Logo UGAM
Unión de Grupos Ambientalistas,
I. A. P.

Transporte y Vialidad


Transporte y Vialidad

 

Si hubiera que elegir entre el amplio espectro de factores y

fenómenos que afectan el equilibrio ecológico

del mundo contemporáneo con el objeto de ubicar

a los más devastadores, con toda seguridad habría

que incluir en la lista a dos. Ambos son devoradores insaciables

de los recursos naturales del planeta (incluyendo petróleo,

minerales, bosques, selvas, suelo y agua)

cada uno domina sobre espacios diferentes y

los dos son cuadrúpedos.

Estas dos deidades indiscutibles del mundo contemporáneo

son el automóvil y la res,

monarca de lo urbano el primero,

emperatriz de lo rural la segunda.

Víctor Manuel Toledo

 

 

Alejandro Calvillo Unna

 

Introducción

Gran cantidad de estudios –primero independientes y ahora oficiales– reconocen que las políticas de transporte y uso del suelo han provocado un aumento excesivo del número de automóviles particulares y de su uso indiscriminado y, por lo tanto, del congestionamiento vial y la contaminación atmosférica en las ciudades, además de la destrucción de los espacios vecinales. En documentos de la propia Organización para la Cooperación y el Desarrollo (oecd) como Urban travel and sustaintable development se reconoce que para reducir la dependencia del automóvil en las ciudades se requiere un cambio en las políticas de transporte y de uso del suelo.

La experiencia ha demostrado que la construcción de más vialidades para combatir el congestionamiento vial no es una solución. Esas políticas dirigidas a ofrecer más servicios al automovilista particular son la causa del actual problema de tráfico y contaminación; es decir, agudizan estos problemas.

Las mejores alternativas, evaluadas por diversas experiencias, están marcadas por un uso más eficiente de las vialidades que da preferencia a los modos de transporte que ocupan menos espacio vial por pasajero transportado y que generan menos contaminación por persona; es decir, que dan preferencia al transporte público sobre el privado.

Al mismo tiempo que se deben mejorar las condiciones del transporte público se tienen que reducir las ofertas de servicios al automovilista particular. Una de las políticas más efectivas en este sentido, ha sido el control y cierre de estacionamientos para disminuir el arribo de automóviles a zonas de conflicto.

Las alternativas deben ser integrales y comprender un vínculo directo entre las políticas de transporte y las de desarrollo urbano. Estas últimas deben enfocarse a evitar el crecimiento de la demanda de viajes, por ejemplo, impidiendo el desarrollo de megaproyectos en la periferia urbana.

Para desarrollar un programa eficiente de combate a la contaminación y al tráfico, mediante el cambio de las políticas de transporte y uso del suelo, se requieren recursos. Una forma de desestimular el uso del automóvil y al mismo tiempo generar estos recursos es incorporando a su uso parte de los costos ambientales, sociales y económicos que provoca.

Una parte importante del presupuesto de las ciudades se dirige a mantener la infraestructura vial que es utilizada, principalmente, por los automovilistas; una parte importante de los costos en salud provocados por la contaminación atmosférica proviene de los automóviles y la mayor responsabilidad en la destrucción de las ciudades y áreas verdes por la construcción de nuevas vialidades es provocada por el crecimiento del parque vehicular. Estos costos son pagados por toda la población, la cual, en su mayoría, no es usuaria del automóvil.

La creación de un impuesto agregado a la gasolina consumida por los automóviles, al uso de espacio de estacionamiento y al pago de tenencia, entre otros, generaría recursos para el subsidio parcial de un sistema integral de transporte público que puede ser administrado por empresas privadas. Es decir, no se niega el derecho del automovilista a usar su vehículo, pero se incorpora parte de sus costos para que contribuyan a un eficiente sistema de transporte público de superficie.

La ciudad de México es una de las víctimas más graves del proyecto automovilístico. Su pésima calidad del aire, la destrucción de la integridad de gran parte de sus barrios y colonias por la introducción de enormes ejes viales y la acelerada desaparición de sus áreas verdes son parte de las consecuencias de una política que requiere ser transformada a fondo. Existen las alternativas, y son factibles técnica, económica y socialmente.

 

Diagnóstico

Son tres los elementos básicos para una propuesta de transporte y vialidad integral para la ciudad de México que considere el combate a la contaminación atmosférica, el combate al congestionamiento vial y el rescate de la ciudad:

·      El crecimiento del parque vehicular y del consumo de combustibles.

