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Unión de Grupos Ambientalistas,
I. A. P.

Minería



Minería

 

Todo lo que le ocurra a la Tierra le ocurrirá

a los hijos de la Tierra. El hombre no tejió

la trama de la vida; él es sólo un hilo.

Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo.

Carta del jefe Seattle (1854)

 

Margarita Eugenia Gutiérrez Ruiz

 

Introducción

 

Si pudiéramos remontamos a la época en que se formó la corteza terrestre -que no es sino una cáscara cuyo espesor no sobrepasa los 15 km.-, unos cinco mil millones de años atrás, observaríamos una masa fundida que al enfriarse lentamente formaba una capa sólida de roca que, poco a poco por efecto de fuerzas físicas como temperaturas y vientos y por reacciones químicas, daba lugar a la formación de minerales, agua y gases.

 

La corteza terrestre no es completamente homogénea pero la cantidad de los elementos químicos que la forman es prácticamente constante[i]. En ella coexisten los tres estados de la materia. La fase sólida, que contiene minerales insolubles y rocas, es conocida como geosfera. La fase líquida comprende las acumulaciones de agua y diversos minerales solubles que forman desde los ríos hasta los mares y que ocupan el 71% de la corteza; en conjunto se le conoce como hidrosfera. Finalmente, a los gases que cubren continentes y mares y cuya composición va cambiando según la distancia respecto a la superficie terrestre, se les denomina atmósfera. El aire que respiramos está ubicado en la porción más cercana a la corteza.[ii]

 

La vida surgió cuando algunos de los elementos que conforman la corteza terrestre reaccionaron originando sustancias capaces de guardar y utilizar la energía del sol, lo que les permitió desarrollarse y reproducirse, teniendo como condición la coexistencia de las tres fases de la materia.[iii]

 

El humano es el único ser vivo capaz de utilizar los recursos que le brinda la naturaleza para generar los satisfactores vitales para su supervivencia. Hasta ahora sus métodos son poco eficientes ya que, a diferencia de los que se llevan a cabo naturalmente -que utilizan energía solar, bajas temperaturas y no generan desechos-,  los procesos industriales requieren de altas temperaturas, usan fuentes sucias de energía y producen desechos a los que, por diversas razones, no se les otorga valor, pero sí afectan el ambiente.

 

Entre los recursos que se necesitan para llevar a cabo los procesos industriales, y que se adquieren directamente de la corteza terrestre, los más importantes son el agua dulce y los minerales, pues funcionan como materias primas y fuente de energía de una gran cantidad de procesos. El término mineral se refiere no solamente a los materiales de composición definida que se derivan de las rocas y que son ricos en metales u otros elementos no metálicos, sino también a otras materias de origen fósil que, generalmente, contienen carbón, como son los hidrocarburos y que se utilizan como combustibles.

 

La mayor parte de los minerales fósiles son finitos pues sus reservas son limitadas y no pueden recuperarse, ya que durante el proceso a que se les somete sufren transformaciones muy drásticas. Este es el caso del petróleo, que al ser quemado se convierte en gases que, prácticamente, son imposibles de transformar nuevamente a petróleo[iv]. En cambio los minerales metálicos y algunos no metálicos, cuyo valor se relaciona con su contenido de algún elemento (como el cobre, el hierro, etcétera) pueden considerarse recursos infinitos, pues aunque se transformen en otros productos siempre es posible recuperar los elementos valiosos que contienen. Por ejemplo, el hierro que proviene de minerales, se utiliza para fabricar innumerables productos que al ser desechados como chatarra pueden ser reprocesados cuantas veces sea necesario para recuperar el metal.[v]

 

Sin embargo, este es un escenario ideal, pues en la práctica los minerales y sus productos no pueden ser totalmente recuperados, ya sea porque su composición es muy heterogénea o porque simplemente se disponen en sitios muy distantes mezclados con otros productos. Actualmente se está logrando que el reciclado sea cada día más popular, pero todavía la mayor parte de los minerales que requieren las economías industrial y posindustrial, se siguen obteniendo directamente de yacimientos naturales.

