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Unión de Grupos Ambientalistas,
I. A. P.

El Aire en la Ciudad de México


El aire en la ciudad de México

 

Para los pieles rojas el aire es de un valor incalculable,

ya que todos los seres compartimos el mismo aliento,

todos: los árboles, los animales, los humanos.

Los caras pálidas no tienen conciencia del aire que

respiran, son moribundos insensibles a lo pestilente.

Si les vendiéramos nuestras tierras deben saber que

el aire tiene un inmenso valor, deben entender que

el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene.

El primer soplo de vida que recibieron

nuestros abuelos vino de ese aliento.

Jefe Seattle

 

Humberto Bravo Álvarez

Ricardo Torres Jardón

 

Introducción

La contaminación atmosférica fotoquímica en la zona metropolitana de la ciudad de México (zmcm), causada por el ozono, es uno de los más grandes problemas de impacto social. La solución ha sido retrasada por la aplicación de una serie de acciones desordenadas de tipo prueba y error, en las que el conocimiento científico de las causas, formación, transporte y transformación del ozono en la atmósfera no ha sido aplicado con el rigor y seriedad que se requiere para las condiciones naturales y tecnosociales de México.

De acuerdo a datos oficiales respecto a las medidas enfocadas a enfrentar el problema de la contaminación por ozono en la zmcm, hasta junio de 1994 se habían invertido poco más de mil 400 millones de dólares en diez medidas dirigidas hacia el control de la emisión de precursores de ozono, sin que a la fecha se observen mejoras sustanciales en la calidad del aire de la cuenca de México.

Por otro lado, el crecimiento desordenado de las zonas metropolitanas de Guadalajara y Monterrey ha sido acompañado del correspondiente deterioro de la calidad del aire, habiéndose ya informado en los diferentes medios de comunicación oficiales y públicos la ocurrencia creciente de niveles de ozono por arriba de sus respectivas normas de calidad del aire. Por eso es importante asimilar la experiencia de la zmcm, tanto en los errores como en los aciertos, para plantear lineamientos que lleven a un mejor aprovechamiento de los recursos invertidos en el compromiso social de asegurar una calidad del aire satisfactoria para los mexicanos.

 

Objetivo

La experiencia nacional en la falta de ordenamiento, objetivos y planeación adecuada de acciones tendientes a controlar el problema de la contaminación atmosférica por ozono y partículas suspendidas respirables en la zmcm, así como en otras áreas urbanas de México, plantea la necesidad de establecer esquemas de desarrollo efectivos para prevenir problemáticas similares en todo el país. En la presente propuesta, se ofrece a la sociedad mexicana una serie de acciones para mejorar la calidad del aire por ozono y partículas respirables, basadas en la experiencia científica y técnica de los autores en más de 20 años de trabajo aplicado al conocimiento del origen, la dinámica y el control de la contaminación atmosférica.

 

Antecedentes

El ozono, como contaminante atmosférico, es el producto de una serie de complicadas reacciones fotoquímicas presentes en la atmósfera.

Los precursores del ozono son básicamente los óxidos de nitrógeno (nox) y los hidrocarburos volátiles reactivos (hcr). Ambos precursores son emitidos principalmente por la actividad humana ya que algunos hidrocarburos pueden también ser emitidos por ciertos tipos de vegetación.

No obstante, los mecanismos de formación, transporte y distribución del ozono y de las partículas secundarias en las atmósferas urbanas contaminadas, depende de una combinación de los siguientes factores físicos: topografía, meteorología, clima y posición geográfica asociados con emisiones de precursores. La zmcm se localiza en la parte suroeste de una cuenca mal llamada valle de México y presenta, como consecuencia del crecimiento en los pasados 15 años tanto de vehículos automotores, zonas habitacionales y en menor grado de industrias, todos los requerimientos básicos para fungir como un gran reactor químico virtual, en el que todas las condiciones de alimentación de reactivos están perfectamente dadas para que los fenómenos físicos naturales locales funcionen como agitadores de esa mezcla reaccionante y la radiación solar como activador energético de la misma.

 

Situación

La calidad del aire por efecto de la contaminación por ozono (o3) es un problema actual de áreas metropolitanas alrededor del mundo cuyas causas son un tanto diferentes, aunque el proceso fotoquímico de su formación es el mismo, y en donde las consecuencias y efectos en la salud representan a la fecha problemas de salud muy importantes (wmo, 1992).

Muchas veces, los responsables directos del control y prevención de la contaminación atmosférica en México han usado, como pretexto de su poca capacidad y habilidad para enfrentar la problemática del ozono, la comparación de la situación de la ciudad de Los Ángeles en el estado de California, Estados Unidos con el caso de la zona metropolitana de la ciudad de México. Esta comparación se apoya en el número de ocasiones en que se rebasa la norma de calidad del aire de ambos países y en el costo, tiempo y estrategias de control que en las dos metrópolis se han presentado, en lugar de estudiar las medidas ya aplicadas en Los Ángeles y aprender de los errores y dificultades que ha tenido el gobierno de California para resolver el problema.

El antecedente histórico del problema del ozono en Los Ángeles se remonta a los años cincuenta. La población de esa zona metropolitana casi se triplicó de 4.8 millones en 1950 a 14 millones para 1990 y el número de automóviles pasó de 2.3 millones a 10.6 millones en el mismo periodo (Lents y Kelly, 1993). El problema del ozono en México surge en la segunda mitad de los años ochenta teniendo la zmcm una población de 18.0 millones y 2.3 millones de vehículos.

