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Unión de Grupos Ambientalistas,
I. A. P.

Manejo Integrado de Plagas


Manejo Integrado de Plagas

La telaraña es, por sí misma una obra de arte.
Las arañas al alimentarse usan su tela como trampa,
consumen cientos de insectos.
Son uno de los mejores insecticidas naturales.

Beatriz Villa Cornejo

Introducción

Antecedentes históricos de la lucha contra las Plagas

La lucha del ser humano en contra de las especies denominadas plagas data de muchos años atrás. Esta lucha se inicia después del desarrollo de la agricultura, aproximadamente hace diez mil años. Con el establecimiento de los primeros grandes rebaños y el inicio de un tipo de vida en el que era necesario almacenar granos y otras materias primas, surge la necesidad de concentrar los esfuerzos para combatir una gran variedad de animales vertebrados e invertebrados. Las primeras luchas del combate fueron basadas en el misticismo o en la superstición (figura 1), tales como ofrecer ofrendas a los dioses o bien congratularse con danzas; pero gradualmente los problemas se agravaron y fue necesario iniciar la lucha contra las plagas, algunas de las cuales todavía persisten. Antes del periodo 2500 AC los sumerios usaron los compuestos derivados del sulfuro para el combate de insectos y ácaros. Para 1200 AC los chinos empezaron a utilizar los derivados de las plantas con propiedades insecticidas o fumigantes. Los chinos también iniciaron el uso del gis y cenizas de madera para la prevención y combate de los insectos dentro y fuera de los almacenes. Los compuestos de mercurio y arsénico se utilizaron para el combate de las pulgas y otras plagas del cuerpo humano. Resulta de interés mencionar que los chinos hicieron las observaciones sobre los ciclos de las cosechas muchos años antes de nuestra era y consecuentemente inician el cambio de los periodos de siembra para evitar apariciones estacionales de plagas. Técnicas similares fueron empleadas por los griegos y los romanos contemporáneos. Homero (950 AC) observó el valor de la quema de las praderas para la eliminación de la langosta. Herodoto (450 AC) menciona el uso de mosquiteros y los arquitectos Marcus y Pollio (13 AC) diseñan por primera vez un granero a prueba de plagas señalando el beneficio de modificar los factores que propician la presencia de plagas (figura 2)

Pero, ¿qué es una plaga?

La definición de plaga es totalmente orientada hacia el beneficio humano. Los organismos designados como plagas compiten con el hombre por comida, refugio o territorio; transmiten patógenos causando graves problemas de salud pública. Cualquier tipo de organismo cuyas poblaciones aumentan desmesuradamente, se considera como plaga. Se puede afirmar que antes de nuestra aparición en la tierra no había plagas; miles de organismos competían por la sobrevivencia. De una manera estricta, y desde el punto de vista ecológico, no hay especies deseables o indeseables, útiles o inútiles, todas forman parte de las grandes cadenas biológicas que dan sustento a la vida. Los organismos que se convierten en plagas no están limitadas a ninguna clase, pylum o reino. Los insectos, por ejemplo, representan el 75% de las especies animales en el mundo. Un número grande de ácaros, nematodos, moluscos y otros invertebrados han sido graves plagas. Los vertebrados como los roedores, venados, coyotes y pájaros lo han sido también en algunas situaciones especiales. Las semillas de plantas no deseadas que crecen en áreas cultivadas también son etiquetadas como plagas.

¿Por qué algunos organismos se convierten en plagas?

