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Unión de Grupos Ambientalistas,
I. A. P.

Agricultura Orgánica



Agricultura Orgánica

 

No tomes todo de la tierra,

no acabes con lo mejor de ella,

déjale algo de tu corazón.

Plinio el Viejo

Ronald B. Nigh

Martha Leticia Zárate López

 

Introducción

Sólo hay dos tipos de productores de granos básicos: los que tienen las tierras aptas y los medios para adoptar el paquete tecnológico de la revolución verde y producir en grandes volúmenes y, en segundo lugar, están los campesinos, en gran parte dueños de pequeñas parcelas, con tierras de ladera, que producen volúmenes relativamente reducidos y que son considerados de alto riesgo en la asignación de créditos bancarios para sus actividades agrícolas.

A los primeros, el gobierno les ve futuro en el nuevo mercado de libre comercio y les proporciona asesoría técnica, créditos y otros apoyos. Pero a los segundos no les ve futuro como productores. Los arquitectos de estas políticas colaterales al tlc sostienen que sus programas premiarán la eficiencia y traerá como resultado la modernización de la agricultura mexicana.

Pero esta solución solo ofrece opción a muy pocos. Los beneficiarios potenciales de las nuevas políticas serían un máximo de 700 mil productores en unos 2.9 millones de hectáreas del país consideradas aptas para la tecnología agrícola industrial. Se estima que solamente el 12% de las tierras agrícolas de México reúnen estás condiciones.

En cambio, los 5 millones de campesinos que trabajan más de cuatro millones de hectáreas no cuentan con un programa del gobierno para mejorar la producción y comercialización de su maíz. Las políticas agropecuarias del actual régimen no ofrecen nada para la mayor parte del campo mexicano. Algunos de estos campesinos han decidido buscar sus propias soluciones mediante la agricultura orgánica.

La alternativa

Abandonados a su suerte, algunos grupos campesinos han buscado soluciones por su cuenta partiendo de una serie de concepciones filosóficas, basadas en la cultura mesoamericana indígena y los conceptos económicos actuales, que contrastan de manera drástica con la agricultura convencional:

La agricultura es una relación con la naturaleza que requiere de un pensamiento integral que considere todos los factores relevantes al medio rural: social, ambiental, económico y cultural. No es una industria que deba ser analizada estrictamente en términos de sus entradas y salidas, costos de producción y ganancia. Los cultivos son diversos, cada uno centrado y orientado con un fin diferente, adaptada a un medio particular y parte integral de la biodiversidad de los cultivos originarios de Mesoamérica como centro de domesticación.

La milpa es un policultivo en el que, aparte del maíz, se producen otros cultivos de una lista de 60 posibles que proporcionan alimentos, materia prima, medicinas, ornatos y otros para la venta o para el uso del campesino. No es un monocultivo sujeto a la uniformidad y la mecanización que requiere el incremento de agroquímicos tóxicos para mantener la producción.

Las modernización de la producción tradicional en la mayor parte de las tierras agrícolas mexicanas se logrará con una tecnología de alta productividad para pequeñas parcelas, basadas en semillas nativas adaptadas a la región con tecnología orgánica, ambientalmente sana y socialmente apropiada; no se logrará con la mecanización a gran escala ni en el uso de insumos industriales que provocan la dependencia económica y el deterioro ambiental.

La tendencia del mercado global está encaminada a privilegiar los productos orgánicos con calidades especiales, producidos en un contexto de conservación local y fomenta la sociedad y cultura rurales. Rechazar los productos contaminados obtenidos en gran volumen a expensas de la calidad y que descuidan la dimensión socio-cultural del campo.

 

Historia de la agricultura

La agricultura se inicia aproximadamente hace 12 mil años en Mesopotamia, lo que ahora constituye los países de Irán e Irak. La agricultura en el Nuevo Mundo empieza hace diez mil años. Los cultivos más importantes domesticados en México y Guatemala fueron maíz, frijol, calabaza, jitomate, amaranto y chile.

La agricultura tradicional:

 La agricultura tradicional es la que ha evolucionado de la experiencia milenaria de los agricultores y es parte del acervo cultural de la sociedad. Ahora es asociada con la rosa-tumba-quema pero había muchos variantes de acuerdo a los cultivos y las condiciones. Se tomaban en cuenta los fenómenos naturales, los tipos de suelo, las fases de la luna y otras cosas para desarrollar sus prácticas agrícolas y además no utilizar químicos para el control de las plagas ni para la fertilización. Hoy en día la agricultura tradicional se realiza en condiciones de marginación y pobreza y recibe muy poca inversión.

 La agricultura moderna:

 Es un tipo de agricultura que se origina con la revolución verde, es decir, incremento de la producción por la aplicación de fertilizantes sintéticos, de productos químicos para el control de plagas y enfermedades y el empleo de semillas híbridas creadas para responder a estos insumos; se busca sustituir la mano de obra por maquinaria. Se inicia en México a partir del año de 1940 con la llegada de ingenieros y agroquímicos tóxicos de los Estados Unidos financiados por la Fundación Rockefeller y el gobierno mexicano, quien abandona la política anterior de mejorar de mejorar la agricultura tradicional.