En la zmcm, en los años anteriores a 1986,  aún cuando se registraba la presencia de ozono, los niveles eran cifras que no rebasaban un dígito. Es en ese año cuando se empiezan a llevar a cabo las acciones para disminuir el plomo en las gasolinas y eliminar el uso de combustibles con alto contenido de azufre.

Estas dos estrategias de control fueron acertadas ya que el plomo en las partículas suspendidas totales era varias veces el nivel recomendado (1.5 mg/m3/promedio aritmético trimestral) y se presentaban efectos en la salud de la población joven. El principal emisor de plomo era el uso de gasolinas con concentraciones muy altas de tetraetilo de plomo. También los niveles de bióxido de azufre eran superiores a los  máximos aceptados en la norma de calidad de aire mexicana, por lo que se decreta la reducción del uso de combustibles ricos en azufre y el uso de gas natural como combustible alterno.

El problema en Los Ángeles surge en los cincuenta por un desconocimiento del efecto combinado de la contaminación de emisiones vehiculares, el estancamiento atmosférico y la  radiación solar. En la zmcm surge en los ochenta por la falta de atención a la experiencia internacional y por la irresponsabilidad de funcionarios al no aceptar recomendaciones, sugerencias e incluso llamadas de atención respecto al problema de la contaminación fotoquímica en la cuenca de México, y no como consecuencia de un desarrollo industrial inusitado, ni un crecimiento vehicular inmediato fuera de control ya que, incluso, el país soportaba una de sus varias crisis económicas en esa década.

Sin embargo, en la aplicación de la reducción del tetraetilo de plomo en las gasolinas, se pasa por alto la experiencia de otros países de programar a corto y mediano plazos la sustitución de combustibles con plomo acompañada de la introducción paulatina de vehículos con convertidor catalítico y del cambio gradual de los procesos de producción de gasolinas sin tetraetilo de plomo con nuevas formulaciones (Dimitríades, B., 1970; Technical Advisory Committee, 1971; us Department of Commerce, 1971; Altshuller, 1972).

Como consecuencia inmediata de estas acciones se emiten hidrocarburos reactivos a la atmósfera y más óxidos de nitrógeno, debido a que la nueva gasolina, con niveles de plomo más bajos tiene un mayor contenido de isómeros para restituir el octanaje perdido (Pemex, 1987). A pesar de que en la Memoria de labores de Pemex de ese año literalmente aparecía dicha acción como parte de la política de cambio de combustibles con menor plomo para la zmcm, los funcionarios de Pemex responsables del cuidado del ambiente e incluso asesores científicos oficiales negaron sistemáticamente este hecho, así como la responsabilidad de la paraestatal en el nuevo problema ambiental.

Obviamente que los niveles de plomo en la atmósfera bajaron, pero el precio fue la aparición de niveles de ozono a una magnitud y frecuencia antes no conocidos.

La evolución histórica de los niveles de ozono por arriba de la norma mexicana de calidad del aire (0.11 ppm máximo en una hora) antes del cambio de la gasolina y después hasta 1995, se documenta en los trabajos de monitoreo efectuados por la sección de Contaminación Ambiental del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la unam (cca/unam).

La detección de este problema por el cca/unam llevó a que esta institución notificara y pusiera sobre aviso a las autoridades responsables en ese momento sobre el peligro potencial que se avecinaba si no se tomaban las medidas adecuadas, basadas en instrumentar un control estricto de los niveles de tetraetilo de plomo y de las olefinas en las gasolinas, ya que se tenían suficientes evidencias de que, al no contar la flota vehicular de la zmcm de ese entonces con ningún dispositivo para reducir las emisiones de precursores de ozono, los productos de combustión y los vapores de esta nueva formulación estaban generando hidrocarburos con mayor potencial reactivo. Esta recomendación fue acompañada incluso de otra relacionada con el control de las emisiones evaporativas de gasolinas tanto en terminales de distribución y almacenamiento como en las estaciones de servicio (Bravo 1987; Bravo et al, 1987; Bravo et al, 1988a; Bravo et al, 1988b). No obstante, poca atención se dio a dichas recomendaciones.

Asimismo, a finales de 1986, se anunció que las termoeléctricas de la cfe en el valle de México cambiarían su combustible de combustóleo por gas natural con el fin de reducir los niveles de SO2 observados en la zmcm. Esta medida dio el resultado previsto en cuanto al problema de SO2 pero, nuevamente, la falta de un estudio adecuado de las consecuencias de un simple cambio de combustible en las emisiones, producto de una combustión a alta temperatura, provocó un incremento sensible en las emisiones de nox. La combinación de hidrocarburos reactivos con los nuevos niveles de nox, favoreció una mayor frecuencia de más niveles altos de ozono y de aerosoles (nitratos) (Bravo et al, 1986).

En el verano de 1988 se implanta el programa de verificación vehicular (i/m) cuya primera etapa se vio rodeada de falta de conocimientos técnicos de los verificadores y una gran corrupción, que lo hizo inefectivo, al menos hasta 1990. A partir de esta fecha se procura sistematizar las verificaciones y controlar más a los responsables, sin que hasta la fecha se hayan podido erradicar la corrupción en muchos de los centros de verificación y las prácticas de trampa como lo es el ajuste de la entrada de aire al carburador.

