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Unión de Grupos Ambientalistas,
I. A. P.

Deforestación y Degradación Forestal en México


 

Deforestación y Degradación Forestal en México

 

 

Corte esos árboles y quémelos y pasarán muchos nutrientes

al suelo en forma de cenizas. Pero cuando usted coseche el cultivo y

deje el ganado correr, el pasto estará sacando los nutrientes

fuera del sistema y dejando que más de 100 pulgadas

de lluvia al año arranquen el suelo...

después de unas cuantas estaciones nada crecerá.

 

 

Omar R. Masera

 

Introducción

 

 

México ocupa un lugar privilegiado en el mundo por la diversidad de sus bosques naturales. Los bosques y selvas brindan una infinidad de servicios ambientales, desde la regulación del ciclo hidrológico y el microclima hasta fenómenos globales como la biodiversidad y la captura de carbono. Los bosques son también una importante fuente de ingresos y de materias primas para los pobladores rurales de México al igual que para un número amplio de pequeñas empresas y grandes industrias forestales.

A pesar de este enorme acervo, históricamente el desarrollo económico en nuestro país se ha dado a costa de y no en armonía con sus recursos forestales. Hemos tenido el triste privilegio de estar entre el grupo de países con las tasas de desforestación más altas del planeta. De hecho, actualmente sólo nos queda alrededor del 10% de la superficie original de selvas altas y cerca de la mitad de la superficie de bosques templados.

Desarrollar alternativas que nos permitan conservar adecuadamente los bosques existentes ¾e incluso recuperar parte de lo perdido¾ y al mismo tiempo satisfacer las necesidades de los diferentes actores sociales involucrados en el sector forestal, es entonces una tarea impostergable. En este ensayo examinamos el estado actual de la desforestación y degradación forestal en el país, su diferenciación geográfica y por tipo de bosques. Revisamos también brevemente el tipo de estrategias y opciones de manejo forestal que facilitarían la transición al uso sustentable de los bosques en el mediano plazo.

 

El proceso de desforestación: antecedentes históricos

 

México ha perdido la mayor parte de la cobertura original de bosques y selvas (gráficas 1a y 1b). Se estima que las selvas altas, por ejemplo, ocupan actualmente sólo el 10% de la superficie original (Rzedowski, 1978). La historia del proceso de desforestación en el país es larga y compleja. Probablemente la primera tala de bosques a gran escala ocurrió a principios del periodo colonial ¾entre los siglos dieciseis y diecisiete¾ cuando los conquistadores españoles forzaron a los grupos indígenas a abandonar las mejores tierras agrícolas y éstos tuvieron que establecerse en terrenos forestales (González, 1992). Las enormes cantidades de leña y madera que se necesitaban para la explotación minera durante todo el periodo colonial contribuyó también a la eliminación de grandes superficies de bosques (González, 1992).

El proceso de desforestación tuvo otro pico importante en el periodo comprendido entre el final del siglo diecinueve y principios del veinte. Durante este periodo el gobierno de México otorgó concesiones a compañías extranjeras para que explotaran enormes superficies boscosas. Estas compañías cortaban a mata rasa el recurso, moviéndose por las áreas concesionadas a medida que agotaban la madera de los bosques (González, 1992). Este tipo de explotación fue particularmente feroz en los bosques templados del centro de México y dio por resultado vedas forestales que duraron incluso hasta los años setenta en algunos estados (por ejemplo, Michoacán).

El impulso final y el más dramático al proceso de desforestación y degradación forestales se inició en los años cuarenta y tuvo su apogeo en las décadas de 1960 y 1970. En este caso, las selvas fueron las más afectadas. La tala de las selvas fue resultado de varios procesos. Por una parte, se instauraron extensos programas de colonización, utilizando a las selvas como un medio para evitar la distribución de la tierra en las áreas agrícolas existentes (Paz,1995). Asimismo, se financiaron enormes proyectos de desarrollo ¾muchos de ellos impulsados activamente y financiados por agencias internacionales como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo¾ para la construcción de diversas obras de infraestructura y para impulsar la ganadería extensiva. Para esto último se otorgaron cuantiosos subsidios e incentivos de todo tipo.[i]

 

Situación actual de la deforestación en México

 

 