 La agricultura mixta:

 Esta es una forma de cultivo que practican muchos campesinos en la que se combinan prácticas tradicionales con elementos de la agricultura moderna, como por ejemplo, los herbicidas o algún fertilizante. Normalmente la asesoría la da el encargado de la tienda que vende agroquímicos. Se hace sin ningún análisis o planeación en la parcela y los resultados son muy impredecibles. La mayoría de las veces el agricultor sale perdiendo. No tiene ninguna ventaja esta forma de agricultura.

 La agricultura orgánica:

 Nace en la Gran Bretaña después de la segunda guerra mundial, teniendo como base la protección del suelo, la fertilización orgánica y la conservación de la diversidad. Las plagas se controlan por métodos manuales o biológicos (se fundamenta en las teorías desarrolladas por sir Albert Howard en su Testamento agrícola). Todo esto con la finalidad de aumentar la calidad y la productividad, además de preservar el ecosistema. La agricultura orgánica comparte mucho con la agricultura tradicional pues no contamina y además conserva la cultura y garantiza una vida digna. Este tipo de agricultura también ofrece mucha potencialidad para la comercialización.

 

Un aspecto dentro de la definición de agricultura orgánica es el concepto de verificable. Lo que distingue el término agricultura orgánica de otros como agroecología, agricultura sustentable o agricultura alternativa es que tiene un conjunto de normas internacionales reconocidas y organismos que certifican que los agricultores cumplan con estas normas.

Otro aspecto de la diferenciación de la agricultura orgánica de la convencional, es que apenas han iniciado en los países templados; un grave error de la agricultura moderna es pensar en la producción de alimentos como una industria. La agricultura no es un proceso industrial, mecánico, como la fabricación de bicicletas. Es un proceso natural que depende de un ecosistema en el que un conjunto de factores influyen para determinar el resultado de una siembra. Ese conjunto de factores –la interacción de poblaciones, los flujos de energía, los ciclos de nutrientes y del agua, la sucesión ecológica, entre otros– son procesos interdependientes; no podemos afectar una variable sin modificar todo el conjunto.

 

Las técnicas del cultivo orgánico consisten en:

 

a)   Obras de protección del suelo (zanjas y bancales)

 

b)   Sabricación de abono orgánico (composta, vermicomposta)

 

c)   Labranza mínima

 

d)   Abono verde

 

e)   Policultivo

 

 

Manejo ecológico de plagas y enfermedades.

 

Administración de plagas

Dentro de la agricultura orgánica es posible administrar las plagas para controlar su número y reducir los daños; así como aumentar la resistencia de las plantas por medio del incremento de la flora y fauna bacterianas. Existen pasos básicos para favorecer el control biológico, ya que es necesario cuidar y proteger a los insectos. Es importante identificar y conocer los ciclos de vida de los insectos que pueden estar causando daño.

Mientras que con las técnicas modernas se tiene una fuerte dependencia al uso de insumos –energía, sustancias químicas, maquinaría pesada– y se busca crear, artificialmente un ambiente ideal para los cultivos, la agricultura orgánica fortalece sistemas naturales de fertilidad y trabajar con y no en contra de las tendencias ecológicas del medio en que se desarrolla el cultivo.

Aunque durante mucho tiempo existieron dudas acerca de la factibilidad de la agricultura orgánica de producir el volumen de alimentos que necesita el mundo actual, la experiencia en las últimas décadas ha demostrado que no se sacrifica productividad, eficiencia ni rentabilidad en la agricultura orgánica. Al contrario, ahora parece que solo la perfección de esta modalidad nos va a permitir una agricultura sustentable a la altura de las exigencias presentes.

 La agricultura orgánica urbana

Algún día, cercano al cambio de milenio, nacerá un niño urbano y su nacimiento alterará un crucial equilibrio. Ese día, presenciaremos la transformación de la humanidad de una especie predominantemente rural a otra eminentemente urbana. En 1810 existía una sola ciudad con una población superior al millón de personas: Londres. Hoy en día hay 35 ciudades que cuentan con una población de más de cinco millones de habitantes y la mayoría se encuentran en países en vías de desarrollo (Giradet, 1995). ¿Cuáles son las implicaciones de esta explosión urbana? ¿Pueden las ciudades del mundo acomodar tanta gente de manera sustentable? ¿ Qué impacto tendrá este crecimiento en el medio ambiente?

