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Unión de Grupos Ambientalistas,
I. A. P.

Salud y Medio Ambiente


Salud y Medio Ambiente

 

La ecología neutral,

que más bien se parece a la jardinería,

se hace cómplice de la injusticia de un mundo donde la comida sana,

el agua limpia, el aire puro y el silencio no son derechos de todos

no privilegios de los pocos que pueden pagarlos.”

 

Eduardo Galeano

 

 

Maite Cortés G.L.

 

Preámbulo

Escribir sobre el tema de la salud y la toxicidad ambiental me sigue resultando tan duro como al principio, hace 5 años, cuando decidí dedicarme a él. Es un tema doloroso, y el proceso de escritura es doloroso también, porque no puede ni debe limitarse al tratamiento técnico-científico o a la simple enumeración de cifras contables o estadísticas, sino que necesariamente incluye la dimensión del sufrimiento humano, muchas veces vivido tan de cerca en amigos que padecen cáncer, sida, esclerosis múltiple o el nacimiento de hijos enfermos, entre otros agravios.

Racionalmente es sencillo leer que gran parte de las sustancias a las que somos expuestos diariamente son posibles cancerígenos o mutágenos o que pueden tener efectos adversos en la salud humana a lo largo de varias generaciones. Pero, ¿qué pasa cuando nuestra propia glándula tiroides no funciona normalmente porque nuestra madre estuvo expuesta a ddt?

En 1962, cuando yo aún no había nacido y los adultos de entonces deben haber dicho ¾como los de ahora¾ que había que velar por el futuro de los niños, Rachel Carson escribió Primavera Silenciosa denunciando los graves daños que en menos de dos décadas habían provocado los plaguicidas. Casi nadie atendió a su llamado. Tiempo después la propia Rachel Carson murió víctima de cáncer. En 1997, 35 años después, el volumen de plaguicidas utilizados a nivel mundial, ha aumentado en miles de toneladas, al igual que muchos otros químicos sintéticos que enfrentamos en nuestras vidas diariamente.

 

Introducción

En este siglo que nos ha tocado vivir, la constante exposición a sustancias tóxicas creadas por el hombre se ha convertido en uno de los principales factores de enfermedad, cuando no en su causa directa. En el presente artículo intentaré esbozar de manera breve, estoy muy lejos de pretender ser exhaustiva, y complementaria a los artículos de los compañeros a los que antecedo, el fenómeno de la toxicidad ambiental (1) como uno de los factores que intervienen en el deterioro de la salud.

Asimismo, presentaré la gestión ciudadana como una línea de acción que es urgente poner en práctica y el derecho a la información como una de las herramientas a nuestro alcance, para intentar rescatar las condiciones bioquímicas que hacen posible nuestra vida.

La visión que aquí comparto surge de la experiencia adquirida en estos 10 años de labor como miembro del Colectivo Ecologista Jalisco en particular y de la comunidad ambientalista en general, y del trabajo académico que estoy por concluir en la Maestría en Educación Ambiental a Distancia impartida por la Universidad de Guadalajara, uno de los esfuerzos de profesionalización que en términos de la educación ambiental están apareciendo en nuestro país, pero, sobre todo, nace de mi preocupación como mujer y como persona, por construir las vías que nos permitan acceder a la salud ambiental en su dimensión más amplia.

 

Un problema de percepción.

El tema de la toxicidad ambiental es un tema que puede ser abordado desde muchas perspectivas. Desde la perspectiva humana, es un tema desgarrador, por su dolorosa vigencia y por las dificultades que enfrenta para ser percibido en la dimensión de sus implicaciones pasadas, presentes y futuras. Desde la perspectiva de los demás seres vivos, es un tema de profunda injusticia, porque ellos son mudas víctimas de un modelo de desarrollo en el que no eligieron participar.

En contraste con otros problemas ambientales que literalmente pueden verse la acumulación de basura o la desaparición de los bosques, el de la toxicidad ambiental presenta la grave dificultad de que no podemos percibir de manera directa muchas de las sustancias a las que estamos expuestos ni muchos de los daños que nos causan a mediano y largo plazo. Esto, aunado a la visión desarticuladora de la medicina convencional, evita que la relación directa entre exposición a sustancias tóxicas y padecimientos, se vuelva evidente.