·      La situación actual del transporte público, en el que predomina con una gran ventaja sobre los demás modos de transporte, el servicio de colectivos.

La falta de una estrategia integral de transporte que incluya políticas de uso del suelo y políticas fiscales que transfieran recursos de los usuarios del automóvil particular al sistema de transporte público.

 

El crecimiento del parque vehicular

Las ventas de automóviles en la zona metropolitana de la ciudad de México, desde 1985 a la fecha, han representado más del 40% de las ventas nacionales. En 1990 se vendieron 130,656 automóviles; en 1991, 152,932; en 1992, 168,167. Esto puede dar una idea del aumento del parque vehicular en el valle de México.

En relación con el total de vehículos en circulación, existe una gran cantidad de cifras contradictorias. El gobierno de la ciudad de México, al introducir el programa Hoy no circula en 1989, advirtió que dejarían de circular cerca de medio millón de automóviles; es decir, que existía un total de alrededor de, por lo menos, 2.5 millones de vehículos.

En el Programa integral contra la contaminación atmosférica en la zona metropolitana de la ciudad de México (picca) de octubre de 1990, se da la cifra de 2’509,010 de vehículos en circulación en la ciudad de México. En los avances a septiembre de 1992 del picca, se menciona que el parque vehicular era de 3 millones 300 mil unidades.

Sin embargo, en 1995, después de casi cinco años de que entró en vigor el Hoy no circula, para proponer su cancelación para los vehículos con convertidor catalítico, se habló de un total de 2.6 millones de unidades. Al evidenciarse las contradicciones del ddf éste argumentó que el dato del parque vehicular de 1989 no era exacto.

Las contradicciones entre la información sobre el parque vehicular podrían llenar cuartillas, comparando datos de ventas de vehículos, consumo de gasolinas, anuarios de vialidad y transporte, etcétera.

De acuerdo con información obtenida por Greenpeace, la organización estima que el parque vehicular de la zona metropolitana de la ciudad de México, conservadoramente, es de 4 millones de vehículos. Por otro lado, según los reportes de la Coordinación General de Transporte, alrededor de un 80% de la población utiliza transporte público y un 20% automóviles privados.

El crecimiento acelerado del parque vehicular, acompañado de un uso indiscriminado del automóvil particular ha significado un aumento del consumo promedio diario de gasolinas en la zona metropolitana de más de 800 mil litros cada año hasta antes de la crisis económica. Es decir, si en 1989 se consumieron un promedio diario de 15 millones de litros de gasolina, para 1994 este consumo llegó hasta los 19 millones de litros diarios en los meses de mayor consumo.

En relación con el crecimiento del parque vehicular, se puede advertir una creciente saturación vial en las principales arterias de la ciudad. El congestionamiento vial incrementa los niveles de contaminación en calles y avenidas (microambientes con mayor concentración de contaminantes), y aumenta los tiempos de traslado, provocando más emisiones por kilómetro recorrido. El resultado es una creciente atrofia urbana y la exposición de los ciudadanos a altas concentraciones de contaminantes durante un mayor periodo en calles y avenidas congestionadas. Exposición que no corresponde a las mediciones de las estaciones de monitoreo, que miden los niveles de concentración de contaminantes entre tres y 12 metros de altura.

 

El imperio de los colectivos

Según los anuarios de vialidad y transporte, en 1985 el metro cubrió el 20% de los viajes y los colectivos el 15%. Para 1989, cuatro años después, los colectivos aumentaron su cobertura a 34%, más del doble. Sin embargo, para 1990, los colectivos casi cuatriplicaron su capacidad cubriendo el 57.7% de los viajes realizados, mientras que el metro cubrió solamente el 11%.

En el mismo periodo, Ruta100 perdió su capacidad porcentual de cobertura de viajes reduciéndose del 29.6% en 1985, a sólo el 9.1% en 1990. El Sistema de Transporte Eléctrico, de cubrir el 2.9% en 1985, disminuyó al 0.9% en 1990.

Según los datos anteriores, no existe ninguna duda respecto al predominio que los colectivos ganaron de manera acelerada en unos cuantos años sobre los demás modos de transporte, constituyéndose en el modo de transporte público dominante en la ciudad de México.

En este sentido, cualquier propuesta debe partir del análisis de los procesos sucedidos en los últimos años, para no quedar entrampados en la situación que se pretende modificar o corregir. Por ello es importante mencionar, de manera muy breve, las razones que llevaron a la constitución de la Ruta100, a principios de los años ochenta y que hoy se repiten de manera aguda.