En el invierno de 1988 se anuncia con un gran despliegue publicitario la introducción de un nuevo aditivo llamado metil-ter-butil-éter en las gasolinas de la zmcm. De acuerdo a los principios técnicos de la adición del mtbe, cuya estructura molecular incluye un átomo de oxígeno, este oxígeno favorecería la combustión, especialmente para el caso de los vehículos de la zmcm ubicada a más de dos mil metros sobre el nivel del mar y donde, por razones termodinámicas, hay menor proporción de oxígeno que a ese nivel de referencia. En efecto, el mtbe ha sido recomendado en otros países para el control de las emisiones de monóxido de carbono, pero su uso en vehículos sin catalizadores puede acarrear la emisión de mayores niveles de nox y de un contaminante altamente reactivo, el formaldehído (epa, 1988; Hayes et al, 1989). Dado que en los Estados Unidos la flota vehicular de automóviles anteriores a 1975 cada vez es menor, se recomendó para ser utilizada en este tipo de automóviles sin convertidor catalítico con uso de gasolina con niveles bajos de plomo (Gallanger, 1990).

Nuevamente, la falta de previsión de las consecuencias colaterales de utilizar un aditivo oxigenado en una flota vehicular sin catalizadores y relativamente antigua, dio por resultado un nuevo problema que además favorecía a la ocurrencia del ozono. Esto es, se incrementaron sensiblemente los niveles de formaldehído en la zmcm así como los registros de ozono por arriba de la norma respectiva (Bravo et al, 1990).

Este hecho demostró que no hubo una suficiente atención en revisar bibliografía al respecto y que quizás sólo se buscaba justificar la compra de un compuesto de exportación, dado que antes de la introducción ya se tenían reportes del problema potencial que involucraba el uso indiscriminado del mtbe, lo que fue posteriormente confirmado por fabricantes de automóviles de los Estados Unidos (aplqa, 1985; Kalabokas et al, 1988; Gorce et al, 1991).

En ese mismo invierno de 1989-90 se declara como definitivo el programa Hoy no circula con el supuesto ideal de disminuir de la “noche a la mañana” la emisión del 20% de contaminantes de la flota vehicular de la zmcm. Las recomendaciones y llamadas de atención, tanto de especialistas en contaminación atmosférica del cca/unam como de otros sectores de la sociedad, de que el programa se aplicara sólo temporalmente, fueron inútiles dando por resultado un incremento notable de vehículos anteriores a1990, en su mayoría en circulación, dado que las condiciones de vialidad y transporte público no ofrecieron una alternativa mejor para dejar el automóvil como medio de transporte familiar en la zmcm (The World Bank, 1992; Comisión Metropolitana para la Prevención y Control de la Contaminación Ambiental en el Valle de México, 1994a).

Posteriormente, en 1990, el gobierno reconoce la existencia del problema y se conforma un Programa integral de control de la contaminación atmosférica en el cual se establecen, en una primera fase, 41 compromisos entre los diversos sectores de la sociedad (Comisión Metropolitana para la Prevención y Control de la Contaminación Ambiental en el Valle de México, 1994a). Del conjunto de medidas inscritas dentro de dicho programa la más importante en su efecto directo en relación al control del problema del ozono fueron los compromisos de Pemex respecto al suministro de combustibles limpios (¿poco reactivos?) con especificaciones para ser utilizados en automóviles con convertidor catalítico, lo cual a la vez implicaba que, a partir de 1991, los vehículos saldrían de fábrica con el equipo ya instalado. Asimismo, se continuaría con el suministro de gasolina con mtbe con bajo contenido de plomo y se iniciaría la instalación de recuperadores de vapores de hidrocarburos en terminales de almacenamiento y distribución de combustibles.

Sin embargo, la gasolina magna sin sólo podría consumirse en vehículos equipados con catalizadores. Al inicio del programa de la introducción de este combustible se enfrentaron las siguientes situaciones. Primero, la flota vehicular equipada con catalizador consistió en su primer año de una cantidad relativamente pequeña de autos particulares contra un número varias veces mayor de taxis y microbuses denominados ecológicos. Segundo, a pesar de que se conocía por las autoridades y por Pemex que estos transportes públicos representaban un promedio de recorrido de hasta 150 km/día y por lo mismo un requerimiento de combustible constante y mayor, se descuidó significativamente el abasto de magna sin en la zmcm, lo que obligó a que una gran mayoría tuviese que consumir gasolina con plomo en más de una ocasión (que envenena el convertidor catalítico), lo que fue dado a conocer a la opinión pública por los diferentes medios. Por otro lado, se detectó que un porcentaje importante de operadores de transporte público con vehículos con catalizador cargaban gasolina con plomo en lugar de magna sin en sus unidades por dos razones: la primera el costo; resultaba más económico cargar gasolina sin plomo y segunda, no existe ninguna acción legal hacia quien realizase esta acción, fuese el operador del vehículo o el despachador del combustible.

La combinación de estas circunstancias ocasionó que un buen número de los vehículos equipados con catalizador a partir de 1990, funcione con una eficiencia baja, ya que el plomo de la gasolina que por necesidad tuvieron que cargar en algún momento de ese año envenenó los metales nobles del dispositivo. La consecuencia ambiental fue la emisión sin control de nox e hidrocarburos reactivos.

Cabe mencionar que en ese año las ventas promedio de gasolina con plomo (entre 0.5 y 1.0 ml de tetraetilo de plomo por galón y 5% de mtbe) alcanzaron un pico máximo del orden de 475 x 106 litros/mes. Coincidencialmente, el número promedio de eventos de ozono por arriba de la norma de calidad del aire respectiva presentaron un pico de 130 eventos horarios por mes.