El hombre comparte el plantea con millones de organismos. La gran masa de organismos se reproducen, mueren, usan el espacio, consumen agua, aire y los nutrientes esenciales, depositan material de desecho y, lo mas importante, mantienen el delicado balance inherente de cada especie, consumiéndose unos a otros. Su actividad es callada sin que muchas veces el hombre se dé cuenta de lo que pasa frente a sus ojos en esta lucha descarnada. Pero, ¿cuáles de estos organismos son considerados plagas?, ¿por qué se les considera plagas? y ¿cómo es que se convierten en plagas? Estas preguntas parecen simples y, de hecho, son la base del entendimiento de una correcta lucha contra las especies plagas. Dos situaciones comúnmente observadas causan el fracaso de los programas de lucha contra las plagas: a) sin ninguna razón, un organismo es etiquetado como plaga y eliminada, destruyendo el delicado balance de los ecosistemas y propiciando que otra especie se convierta en plaga; o b) el afectado simplemente trata de erradicar a la especie problema (una solución temporal) en lugar de investigar la causa por la cual el organismo se convierte en plaga (una solución permanente). Muchos organismos no son plagas y muchos de ellos son benéficos, por ejemplo, los organismos que consumen a las especies plagas y los enemigos naturales de las plagas. Es importante resaltar que las plagas se definen de acuerdo a las necesidades humanas y a sus valores económicos: si la gente decidiera vivir solamente en áreas con concreto, vidrio y acero, las termitas dejarían de ser plagas y serían aceptadas como especies benéficas por su actividad en la descomposición en los ecosistemas forestales. De esta manera, se puede afirmar que la designación plaga depende de la situación mas que de la especie o a pesar de su importante posición en las grandes pirámides alimenticias.

¿Cuántos tipos de plagas hay?

En un cultivo hay una gran variedad de insectos pero solamente algunos de ellos son susceptibles de ser plagas, el resto no tiene un potencial genético para ser plagas debido a la naturaleza de sus hábitos alimenticios o de su comportamiento causando, consecuentemente, leves daños.

Plagas ocasionales. Se les denomina así porque sus poblaciones experimentas aumentos bruscos (picos poblacionales desmesurados) sin causar daños intolerables. El aumento súbito se debe generalmente a alteraciones en el fino balance natural, irregularidades climáticas o bien una alteración del hábitat por una errónea manipulación humana.

Plagas potenciales. Comprende a la gran mayoría de consumidores de recursos y sus competidores. Estos organismos casi nunca causan graves pérdidas por las que sea necesario iniciar un manejo integrado; sin embargo, por su lugar en las cadenas alimenticias son, potencialmente, una especie que se torna en plaga si las practicas de manejo son cambiadas. Por ejemplo, el ácaro rojo de los cítricos Panonychus citri (Mc Gregor) es una plaga potencial en los campos de California; si las prácticas en la aplicación de plaguicidas son erróneas y se provoca la muerte masiva de los enemigos naturales de estos insectos, aumenta su población y se convierte en plaga.

Plagas migratorias. Este tipo de plagas causan daños temporales, por ejemplo algunos gusanos o aves que presentan una alta capacidad de movilización y causan daños cuantiosos a cultivos como el sorgo o maíz en ciertos periodos del año.

Especies no plagas. son aquellos organismos que habitan los ecosistemas y que no tienen un alto potencial para tornarse en plagas por el lugar que ocupan en las cadenas alimenticias. El efecto de estas especies es benéfico; por ejemplo, juegan un papel muy importante combatiendo plagas, reciclando nutrientes, polinizando frutos o semillas de las cosechas o proporcionando nutrición alternativa y refugio a organismos benéficos.

¿Cómo se les ha combatido?

En los años precedentes a la segunda guerra mundial se dio un incremento desmesurado en la lucha contra las plagas debido a las necesidad de un aumento en la producción de alimentos para una población mundial que crecía apresuradamente. Las plagas afectaban a los cultivos y se echó mano de los pesticidas químicos, sin embargo, por lo peligroso de estos plaguicidas, por su costo, el pobre conocimiento de las técnicas de aplicación y lo ineficaz de algunas de ellas en muchas situaciones, el uso de los químicos; quedó supeditado al combate mediante la manipulación de los ambientes, las prácticas sanitarias, el control biológico y, en cierto grado, a la suerte. Pero en ese tiempo, en los cuarenta, surge el DDT cambiando totalmente el panorama. Parece un milagro la aparición de este increíble y efectivo químico del que se requerían dosis mínimas, era fácil de aplicar, de larga vida y letal para muchas especies plagas. Pronto otros hidrocarburos clorinados se unen a la lista de los insecticidas milagrosos: el lindano, el dieldrin, el clordano, el heptaclorano y otra clase de químicos como los organofosforados que incluyen el paratión y el malatión que fue desarrollado en Alemania en el mismo periodo (Barlett, 1956). Al inicio, estos pesticidas fueron utilizados exitosamente y muchos entomólogos y técnicos supusieron que sería fácil eliminar a las especies indeseables. Después de este aparente acierto las agencias gubernamentales, los agricultores, los aplicadores comerciales y las amas de casa lo emplearon cotidianamente según las indicaciones de las empresas fabricantes.