 

Los minerales, se extraen y se concentran (beneficio) mediante diferentes métodos y, posteriormente, se someten a procesos de fundición y refinación para obtener los elementos con valor comercial. Ha crecido tanto la demanda de los minerales, ¾en las dos generaciones pasadas el mundo ha consumido más que en toda la historia de la humanidad¾, que los yacimientos se han ido agotando y, si no hay cambios geológicos importantes, pronto se van a terminar. Especialmente están disminuyendo los yacimientos de alta ley que contienen las concentraciones del mineral que hacen posible su explotación bajo las condiciones técnicas y económicas actuales; aunque las condiciones pueden cambiar pues están surgiendo nuevas técnicas que disminuyen los costos de la explotación de yacimientos más pobres.

 

La parte menos explotada y donde existe un gran potencial de reservas es en la hidrosfera, especialmente en los mares, donde hay una gran concentración de minerales solubles, como la sal común (cloruro de sodio), el yodo, el bromo, el magnesio y otros elementos solubles. De igual forma, en los sedimentos de las costas se han acumulado una gran cantidad de minerales y metales arrastrados por los ríos, como es el caso del oro, y la mayoría de estos depósitos se encuentra dentro de las 200 millas marítimas territoriales exclusivas de cada país. También en el fondo de los océanos hay gran cantidad de minerales, especialmente de hierro y manganeso y, en menor medida, de níquel, cobre y cobalto, entre otros.

 

Una situación similar se presenta en la Antártica, que es una región todavía no explotada, en la que se esperan descubrir importantes yacimientos de minerales. Esta conclusión se basa en evidencias geológicas que muestran que este inmenso continente fue parte de una masa continental todavía mayor llamada Gondwanaland, que también comprendía la zona de Sudáfrica, muy rica en minerales. También se han localizado huellas de minerales en la montañas de Pensacola lo cual permite suponer que bajo el hielo existen depósitos muy importantes (Chiras, D. p 296).

 

Sin embargo, la explotación de estos recursos presenta dificultades técnicas y costos ambientales tan altos, que se espera que los gobiernos no consideren conveniente autorizar su explotación, aun tomando en cuenta la importancia estratégica de las reservas minerales y la producción de metales.

 

 

La minería en el mundo

 

Los minerales han sido el eje central de la actividad económica, por lo que el desarrollo de la civilización se ha dividido en tres edades; cada una se ha identificado con el nombre del material básico utilizado para llevar a cabo las actividades más importantes en su momento: la piedra, el bronce y el hierro.

 

Las caídas de importantes imperios se han relacionado con la carencia de algún metal, como fue el caso de Egipto que sucumbió ante los hititas por no contar con armas de hierro. La falta de este elemento también se relaciona con la extrema pobreza en que vivieron los europeos durante la alta edad media, pues los campesinos utilizaban implementos de madera calentada al fuego, de muy baja efectividad.

 

El desarrollo de las ciencias y el avance de la agricultura están ligados al uso de minerales, pues sin ellos no se podrían producir medicamentos, reactivos, fertilizantes, etcétera. La actividad industrial depende en gran medida de 80 minerales y, de éstos, se consideran críticos aquellos que no son sustituibles, mientras que desde un punto de vista geoeconómico, se califican como estratégicos a aquellos que siendo críticos tienen que importarse.

 

Esta última definición se deriva de la desigual distribución de los recursos minerales en la corteza terrestre. Los países con mayor extensión territorial como Australia, Brasil, China, Canadá o Estados Unidos son muy ricos en diferentes minerales, pero la mayor parte de los países industrializados no son autosuficientes y dependen de importaciones provenientes, principalmente, de países en desarrollo. Esta situación es relevante si se considera que, aunque en las economías desarrolladas habita solamente el 25% de la población mundial, consumen cerca del 90% de la producción global de hierro, aluminio y cobre. Actualmente, Europa Occidental ha agotado la mayor parte de sus recursos explotables, Japón cuenta con una limitada cantidad de reservas y Estados Unidos ya ha consumido gran parte de ellas, por lo que todos esos países dependen en gran medida de la importación de los minerales para sostener sus economías.

 

El comercio internacional de minerales es, pues, muy importante, tanto para los países importadores como para los exportadores, que son generalmente naciones en vías de desarrollo[vi], pues genera flujos de divisas y empleos difícilmente sustituibles. Actualmente, la capacidad de producción a costos altamente competitivos de los países de la Confederación de Estados Independientes de la ex-Unión Soviética (cei) y de China es muy significativa para ciertos metales y minerales, lo cual puede ser un factor que determine el fin de la industria minera y de la extracción de minerales en Europa Occidental que, afecte fuertemente la producción en Estados Unidos y Canadá y que altere los patrones actuales de comercialización de los países productores de América Latina.