 

A menos que se trate de una intoxicación aguda (2) sobre todo de tipo accidental muy común entre trabajadores del campo o de la industria la medicina falla con frecuencia en el diagnóstico de intoxicaciones crónicas. Por otra parte, ante afecciones para las que carece de explicación “científica”, la medicina convencional dictamina al paciente estrés, depresión o francamente hipocondría y lo devuelve apesadumbrado y solo, a un mundo que no le ofrece mucho más que pastillas para irla pasando.

La depresión, la irritabilidad, la fatiga crónica, los desórdenes en los sistemas endocrinos, la falta de apetito, la hiperactividad, la leucemia, el cáncer de mama o de cualquier otro  tipo, la infertilidad, entre otras muchas afecciones, pueden estar directamente relacionadas con nuestra exposición crónica, es decir, constante, a cientos de sustancias presentes en el aire que respiramos, en el agua con que nos bañamos, en la comida que ingerimos, e incluso en la crema que aplicamos a nuestra piel.

Qué es lo que explica entonces que los efectos tan graves de estas sustancias se mantengan ocultos y se manifiesten sólo a largo plazo, antes de que podamos darnos cuenta.

En condiciones naturales, el daño biológico está equilibrado por la reparación biológica; sin embargo, cuando la capacidad de reparación de un organismo es rebasada por el daño que éste recibe, los efectos nocivos aparecerán eventualmente, aunque tarden varios años, o aún generaciones en manifestarse. Las barreras biológicas que protegen a los seres humanos de la acción de los tóxicos son resultado de la evolución y del contacto del hombre con las sustancias químicas naturales; por lo tanto, no funcionan con eficacia para las sustancias sintéticas (como los plaguicidas).

Los mecanismos de biotransformación de las sustancias que se ingieren o se absorben por cualquier vía también son resultado de la evolución y están diseñados para metabolizar alimentos y eliminar gases y otros productos del metabolismo. Por lo tanto, cuando el organismo está en contacto con plaguicidas o con cualquier otra sustancia sintética, el resultado más común de la activación de estos mecanismos naturales es que se formen sustancias más tóxicas o más persistentes que la sustancia original”.(3)

Al efecto anterior puede sumarse otro fenómeno conocido como biomagnificación que ocurre con aquellas sustancias capaces de entrar en los organismos vivos pero no de ser eliminadas por ellos. La biomagnificación ocasiona que aun cuando la concentración de una sustancia en el medio sea mínima, dentro del organismo afectado pueda alcanzar un nivel miles de veces más alto. Por ejemplo hace varias décadas, antes de que se conocieran los efectos de la sustancias bioacumulables, la General Electric descargaba al río Hudson (Nueva York) desechos con Bifenilos Policlorados (PCBs)en bajísimas concentraciones. Estudios posteriores revelaron que la concentración de PCBs se iba multiplicando progresivamente en cada eslabón de la cadena alimenticia, llegando a concentraciones 250 mil veces mayores que el nivel original en los peces del Hudson, que hasta hoy es peligroso ingerir.

Más allá de poder acumularse en nuestro propio cuerpo, muchas de estas sustancias pueden cambiar la información genética que transmitiremos a nuestros descendientes efectos mutagénicos y/o atravesar la placenta y afectar al embrión en desarrollo efectos teratogénicos. Actualmente se ha demostrado que los daños a los sistemas endocrinos, por ejemplo, pueden aparecer varias generaciones después, inhabilitando a hembras y machos incluídos los humanos para reproducirse normalmente o para reproducirse del todo. (4)

“Existen otros efectos de las sustancias químicas que se presentan a muy largo plazo en la población en general o en los trabajadores, o bien se manifiestan en otras generaciones. Estos efectos se derivan de la exposición continua a dosis bajas de una sustancia y pueden incluir una gran variedad de alteraciones bioquímicas, fisiológicas y morfológicas. Entre los más importantes se encuentran los efectos sobre los sistemas nervioso central, hematopoyético y reproductor, así como la aparición de cáncer, mutaciones y malformaciones congénitas.” (5)

 

El mito de la información confiable.