En la década posterior a la segunda guerra mundial los entomólogos, patólogos de plantas, especialistas en malezas y semillas e investigadores entrenados en el uso correcto de los plaguicidas, iniciaron la aplicación masiva de estos químicos con modernos equipos, sin tomar en cuenta el daño que se ocasionaba a los ecosistemas, a los depredadores naturales y sin el menor entendimiento de cómo operan los factores que regulan a las poblaciones.

Es a partir de este momento que el aparente “milagro” del DDT se desmoronó y los problemas iniciaron con la aparición de la resistencia en insectos expuestos a los materiales tóxicos. En otras palabras, algunas poblaciones expuestas a aplicaciones repetidas de algún plaguicida desarrollan resistencia y son capaces de sobrevivir a grandes dosis de químicos tornándose en plagas más graves de lo que eran (Brown y Pal, 1971). Repentinamente, poblaciones de artrópodos, especialmente arañas y ácaros, que no eran numerosas, aumentaron convirtiéndose en plagas más serias, a causa de la destrucción de los enemigos naturales que mantenían el delicado equilibrio de la naturaleza. La contaminación del ambiente, la destrucción de la fauna silvestre, fueron, posiblemente, una de las grandes tragedias del desmesurado uso de los plaguicidas. Se olvidaron los conceptos básicos acerca de las cadenas alimenticias, las leyes de la selección natural y de la ecología, ocasionando caos en algunas regiones del planeta, situación que fue prevista por muchos investigadores.

Contaminación Ambiental

La inequívoca presencia de los residuos tóxicos de los diferentes plaguicidas y organismos ha preocupado a los científicos y a los ciudadanos de cualquier país. El efecto contaminante de, por ejemplo, el DDT es bien conocido. Una anéctoda clásica es el incidente en uno de los lagos del estado de California en Estados Unidos: para controlar la larva Chaohorus astictopus se dispersó DDT a una concentración de veinte partes por billón, detectándose, posteriormente, 2 mil parte por millón en carnívoros y peces (Hunt, 1966). De este ejemplo se desprende que querer eliminar una especie problema sin tomar en cuenta las otras que conviven cercanamente origina problemas colaterales como 1) generar resistencia en la especie problema; 2) destrucción de especies benéficas; 3) resurgimiento del problema inicial; 4) emergencia de una segunda plaga; 5) residuos en agua y alimentos; 6) peligros para la salud pública. Contrariamente a lo que actualmente esta en la mente de muchas personas en el sentido de que los plaguicidas son sustancias extremadamente peligrosas, es necesario puntualizar que si son utilizados considerando las bases ecológicas, los pesticidas son herramientas necesarias y útiles (Metcalf, R. Y Luckmann, W., 1994).

¿Cómo se les debe combatir?

Después del desmedido uso de algunos plaguicidas, los investigadores y técnicos empiezan a reconocer que la lucha contra las plagas es básicamente de incumbencia de la ecología. El hombre quiere obtener recursos alimenticios sin la menor competencia con otros organismos, algunas veces pretende la erradicación de cualquier especie problema, sin considerar su papel en la naturaleza. De hecho, no existen especies nocivas, todas tienen una función en los ecosistemas, por lo tanto un efectivo manejo de las especies plaga debe iniciarse con una base de conocimientos del ecosistema en cuestión. Los combates artificiales (pesticidas y manipulación del ambiente) deberán verse como herramientas que no alteren el fino equilibrio de la naturaleza.

En los años sesenta surge una nueva metodología para el combate de plagas denominada manejo integrado o combate integral (Leslie et al, 1993). Los métodos de control de plagas tradicionales implican actos mecánicos a partir de la opción de hacer desaparecer una plaga como si se tratara de detener el flujo eléctrico a través de un interruptor. En este caso se tiene control, casi total, sobre la corriente eléctrica (Cárdenas, M., 1993). Sin embargo, esto nunca ha ocurrido en el manejo de una plaga. El manejo integrado de plagas(mip) es una serie de técnicas y métodos para el combate de plagas ideado con una visión permisiva para que los enemigos naturales y los factores ambientales actúen, haciendo un uso adecuado de los plaguicidas (Matthews, G.A., 1984). Los programas mip utilizan plaguicidas pero solamente después de haber efectuado una observación detallada del comportamiento de las poblaciones y de los factores naturales que propician el decremento poblacional de las especies problema. Idealmente los programas mip toman en consideración todas las herramientas para aminorar los problemas generados por las plagas, inclusive no realizar ninguna acción. En el mip se incluyen las prácticas culturales, la búsqueda de plantas resistentes, el uso de agentes biológicos como hongos y toxinas de bacterias, manipulación genética, mensajero químicos (tales como atrayentes hormonales) feromonas y el uso de plaguicidas como última acción.