 

El viejo pulpo camionero

En los años setenta, el abandono por parte del Estado de su obligación de gestionar y planificar el transporte público concesionado, provocó la crisis de este servicio público. Esta situación obligó al gobierno a expropiar el llamado pulpo camionero.

·      Entre las principales causas de la crisis del transporte público concesionado, estuvieron:

·      La falta de un marco legal que estableciera la calidad del servicio que debería brindar el transporte público concesionado.

·      La falta de una constitución legal de las empresas concesionarias.

·      La falta de contratos laborales de los conductores que estableciera salarios obligatorios y no el salario a destajo, de acuerdo al número de vueltas o pasajeros transportados.

·      La falta de autoridad para que este servicio concesionado cumpliera con las normas de tránsito.

·      La falta de control sobre el estado de las unidades en servicio.

·      La principal, la existencia de un poder de los concesionarios no gobernable por el Estado y, en varios casos, un poder en contra de la planificación.

Los resultados de estas faltas, sinónimos de ilegalidad, provocaron que las unidades del pulpo camionero no respetaran las normas de tránsito, fueran sobrecargadas y estuvieran en pésimo estado y que el servicio que brindaban los conductores provocara gran inseguridad, además de la imposibilidad de establecer un sistema de transporte más o menos regulado (rutas de acuerdo a la demanda, frecuencia del servicio, etcétera).

Uno de los mayores problemas generados por esta situación fue el poder que el pulpo camionero adquirió para controlar áreas de la ciudad e impedir la entrada de otro tipo de servicio de transporte público; es decir, impedir la planificación del transporte. El transporte público concesionado quedó en manos del poder de los grupos más poderosos del pulpo camionero, generando la imposibilidad de planificar y regular el transporte público. Fuera de marcos legales claros, el poder del pulpo camionero se basó en el clientelaje político, en los favores, donde concesionarios y políticos adquirieron grandes beneficios y compromisos.

Este retrato escrito es similar al que puede elaborarse del pulpo pesero. Sin embargo, la situación varía en dos aspectos: el pulpo pesero es mayor al pulpo camionero; es decir, cuenta con más tentáculos, más poder y sus unidades son más ineficientes desde el punto de vista de su capacidad, ya que transportan menos pasajeros por unidad. Esto último es una aberración, cuando la demanda en las principales arterias de la ciudad sugiere el uso de unidades de mayor capacidad a las que fueron utilizadas por Ruta100.

Actualmente, el transporte público está dominado por un servicio —el de colectivos— que cuenta, en gran medida, con unidades no diseñadas para el transporte de pasajeros (situación ilegal); con conductores que laboran a destajo, sin contrato laboral (situación ilegal); que no respeta las paradas asignadas para ascenso y descenso de pasaje, parando con una altísima frecuencia (situación ilegal); y que además está constituido en rutas sin contratos de concesión que especifiquen la calidad del servicio o la cancelación del mismo (situación ilegal). Esta situación ha creado un problema mayor que aquel que obligó al gobierno capitalino a expropiar el pulpo camionero en 1980.

Esta situación se ha convertido, después de la construcción de los ejes viales y la instauración del hoy no circula de manera permanente, en el principal factor de promoción del uso indiscriminado del automóvil particular.

Los colectivos dominan hoy el sistema de transporte público de la ciudad de México al cubrir más del 50% de los viajes/persona/día, es decir, la ilegalidad marca la transportación pública en lo que es una de las mayores ciudades del mundo. En base a lo anterior, cualquier proyecto de transporte público debe dirigirse, en primer lugar, a resolver la ilegalidad del transporte público de superficie en los cuatro aspectos mencionados: unidades de servicio adecuadas, cumplimiento de normas de tránsito, contrato laboral a los conductores y contratos de concesión a empresas legalmente constituidas bajo esquemas claros de eficiencia en el servicio.

Las consideraciones anteriores han sido compartidas por los especialistas en transporte de los organismos gubernamentales. Sin embargo, sus recomendaciones no han sido cumplidas.

El pit de 1990

Al realizar un balance de la administración de la ciudad de México, se llega a la conclusión de que no se cumplieron los principios marcados dentro del Programa Integral de Transporte (pit), elaborado por la Coordinación General de Transporte (cgt) en 1990, para estructurar el transporte de acuerdo a las características de la ciudad y las necesidades de su población.