Para principios de los años noventa, un 25% de la superficie de México (aproximadamente 50 millones de hectáreas) estaba cubierta todavía por bosques cerrados, es decir selvas altas y bajas, más los bosques templados y bosques mesófilos. De este total, prácticamente la mitad eran bosques (25.5 millones de hectáreas) y la mitad selvas (24.1 millones de hectáreas). Adicionalmente existían alrededor de 66 millones de hectáreas de bosques abiertos: matorrales, huizachales y otros tipos de vegetación semiárida (cuadro 1). [ii]

A pesar de la magnitud de los procesos de cambio de uso de suelo que se han verificado en el país, no se cuenta actualmente con estimaciones precisas de las tasas de desforestación y degradación forestal. Esto ha sido resultado de: 1) inconsistencias en las definiciones de los tipos básicos de vegetación entre los diferentes inventarios forestales y entre diferentes instituciones; 2) cada uno de los tres inventarios forestales con los que se cuenta actualmente (Primer inventario forestal sarh, 1986; Inventario forestal de gran visión, sarh, 1992 e Inventario forestal periódico, sarh, 1994) se efectuaron con imágenes de satélite de diferente resolución y cobertura, por lo que no se puede hacer una comparación directa entre ellos; 3) no ha existido una actitud gubernamental decidida para obtener información más precisa sobre tasas de cambio de uso del suelo. Estos problemas han llevado a una proliferación de estimaciones sobre tasas de desforestación, cuyo rango oscila entre 370 mil y millón y medio de hectáreas al año (cuadro 2).

Afortunadamente, existe evidencia parcial que nos permite obtener, por lo menos, estimaciones preliminares de la magnitud de la pérdida de cobertura vegetal en el país en estas dos últimas décadas. Globalmente comparando el Primer inventario forestal nacional con el Inventario forestal de gran visión (que presenta datos de la superficie forestal para 1990), se obtiene una pérdida de 7.2 millones de hectáreas de bosques cerrados en un periodo aproximado de 10 a 15 años, correspondientes a tasas de cambio de entre 1 y 1.5% al año. Por otra parte, estudios de caso disponibles para los distintos tipos de bosque cerrados, realizados mayormente en la década de los ochenta, revelan pérdidas del 2% y hasta más del 7% al año, dependiendo del tipo de bosque (cuadro 3).

Combinando la información anterior con estudios efectuados por la sarh (1992), fao (1990) y fuentes independientes (Masera et al, 1992) se puede estimar que, para finales de la década de los ochenta,  la pérdida anual en selvas alcanzaba entre 189 y 501 mil hectáreas por año, que corresponde a tasas de desforestación de entre el 0.8 y el 2% anual. La estimación baja probablemente subestima la pérdida de selvas bajas, pues la información es muy deficiente para este tipo de vegetación. La pérdida anual en bosques era de entre 127 mil y 167 mil hectáreas por año, correspondiente a una  tasa de desforestación de aproximadamente 0.5% a 0.8% al año. La discrepancia entre la estimación baja y la alta se debe esencialmente a diferencias sobre el porcentaje de la superficie afectada por incendios forestales que se considera que termina por ser desforestada. Según estimaciones de la sarh (1992) la pérdida de vegetación semiárida es de aproximadamente 50 mil hectáreas por año. Al igual que para el caso de las selvas bajas existe una incertidumbre grande en esta cifra. El cuadro 4 presenta el detalle de la desforestación por tipo de bosque para la estimación alta.

La desforestación total en el país se ubicaría entonces entre 370 y 720 mil hectáreas al año. Con base en los estudios de caso disponibles y evidencia indirecta muy probablemente la tasa de desforestación real se ubica próxima al valor alto.

 

Diferencias regionales de las tasas de desforestación

 

 

Las tasas de desforestación nacional presentan diferencias significativas por región. Utilizando la regionalización propuesta en el Inventario forestal de gran visión, que divide el país en cuatro grandes zonas (noroeste, noreste, centro y sureste) se obtiene que un 80% de la desforestación total del país está concentrada en las regiones centro y sureste de México. En estas regiones, la desforestación alcanza entre 115 y 135 mil hectáreas por año para bosques y entre 288 y 428 mil hectáreas por año para selvas (cuadro 4 y gráfica 2, para la estimación alta).