 

El caso de México

 

México es uno de los países de Latinoamérica que se encuentra localizado en una región volcánica rica en minerales. La tradición minera se remonta a la época prehispánica, como lo muestra la explotación de yacimientos ubicados principalmente en las zonas de Taxco, Pachuca, Guanajuato y la sierra Gorda, en Querétaro, donde se encontraron vestigios de bocaminas. Sin embargo, no es sino hasta el periodo de la colonia cuando la minería adquiere una gran relevancia económica y social, que se refleja en un importante impulso a la creación de poblaciones en función de la ubicación de los yacimientos y de las actividades exploratorias, así como la creación de infraestructura de transporte, la especialización de fuerza de trabajo y el estímulo a las actividades de investigación. A nivel mundial, el auge de la minería mexicana se tradujo en un importante flujo de metales preciosos, especialmente plata, hacia los circuitos comerciales de Europa.

 

Después de la guerra de independencia muchas minas fueron cerradas, siendo reabiertas posteriormente con el apoyo de capital extranjero. De este modo, durante la segunda mitad del siglo diecinueve, la estabilidad política interna unida a la alta demanda de productos mineros en Estados Unidos permitieron un nuevo auge de la actividad minera, caracterizado por la explotación intensiva de las minas coloniales, la apertura de nuevos yacimientos y el desarrollo de la metalurgia (Sánchez Salazar, M. T. 1990).

 

La estructura básica alcanzada por la minería mexicana en esos años se mantuvo hasta poco después de la revolución, observándose un crecimiento acelerado a partir de la primera guerra mundial. En los años siguientes la evolución de la minería se caracterizó por el predominio de la participación estatal directa hasta finales de la década de los ochenta, cuando se inició un proceso de desincorporación de las empresas mineras para favorecer una mayor participación de los sectores privado y social en esta actividad. Durante 1997 se han puesto a disposición de inversionistas 450 mil hectáreas para exploración minera y se están elaborando las cartas geológicas de las regiones mineras que tienen un gran potencial de exploración y que podrían atraer capitales de inversión (La Jornada, 16 de junio de 1997).

 

Actualmente, existen minas distribuidas por todo el territorio nacional a excepción del este y sureste del país y algunas de ellas han sido explotadas a lo largo de cuatro siglos, por lo que ciertos yacimientos son relativamente pobres si se comparan con los que estaban en uso en años anteriores. La mayoría de los municipios mineros se localizan en zonas montañosas, zonas áridas y llanuras costeras y las actividades mineras nacionales se limitan a la extracción en tierra firme, sin explotar yacimientos submarinos. México es un importante productor mundial de plata, celestita, sulfato de sodio, bismuto, cadmio, mercurio, barita, grafito, antimonio, arsénico, fluorita, plomo, zinc, molibdeno, feldespato, azufre, manganeso, sal, yeso y cobre.

En la década de los ochenta la industria minera enfrentó graves problemas por las bajas cotizaciones internacionales resultantes de una situación de sobreoferta mundial, así como por la sustitución de los metales tradicionales en numerosos procesos productivos y el reciclado de metales. No obstante, en los últimos años los precios de diversos metales, entre ellos cobre, plomo y zinc, han mostrado una franca recuperación, lo que está permitiendo a este sector un relativo auge que se expresa en un mayor valor de las exportaciones minerometalúrgicas, las cuales totalizaron mas de 3,500 millones de pesos en 1994, mientras que en 1995 ascendieron a 12,802 millones de pesos. Sin embargo, al igual que en otras ramas industriales el personal ocupado ha mostrado una tendencia a la baja, ya que en 1988 el sector empleó a 130,519 personas, mientras que en 1995 se registraron 95,147 (inegi, 1996).

 

Como ejemplo de la importancia de este sector, se observa que durante 1995 participó con cerca del 2.3 % en el producto interno bruto (pib) industrial y con el 0.6% en el pib nacional. En los estados de Baja California Sur, Zacatecas, Colima, Coahuila y Sonora, la minería aporta un importante porcentaje del pib estatal, el cual oscila de 11.7 % a 30.4%, por lo que cualquier variación de esta actividad tiene importantes repercusiones en los ámbitos social y económico de la región.