En 1992 se presenta un incremento en los vehículos en circulación, un incremento en las ventas de la gasolina magna sin y un decremento importante en la venta de gasolina nova con plomo y mtbe. Asimismo, se presenta una anomalía meteorológica natural de ocurrencia extraordinaria de lluvia en la cuenca de México (Bravo et al, 1993). Como consecuencia, los niveles de ozono registrados disminuyen a valores similares a los de 1989. También se inicia por parte de Pemex a finales de 1992, el control de varias especificaciones de la gasolina magna sin como el contenido de aromáticos y olefinas y presión de vapor Reid.

En 1993 prácticamente se duplica el consumo de magna sin en la zmcm reduciéndose la venta de nova en poco más del 20% en relación al año 1992. Asimismo, se incrementó el número de vehículos nuevos con catalizador y ya casi se ha terminado la instalación de membranas internas flotantes en los tanques de almacenamiento de las terminales de Pemex, en la zmcm. Como resultado, la ocurrencia de niveles de ozono fue similar a la de 1992 a pesar de ser un año normal respecto a lluvias.

En 1994 el consumo de magna sin continúa incrementándose; la reducción en el consumo de nova ya no se presenta a la tasa de 1993 pero continúa a la baja; ya no hay la tasa de ventas de vehículos nuevos de los años anteriores y se complica el tráfico vehicular como consecuencia de la ineficiencia operativa del programa hoy no circula (Comisión Metropolitana para la Prevención y Control de la Contaminación Ambiental en el Valle de México, 1994b).

No obstante, técnicamente se espera que los catalizadores de los vehículos 1991-92 empiecen a perder efectividad por acumulación de kilometraje, lo cual combinado con el escenario descrito en el párrafo anterior lleva a que los niveles de ozono vuelvan presentar un aumento progresivo a niveles mayores que 1992 y 1993.

Con objeto de eliminar la posible influencia de eventos de lluvia en la ocurrencia de violaciones a la norma de calidad de ozono en base anual, se analizaron datos de eventos de ozono registrados en Ciudad Universitaria para los cuatrimestres octubre-noviembre-diciembre-enero de los años 1990 a 1995. De acuerdo a los resultados, es obvio que el número de violaciones a la norma presenta un nivel invariable en esos cuatrimestres, aunque los niveles pico tienden a bajar en Ciudad Universitaria pero el problema de violaciones es distribuido en toda la zmcm.

Finalmente, en 1995 vuelven a ocurrir niveles sumamente alarmantes de ozono que incluso llevan a declarar el plan de contingencias en su fase 1, aunque estudios independientes de monitoreo (diferentes a la Red Oficial de Monitoreo) indican que esos niveles deberían haber llevado a una atención más estricta.

De la tendencia, obtenida aplicando un análisis estadístico simple, resulta que ésta es positiva y creciente tomando como base el número promedio de eventos por mes registrados al suroeste de la zmcm.

Una revisión rápida de la situación indica que los mil 400 millones de dólares invertidos hasta la fecha en medidas directas para el control del problema del ozono sólo han sido efectivos para bajar temporalmente la frecuencia de ocurrencias de picos de este contaminante, (que ahora está presente en toda la zmcm) y no han resultado en mejor calidad del aire para un amplio sector de la población de la zmcm. Esto es, algo está fallando.

Aunado a la ocurrencia de altos niveles de ozono, se enfrenta la problemática de las partículas suspendidas en su fracción respirable e identificadas como pm-10 en la cuenca de México. Un análisis correcto de los reportes de calidad del aire de la Comisión Metropolitana para la Prevención y Control de la Contaminación Ambiental en el Valle de México (1993, 1994a) indican que todavía se exceden las normas de calidad anuales tanto de partículas suspendidas totales como de partículas pm-10 en las diferentes zonas de la zmcm, a pesar de que algunos funcionarios aún pretenden manipular la información para hacer creer a la población que se está cumpliendo con las respectivas normas. Las principales fuentes primarias de emisión de partículas son la combustión y los aerosoles formados por la combustión en vehículos y fuentes estacionarias, aunque se ha insistido equivocadamente en que las tolvaneras contribuyen en forma muy importante al problema (90% según el ddf, 1991). Otras fuentes son la quema de basuras y varios procesos industriales. Se maneja erróneamente el concepto de considerar las tolvaneras como contribuyentes al problema de la contaminación por partículas, ya que hay conocimiento técnico suficiente para entender que, primero, el tamaño de las partículas de origen natural por erosión las clasifica como polvos sedimentables (Fenelly, 1975); segundo estudios efectuados en la zmcm sobre la composición y posible origen de las partículas, en especial de tamaño pm-10 (menores a diez micras) indican claramente que su origen es consecuencia de transformaciones atmosféricas fotoquímicas en aerosoles (Bravo et al, 1988d, 1989; Barbiaux, 1990; Miranda et al, 1992; Miranda et al, 1994).

Todos los investigadores señalados en la última referencia encuentran que el contenido de carbón de origen orgánico y el de sulfatos y nitratos ¾los tres producto de reacciones fotoquímicas¾ son los más importantes dentro de las pm-10, y que la contribución por material de origen natural es menor en relación al material de origen antropogénico. Sin embargo, esa afirmación de que el 90% de las partículas suspendidas son generadas por las zonas desforestadas de la cuenca de México, ha sido motivo de la implantación de una medida de reforestación en el Programa integral contra la contaminación atmosférica en la zona metropolitana de la ciudad de México, medida que para junio de 1994 había ejercido un presupuesto de 52.87 millones de dólares de 236.5 millones asignados, habiéndose plantado a esa fecha 42 millones de árboles, aunque al presente no se observe ningún aumento sustancial en las áreas verdes de la zmcm (Comisión Metropolitana para la Prevención y Control de la Contaminación Ambiental en el Valle de México, 1994a).

