro fundador de la Unión de Grupos Ambientalistas, iap., del centro de Investigaciones Agroecológicas del Trópico Húmedo, ac., y de Sierra Madre, ac. Es asesor de varias asociaciones civiles. Ganador del Primer Encuentro Nacional de Cine en 1980 y en el Primer festival nacional de Cine Científico en 1981. Fue merecedor del premio en ecología Miguel Alemán de la Fundación Miguel Alemán en octubre de 1997.

 

Para saber más

Rues, Eberhardt H. Eco-Hotel Management conciencia ecológica en la administración hotelera. Iberoamericana. México, 1995.

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Weisbroth, Ericka y Eric Ellman. Bicycling México. Inc Hunter Publishing. Edison, nj, usa,

 

 

Qué podemos hacer.

·      México es un país verdaderamente privilegiado por su megadiversidad, esto quiere decir que por ello tenemos cualquier cantidad de paisajes y lugares maravillosos además podemos encontrar diversas artesanías, culturas, historia y comida muy variada Conoce tu país primero antes que ir al extranjero.

·      No te dejes llevar por la publicidad que dice, desarrollo ecológico o ecoturismo, recuerda que este concepto lo han utilizado de manera irresponsable y mentirosa, primero investiga si realmente es un lugar que maneja los principios del verdadero ecoturismo.

·      Escribe a la Secretaría de Turismo y exígeles que el turismo se planifique y reglamente con miras a controlar su impacto sobre la naturaleza y para mantener su base de recursos, envía copia a Semarnap y a Secofi.

·      Exige que los desarrollos turísticos estén sujetos a las manifestaciones de impacto ambiental y que, posteriormente, los acompañen auditorías ambientales.

·      Vigila que la planificación del turismo se integre con otras modalidades del uso del suelo, especialmente en áreas naturales protegidas.

·      Ayuda a controlar los impactos del turismo sobre la población. Pues si bien, la corrosión cultural que trae consigo el turismo está generalizada y, a veces, llega ser inevitable, lo que si se puede evitar es que éste tenga lugar sin el consentimiento de los representantes de la cultura.

·      Exige que las personas afectadas por el turismo deban de participar en las decisiones acerca del desarrollo turístico y que tengan todas las garantías jurídicas para modificar y frenar las que consideren hostiles para su estilo de vida y medio ambiente.

·      Debemos promover que las comunidades locales adopten decisiones y participen activamente en la industria turística, de modo que ésta les aporte beneficios económicos.

·      Debemos de velar por que se reconozca la importancia del turismo como industria cuando se toman decisiones respecto de la utilización de los recursos naturales.

·      Todos tenemos que promover el manejo adecuado de las áreas naturales protegidas, éstos son un lugar idóneo para fomentar un estricto y reglamentado ecoturismo, lo cual beneficia, además, a las comunidades aledañas y a los fondos económicos de estas zonas.

·      Eduquémonos y eduquemos a los turistas y a las agencias de turismo para que sean corresponsables de las consecuencias de su comportamiento sobre el medio ambiente, y aumentemos la conciencia acerca de la importancia de las bellezas naturales y la necesidad imperiosa de conservarlas.

·      Predica con el ejemplo, nunca dejes basura en los lugares que visitas, y, es más, llama la atención de las personas que lo hagan.

·      No destruyas ni recojas nada de las áreas naturales protegidas, por algo se llaman así.

·      Sugiere en todos los hoteles que haya comida típica del lugar que visitas, ¿ayudas a conservar nuestras tradiciones y alimentos!

·      Sugiéreles también que consideren seriamente la eficiencia energética, y el ahorro del agua.

·      Pide que no te cambien las sábanas y las toallas diariamente, ¿acaso en tu casa lo haces?, en Europa es la moda, y ¿sabes por qué?, pues se ahorra agua, energía y además no se avientan detergentes al agua. ¡Imagínate lo que dejas de lastimar al Planeta!

·      Pide que la ropa de la lavandería no se ponga en bolsas de plástico, bien se puede poner en un costal de tela y lavarse de la misma forma que la ropa.

·      Diles a los hoteleros que no pongan el periódico que reparten en las habitaciones en bolsas de plástico.

·      Los hoteleros deberían hacer composta con todos los desperdicios de comida que se originan, dícelos. Este abono sería ideal para los jardines de los hoteles.

·      No te hospedes en hoteles que son eminentemente depredadores con el medio ambiente.

·      Denuncia a los hoteles que tiren sus aguas negras a ríos, lagos o mares sin previo tratamiento.

·      No permitas que haya derrames cuando las lanchas carguen gasolina o aceite. Invita a los lancheros a extremar medidas preventivas, hazles saber que ellos mismos están matando a la gallina de los huevos de oro, al no cuidar el agua.

·      Acapulco, Ixtapa, Cancún, Huatulco, Cabo San Lucas, o Puerto Vallarta no son todas los lugares de México, y no sólo en las playas se puede vacacionar. Escoge para tus próximas vacaciones un lugar con más tradiciones mexicanas. Hay miles.

·      Escribe a las escuelas de turismo y dales todas estas sugerencias para que se las transmitan a los estudiantes. Sólo así tendremos una nueva generación de administradores de hoteles concientes.

 

 

Con quién y a dónde acudir

Secretaría de Turismo

Mazarik 172, col. Polanco

cp 11587 México, df.

Tel. 250 01 23   211 00 99   250 82 13

Hotelito Desconocido

Cruz de Loreto, Tomatlán, Jalisco México

Tel. (01 329) 85 209    Fax (01 329) 85 109

Unidad Coordinadora de Áreas Naturales

Protegidas.

Av. Revolución 1425, nivel 25, col. Tlacopac, San Angel

cp 01040 México, df.

Tel. 624 33 29   624 33 30   624 33 34

   Ecosolar, ac

Héctor Marchelli

Eugenia 1510, col. Narvarte

Deleg. Benito Juárez

cp 03020 México, df

Tels. 543 44 31   523 05 55   543 44 31

Eco-Red sa de cv

Aurelio Ahumada Rivera

Patriotismo 334 Piso 5

San Pedro de los Pinos

Deleg. Benito Juárez

cp. 038000, México, df

Tels. 277 58 44   277 32 32   277 33 55

Ecogrupos

Alejandra Ramírez

Insurgentes sur 1971-251

Col. Guadalupe Inn

Deleg. Álvaro Obregón cp.01020

Tels. 661 91 21   663 53 81   Fax 662 73 56

Ecotours

Karel Beets Vigil

Puerto Vallarta, Jalisco.

Tel. (01 322) 266 06

Balam Consultoría en ecoturismo

Tel. 286 99 61

Turismo Rural y Ecoturismo del

Ejido de San Nicolás Totolapan df

Alejandro Tenorio

Carr. Panorámica al Ajusco.  Paraje de

las Llantas en el restaurante con

Leonardo y Pedro

Tel. 644 40 75

Comunidad de Ixtlán de Juárez, Oaxaca

Sierra Juárez.

Norma Angélica y Gustavo Ramírez

Oficina de Ecoturismo en Ixtlán

Tel. (01 955) 361 11   361 91

Dana, ac

Laguna de Miramar, selva Lacandona

Ejido Emiliano Zapata, Ocosingo

Fernando Ochoa

Dr.