La misma capacidad científica y tecnológica que ha permitido a la industria química producir y comercializar cientos de sustancias sintéticas  y que a través de la publicidad nos ha convencido de sus bondades, enfrenta serias limitaciones para poder brindarnos información suficiente.

A primera vista esto parece una contradicción. Mirémoslo más de cerca. De acuerdo con la especialista en toxicología Lilia Albert:

“Aunque es mucho lo que se conoce actualmente acerca de los efectos tóxicos de las sustancias en el organismo humano, son mucho más los que se ignoran o que se conocen parcialmente. Las actividades humanas generan día tras día mayores necesidades de conocimiento e investigación en este campo, ya que hay un constante aumento en el número de sustancias potencialmente tóxicas a las que está expuesto el hombre y cuyos efectos a corto y largo plazo en su salud generalmente se desconocen.” (6)

“Comprobar la capacidad toxicológica de un compuesto químico es muy difícil, en particular en las concentraciones ambientales y sobre todo en las que se requieren para inducir mutaciones, cáncer o defectos congénitos. Parte del problema radica en que en estos casos, no se puede establecer claramente la relación dosis-efecto y, por lo tanto, no es posible fijar un valor o dosis mínima capaz de provocar cualquiera de esas alteraciones. Por lo mismo, tampoco se puede establecer una dosis que sea “segura”. (7)

De acuerdo con especialistas en el tema, una persona común se encuentra expuesta en la ciudad a un promedio que va de las 30 a las 70 mil sustancias sintéticas o xenobióticas, es decir fabricadas por el hombre distintas. No sólo se trata del aire contaminado, sino del agua, los cosméticos, los “limpiadores” y plaguicidas domésticos, los residuos de plaguicidas agrícolas y los colorantes, saborizantes y conservadores en los alimentos, incluyendo las fórmulas y golosinas para niños, los solventes y los fármacos, por mencionar algunos.

La oms y la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos epa por sus siglas en inglés aceptan que para 1980 había cerca de 63 mil activos de plaguicidas, 4 mil son fármacos, 10 mil se emplean en cosméticos y otras 10 mil  se utilizan en productos para uso doméstico. (8)      

La aparente sensación de control que estos datos generan en nosotros, se esfuma cuando descubrimos que de esas 63 000 sustancias xenobióticas, sólo 2000 habían sido bien estudiadas en cuanto a sus interacciones y efectos a corto y largo plazo:

“Este número aumenta con gran lentitud por la dificultad de los estudios, su alto costo y las deficiencias en la cantidad de las instalaciones y de los expertos necesarios.

(... no hay que olvidar además, que estas 63 mil sustancias tienen contaminantes de producción y que en el ambiente sufren diversas transformaciones que aumentan su número.”(9)

Mientras que por las condiciones arriba mencionadas cada año se inicia cuando mucho el estudio de 200 nuevas sustancias químicas sintéticas, el número de las que se liberan al ambiente crece rápidamente y el de las que reciben autorización por parte de las agencias de salud o de protección ambiental para ser comercializadas, también.

La información relacionada con los tóxicos ambientales suele ser confusa y a veces hasta contradictoria, dependiendo de la fuente de la que provenga. Casi sin excepción, la información generada por los propios productores en muchos casos compañías transnacionales suele poner de relieve las ventajas y seguridades de sus productos. Sin embargo, la investigación independiente ofrece con frecuencia evidencias de efectos no deseados y/o francamente dañinos, que la propaganda publicitaria evita o maquilla de verde o de felicidad.

 

Un ejemplo muy claro de esto lo constituye el famoso aspartame (nombre comercial Equal, NutraSweet), utilizado como endulzante artificial sin contenido calórico. De acuerdo con numerosas publicaciones norteamericanas (10), el 80% de las demandas presentadas ante la Federal Drug Administration de los Estados Unidos, son en contra del aspartame, cuya composición molecular incluye el metanol, que es tóxico cuando se encuentra solo.