 

Discusión

Integrando y analizando la evolución del problema de la contaminación fotoquímica, representada por el ozono y por la presencia de sulfatos y nitratos en partículas pm-10 en la zmcm, es claro que las tendencias siguen siendo hacia el crecimiento paulatino del problema aunque a una tasa menor a la de años anteriores. También es claro que, a pesar de la gran cantidad de dinero invertido, se siguen cometiendo errores que pudieron evitarse si se hubieran seguido las experiencias en el mundo sobre acciones efectuadas para controlar esta problemática y que aún persisten una serie de contradicciones irracionales en la asignación de recursos para el control de la contaminación atmosférica en la zmcm.

Tomando como base los conocimientos existentes a la fecha respecto al origen, las transformaciones y el destino de la contaminación fotoquímica, es posible establecer los siguientes razonamientos aplicados al caso de la zmcm.

La relación de la concentración de hidrocarburos reactivos con la concentración de óxidos de nitrógeno (hcr/nox), ha sido reconocida finalmente en México, como herramienta para definir y entender la problemática de la producción de ozono en la atmósfera, especialmente cuando se emplea el modelo fotoquímico ekma (epa, 1977; Gipson et al, 1981; Demedian, 1984). Bajo este modelo, la producción de ozono depende de las concentraciones de hcr y nox medidas en un sitio localizado viento arriba del lugar en donde se presenta el pico máximo de ozono después del mediodía. Este modelo ha sido incluso empleado por el Instituto Mexicano del Petróleo para justificar varias de sus medidas aplicadas al control de la contaminación por ozono y de hecho la epa lo recomienda como criterio en una primera etapa para definir políticas de control (Demerjían, 1984; Comisión Metropolitana para la Prevención y Control de la Contaminación Ambiental en el Valle de México, 1994b).

Siguiendo el concepto del ekma, la reducción de niveles de ozono podrá efectuarse disminuyendo tanto hcr y nox, o bien reduciendo uno de ellos en mayor proporción con respecto al otro, dependiendo de las condiciones iniciales de concentración de estos compuestos.

Además, se sabe que el control de emisiones hcr es preferido para abatir los niveles de ozono debido a que técnica y económicamente es más factible optar por esta medida que controlar los nox. Sin embargo, decidir en términos de hasta dónde se plantea la reducción, requiere de un análisis muy profundo. Por ejemplo, las emisiones de nox pueden suprimir la formación rápida de ozono en la cercanía de las fuentes, pero favorece la formación de ozono viento abajo. Por otro lado, se debe mantener en mente que el costo en reducir cualquiera de las emisiones de ambos precursores va a estar en función de alcanzar la norma de calidad del aire para el ozono de 0.11 ppm. Como efecto secundario de esta reducción se tendrá una disminución en la concentración de partículas finas de aerosoles de nitratos y orgánicos lo cual mejorará la calidad del aire en términos de pm-10.

A la fecha se sabe que la relación [hcr]/[nox] en la zmcm es del orden de 20, lo cual significa que en la atmósfera urbana se tienen concentraciones importantes de hidrocarburos reactivos del orden de 3 ppm. Según el modelo ekma, para reducir una concentración de ozono de 0.331 ppm al nivel de la norma, se requiere bajar la concentración de nox en un 75% sin controlar hcr, o bien bajar la concentración de hcr en un 60% sin controlar nox. No obstante pueden hacerse combinaciones de reducciones en ambos precursores hasta llegar al óptimo.

Pemex ha enfocado sus medidas en controlar las emisiones de hidrocarburos volátiles (terminales de almacenamiento y distribución) y en el control de la volatilidad (rvp) de la gasolina magna sin. Otra medida importante es el uso de catalizadores en automóviles modelos 1991 y posteriores, que controla tanto hcr como nox con una emisión equivalente aproximada de un 5% de toda las fuentes en la zmcm, además de que las fuentes de emisión se ubican precisamente viento arriba de la zmcm. Esto es, la situación actual indica que la mayor reducción en ambos precursores sólo podrá enfocarse a dos sectores: transportación y producción de energía, considerando que, aparte de las termoeléctricas, las estaciones de servicio o gasolinerías estan relacionadas con el sector energía debido a que forman parte de las actividades de distribución del combustible de Pemex.

Sin embargo, es necesario establecer el panorama social y técnico-económico de la población en México en los próximos años para proponer un marco de referencia real. Primero, la situación económica actual obliga a dos consideraciones: no se espera una tasa de renovación de vehículos antiguos sin catalizador por vehículos nuevos mayor al 2% y no hay disponibilidad económica en la sociedad para requerir a los propietarios de vehículos anteriores a 1991 la reconversión de sus vehículos con la instalación de convertidores catalíticos, por su alto costo (cerca de dos mil dólares).

Segundo, el consumo de combustibles en las grandes zonas urbanas y en especial la zmcm tendrá un ligero estancamiento, manteniéndose el consumo de gasolinas con plomo en la misma proporción que en 1994 como consecuencia de que no habrá renovación vehicular, lo cual, a su vez, obliga a consumir gasolina magna sin. Adicionalmente, Pemex ha reconocido problemas para mejorar la calidad de los combustibles, lo que dificulta cualquier estrategia que se base en gasolinas ecológicas (Camarena, 1984).