 

Recientemente, la entrada en vigor del tratado de libre comercio constituyó un factor de cambio de las condiciones operativas y de comercialización de la industria minera, cuyos efectos probablemente serán tangibles en los próximos años. Especialmente se espera que uno de los renglones que tendrá mayor impacto será el referente a la regulación ambiental.

 

El tamaño de las minas es muy variable al igual que su grado de mecanización. Coexisten minas pequeñas casi manuales con grandes consorcios altamente mecanizados que pueden competir en el mercado internacional, especialmente por la necesidad de economías de escala en depósitos de baja ley. A partir de la crisis desencadenada por la devaluación de diciembre de 1994, la problemática económica regional, como ocurre en todo el país, se ha agudizado haciendo más difícil la sobrevivencia de las empresas mineras pequeñas y medianas.

 

¿Cómo se procesan los minerales?

 

El procedimiento para obtener y concentrar los minerales es muy particular, pues depende de la localización y de las características físicas y químicas del mineral. Dos minas cercanas pueden tener minerales de composición diferentes aunque su geología sea similar, o viceversa. Algunas minas han desarrollado los más grandes y caros equipos de la industria (Parker, S. 1977) y las grandes minas del mundo mueven cantidades impresionantes de materiales sólidos, que llegan a las 270 mil toneladas por día, pudiendo producir algunas de ellas más de 40 mil toneladas métricas de concentrado diariamente.

 

De acuerdo con la ubicación del yacimiento la minería se realiza a cielo abierto (cuando los minerales con valor están más o menos en zonas superficiales) o, en caso contrario, opera de forma subterránea. La concentración de los minerales, cuando presentan alguna característica física especial que los diferencia del resto del material (ganga), se puede lograr mediante procesos meramente físicos, -por ejemplo los llamados gravimétricos o magnetométricos-, que se aplican para materiales que tienen diferente densidad o cuando el metal es magnético.

 

En los casos en que no se pueden aplicar métodos físicos se tiene que utilizar métodos de flotación o de lixiviación. La flotación se logra haciendo que las partículas del mineral reaccionen únicamente en su superficie con sustancias que no son afines al agua (hidrofóbicas), mientras que los materiales sin valor se unen a otros reactivos que son afines con el agua (hidrofílicos), de manera de lograr que, con ayuda de aire y detergentes, los minerales con valor floten y el resto del material que está muy mojado, se vaya al fondo.

 

La primera fase del proceso de explotación es lograr que el yacimiento quede al descubierto, ya sea en minas donde se utilizan procesos físicos o de flotación. En los casos de minas a cielo abierto se elimina mecánicamente todo lo que cubre al yacimiento, como suelo o vegetación y a esta operación se le llama descapote. El material que se desecha puede acumularse mezclado o, en algunos casos, se separa el suelo para volverlo a utilizar, aunque el proceso es muy caro y complicado, y por lo tanto no muy difundido. Posteriormente, se lleva a cabo la voladura mediante explosivos para lograr romper la roca. El material con valor se acarrea hacia los molinos y el que no tiene valor se deposita en los alrededores del área de explotación formando acumulaciones que se denominan terreros. Cuando una mina es subterránea se requiere realizar túneles ¾algunos muy profundos¾, para llegar a los yacimientos y poder sacar el material para su molienda; en este caso los desechos sin valor son acumulados en zonas especiales.

 

Una vez molido el material, la concentración física se efectúa sin agregar reactivos sino únicamente agua. Por ejemplo, en el caso de la magnetita, que es un mineral de hierro, se pasa por separadores que funcionan con magnetismo y van separando a las partículas con valor, primero en seco y después en húmedo. Los residuos en este caso no son más que minerales sin valor con vestigios de algunas sustancias que se adicionan durante el proceso; estos materiales, mezcla de sólidos con agua, se denominan jales, relaves o colas dependiendo del país de habla hispana en el que se lleve a cabo la explotación.

 

Para la flotación se emplean diferentes reactivos, entre ellos ácidos y álcalis, así como sustancias llamadas selectores, como el cianuro de sodio o sulfatos de cobre o zinc, también se agregan colectores que son los agentes hidrofóbicos de naturaleza orgánica que se van a adherir a las partículas de mineral y, finalmente, se utilizan los espumantes que son detergentes que forman la espuma donde se concentran los minerales. Durante la flotación, las especies químicas presentes en el mineral no se alteran profundamente, pues solamente cambian en la superficie, por lo que los desechos tienen composiciones relativamente similares a los de los minerales originales, con algunas cantidades de reactivos. Los residuos se acumulan en presas de jales, mientras que los concentrados del mineral se envían a las fundidoras para obtener metales puros y, posteriormente, si los requerimientos de calidad del producto lo exigen, pueden enviarse a refinación.