La desforestación tiene también diferencias marcadas por estado. En Tabasco por ejemplo, entre 1940 y 1980 se eliminó prácticamente toda la superficie de selvas. Michoacán es el estado en donde se registran las tasas más altas de pérdidas de bosques con más de 50 mil hectáreas por año para la estimación baja, mientras que en Campeche y Quintana Roo se registra la pérdida más extensa de selvas: entre 50 y 80 mil hectáreas por año, según la estimación (gráfica 3).

 

Degradación forestal en México

 

 

La información acerca de la degradación de los bosques de México es sumamente fragmentada. Sin embargo, la evidencia existente nos permite concluir que esta última es severa y se encuentra en aumento, dado los siguientes factores:

Las áreas forestales perturbadas han aumentado de 17.8 millones en el primer inventario forestal a 22.2 millones de hectáreas en el último inventario. Estas zonas se concentran en lo que otrora fueran bosques templados de los estados del centro y sur del país y en la península de Yucatán.

Anualmente, la superficie afectada por incendios alcanza entre 90 mil y 500 mil hectáreas. La mayor parte de los incendios son provocados por el hombre y una buena parte son recurrentes (afectan la misma superficie forestal en periodos cortos de tiempo). Esto impide que la masa forestal alcance un pleno desarrollo, fomenta plagas y enfermedades y facilita el cambio de uso del suelo.

Un análisis agregado de la demanda de productos forestales indica que existe una extracción total de aproximadamente 50 millones de m3/año, de la cual un 80% se dirige a la satisfacción de necesidades de subsistencia (principalmente leña, con 38 millones de m3/año). Este cálculo contrasta con las estadísticas oficiales, que sólo cuantifican la extracción comercial, equivalente a 8.1 millones de m3 para 1990 (es decir, solamente el 20% de la extracción total de madera).

Como consecuencia de un manejo técnico deficiente la mayor parte de las zonas forestales comerciales presentan una pérdida de volumen comercial de madera y cambios indeseados en la composición del bosque.

En contraste con estas cifras, las acciones de reforestación en el país se ven todavía muy limitadas. Se estima que para 1990 se habían reforestado efectivamente ¾es decir tomando en cuenta sólo las reforestaciones exitosas¾ alrededor de 132 mil hectáreas. Actualmente la Semarnap está llevando a cabo esfuerzos importantes en actividades de reforestación y restauración forestales, pero es necesario todavía que los programas pasen de la plantación de árboles a esquemas que aseguren una sobrevivencia mucho mayor de las plántulas en el mediano y largo plazos.

 

Causas de la desforestación

 

 

Los factores que inducen el cambio de uso del suelo son muy complejos. Incluyen aspectos económicos (por ejemplo, la ganancia esperada por usos alternativos del suelo), demográficos (como la presión por tierra para agricultura), políticos (las normas que regulan la tenencia de la tierra) y técnicos (como la aptitud de los terrenos para diferentes usos).

En general, entender el proceso de desforestación implica tanto la identificación de lo que podríamos llamar factores puntuales del cambio de uso del suelo (por ejemplo, la agricultura, la ganadería, la tala clandestina y otros) como el análisis de las políticas específicas por sector o de tipo estructural que brindan varios de los incentivos básicos para la remoción de la cobertura vegetal (cuadro 5). Históricamente, tres de los principales factores que han alentado el proceso de desforestación en el país han sido: 1) un marco institucional y económico contrario al sector forestal y a los dueños de los recursos forestales; 2) presiones para la conversión de los bosques a la agricultura y ganadería y 3) ineficiencia de la industria forestal y sistemas de manejo de bosques naturales técnicamente muy deficientes.

La importancia de los distintos factores puntuales de cambio de uso del suelo varía con el tipo de bosque. En las selvas, la secuencia típica del proceso de desforestación inicia con la extracción de madera preciosa. Mediante esta actividad se construyen normalmente los primeros caminos al interior de la selva, mismos que facilitan la colonización espontánea de campesinos pobres. Luego de que se ha extraído la madera preciosa, la selva se desmonta y se utiliza por unos pocos años para la agricultura de temporal. Subsecuentemente el terreno se dedica a pastizal permanente. Las ventajas comparativas que ofrece la producción de ganado frente a cultivos tradicionales como el maíz y la ausencia de mercados para maderas comunes tropicales u otros productos del bosque inducen la conversión última de las selvas a pastizales. La agricultura de roza, tumba y quema es también un factor de desforestación, particularmente cuando se acortan los periodos de barbecho. Finalmente, la industria petrolera ha contribuido de manera directa (mediante la exploración y explotación de pozos) e indirecta (por la construcción de caminos) al proceso de desforestación en el trópico.