Tercero, el kilometraje acumulado en los vehículos anteriores a 1991 (casi 700 mil vehículos en la zmcm) es cada vez mayor y, por consecuencia, el deterioro del convertidor es paulatino, surgiendo la necesidad de renovar el dispositivo que, en las condiciones económicas actuales, estará fuera del alcance de muchos propietarios.

Cuarto, la implementación de sistemas de control de hidrocarburos en el sector industrial no podrá ser inmediato, ya que los altos costos que representan y la recesión de producción actual lo impiden.

Bajo estas condiciones, la política ambiental en los próximos años debe centrarse en medidas factibles basadas más en controlar las emisiones del parque vehicular actual, el cual tiene la distribución siguiente:

 

    Modelos                        %

1970 y anteriores             4.4

1971 a 1975                     7.0

1976 a 1980                   11.8

1981 a 1985                   18.3

1986 a 990                     26.6

1991 y posteriores         31.9

 

Esto es, casi el 70 % son vehículos sin catalizador que mantendrán una tasa de consumo de gasolina con plomo de aproximadamente 350 mil litros por día, la cual es aproximadamente 1.75 veces el consumo de la gasolina magna sin.

El programa propuesto de control de la contaminación atmosférica por oxidantes fotoquímicos (o3) y partículas pm-10 debe enfocarse a reforzar y adecuar las medidas ya implementadas o bien que están en un avance mínimo pero que sean efectivas en controlar las causas de esta problemática bajo un concepto técnico-científico riguroso. Asimismo, dado que los actuales programas estaban dirigidos a un cambio en el tipo y estado de los vehículos automotores por renovación de la flota y esto no será posible, las medidas para controlar la volatilidad de la gasolina magna sin y el contenido de olefinas y aromáticos (esto es, control de emisiones de hcr), deberán extenderse, con el respectivo análisis técnico-científico, hacia la gasolina nova plus. Además de que se deben instalar dispositivos de mejoramiento de inyección y combustión en los vehículos para asegurar una reducción en la emisión de los contaminantes y una optimización en el consumo de la gasolina. Adicionalmente, algunas medidas como el uso de gas natural en termoeléctricas sólo garantizarán la reducción en bióxido de azufre y no en nox, por ello se deben monitorear y controlar estas emisiones en dichas instalaciones.

No obstante, se deberá tener cuidado en no incorporar indiscriminadamente mtbe, tame o manganeso (mmt) como aditivos en gasolinas sin plomo, e incluso se debe re-estudiar el porcentaje óptimo a adicionar para no seguir contribuyendo con emisiones de formaldehído a la atmósfera, ya que es un compuesto orgánico con uno de los mayores potenciales de formación de ozono.

Sumando las acciones de reducción de hcr y nox  propuestas y aplicando el concepto básico del modelo ekma será posible aproximarse a un nivel de ozono que, a pesar de estar aún por arriba de la norma de calidad del aire respectiva, se minimizará el número o porcentaje de población expuesta, ya que se producirá un efecto de alargamiento de la pluma de oxidantes cuyo máximo tardará más tiempo en presentarse y los niveles de pm-10 se reducirán en un cierto porcentaje, que aunque no equivalente al del ozono, sí será definitivo.

Es importante señalar que establecer medidas de control simultáneas y equivalentes en eficiencia para hcr y nox de ninguna manera garantizan una reducción en ozono ni pm-10, por lo que se debe tener cuidado en no dictar medidas de la noche a la mañana que lleven a que la química atmosférica caiga en otra situación problemática. Enfocar las estrategias a controlar el ozono por abajo de la norma queda fuera del marco económico nacional actual, en especial si se busca reducir al máximo los nox.

Finalmente, la sociedad mexicana ha sido obligada a aceptar tanto las decisiones de dirección tecnológica ambiental del gobierno como la de las paraestatales (Pemex y cfe) sin tener acceso a los datos que llevaron a esa dirección ni a la información probatoria de que las medidas aplicadas hayan sido efectivas. Por tal motivo se deben incluir en el plan de desarrollo mecanismos que garanticen a la ciudadanía el derecho a la información y que se instituya en la legislación el concepto de crimen ambiental para castigar a todos aquellos funcionarios responsables de tomar decisiones y de asignación de recursos, que utilicen en forma indebida el conocimiento científico para obtener algún beneficio particular, para liberarse de alguna responsabilidad, o bien, tomen decisiones a la ligera.

Conclusiones y recomendaciones

Con objeto de proponer acciones dentro del Plan nacional de desarrollo 1995-2000, así como del Distrito Federal, que tengan por meta prevenir y controlar la contaminación atmosférica por ozono y partículas pm-10 se efectuó un análisis detallado de las causas, la evolución, las acciones de control y la situación actual de esta problemática en la zmcm, situación fácilmente extrapolable a otros centros urbanos del país.

Para el análisis se aplicó el conocimiento científico disponible y la experiencia de los autores en este campo en México. La base de las propuestas surgen de combinar un modelo recomendado por la epa (agencia norteamericana para el medio ambiente)  usado por el imp para las primeras etapas de control del ozono y el concepto técnico-económico de la efectividad involucrada con las actuales medidas de control propuestas, algunas de ellas con avances sustanciales, y con el panorama para los próximos años en términos de disponibilidad de recursos para la aplicación de medidas adicionales del control de las emisiones de los precursores del ozono: los óxidos de nitrógeno (nox) y los hidrocarburos reactivos (hcr).