El pit propuso, como parte de sus objetivos para estructurar el transporte y “evitar el deterioro y colapso del sistema de transporte de la ciudad”.

·      En el centro histórico y el área comprendida dentro del circuito interior, sustitución gradual de los autos privados, autobuses y combis por transporte colectivo eléctrico.

·      En los principales corredores utilizados por autos en el poniente de la ciudad, se estudiará la posibilidad de concesionar sistemas de transporte colectivo de carril confinado que sustituyan al automóvil privado.

·      La Ruta100 se orientará a atender las colonias populares intermedias y las zonas periféricas que no tienen metro y en donde predomina la población de escasos recursos.

·      Los microbuses y combis gradualmente se convertirán en sistemas de alimentación del metro, trolebuses y Ruta100.

·      A mediano plazo, deberá iniciarse un sistema de trenes radiales que conecten la ciudad de México con otras ciudades situadas en cuencas externas del valle de México.

·      La política de vialidad apoyará la de transporte, evitando la ampliación de la infraestructura que sólo apoya a los automóviles.

Los principios generales establecidos en el pit de impulsar al transporte público sobre el privado, mediante políticas de vialidad que le den preferencia, y del desplazamiento de los  microbuses a abastecedores del metro, trolebuses y Ruta100, no sólo no se cumplieron, sino que se actuó en sentido contrario. La política de vialidad se implementó para resolver problemas creados por los vehículos privados (sexenio de los pasos a desnivel) y se alentó el dominio de microbuses y combis en el transporte público de superficie.

Cualquier evaluación del transporte público debe partir de los principios anteriores del pit.

El pitv y el Proaire

A cinco años del pit de 1990, fue presentado el Programa Integral de Transporte y Vialidad 1995-2000 (pitv). En este programa las autoridades del ddf pusieron en papel lo que hacían en la práctica: a apoyar los intereses de las grandes constructoras. El programa está dirigido a dar servicio a los automovilistas: más de 150 kilometros de vialidades de cuota en segundo nivel dentro de la ciudad, la construcción de la carretera La Venta-Colegio Militar atravesando la última zona de bosques del surponiente del valle de México, alrededor de 100 kilómetros de ejes viales, más de 65 pasos a desnivel y la construcción de más de 50 estacionamientos. En cuanto al transporte público el pitv no aporta nada, sólo el cambio de microbuses a autobuses y su entrega a la iniciativa privada.

En marzo de 1996 fue presentado el Programa para mejorar la calidad del aire en el valle de México 1995-2000 (Proaire) elaborado por el ddf, el gobierno del estado de México, la Secretaría del Medio Ambiente Recursos Naturales y Pesca y la Secretaría de Salud. El Proaire contiene principios más profundos en materia de transporte y vialidad que van en total desacuerdo con el pitv. Por ejemplo, propone “la racionalización en la construcción de nuevas vialidades interurbanas” que pueden provocar una mayor “dependencia del automóvil y el volumen del tráfico”. Este punto, parte de la estrategia del Proaire para la meta de un “nuevo orden urbano y transporte limpio,” es suficiente para poner en entredicho a todo el pitv. La falta de integración e, incluso, las profundas contradicciones entre la políticas ambientales con las de transporte y desarrollo urbano ha marcado el caos de la ciudad de México.

 

Políticas en sentido contrario

Las propuestas dirigidas a solucionar la saturación vial con la creación de más vialidades y estacionamientos favorecen el uso del automóvil particular, aumentando el consumo de combustibles e impactando negativamente la urbe al destruir las pocas áreas verdes y continuar segmentando barrios y colonias. Cada proyecto de vialidad tiene un efecto directo sobre la cultura del transporte y pueden favorecer más desplazamientos o reducirlos, promover el automóvil particular o el transporte público. La situación que vive la ciudad de México tiene su causa en diversas políticas que han promovido el uso del automóvil particular, desde los ejes viales, la creación de más estacionamientos, el abandono del transporte público, que no pudo tener más que la finalidad de incrementar las ventas de la industria automotriz.

Las propuestas que hablan de más vialidades no atacan el problema de fondo, más bien lo agudizan. La ciudad ya ha sido, en gran medida, destruida por el trazo de grandes vialidades que segmentaron barrios y colonias. Continuar con estas políticas agravará los problemas de tráfico, contaminación atmosférica, destrucción de áreas verdes y deterioro urbano.  El valle de México tiene características geográficas, como su altura sobre el nivel del mar y la cadena de montañas que le rodean, que hacen necesaria una consideración muy especial cuando se estima el impacto del consumo de combustibles y sus emisiones contaminantes.