Dado que la molécula de aspartame es diminuta, el cuerpo no puede metabolizarla lentamente y pasa de forma directa al torrente sanguíneo. Entre los síntomas de envenenamiento por metanol se cuentan dolor de cabeza, vértigo, depresión, visión borrosa, nausea y dolor abdominal. Puede causar ceguera y, en los bebés de mujeres expuestas a altas dosis, puede evitar que se les formen los ojos. Por estas y otras razones, muchos médicos recomiendan suspender su consumo definitivamente.

 

Un poco de historia.

Guiándonos como golondrinas ciegas a lo largo de varias décadas, especialmente a partir del auge de la industria química que se desató con la Segunda Guerra Mundial, año con año hemos permitido que cientos de sustancias químicas manufacturadas por el hombre, se utilicen en procesos industriales y en actividades domésticas, invadiendo todos y cada uno de nuestros espacios.

Ahora bien, gran parte de esta dinámica surgió del entusiasmo con el que la sociedad occidental soñó el desarrollo y el bienestar al tiempo que perdía de vista su propia naturaleza y los mecanismos por los cuales la vida se reproduce y se sostiene en este planeta dentro de las condiciones bioquímicas vigentes. Las sustancias químicas sintéticas y sus miles de aplicaciones exitosas en los más diversos ámbitos de la actividad humana productiva y no productiva, generaron una ilusión de poder y de conquista, que, por sus efectos nocivos no previstos, han venido siendo más y más cuestionados cada vez.

El tema de la toxicidad ambiental no es de modo alguno nuevo. Como hemos mencionado, ya a principios de la década de los sesenta la estadounidense Rachel Carson escribió el libro titulado Primavera Silenciosa, en el que denunciaba la mortandad ocasionada por la aplicación de insecticidas en aves e insectos benéficos que perecían masivamente a la par de las plagas.

Especialmente en torno al problema de los plaguicidas ha habido desde hace años gran cantidad de esfuerzos en la búsqueda de medidas que mitiguen los graves impactos que su fabricación, uso y disposición final, implican. Tenemos por ejemplo el trabajo de César Chávez, quien organizó y dirigió el movimiento de protesta de los jornaleros que en el sur de los Estados Unidos, especialmente en el estado de California, sufren de intoxicación crónica por el uso de plaguicidas altamente riesgosos para el cultivo de la uva.

En México, y por citar sólo un caso, Patricia Díaz Romo ha venido desarrollando una intensa labor con el objeto de llamar la atención sobre los costos ambientales y sociales que están enfrentando los indígenas huicholes al verse expuestos al control químico en general dentro de las plantaciones de tabaco donde trabajan estacionalmente, y al ddt en particular en sus comunidades, pues la Secretaría de Salud (ss) y la Organización Mundial de la Salud (oms) autorizan el uso de este plaguicida prohibido para atacar al paludismo que aflige a la región. Cabe agregar que la misma ss, por lo menos en Jalisco, reconoce que no se utiliza el control biológico por medio de una bacteria contra el paludismo porque resulta muy caro. En cambio, las aplicaciones de ddt son muy económicas.

 

Un caso de gestión ciudadana: el glifosato en el lago de Chapala.

En el verano de 1994 se llevó a cabo una lucha encarnizada en torno al Lago de Chapala: algunos sectores, ciertamente los más, pregonaban que la plaga del lirio acuático debía ser combatida a base del herbicida glifosato. Otros, los menos, argumentábamos que el control químico lejos de resolver el problema, lo agravaría, y demostramos que la propia Comisión Nacional del Agua (cna), que en el Estado de Sinaloa estaba empleando el control biológico con el insecto Neochetina Eichornie, en Jalisco pugnaba furiosamente por el Glifosato.