Las recomendaciones propuestas son las siguientes:

Existe un problema ambiental grave y creciente respecto a la contaminación atmosférica por ozono y partículas suspendidas respirables (pm-10) en la cuenca de México y en Guadalajara y Monterrey.

El problema de la contaminación fotoquímica afecta a casi el 80% de la población localizada en la zmcm y cuya tendencia, a pesar del alto costo que ha representado las medidas a la fecha implementadas, sólo han llevado a que los niveles pico de ozono por arriba de 0.30 ppm disminuyan en su frecuencia de ocurrencia, manteniéndose un promedio anual mayor de mil horas (violaciones a la norma de calidad para ozono, 0.11 ppm en una hora) desde 1989. Adicionalmente, las partículas pm-10, consecuencia secundaria de las reacciones fotoquímicas, aún están por arriba de su norma de calidad anual de 50 mg/m3.

Se deben aplicar medidas para el control de emisiones de los precursores de la contaminación fotoquímica (nox y hcr) acordes a la situación económica actual y futura a corto plazo, tomando como base, tanto las condiciones de la química atmosférica presente en las zonas metropolitanas como la disponibilidad de recursos económicos por parte de la población para acatar las normas dictadas por las autoridades de reacondicionamiento de los vehículos.

Se debe fortalecer y aplicar en el tiempo más corto posible la reformulación de las gasolinas nova plus, magna y premium en términos de menor reactividad ya que, al no ser posible en los próximos años la renovación de autos sin convertidor catalítico a una tasa óptima, esta gasolina será consumida a la proporción actual de casi dos veces mayor a la magna sin por esta flota vehicular antigua, siendo necesario asegurar que su potencial de formación de contaminantes fotoquímicos sea el menor posible.

El uso indiscrimado de los aditivos mtbe y tames ha sido causa de la emisión de formaldehído a la atmósfera en la zmcm, el cual es un orgánico precursor de ozono muy potente, por lo que debe establecerse un porcentaje óptimo de adición a las gasolinas ponderando no tanto la reducción en la emisión de co, que es el principal objetivo, y el cual, según las autoridades, se mantiene muy por abajo de la norma respectiva, sino buscando que la emisión de nox y de aldehídos sea la mínima factible sin sacrificar el nivel de octanaje. Vigilar el posible uso de manganeso (mmt) como aditivo.

Es necesario crear mecanismos de vigilancia de la eficiencia de los convertidores catalíticos en los vehículos que ya lo tienen, así como establecer programas de crédito para la reposición de aquellos dispositivos ya inoperantes, en virtud de que el kilometraje acumulado hasta la fecha y los problemas de suministro de gasolina sin plomo del pasado en vehículos con alta circulación, pueden ya ser problemáticos por la ineficacia para controlar nox y hcr.

Al no haber posibilidades de renovación del parque vehicular, se debe buscar y promover la instalación de dispositivos mecánicos de bajo costo en la flota anterior y posterior a 1991 que aseguren una combustión más eficiente y, como consecuencia, una menor emisión de contaminantes, además de un ahorro en el costo del combustible. Dispositivos de este tipo como los mejoradores de flujo de inyección de combustible, han demostrado su bondad en estudios realizados por el imp, por lo que representan una opción para satisfacer esta necesidad. Deben dejarse para un futuro otras opciones como el retro-acondicionamiento de vehículos anteriores a 1991 con catalizadores o cambiar a glp, ya que el costo asociado prácticamente prohibe su aplicación.

Se debe acelerar la instalación de controles de vapores de combustibles en las gasolineras, ya que esta medida por sí sola garantiza una reducción cercana al 10% en las emisiones de hcr. Además de que no se justifican más estudios sobre cuál tecnología es mejor, dado que son tecnologías probadas ya en otros países.

Se deben controlar a la brevedad posible las emisiones de los nox de las termoeléctricas localizadas en la zmcm ya que ésta es una alternativa segura de bajar las emisiones de nox con impacto en la atmósfera urbana, con lo que se favorecen las condiciones de reducción de ozono y de pm-10 en la química atmosférica.

Se deben establecer mecanismos y comités de vigilancia de la calidad de las gasolinas (magna sin, nova y premium), externos a Pemex para asegurar que los combustibles en verdad estén cumpliendo con los requisitos de poca reactividad, recomendados y comprometidos por la paraestatal.

Las gasolinas Pemex magna y premium, deben ajustarse a una rvp baja óptima a las condiciones de altitud de las ciudades mexicanas, recordando que este factor físico puede hacer que, aun con una rvp baja, a una altitud mayor a dos mil msnm puede ser inefectivo para controlar la volatilidad. Además, puede lograrse un abatimiento importante de olefinas, adicional al recomendado como óptimo, con la ayuda de una mezcla de aromáticos menos reactivos y mtbe, siempre y cuando sea para uso exclusivo de vehículos equipados con convertidores catalíticos.

Por otro lado, debe disminuirse el contenido de benceno en las gasolinas por su potencial tóxico.

Es importante establecer que cada región tiene unas características de temperatura ambiente, presión atmosférica y ventilación natural diferente, por lo que definir un estándar único de composición de gasolina reformulada sin plomo para todo el país no asegurará una reducción en la problemática fotoquímica y sí puede acarrear problemas adicionales.