Las propuestas de Greenpeace

Planificación y regulación del transporte público. Para cumplir con las normas de tránsito y contar con un programa global de transporte.

·      El poder público debe cumplir con su obligación de planificar y regular el servicio de transporte público, ya sea éste propiedad de una empresa privada o pública.

·      Debe crearse un organismo de representación en el que participen autoridades, especialistas en transporte, urbanistas, concesionarios del transporte público y ciudadanos, para presentar propuestas y evaluar los programas de transporte. Esta entidad deberá trabajar en coordinación con las comisiones de ecología y de transporte de la asamblea legislativa del Distrito Federal.

El gobierno de la ciudad debe desechar el pitv y desarrollar un programa integral de transporte (pit) que considere cambios inmediatos, dentro del marco de una planificación a mediano y largo plazo.

Transporte público de gran capacidad con carriles exclusivos y confinados. Para darle preferencia real al transporte público sobre el privado: deberá disminuirse el uso indiscriminado del automóvil y brindar un transporte público más rápido, seguro y confortable (ver costos en el anexo i).

Cambio de microbuses (para 25 pasajeros) a autobuses articulados (para 170 pasajeros) y biarticulados (para 270 pasajeros), en las principales vialidades de la ciudad de México.

·      Creación de carriles centrales confinados (separados físicamente), que no puedan ser invadidos por automóviles, exclusivos para autobuses articulados y biarticulados en las principales vialidades de la ciudad.

·      Estaciones de abordaje cada 600 metros con cobro previo del pasaje para reducir tiempos de ascenso-descenso de los usuarios.

·      Diseñar estos carriles considerando su transformación futura en carriles exclusivos para transporte público eléctrico (trolebús y tranvías).

Cumplirse con tiempos bien definidos para el continuo desarrollo de las líneas del metro y fortalecer las rutas de trolebuses y tren ligero (más unidades para un servicio más eficiente).

 

Areas libres de automóviles. Para disminuir las concentraciones de contaminantes altamente tóxicos en áreas de congestionamiento, recuperar la ciudad restaurándola y brindar espacios urbanos de convivencia e integración social a la ciudadanía.

·      Crear áreas libres de automóviles en el centro histórico de la ciudad y otros centros de delegaciones, colonias y barrios.

Activar las áreas seleccionadas con programas de promoción turística, rehabilitación urbana y comercial.

 

 

 

 

 

Fondo del automóvil para el transporte público. Incorporar parte de los costos ambientales y urbanos del automóvil, con impuestos a su uso.

·      Creación de impuestos al uso del automóvil particular, a la gasolina, al uso de estacionamientos, etcétera para crear un fondo de subsidio parcial del nuevo sistema de transporte público de superficie.

Manejo público del fondo por la asamblea legislativa del df.

Planificación urbana y transporte. Para disminuir la necesidad del transporte.

·      Impedir el desarrollo de proyectos que generen, o puedan generar, un incremento en la demanda de traslados; en especial, del uso de automóviles particulares, principalmente, hacia zonas periféricas.

·      Incluir en las normas de construcción de fraccionamientos, centros comerciales, de esparcimiento, financieros, educativos y laborales, regulaciones que obliguen a que la satisfacción de la demanda de transporte pueda ser cubierta por un medio de transporte público eficiente.

Establecer las regulaciones necesarias para que los desarrollos habitacionales ofrezcan a sus habitantes la satisfacción de sus necesidades más comunes en su entorno y así reducir la necesidad de traslado.

 

Información acerca de la contaminación generada por el transporte. Para hacer del conocimiento público información real de la exposición a contaminantes y elaborar los diagnósticos básicos para la definición de programas de combate a la contaminación atmosférica.

·      Monitorear permanentemente las concentraciones de contaminantes en microambientes con altas concentraciones y elaborar estudios a partir del uso de monitores personales que brinden datos más reales sobre la exposición de los ciudadanos a los diferentes contaminantes.

·      Instalar estaciones de monitoreo en calle con toma de muestra al nivel que respira la gente (1.50 m) e incorporar las mediciones a la información pública.

Incluir al benceno en los contaminantes monitoreados. Informar de sus concentraciones y expedir una norma para esta sustancia cancerígena.