Después de no pocas gestiones con las autoridades federales y estatales, de ser censurados por los medios de comunicación, de ser atacados incluso por varios grupos ecologistas y acusados por la opinión pública de poner en peligro la supervivencia del lago más grande del país, logramos detener la aplicación prevista. Apegados a derecho, demostramos que la cna en ese entonces no existía la Semarnap y era una instancia independiente-, estaba violando la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, pues carecía de la autorización que la Comisión Intersecretarial para el Control de Plaguicidas, Fertilizantes y Sustancias Tóxicas (Cicoplafest) debía haberle otorgado.

En términos toxicológicos, la discusión oficial y pública se redujo al argumento de que el glifosato era un herbicida inocuo, prácticamente biodegradable y sin ningún efecto adverso y se insistió especialmente en los ejemplos de un lago en el estado de Florida y dos presas en el estado de Jalisco, donde se habían hecho aplicaciones exitosas sin que aparecieran efectos colaterales no deseados.

Además, para tranquilizar los ánimos de quienes dudaban, se describió hasta el cansancio la escena idílica de bañistas que se sumergían y nadaban en estas aguas fumigadas y salían después de un rato triunfantes, sin experimentar ningún problema de salud (por que por supuesto nadie consideraba los efectos crónicos que padecerían no los bañistas, sino la población expuesta a largo plazo).

De los elementos que esta experiencia nos dejó en Jalisco, y en respuesta a qué podemos hacer frente a los tóxicos en México y en el mundo, interesa rescatar los siguientes:

1.   que teniendo en nuestro poder información toxicológica de primera mano,  apegados a derecho y dirigiéndonos a las instancias de gobierno adecuadas, ciertos grupos ciudadanos pudimos frenar la aplicación del herbicida;

2.   que la tendencia general en torno a problemas de toxicidad ambiental es desgastarse buscando soluciones a los efectos y no a las causas; en este caso atacar al lirio en lugar de pugnar de manera efectiva por el saneamiento integral de la cuenca (hay infinidad de acuerdos en el papel y en los discursos oficiales y particulares que no se cumplen cabalmente);

que la opinión pública no tenía elementos para tomar una decisión informada y carecía de herramientas para juzgar si quería y podía enfrentar el riesgo de agregar a todos los contaminantes que de por sí ya tiene Chapala, uno más.

 

 

Consideraciones finales: La gestión ciudadana, una línea de acción.

Los problemas de percepción y el hecho de que no disponemos de información completa hacen que los mecanismos institucionales de nuestra sociedad adolezcan  de una gran incapacidad para poder consensar decisiones que nos afectan a todos los miembros de las generaciones presentes y futuras, seres vivos que incluso antes de  ser concebidos, ya han sido envenenados.

Tanto el discurso científico como el marco jurídico validado por él, se han encargado de establecer dosis máximas y mínimas de exposición para las pocas sustancias que han sido estudiadas en sus efectos (en comparación con los cientos que son liberadas). De este modo, la sociedad moderna vive bajo la ilusión de que los marcos regulatorios pueden proteger la salud a través de administrar racionalmente los venenos. Se expone así a la población a una gran cantidad de sustancias químicas sintéticas cuyos efectos se desconocen parcial o totalmente. Muchos autores opinan que sólo una prohibición o sustitución total de las sustancias peligrosas por alternativas no tóxicas sería capaz de garantizar la salud de la población y los ecosistemas a largo plazo.

Esta realidad hace necesario que la ciudadanía juegue un papel proactivo en la gestión y reducción de los riesgos químicos a las que está sometida a todos los niveles, desde sus hogares hasta su municipios, ciudades, estados y nación. Lograr una gestión ciudadana efectiva de los riesgos de las sustancias químicas exige también tomar la responsabilidad de informarse cabal e independientemente sobre los riesgos químicos que la afectan de manera directa.

La información verídica y oportuna es un elemento clave para poder tomar decisiones fundamentadas, en favor de nuestra salud y de las generaciones futuras. Actualmente, la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente en su artículo 159 bis y sucesivos nos garantiza a los mexicanos precisamente el derecho a la información. Cabe preguntar ¿estamos dispuestos a ejercerlo?

 

NOTAS:

Entendemos aquí por toxicidad ambiental los efectos adversos que pueden ocasionar las sustancias químicas sintéticas sobre los organismos vivos y los ecosistemas.