Los programas mip se basan en seis elementos fundamentales: 1) la gente: los técnicos y los operarios; 2) el conocimiento y la información necesarios para tomar decisiones correctas; 3) un programa de vigilancia de los diversos elementos del ecosistema en el que esta inmerso la especie plaga(recurso, a especie plaga y los enemigos naturales); 4) el nivel de decisión ( los índices de infestación en los que es necesario iniciar acciones correctivas); 5) los métodos del mip (esto es, los métodos seleccionados para el manejo de las poblaciones plaga); y 6)las herramientas y materiales para realizar el manejo adecuado.

Un caso ilustrativo en México

El problema causado por los roedores plaga en los agrosistemas de nuestro país es ilustrativo de una visión incorrecta del uso de los plaguicidas. En la ciénaga de Chapala en el estado de Jalisco, de 1908 a 1911, se introducen algunos cultivos de corta escala y se aprecian por primera vez los daños causados por los roedores, principalmente por la rata algodonera (mal llamada de campo o cañera) Sigmodon hispidus. En 1912, debido a la ruptura de los bordes de contención del río Lerma, los cultivos de la ciénaga se perdieron casi en su totalidad por la inundación. En 1915 y 1916 se iniciaron nuevamente las siembras y se registraron algunas pérdidas por roedores, causadas principalmente por el ratón panza blanca, microtus o meteorito, Microtus mexicanus (Ledesma M., 1942). En 1917 aparece nuevamente la rata cañera S. hispidus causando leves daños, pero es en 1921, cuando casi se terminaron los cultivos de maíz, arroz y fríjol. El combate se inicio inundando las madrigueras y con el uso de cohetes fabricados a base de azufre. En 1926 es cuando la Dirección Fitosanitaria de la Secretaria de Agricultura organiza la primera campaña contra la rata de campo utilizando cebos envenenados con estricnina. En 1951, debido a las grandes pérdidas ocasionadas por los roedores plaga en los ciclos de 1948 y 1949, se inicia el empleo del sulfato de talio, la warfarian, la furmarina y el endrín, rodenticidas que ocasionalmente se siguen empleando en nuestro país. Posteriormente la utilización de los rodenticidas denominados agudos (por su acción rápida) como el compuesto 1080 (fluoracetato de sodio), fósforo de zinc y los rodenticidas de primera y de segunda generación se vuelven populares.

En algunas regiones los daños causados por los roedores son cuantiosos como por ejemplo en la cuenca del Papaloapan que cuenta con una superficie cultivable de aproximadamente 90 mil hectáreas de caña de azúcar, de las cuales un 60% aproximadamente, se encuentran afectadas por los roedores plaga y las perdidas económicas son cuantiosas. Pero destacan aún mas las repercusiones en la salud pública y en el ambiente por el abuso y mal uso de los plaguicidas que dañan la fauna silvestre causando muertes innecesarias ya que son aplicados por vía aérea, contaminado además suelos y ríos. Las aplicaciones son generalmente realizadas a destiempo, cuando los daños ya están presentes y las poblaciones son abundantes.

Existe una escasa investigación sobre la biología y la ecología de las especies problema, y el empleo del fosfuro de zinc es muy difundido a pesar de que existe serias restricciones para su uso. Los nuevos enfoques de la investigación para el control de plagas tienen una nula aceptación entre los industriales del azúcar y los productores, persistiendo el uso de los plaguicidas que en otras regiones del mundo están prohibidas.

Plaguicidas

Los plaguicidas son venenos químicos sintéticos elaborados con la finalidad de controlar y erradicar el efecto nocivo que algunas especies de seres vivos tienen sobre otras, principalmente sobre plantas y animales necesarios para la sobrevivencia del hombre. (Albert L., 1984.)