 

Para abaratar costos y poder explotar yacimientos de baja ley, se están imponiendo métodos químicos que no requieren de tanto movimiento de materiales como la flotación tradicional. Mediante ácidos u otras sustancias químicas se lixivia el mineral, logrando obtener una solución que contiene los elementos con valor. La fase líquida se somete a un proceso para separar los valores y, mediante un proceso electrolítico, se obtienen casi directamente metales de alta pureza. Este tipo de lixiviación puede llevarse a cabo dejando que el ácido o las otras sustancias actúen directamente en los yacimientos o terreros. En casos donde se quiere tener un mayor control de proceso se preparan montones de mineral molido. Cabe señalar que junto con los valores se disuelven muchos otros elementos que no tienen valor pero que son potencialmente tóxicos, por lo que la solución residual resultante es, generalmente, muy ácida y de composición tóxica.

 

Los procesos de fundición y refinación ya no son parte de la minería pues son más parecidos a procesos industriales tradicionales. Por ejemplo, en las fundidoras se manejan concentrados del mineral de los que, mediante un agente reductor (por ejemplo carbón) y calor, se obtiene el metal. Estas fundidoras, si no tienen filtros, emiten a la atmósfera óxidos de azufre (que generan la lluvia ácida) y otras especies metálicas o no metálicas de alta toxicidad, así como residuos sólidos. La electrólisis, que es el proceso más popular para refinar los metales, consiste básicamente en conducir energía eléctrica por una solución ácida o básica, logrando que el metal se acumule en una de las partes del equipo que se llama cátodo. Este proceso genera emisiones a la atmósfera y efluentes líquidos y sólidos de alta peligrosidad. La calidad de ambos procesos depende mucho del nivel de avance de la tecnología utilizada, la calidad del equipo y el comportamiento del personal.

 

El ambiente y la minería

 

La minería debe analizarse de manera independiente de procesos metalúrgicos como la fundición y refinación, ya que sus problemas ambientales son diferentes. El impacto de la minería sobre el ambiente y la salud está relacionado con la composición del mineral, el tipo de explotación, el proceso de beneficio, la escala de las operaciones y las características del entorno. De manera específica, la composición de los residuos puede variar de acuerdo con las condiciones particulares de cada mina.

 

Los menores impactos se observan en los procesos de flotación física, pero aumentan en los de flotación mediante reactivos y son mucho mayores en los procesos de lixiviación. Los elementos potencialmente tóxicos más comunes derivados de estos procesos, en el caso de México, son plomo, cadmio, zinc, arsénico, selenio y mercurio.

 

A medida que avanza la explotación del yacimiento, la composición del mineral puede cambiar, generándose residuos más o menos peligrosos que no existían en etapas anteriores. Es por ello que los escenarios que resultan de relacionar a las especies minerales con el proceso de beneficio y con el ambiente específico donde se ubica cada mina, obligan a enfocar cada situación de manera particular y específica. Sin embargo hay impactos muy representativos que se observan en casi todas las minas. En este sentido, un problema especial, entre otros que se describirán más adelante, es el elevado consumo de agua, lo que adquiere gran relevancia si se considera que muchas minas se encuentran en zonas desérticas o semidesérticas.

 

Las actividades de prospección y exploración no generan, en la mayoría de los casos, impactos ambientales significativos ya que se realizan en zonas alejadas y son mitigables o sujetas a procedimientos de protección y compensación (Estrada, S. 1993). Pero durante la explotación, en las minas a cielo abierto, se produce la destrucción de la vegetación, la pérdida de suelos y la formación de terreros inestables que aportan sedimentos a las cuencas locales, alterando la topografía regional. En el caso de la existencia de núcleos de población los movimientos de material también pueden representar un riesgo que debe considerarse.