En los bosques, un factor dominante del proceso de desforestación son los incendios forestales. Estos incendios son, en su inmensa mayoría, provocados para aumentar la productividad de los pastos del sotobosque que se utilizan para el pastoreo de ganado o para reclamar los árboles como madera muerta en áreas que no tienen permisos de aprovechamiento. La tala clandestina de madera y la apertura de tierras para la agricultura comercial son también factores importantes de pérdida del recurso forestal.

Un análisis muy aproximado realizado por Masera et al (1992) en el cual se incluye el total de la supeficie afectada por incendios forestales, indica el siguiente patrón de cambio de uso del suelo, según los distintos factores puntuales: a) en los bosques prácticamente el 50% de la superficie afectada se debe a incendios, un 28% a ganadería y un 17% a la agricultura; b) en las selvas, la ganadería es responsable de casi el 60% de la superficie desforestada, los incendios representan entre 7 y 22% y la agricultura del 10 al 14%; c) de manera agregada, la ganadería es responsable en un 49% del cambio de uso del suelo, los incendios afectan un 24% y la agricultura 13% (cuadro 6).

Contrariamente a la noción difundida de que el crecimiento poblacional es el responsable por excelencia del cambio del uso del suelo, análisis detallados para México muestran que no existe una correlación definida entre el aumento de la población y la desforestación (fao, 1990; Mendoza, 1997). Este tipo de análisis demuestra que aunque el aumento demográfico puede ser importante a nivel puntual, en México como en otros países de Latinoamérica, factores como la distribución desigual de la tierra, o políticas de subsidios contrarias al sector forestal han sido históricamente los factores decisivos en los procesos de desforestación a gran escala.

 

Escenarios futuros de la evolución de la cubierta forestal

en el país

 

Análisis recientes acerca de posibles escenarios futuros del sector forestal (Masera, 1995; Bellóne et al, 1994) permiten establecer una clara disyuntiva:

Continuar con las tendencias actuales y perder el 50% de los bosques existentes para el año 2030 con el consecuente aceleramiento del proceso de deterioro ambiental local (erosión, pérdida  de recarga de acuíferos, etcétera) y global (emisiones de Co2) (gráfica 4).[iii]

Hacer un cambio radical de estrategia y convertir al sector forestal en fuente de divisas, empleo y grandes beneficios ambientales. Con esta estrategia se conseguiría un aumento neto de la superficie forestal en el largo plazo (gráfica 4).

Los elementos generales de esta última estrategia son: 1) considerar tanto las necesidades de los usuarios de los bosques como las del sector industrial, de manera que México sea autosuficiente en productos forestales y exista incluso un remanente para exportación; 2) dar énfasis al manejo de los bosques naturales para la producción de madera en rollo; impulsando en estas áreas el aprovechamiento de especies de hoja ancha y maderas comunes tropicales (recordemos que en México prácticamente el 100% del aprovechamiento forestal se realiza en bosques naturales); 3) apoyar la recuperación de las áreas forestales degradadas y el crecimiento económico del sector forestal mediante el fomento de plantaciones forestales comerciales para producción de pulpa y plantaciones energéticas para producción de electricidad. Estas plantaciones se establecerían exclusivamente en las zonas forestales perturbadas; 4) desarrollar un intenso programa de reforestación y recuperación de otra porción de las áreas degradadas, basado en el establecimiento de especies nativas; 5) dedicar un mínimo del 10% de la superficie actual por tipo de bosque para fines de conservación de la biodiversidad empleando esquemas que brinden beneficios económicos a los pobladores cercanos a estas áreas y 6) garantizar el uso sostenible de la leña, con énfasis en las regiones con mayor escasez del energético.

Las opciones que se consideraron para lograr estos objetivos incluyen: 1) conservación de áreas naturales protegidas; 2) manejo de bosques naturales templados y tropicales; 3) promoción de estufas eficientes de leña para la cocción doméstica; 4) programas de restauración forestal; 5) plantaciones forestales para pulpa y papel; 6) plantaciones energéticas y 7) sistemas agroforestales.