1.   Una intoxicación aguda es aquella que se presenta de manera brusca y cuyos síntomas pueden ser mareos, dolor de cabeza y vómito, entre otros, incluyendo la muerte.

2.   Los plaguicidas, el ambiente y la salud, p 85-86.

3.   Cfr. Our stolen future.

4.   Op. cit. p 87.

5.   Op. cit. p 85-86.

6.   Op. cit. p 87.

7.   Curso básico de toxicología ambiental, Albert, Lilia A., Limusa Noriega, México, 1990, p 18.

8.   Ibid. p 8.

Plane and Pilot Magazine, mayo, 1992 y Omni Magazine, febrero, 1994, Diet for a Poisoned Planet, entre otras.

 

Glosario de términos

Las siguientes definiciones fueron tomadas del libro Los plaguicidas, el ambiente y la salud, Albert, Lilia A., Coord., Centro de Ecodesarrollo, México, 1990, pp 331 .

Tóxico. Cualquier agente capaz de producir una respuesta adversa en un sistema biológico. Estos agentes pueden ser formas de energía como calor y radiaciones, toxinas vegetales como algunos alcaloides, o productos sintéticos (xenobióticos) como medicamentos y plaguicidas.

Toxicidad. Capacidad de una sustancia para causar efectos adversos en un ser vivo. Generalmente se relaciona con la dosis letal media (dl50) que es la dosis con la cual muere el 50% de los organismos de una población expuesta experimentalmente.

Dosis. Cantidad de una sustancia que se administra a un organismo o a la que está expuesto; suele expresarse en unidades de peso del agente por kilogramos de peso del organismo expuesto.

Efectos tóxicos. Son los cambios indeseables, de naturaleza metabólica o bioquímica, que sufre un organismo a causa de la exposición a una o varias dosis de una sustancia. Una vez que el agente y el sistema biológico han estado en contacto, se presentarán estos efectos. Con respecto al tiempo, pueden ser inmediatos o mediatos y, con respecto al sitio del organismo en que se presentan pueden ser locales (en piel, aparato respiratorio, etcétera), directos (sangre), o sistémicos.

Los efectos inmediatos que puede tener un agente tóxico en un organismo son diversos e incluyen: irritación cutánea o de las mucosas gástrica o respiratoria, efectos en el sistema nervioso central o periférico, inhibición de enzimas que intervienen en los procesos nerviosos, alteraciones en la permeabilidad de la pared celular, daño en los tejidos de los órganos internos como hígado, riñón, etc. Estos daños, así como los signos y síntomas que se presentan durante las intoxicaciones agudas, son característicos para cada grupo de compuestos.

Toxicidad aguda. La toxicidad aguda de una sustancia se relaciona con la dl50 e indica la gravedad y magnitud de los efectos tóxicos inmediatos; debe enfatizarse que la dl50 no da ninguna  información acerca de la toxicidad a largo plazo de la sustancia.

Toxicidad crónica.. La toxicidad crónica es la capacidad de una sustancia para producir efectos adversos en un organismo debido a una exposición continua o repetida a cantidades relativamente bajas de la misma, durante un periodo prolongado. Las exposiciones repetidas pueden provocar una acumulación del agente tóxico en el organismo, lo cual a su vez puede causar la aparición de efectos crónicos. Estas exposiciones también pueden causar una acumulación de daño que puede originar efectos crónicos. Entre éstos se cuentan el desarrollo de tumores, lesiones en órganos blanco, anemia aplástica, alteraciones del sistema nervioso central, etcétera.

Vías de entrada. Las vías de entrada más importantes de una sustancia a un organismos son la respiratoria, la oral y la dérmica (piel). A la naturaleza química y el estado físico de los tóxicos se deben las diferencias en la importancia relativa de cada una de estas vías para cada sustancia. En algunos casos es importante la vía placentaria.