Conclusión

El tráfico, la contaminación, el deterioro urbano por la automovilización y el abandono del transporte público de superficie, son los tres principales problemas a solucionar en una propuesta de reordenación vial y transporte público para la ciudad de México. Esta propuesta debe estar dirigida a un amplio espectro social, es decir, debe ser accesible económicamente a los usuarios del transporte público de superficie. Lo anterior no excluye la posibilidad de desarrollar otras opciones de transporte. Sin embargo, mantener en el abandono el transporte público de superficie y desarrollar trenes elevados costosos ahondará las diferencias sociales, que no son más que expresión de la injusticia social, de la irracionalidad del tiempo perdido y de la contaminación sufrida, en una ciudad donde el beneficio e interés colectivo han quedado en el olvido.

Las propuestas de carriles exclusivos centrales para transporte público de alta capacidad, de creación de áreas libres de automóviles y de destinar los recursos de los impuestos al uso del automóvil al transporte público, están sustentadas no sólo en su viabilidad económica, sino también en un principio de política urbana dirigido a rescatar la destrucción de la ciudad bajo las ruedas del automóvil, recuperar la salud de sus habitantes y permitir que la ciudad nuevamente sea un espacio de encuentro y convivencia para sus habitantes.

Las ofertas tecnológicas de convertidores catalíticos y reformulación de gasolinas deben mantenerse y reforzarse, pero son insuficientes ante el creciente consumo de combustibles y la saturación vial. El problema de fondo es el alto consumo de combustibles, el uso irracional del espacio vial existente y el irracional consumo de energía y espacio que este modelo significa.

La situación de contaminación e irracionalidad del transporte que la ciudad de México vive actualmente requiere de una redefinición de fondo de las estrategias de vialidad, transporte y desarrollo urbano. Continuar las políticas actuales enfocadas a ofrecer una  mayor oferta de avenidas, mantener en el abandono el sistema de transporte público de superficie y dar preferencia al automóvil privado, significará un mayor deterioro de la salud de los habitantes de esta ciudad, la muerte acelerada de los bosques del valle de México, el deterioro de la configuración urbana, la desaparición de las áreas verdes internas y el deterioro agudo de la calidad de vida en la capital del país.

 

Ventajas de los carriles exclusivos

Capacidad de traslado de pasajeros. Los carriles centrales exclusivos para autobuses biarticulados, con control electrónico de semáforos, con intervalos de un minuto, pueden transportar 16 mil 200 pasajeros por hora, en un mismo sentido (opción 1).

Con semáforos y señalización con control electrónico, los biarticulados pueden ser operados a intervalos de 40 segundos, lo que corresponde a una capacidad de 24 mil 300 pasajeros por hora, en un mismo sentido (opción 2).

Cantidad de autobuses por línea. Para una ruta de 20 kilómetros, con carriles exclusivos y a una velocidad de 30 kilómetros por hora, se necesitan 60 vehículos para la opción 1. Para la segunda opción, en la misma ruta y con equipamientos electrónicos, se necesitan 90 vehículos.

Beneficios del carril exclusivo. La experiencia ha demostrado que la mezcla, en una misma vialidad de autobuses y automóviles, genera caos vial. El transporte público, cuando opera sin carril exclusivo puede ocupar, en la práctica, dos carriles. En las mismas condiciones, los automóviles invaden los carriles preferenciales de los autobuses, entorpeciendo su desplazamiento.

En condiciones de gran demanda de transporte y congestionamiento vial, la separación de los modos de transporte beneficia a ambos, aumentando la velocidad y fluidez de la vía.

Costos de inversión. Para estimar los costos de inversión se puede recurrir al proyecto de Covitur para carriles exclusivos en la avenida Insurgentes, y actualizar sus estimaciones. Otra alternativa es conocer los costos de un proyecto de carriles exclusivos en Curitiba, Brasil. Greenpeace intentó obtener infructuosamente  información del proyecto para Insurgentes, pues, como en otros casos, es más facil obtener esta información en el extranjero.

Una ruta de 21 kilómetros, con 66 autobuses y 64 estaciones-tubo, tenía un costo (para febrero de 1995) en Curitiba, de 8 millones de dólares en infraestructura (carriles exclusivos y estaciones-tubo) y 30 millones de dólares en la adquisición de autobuses. La propuesta es que la inversión en infraestructura sea estatal y la compra de los vehículos y su operación sea por parte de la iniciativa privada.