Los aspectos más interesantes de la estrategia alternativa propuesta son, por un lado, demostrar que el deterioro de los bosques de México no tiene que seguir necesariamente un proceso irreversible. Por otro lado, se demuestra que existen formas de conseguir un balance entre conservación forestal y desarrollo económico. En efecto, al brindar beneficios netos tangibles para los encargados de llevar a la práctica las diferentes opciones y actuar con una visión de largo plazo, se evitan contradicciones de fondo entre los objetivos locales (tales como obtención de ingresos por el manejo forestal) y los globales (como la captación de carbono o la biodiversidad).

 

Conclusiones

La acelerada pérdida y degradación de selvas y bosques templados son de los problemas ambientales más severos del país. En efecto, la desforestación y el deterioro de los bosques están asociados a múltiples impactos, como cambios microclimáticos, reducción de la recarga de acuíferos, erosión de suelos, azolve de presas y lagos, pérdida de la biodiversidad y emisiones de gases de invernadero que contribuyen al cambio climático global, entre otros problemas.

Aunque difícil de estimar con precisión por la carencia de información, hemos visto que anualmente perdemos entre 370 y 720 mil hectáreas de masas arboladas y muy probablemente la cifra real esté cercana a la estimación alta. Particularmente dramática es la situación de los bosques templados y las selvas del centro y sur de México, en los cuales se concentra el 80% del total de la desforestación. Si bien el asunto de la desforestación de las selvas de México ha recibido bastante difusión nacional e internacional, es muy importante recalcar que los bosques templados del centro y sur del país, que son altamente diversos y productivos, están sujetos a todos los cambios y degradación similares a los de las primeras. Merecen, por tanto, atención especial y el desarrollo de programas de conservación y restauración.

Escenarios futuros de la evolución de la superficie forestal muestran que, de mantener las tendencias actuales, podríamos perder el 50% de los bosques y selvas existentes para el año 2030. En contraste, si se hace un verdadero esfuerzo por reactivar el sector forestal, con base en un análisis de las necesidades de los distintos actores sociales involucrados, se conseguiría aumentar  la superficie forestal actual y convertir a los bosques en fuente de divisas, empleo y grandes beneficios ambientales.

Es tarea de todos actuar desde ya para enderezar el rumbo y hacer de nuestros bosques un verdadero baluarte del desarrollo sustentable en el país.

Agradecimientos

 

El apoyo de Antonio Ordoñez en la edición de los cuadros, gráficas y referencias del presente trabajo fue esencial para concluir este trabajo.

 

 

Cuadro 1. Patrón actual de uso del suelo México 1990

Tipo de uso

 

Superficie

(millones ha)

Desforestadas

(miles ha/año)

 

Reforestadas

(miles ha/año)

Total

Forestal

·      Bosques cerrados

Bosque

Coníferas

      Latifoliadas

Selva

Alta

      Baja

·      Bosques abiertos

·      Zonas degradadas

      Bosque

      Selva

      Abiertos

 No forestal

·      Agricultura y pastizales

·      Otros usos

 

196.6

137.1

49.6

25.5

17.1

8.4

24.1

8.7

15.4

65.9

21.6

~6.8

~9.6

5.0

59.5

 51.7

7.8

 

370-720

 

127-167

 

 

189-501

 

 

54

 

20.0

(132 mil ha plantadas hasta 1990)

 

 

 

Fuente:        A partir del Inventario forestal de gran visión. sarh, 1992 y Bellón et al, 1994. La categoría bosques abiertos se refiere a la vegetación característica de las zonas semiáridas (matorrales, huizachales, etcétera).

 

   

Cuadro 2. Rango de estimaciones sobre tasas de desforestación en México (miles de ha/año)

 

Fuente

 

Bosques

 

Selvas

Bosques abiertos

(zonas áridas)

Total

Comentario

 

 

 

 

 

 

 

 

Toledo, 1989a 

na

na

na

1500

Incluye bosques abiertos y pastizales

 

Repetto, 1988

na

460

na

460

No indica forma de cálculo

 

Myers, 1989

na

700

na

700

Asigna desforestación total a los bosques tropicales

 

fao, 1988

125

470

20

615

No se conoce forma de cálculo

 

wri, 1992-1994

na

na

na

615-678

Cifra baja tomada de fao, alta no menciona forma de cálculo; indica que sarh estima 406,000 hectáreas para 1990

 

sarh, 1990

127

202

41

370