Biotransformación. Una vez que los agentes tóxicos han entrado en el organismo, éste activa diversos mecanismos de desintoxicación. Cada sustancia se distribuye de una manera característica y tiende a acumularse en un tejido determinado; por ejemplo, los plaguicidas organoclorados como el ddt tienden a acumularse en el tejido adiposo, en el cual permanecen durante periodos prolongados; otras sustancias pueden ligarse a las proteínas sanguíneas y depositarse en un órgano específico. Todos los mecanismos que el organismo desencadena en respuesta a la presencia de un tóxico forman parte del proceso de intoxicación y, en algunos casos, también del proceso de desintoxicación. Este último consiste en diversas reacciones bioquímicas cuyo objeto es transformar los tóxicos en compuestos que el organismo pueda eliminar con mayor facilidad.

Eliminación. La eliminación de las sustancias tóxicas puede realizarse por vía gástrica, a través de los sistemas hepático y biliar o a través de los riñones y, en el caso de compuestos muy volátiles, incluso a través de la respiración.

En el mejor de los casos el organismo elimina el compuesto tóxico. Puede suceder también que el tóxico no se elimine, pero que se biotransforme y disminuya su toxicidad; o bien, como sucede con frecuencia en los compuestos xenobióticos o fabricados por el hombre, que la toxicidad aumente después de la biotransformación.

Mutagénesis. Es la inducción de alteraciones en el material genético de un solo gen, o en el número o estructura de los cromosomas. Cuando una sustancia con capacidad mutagénica (mutágeno) actúa sobre las células germinales (espermatozoos u óvulos) de cualquier organismo que se reproduzca sexualmente, la mutación se podrá transmitir a las generaciones posteriores. Si el mutágeno ejerce su efecto sobre  las células somáticas, el efecto no se transmite a la descendencia pero sí se manifestará en el organismo expuesto, de una forma que dependerá del tipo de célula que haya sido afectada.

Carcinogénesis. Es la inducción de un crecimiento anormal, desordenado y potencialmente ilimitado de las células de un tejido u órgano. Una característica de todos los tipos de cáncer es la invasión de tejidos no afectados. El estudio de los procesos que originan el cáncer y los factores que elevan el riesgo tienen tres etapas muy relacionadas entre sí: 1) la observación de casos de cáncer en sujetos expuestos a un determinado factor ambiental, 2) la reproducción del cáncer en animales de laboratorio expuestos al posible agente carcinogénico, y 3) los estudios epidemiológicos.

Teratogénesis. Es la inducción de anomalías del producto en gestación que se presentan cuando una sustancia química atraviesa la membrana placentaria. A estas alteraciones comúnmente se les llama defectos congénitos y pueden presentarse de varias formas. En casos extremos, el desarrollo del producto en gestación cesa por completo, con su consecuente muerte y el aborto espontáneo. En otros casos puede producirse un retraso del crecimiento intrauterino del producto, por lo que éste no alcanzará su crecimiento y desarrollo normales, conforme a las fases de la gestación.


Bibliografía

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Naturaleza muerta. Los plaguicidas en México., Restrepo, Iván, Ediciones Océano, México, 1988, p 236.

 

 

Acerca de la autora

Maite Cortés García Lozano nació en México, D.F., el 10 de agosto de 1966. Se integró al Colectivo Ecologista Jalisco desde 1986, a partir de la lucha contra Laguna Verde. Desde entonces se ha dedicado a tareas de investigación y gestión ciudadana en temas como los residuos sólidos y la salud ambiental. En 1993, junto con otros compañeros ambientalistas presentó la Propuesta de Reglamentación en materia de Empaques y embalajes para su aplicación a nivel federal. En noviembre de 1996 abrió al público el proyecto de educación ambiental y promoción social Ecotienda (en Guadalajara), que tiene como principal objetivo practicar el consumo y la producción responsables, con especial énfasis en el fortalecimiento de la agricultura orgánica. Se graduó de la carrera de Letras en la Universidad de Hamburgo y en la Universidad de Guadalajara, donde también cursó un Diplomado en Medicina Natural. Actualmente está a punto de concluir la Maestría en Educación Ambiental en esa misma casa de estudios. Es miembro del Comité Organizativo de Pesticide Action Network North America desde 1996.

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