 

Comparación con los trenes elevados. Las necesidades específicas de cada zona de la ciudad pueden determinar el desarrollo de un tren elevado o de carriles exclusivos con autobuses articulados. Sin embargo, al compararlos se puede distinguir que la segunda es la mejor opción para dirigir recursos económicos limitados.

En principio, Greenpeace no se opone al desarrollo de los trenes elevados. En circunstancias específicas, éstos pueden ser una buena opción. Sin embargo, en las condiciones actuales del transporte público de superficie, dominado por los colectivos, los trenes elevados no son una alternativa debido a sus altos costos de inversión, que se convierten en altos costos de pasaje, y su tiempo de instrumentación. A lo anterior se suma que el proyecto de trenes elevados no se encuentra ubicado dentro de una política de planificación que brinde preferencia vial al transporte público sobre el privado y, en la práctica, promueve la disposición de mayor espacio para el automóvil. Con lo anterior queremos decir que la mejor opción, en las condiciones actuales, es brindar preferencia vial al transporte público y aumentar la capacidad de sus unidades.

Nos encontramos ante una situación que obliga a los propietarios de microbuses a cambiar sus unidades por autobuses. El cambio obligado de este sistema de transporte, que cubre más del 50 por ciento de los viajes, brinda la posibilidad de reestructurar la vialidad de las principales avenidas de la ciudad (creando carriles exclusivos centrales para autobuses biarticulados). Se nos presenta así la oportunidad de segregar los dos principales modos de transporte, automóviles y transporte público, para ofrecer mayor fluidez al tránsito, reducción del consumo de combustibles y de emisiones, reducción de los tiempos de traslado y mayor seguridad y comodidad para los usuarios del transporte público. La otra opción es, lo que ha comenzado a suceder, que los microbuses cambien a autobuses comunes, sin ninguna reorganización vial, agudizando en extremo los problemas de congestionamiento vial y emisiones del tráfico.

La situación que se vive con los colectivos es una muestra clara de que se requiere, con urgencia, un cambio estructural de este servicio concesionado. Las concesiones del transporte  público no pueden ser otorgadas más a individuos, deben serlo a empresas legalmente constituidas. Sólo bajo contratos legales, en los que se especifiquen claramente derechos y obligaciones, se podrá establecer un servicio de transporte público que cumpla con calidad; de lo contrario, las concesiones deben ser revocadas.

Consideramos inaplazable la reestructuración del servicio de transporte público de superficie, columna vertebral del transporte en la ciudad de México.

 

Las propuestas de Greenpeace

Planificación y regulación del transporte público. Para cumplir con las normas de tránsito y contar con un programa global de transporte.

·      El poder público debe cumplir con su obligación de planificar y regular el servicio de transporte público, ya sea éste propiedad de una empresa privada o pública.

·      Debe crearse un organismo de representación en el que participen autoridades, especialistas en transporte, urbanistas, concesionarios del transporte público y ciudadanos, para presentar propuestas y evaluar los programas de transporte. Esta entidad deberá trabajar en coordinación con las comisiones de ecología y de transporte de la asamblea legislativa del Distrito Federal.

El gobierno de la ciudad debe desechar el pitv y desarrollar un programa integral de transporte (pit) que considere cambios inmediatos, dentro del marco de una planificación a mediano y largo plazo.

Transporte público de gran capacidad con carriles exclusivos y confinados. Para darle preferencia real al transporte público sobre el privado: deberá disminuirse el uso indiscriminado del automóvil y brindar un transporte público más rápido, seguro y confortable (ver costos en el anexo i).

Cambio de microbuses (para 25 pasajeros) a autobuses articulados (para 170 pasajeros) y biarticulados (para 270 pasajeros), en las principales vialidades de la ciudad de México.

·      Creación de carriles centrales confinados (separados físicamente), que no puedan ser invadidos por automóviles, exclusivos para autobuses articulados y biarticulados en las principales vialidades de la ciudad.

·      Estaciones de abordaje cada 600 metros con cobro previo del pasaje para reducir tiempos de ascenso-descenso de los usuarios.

·      Diseñar estos carriles considerando su transformación futura en carriles exclusivos para transporte público eléctrico (trolebús y tranvías).

Cumplirse con tiempos bien definidos para el continuo desarrollo de las líneas del metro y fortalecer las rutas de trolebuses y tren ligero (más unidades para un servicio más eficiente).