La minería subterránea altera el paisaje local, al construir tiros y túneles, respiraderos y accesos. Estos conductos generan inestabilidad de los terrenos, -lo que representa un riesgo potencial si se permite en el futuro el establecimiento de asentamientos humanos-. También afecta la circulación general del agua subterránea ya que, por ejemplo, se produce el abatimiento de los mantos freáticos en climas áridos o semiáridos y aumenta el nivel de oxidación de los sulfuros, lo que produce el drenaje ácido. El agua extraída en ocasiones produce un impacto positivo al crear zonas agrícolas que viven del agua sobrante, siempre y cuando no esté contaminada con drenaje ácido o tenga sales, pues en el largo plazo saliniza los suelos.

 

El drenaje ácido es un fenómeno químico muy conocido en las minas, en el que los sulfuros de los minerales se transforman en ácido sulfúrico y, adicionalmente, arrastran elementos tóxicos. Este problema, que se puede presentar en los túneles (socavones) de las minas subterráneas o en minas a cielo abierto, no es común en México ya que, en general, existe una capacidad amortiguadora del entorno por la riqueza en carbonatos y otros minerales básicos del suelo y del subsuelo. No obstante, es un factor de riesgo ambiental muy importante de considerar, especialmente cuando termina la vida útil del yacimiento. La información internacional acerca de este fenómeno es limitada y solamente se sabe que los factores más importantes a considerar es la cantidad de rocas básicas, la concentración de sulfuros de hierro y la cantidad de aire presente en el material (oxígeno).

 

Actualmente se busca llenar con jales -que son los residuos de los procesos de flotación que se almacenan en presas- los socavones para aumentar su estabilidad y evitar la presencia de aire. Sin embargo, antes de aplicar este tipo de medida se deben efectura estudios profundos sobre los cambios que pueden ocurrir en materiales no compactados, especialmente en jales que contienen elementos como arsénico, selenio o antimonio.

 

La composición de los jales depende del contenido de especies tóxicas de los yacimientos y los reactivos que se emplean. En general, no hay cambios notables en su composición química durante el beneficio, por lo que los metales pesados están en formas insolubles, pero contienen muchas sales que pueden ser básicas o ácidas y contener vestigios solubles de ciertos elementos derivados de la oxidación de los jales, como arsénico o selenio entre otros. El tipo y la cantidad de vegetación presente en las presas de jales puede ser un indicador de su peligrosidad, pues a veces son fértiles y en otros casos tóxicos. Muchos de los impactos no se deben a los metales pesados sino a las sales solubles y partículas suspendidas que afectan a los suelos cuando se riegan zonas agrícolas con agua de la presa de jales o a los cuerpos de agua receptores (especialmente los ríos). La mayoría de los accidentes se han presentado en presas de jales mal diseñadas o construidas deficientemente.

 

Como situación extrema se tiene que algunas minas pequeñas no cuentan con una presa de jales y envían directamente los residuos a los cauces más cercanos; en este caso el impacto es muy grande ya que se pueden producir escurrimientos y arrastres de residuos que de forma directa, o después de sufrir reacciones de oxidación, pueden contaminar fuentes de agua utilizadas para la agricultura, la ganadería o para consumo humano.

 

En minas que emplean la lixiviación el riesgo ambiental es mayor, ya que el ácido disuelve los minerales y arrastra una serie de elementos tóxicos. Después del proceso de recuperación de los metales, el lixiviado gastado se envía a una presa para su confinamiento. Sin embargo por la alta corrosividad del líquido, cualquier derrame o percolación contamina el medio natural, aunque la magnitud del daño depende de la capacidad amortiguadora de los materiales adyacentes, como en el caso del drenaje ácido. Por esta razón, debe considerarse que al final de la vida útil de la mina se tiene que dar un tratamiento para asegurar que el líquido no va a causar daños. En algunos casos el lixiviado no es ácido pero contiene otras sustancias químicas (agentes coordinantes) también peligrosas para la vida.

 

Adicionalmente, en las minas se generan otros desechos como lubricantes gastados, combustibles, envases, chatarras, llantas, cables y basura doméstica, así como efluentes de las aguas residuales que no se reciclan ni se envían a presa de jales. Estos desechos, dependiendo de su manejo, pueden causar diferentes grados de impacto. En todos las minas hay generación de polvo y fuentes de ruido, pero el impacto depende en forma importante de la existencia y ubicación de núcleos de población, tipos de vegetación y calidad de los suelos. Uno de los problemas que todavía se observa en algunos casos, aunque no con la intensidad y generalidad de los siglos anteriores, es la deforestación generada por el consumo de madera en algunos procesos.