Se recomienda continuar con el programa i/m estableciendo mecanismos de vigilancia más estrictos, tales como la verificación externa de los macrocentros y de las unidades de verificación.

Debe reforzarse el monitoreo de hcr en las zonas metropolitanas, en especial la zmcm por ser vital esta información para el desarrollo y vigilancia de estrategias de control.

Es necesario determinar la responsabilidad penal jurídica correspondiente para funcionarios de los sectores público y paraestatal, y para todo aquel que realice un ocultamiento, engaño, desvío de fondos o beneficio personal, utilizando, manipulando o comprometiendo la administración de la calidad del aire y, como consecuencia, la salud de la población.

Con esta serie de recomendaciones, se optimizaría la infraestructura existente y económicamente disponible, asegurando una disminución de los niveles de ozono con una cobertura de exposición poblacional menor. Debe subrayarse que es criminal hacer declaraciones tales como “se requieren 20 años para resolver el problema” o “la población debe aprender a vivir con el problema del ozono” o “las áreas desforestadas son las responsables de la existencia de partículas pm-10”, que sólo enmascaran la ineficiencia de los responsables y que desfavorecen cualquier acción tendiente a mejorar la calidad de vida de los mexicanos.

  

Mejorar la calidad del aire que respiramos es uno de los desafíos que más convoca el interés y la preocupación de quienes habitamos en la zona metropolitana del valle de México. Este no es un reto sencillo, ya que los problemas de contaminación atmosférica que afectan dicha calidad son el reflejo de profundas implicaciones estructurales, funcionales y territoriales, viculadas con la  forma en que usamos y manejamos la cuenca atmosférica en donde se ubica nuestra urbe.

La calidad del aire de una cuenca atmosférica depende, en primer lugar, del volumen de contaminantes emitidos, del comportamiento fisicoquímico de éstos y de la dinámica meterorológica que determina su dispersión, transformación y remoción en la atmósfera.

  

El ozono y las partículas suspendidas representan los principales problemas de contaminación atmosférica en el valle de México. El bióxido de nitrógeno y el monóxido de carbono también llegan a sobrepasar las normas.

 

Acerca de los autores

Humerto Bravo Álvarez es egresado de la Facultad de Ciencias Químicas de la unam, hizo estudios de maestría en Química nuclear (unam) y de doctorado en la Universidad de West Virginia, Estados Unidos. Inició los estudios en Ciencias Atmosféricas e Higiene Industrial en el Laboratorio Kettering en la Universidad de Cincinnati, donde se especializó en Higiene Industrial. Realizó estudios de Ingeniería Ambiental (aguas residuales) en el Centro de Ingeniería Robert A. Taft de Cincinnati. Trabajó como investigador del Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas (ncar) en Boulder, Colonia y recibió el diploma de especialización en el Instituto de Física Atmosférica de Budapest, Hungría.

Fue el primer presidente y miembro fundador de la Asociación Mexicana contra la Contaminación del Agua y Aire en 1965. Fundador del comité binacional México-eua para estudios de los problemas ambientales fronterizos en 1985. Fundador del Centro Nacional de Investigación en Calidad Ambiental, ac, en 1986.

Ha sido miembro activo de Air Quality Committee of the American Foundyme’s Society; s-10 Committee of the International Affairs of apca; del tt-8 Acid Precipitation Committee apca; del Programa nacional indicativo de Ecología del Conacyt; del Comité técnico consultivo de la Red Automática de Monitoreo del Aire, Sedue; Coordinador del Comité técnico de control de la contaminación del aire de la Sociedad Mexicana de Ingeniería Sanitaria y Ambiental, México de 1989 a 1992; miembro del sub-comité de Normas de Calidad del Aire, en la Secretaría de Salud de 1992 a la fecha; miembro y asesor de la Comisión Metropolitana para el Control de la Contaminación Ambiental en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, de 1992 a la fecha.

Participó en el desarrollo de la ley federal para prevenir y controlar la contaminación ambiental en México, así como en el reglamento para la prevención y control de la contaminación del aire, originada por polvos y humos, del reglamento para la prevención y control de la contaminación de aguas y el reglamento para la prevención y control de la contaminación ambiental originada por la emisión de ruidos.

Fue director general de contaminación ambiental de la Sedue. Es investigador titular y jefe de la sección de contaminación ambiental del Centro de Ciencias de la Atmósfera desde 1977. Es autor de más de 80 publicaciones en contaminación ambiental. Fue presidente del capítulo México de la Air & Waste Management Association, de 1989 a 1991. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

Recibió el Premio Nacional del Medio Ambiente serfin en 1988; premio Ingeniero Pedro J. Caballero, otorgado por la Sociedad Mexicana de Ingeniería Sanitaria y Ambiental, Oaxaca en 1990; el premio Frank A. Chambers de la Air & Wastle Management Association en Cincinnati, Ohio, por su labor de desarrollo de la ingeniería ambiental en México.

 

Ricardo Torres Jardón hizo estudios de Ingeniería Química en la Facultad de Química y de maestría en Ingeniería Ambiental en la División de Estudios de Posgrado, de la unam. Cursó estudios técnicos de especialización en instrumentación analítica, administración de proyectos de ingeniería, análisis de riesgo, modelos de dispersión de contaminantes atmosféricos y tóxicos y tratamiento y restauración de sitios contaminados en el ipn, la unam, el pnuma y la Air & Waste Management Association.

Miembro del grupo de investigación de la sección de contaminación ambiental de