 

Areas libres de automóviles. Para disminuir las concentraciones de contaminantes altamente tóxicos en áreas de congestionamiento, recuperar la ciudad restaurándola y brindar espacios urbanos de convivencia e integración social a la ciudadanía.

·      Crear áreas libres de automóviles en el centro histórico de la ciudad y otros centros de delegaciones, colonias y barrios.

Activar las áreas seleccionadas con programas de promoción turística, rehabilitación urbana y comercial.

 

 

 

 

 

Fondo del automóvil para el transporte público. Incorporar parte de los costos ambientales y urbanos del automóvil, con impuestos a su uso.

·      Creación de impuestos al uso del automóvil particular, a la gasolina, al uso de estacionamientos, etcétera para crear un fondo de subsidio parcial del nuevo sistema de transporte público de superficie.

Manejo público del fondo por la asamblea legislativa del df.

Planificación urbana y transporte. Para disminuir la necesidad del transporte.

·      Impedir el desarrollo de proyectos que generen, o puedan generar, un incremento en la demanda de traslados; en especial, del uso de automóviles particulares, principalmente, hacia zonas periféricas.

·      Incluir en las normas de construcción de fraccionamientos, centros comerciales, de esparcimiento, financieros, educativos y laborales, regulaciones que obliguen a que la satisfacción de la demanda de transporte pueda ser cubierta por un medio de transporte público eficiente.

Establecer las regulaciones necesarias para que los desarrollos habitacionales ofrezcan a sus habitantes la satisfacción de sus necesidades más comunes en su entorno y así reducir la necesidad de traslado.

 

Información acerca de la contaminación generada por el transporte. Para hacer del conocimiento público información real de la exposición a contaminantes y elaborar los diagnósticos básicos para la definición de programas de combate a la contaminación atmosférica.

·      Monitorear permanentemente las concentraciones de contaminantes en microambientes con altas concentraciones y elaborar estudios a partir del uso de monitores personales que brinden datos más reales sobre la exposición de los ciudadanos a los diferentes contaminantes.

·      Instalar estaciones de monitoreo en calle con toma de muestra al nivel que respira la gente (1.50 m) e incorporar las mediciones a la información pública.

Incluir al benceno en los contaminantes monitoreados. Informar de sus concentraciones y expedir una norma para esta sustancia cancerígena.

Conclusión

El tráfico, la contaminación, el deterioro urbano por la automovilización y el abandono del transporte público de superficie, son los tres principales problemas a solucionar en una propuesta de reordenación vial y transporte público para la ciudad de México. Esta propuesta debe estar dirigida a un amplio espectro social, es decir, debe ser accesible económicamente a los usuarios del transporte público de superficie. Lo anterior no excluye la posibilidad de desarrollar otras opciones de transporte. Sin embargo, mantener en el abandono el transporte público de superficie y desarrollar trenes elevados costosos ahondará las diferencias sociales, que no son más que expresión de la injusticia social, de la irracionalidad del tiempo perdido y de la contaminación sufrida, en una ciudad donde el beneficio e interés colectivo han quedado en el olvido.

Las propuestas de carriles exclusivos centrales para transporte público de alta capacidad, de creación de áreas libres de automóviles y de destinar los recursos de los impuestos al uso del automóvil al transporte público, están sustentadas no sólo en su viabilidad económica, sino también en un principio de política urbana dirigido a rescatar la destrucción de la ciudad bajo las ruedas del automóvil, recuperar la salud de sus habitantes y permitir que la ciudad nuevamente sea un espacio de encuentro y convivencia para sus habitantes.

Las ofertas tecnológicas de convertidores catalíticos y reformulación de gasolinas deben mantenerse y reforzarse, pero son insuficientes ante el creciente consumo de combustibles y la saturación vial. El problema de fondo es el alto consumo de combustibles, el uso irracional del espacio vial existente y el irracional consumo de energía y espacio que este modelo significa.

La situación de contaminación e irracionalidad del transporte que la ciudad de México vive actualmente requiere de una redefinición de fondo de las estrategias de vialidad, transporte y desarrollo urbano. Continuar las políticas actuales enfocadas a ofrecer una  mayor oferta de avenidas, mantener en el abandono el sistema de transporte público de superficie y dar preferencia al automóvil privado, significará un mayor deterioro de la salud de los habitantes de esta ciudad, la muerte acelerada de los bosques del valle de México, el deterioro de la configuración urbana, la desaparición de las áreas verdes internas y el deterioro agudo de la calidad de vida en la capital del país.