 

Como se mencionó anteriormente, en las minas también se pueden efectuar otros procesos como la fundición o refinación. En esos casos los problemas ambientales generados son diferentes; los más importantes a considerar son la contaminación de la atmósfera, especialmente con SOx o metales, el manejo de efluentes tóxicos ácidos y el manejo de residuos sólidos tóxicos. Cabe señalar que la magnitud del impacto está relacionada con la calidad de los equipos de operación y el control ambiental del proceso.

A continuación se sintetizan los principales impactos generados por la minería que no realiza la fundición (Broman, P., 1988):

 

·      Descargas de agua con metales, sustancias orgánicas, material suspendido, compuestos de nitrógeno y fósforo y sustancias ácidas.

 

·      Emisiones a la atmósfera de polvos que contienen metales, u óxidos de azufre o fluor si hay plantas peletizadoras (que aglomeran el mineral en bolitas).

 

 

·      Ruido y vibraciones durante la explotación, el transporte y el procesamiento de los minerales.

 

·      Impactos visuales y daños a recursos naturales, ya que destruye la capa del suelo y la vegetación en las zonas de explotación.

 

 

Afectación a los cuerpos de agua por la explotación de acuíferos y cambios en los patrones de distribución del agua.

 

Los mineros y la salud

 

Respecto a la salud, es del conocimiento general que la minería siempre ha sido una actividad dura y sucia. Actualmente, los mineros pueden tener salarios y condiciones de trabajo mejores, aunque siguen coexistiendo minas que cumplen con altos niveles de seguridad con otras que trabajan bajo condiciones inaceptables. Las medidas de seguridad para los trabajadores y el daño a la salud de los mismos son muy variables ya que, al igual que en el caso del impacto sobre el ambiente, dependen del tipo de proceso, del sitio en que se encuentra la mina, etcétera. En minas subterráneas muy antiguas, las altas temperaturas y la humedad extrema crean condiciones muy insalubres.

 

La actitud de los mineros no favorece un cambio pues, por lo general, el prototipo de los trabajadores mineros es el de hombres fuertes, valientes, decididos, orgullosos de su resistencia, que no discuten el hecho de que su trabajo implique riesgos para su vida y salud, a tal punto que cuando una mina cierra desean encontrar otra en la que puedan seguir trabajando sin tener que cambiar sus costumbres y formas de vida.

 

La sintomatología que ha sido más común en los trabajadores de esta rama es la pneumoconiosis, que incluye todas las enfermedades de los pulmones, tales como la silicosis que se presenta por la exposición constante a polvos de sílice de tamaño menor a 50m (Parker, S., 1977). Asimismo, el ruido produce un aumento de los problemas auditivos y de neurosis; esta situación se agrava por el hecho de que los propios trabajadores, cuando son pagados a destajo, prefieren emplear el sistema de perforación en seco, -aunque esté prohibido por el contrato colectivo de trabajo-, porque avanzan más rápido en la explotación (Sánchez M.T., 1990). En algunas unidades pequeñas que no cuentan con equipos adecuados para vigilar la concentración de grisú, se presentan problemas que aumentan el riesgo de explosiones y en algunas minas subterráneas donde se explotan minerales metálicos se presentan concentraciones de co que no son perceptibles con las lámparas modernas de pilas sino solamente con las de carburo; debido a esto, algunas minas llegan a colapsarse, como el caso de las de carbón en Cohauila y las de metálicos en Zacatecas.

Los procesos de fundición y refinación presentan un mayor riesgo sobre la población que sobre los ambientes laborales, ya que las normas para proteger a los trabajadores tienen aplicándose mayor tiempo que las ambientales. Las emisiones a la atmósfera son el principal problema, aunque también hay informes respecto a problemas de salud por el manejo de residuos. Sin embargo, el número de estudios elaborados en el país y el enfoque estadístico de los mismos no es el deseable para establecer la verdadera magnitud del problema ya que, en ocasiones, parecen haber sido magnificados y en otros minimizados.

 

Notas

 

[1]Solamente varía cuando ocurren eventos nucleares que transforman la masa en energía.

 

2 Más del 99% de la corteza terrestre está formada por ocho elementos, el más abundante es el oxígeno (46.4%), que se encuentra puro o combinado con silicio (28.2%), aluminio (8.3%), hierro (5.6%), calcio (4.2%), sodio (2.4%), magnesio (2.3%) y potasio (2.1%). El resto de los elementos se pueden considerar como raros, ya que sus concentraciones son muy bajas, por ejemplo el valor promedio en la corteza terrestre del estaño es de aproximadamente 0.0002% y del oro 0.0000004% (4 ppb).