En las últimas dos décadas, numerosos investigadores han venido denunciando la problemática que existe por el uso masivo y mal manejo de plaguicidas en el campo mexicano; así como, la contaminación del agua, suelo y en especial de los alimentos.

Sin embargo, poco se sabe de lo que pasa con aquellos plaguicidas para el control de plagas domésticas y de jardín.

En una ciudad como México, el mercado de estos productos ha ido expandiéndose continuamente. En 1990 la Asociación Mexicana de Estudios para la Defensa del Consumidor ha identificado alrededor de 50 productos diferentes para uso en interiores, huertos familiares y jardines, en una gama de diferentes presentaciones (aerosoles, polvos, humos, collares, pelets, etcétera).

  1. La promoción de estos productos por medio de la televisión y la radio han contribuido a la expansión de los plaguicidas caseros. Estos son publicitados irresponsablemente, ya que el mensaje que dan a los consumidores es que pueden utilizarlos despreocupadamente por ser efectivos, poderosos y con protección continua, que son seguros y confiables por que solo matan a los insectos y no a quienes los usan. “Sí mata cucarachas que no matará”.
  1. Las etiquetas la mayoría de las veces carece de información importante, suficiente y veraz para el consumidor. Las etiquetas deben incluir claramente el nombre genérico del principio activo del producto así como su composición. El símbolo de producto tóxico debe ser muy visible y de mayor tamaño que el nombre y las recomendaciones para su uso, siempre debe tener la fecha de caducidad y las indicaciones para “en caso de accidente”.

Diferentes agencias internacionales han establecido seis factores que definen la peligrosidad potencial de un producto químico cualquiera. Estos factores son:

  1. Niveles de producción y uso
  2. Persistencia
  3. Expansión
  4. Transformaciones químicas y bioquímicas
  5. Efectos biológicos indeseables (conocidos o extrapolados)
  6. Población expuesta

Los plaguicidas que están prohibidos en los países industrializados, son exportados a países menos industrializados y con menos controles.

En México, mas de la mitad de los plaguicidas de la lista están incluidos en el catálogo oficial de plaguicidas, autorizados por un Comité intersecretarial dónde figuran diferentes Secretarias gubernamentales del país.;

Mas de la mitad de todos los envenenamientos y el 90% de las muertes en el mundo relacionados con plaguicidas, ocurren en los países en desarrollo. Los principales factores son: etiquetas inadecuadas, analfabetismo, nula asistencia técnica y vigilancia; así como el uso indiscriminado y la mala asistencia médica.

Existen 12 plaguicidas especialmente peligrosos por sus daños a la salud y medio ambiente, conocidos como la docena sucia por una campaña mundial para su prohibición iniciada desde 1985 por el Pesticide Actino Network International (PAN).

Estos son:

  1. DDT
  2. Los “drines” (Aldrín, dieldrín y endrín)
  3. EDB (Dibromuro de etileno)
  4. Heptacloro y clordano
  5. Parathión
  6. Pentaclorofenol
  7. Paraquat
  8. Galecrón (clorodimeformo)
  9. DBCP o nemagón (dibromocloropropano)
  10. BCH y lindano
  11. Toxafeno (canfeclor)
  12. 2, 4, 5,-T

Cuadro: Los plaguicidas mas peligrosos usados en México

Grupo Químico Ingrediente Activo

Nombre Comercial Común

Uso Mayor

Registro México

Toxicidad

Efectos crónicos

Efectos al Medio Ambiente

Prohibido en países

Restringido países

ONU

JOCU

EPA

NWF

CCE

Organoclorados

Ciordano

Cloratox Clordano

Tridente

T-I

2√

III

SC-T

MOA

MTPA

MTPE

15

8



R



Clorobencilato

Akar bencilán

T-A


I

CS

EST

TPE

7

2



R



DDT



1

1√

III


MOA

MTPA

MTPE

20

11



C



Eudusulfán

Thiodan

1


III

SC-T

RET

MTA

TPE

3

6






Gamma HcH

Lindano (1)

Graneril 21

i


III

SC

RET

MTA

TPE

9

18



C



Metoxicloro

Flumet Gustafson

I


V


TPE

TA

1

2