 

3 Aquellos elementos que son prácticamente insolubles bajo condiciones naturales, por lo que no estuvieron disponibles para participar en la formación de seres vivos, resultan tóxicos, como es el caso del plomo. Pero todas las sustancias son tóxicas si se rebasan las concentraciones que puede manejar el ser vivo.

 

4 Algunos derivados como los plásticos, lubricantes y disolventes gastados sí pueden convertirse nuevamente a hidrocarburos mediante diferentes procesos como la pirólisis o la reducción con hidrógeno.

 

5 El reciclaje de los metales, materiales para la construcción y otros productos puede reducir el impacto ambiental, conservar los recursos mineros, reducir el gasto de energía y generar empleos, siempre que las plantas recicladoras cuenten con sistemas eficientes de control de operación.

 

6 Cabe señalar que la validez de estas circunstancias  es temporal, ya que depende de muchas variables como pueden ser cambios en los procesos de producción con lo cual se sustituyen metales o se requieren otros, la disponibilidad de nuevas tecnologías que permiten la explotación de recursos de menor ley o en zonas hasta ahora inaccesibles, el descubrimiento de nuevos yacimientos, sistemas de reciclado más eficientes, etc.

 

Bibliografía

 

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Acerca de la autora

 

Margarita Eugenia Gutiérrez Ruíz, nació en la ciudad de México el 17 de octubre de 1948. Obtuvo el grado de licenciada en Química en la Universidad Nacional Autónoma de México (unam) en 1974. En 1982 se graduó de maestra en ciencias.

 

Desde 1976  trabajó como jefa de la sección de Química de la Escuela Nacional de Estudios Profesionales de Zaragoza. En 1983 fue nombrada jefa del Laboratorio de análisis físicos y químicos del ambiente del Instituto de Geografía. Imparte las asignaturas de Química Inorgánica y Equilibrio de Ecosistemas (Química Ambiental) en la Facultad de Química de la unam. Ha publicado 25 artículos y 11 informes técnicos, así como 40 ponencias y ha escrito 11 folletos didácticos. Ha dirigidotesis, organizadocongresos, participado en seminarios,  cursos y ha impartido múltiples conferencias. Es parte del consejo editor de la Revista Internacional de Contaminación Ambiental y de la revista Terra.

 

Fue premiada con la medalla Gabino Barreda, de unam. En 1990 fue galardonada con el Primer lugar del Premio Nacional Serfín El Medio Ambiente de México. La Sociedad Americana de Química (AChS) le otorgó una mención de honor por su trabajo Feasible solutions for disposal and reuse of pickle liquors from Mexican iron industry en 1992.   También en ese año fue premiada por la International Society of Environmental Analytical Chemistry. En 1995 recibió distinciones académicas del Instituto Mexicano de Ingenieros Químicos y del Congreso Nacional de Geoquímica.

 

Ha sido asesora de la Cámara Nacional de Comercio y diversas industrias. Actualmente es asesora de la Dirección general de materiales, residuos y actividades riesgosas del Instituto Nacional de Ecología. Es miembro de sociedades científicas tales como la Sociedad Internacional del Suelo, la American Chemical Society, la Asociación Internacional de Química Analítica Ambiental, la amcrespac y la Sociedad Química de México. Margarita es coordinadora del proyecto de cooperación entre Alemania y la unam para la instalación de un laboratorio de referencia para residuos peligrosos. Asimismo, ha dirigido diversos estudios ambientales para la industria minera mexicana, entre ellos en aspectos mineros para el Consorcio Minero Peña Colorada, ahmsa división sur, Cobre de México, Cananea, Industrias León, San Francisco del Oro, Fluorita de México,  Cromatos de México, Química Central y Metales Potosí.  Jinny, como se le conoce a Margarita, es un verdadero torbellino, tiene esa capacidad femenina de estar atenta a decenas de situaciones y no descuidar ninguna, además es una aguerrida luchadora social, aunque ella no lo reconozca.

 

Para saber más

Brewer, G.D. Business and the Environment: A Time for Creative Coexistence. Dividend Fall: 22-25 1992.

Hart, S.L. How Green Production Might Sustain the World. Dividend Fall: 26-29, 1992.