El valle de México ha estado habitado desde hace miles de años, según lo atestiguan diversos hallazgos, y una de las primeras actividades fue la agricultura según los restos encontrados en la delegación de Tláhuac, df. El medio empezó a ser modificado de manera más acusada desde la época colonial, siendo los recursos naturales afectados de diversas maneras ya que las nuevas formas de producción introducidas provocaron la reducción de superficies boscosas y la desarticulación del medio lacustre. Sin embargo, es en este siglo cuando hubo mayor deterioro debido a que la población urbana creció desmesuradamente en las cuatro últimas décadas, lo cual es el resultado tanto de la movilización de grupos de población de la periferia hacia la ciudad, así como de su propio crecimiento; los pobladores del área metropolitana sólo disponen de 2.33 m2 de área verde por habitante, aún cuando las normas urbanas internacionales recomiendan 12 metros cuadrados como mínimo (Organización Mundial de la Salud).

En nuestro país, la producción de alimentos es insuficiente por el crecimiento de la población por lo cual es necesario recurrir a la importación de granos básicos (frijol, maíz) de Estados Unidos, Argentina y de algunos países de África. Además, existe otro problema dentro del área metropolitana que es la desaparición de áreas verdes, relacionada con el crecimiento urbano.

El desarrollo de huertos familiares en zonas suburbanas, origina una agricultura periurbana, donde los productores tienen cerca los centros de consumo. Al fomentar su creación permitirá aprovechar los solares vacíos de las casas, con muchas ventajas tales como consumir productos frescos no tratados con agroquímicos, regados con agua limpia y el enriquecimiento de la dieta. La huerta puede ser complementada con árboles frutales, plantas medicinales y la cría de animales domésticos, se conforma una entidad ecológica en donde la producción podrá se destina al consumo familiar. A pesar de que estos cultivos no pueden considerarse como buena opción de mejoramiento económico para las familias que se dediquen a esta actividad, se puede garantizar la posibilidad el abasto durante todo el año.

La creación de huertos familiares en zonas suburbanas, origina una agricultura periurbana, donde los productores tienen cerca los centros de consumo, también la población se enfrenta a problemas de contaminación ambiental atmosférica, ruido, lo que permitirá utilizar o aprovechar los solares vacíos de las casas, esto ofrece muchas ventajas tales como consumir productos frescos, no tratados con agroquímicos, regadas con agua limpia, enriquecimiento de la dieta, la cual puede ser complementada con árboles frutales, plantas medicinales y la cría de animales domésticos; se podrá conformar una entidad ecológica en donde la producción podrá ser destinada a consumo familiar, a pesar de que éstos cultivos no pueden considerarse como grandes alternativas de mejoramiento económico para las familias que se dediquen a esta actividad, se puede garantizar la posibilidad de autoconsumo durante todo el año. Los huertos familiares –igual que los huertos comunitarios de barrio o de escuelas– representan para algunos sectores, no sólo del área metropolitana, una alternativa ante la crítica situación alimentaria y ecológica, además del rescate de algunas técnicas nativas de alta productividad.

Los huertos familiares no sólo son de producción, ya que se pueden asociar con plantas ornamentales y tener un huerto-jardín, lo cual también propicia relaciones de defensa mutua contra las plagas de las hortalizas, las plantas de ornato y las nativas.

Al hacerse la rotación de cultivos, se obtiene una producción diversificada durante todo el año y el terreno no se agota; dentro de los huertos familiares, la utilización del suelo se hace tradicionalmente, el sembrar, cuidar, cosechar y la recolección de semillas constituye una actividad la cual nos permite reencontrarnos con la naturaleza de la cual formamos parte. Otro aspecto muy importante es la participación familiar en las diferentes fases del cultivo, sirviendo como integrador de ésta; pudiéndose ampliar a la comunidad ya que al generar áreas agrícolas al interior de nuestros hogares estimulará una relación de amor y respeto por la naturaleza que , en el futuro, los lleve a la conservación del ambiente por medio del trabajo directo con éste, estimulando la experimentación y aprendizaje de la práctica.

La agricultura orgánica urbana puede ser integrada también con otros componentes de la creación de áreas verdes urbanas. Éstas pueden constituir una fuente de educación, y que dentro de estas áreas se cuenten con jardines botánicos, senderos demostrativos e, incluso, para que el visitante, aprenda sobre la flora y fauna local,y viva experiencias educacionales para comprender nuestro medio de una manera directa.

El mercado de alimentos orgánicos

La industria de alimentos naturales ha despertado poco interés de parte de la comunidad financiera y menos aún entre los estrategas del desarrollo rural en América Latina. Sin embargo, varios factores se han conjuntado en la actualidad para cambiar esta situación. Las características del crecimiento de este sector, el perfil demográfico de los consumidores y cambios dramáticos en la manera de producir y consumir los alimentos señalan que están surgiendo nuevas y poderosas tendencias económicas que no se deben de ignorar.

Varios analistas del ramo alimenticio han señalado importantes cambios de actitud entre los consumidores urbanos con respecto a la relación entre la salud y la dieta que son los precursores de una transformación fundamental en los patrones de consumo. Se refieren a la situación con la del tabaco: durante la década de los sesentas, la población de los Estados Unidos empezó a entender las implicaciones negativas de un patrón de comportamiento y, empezando hace unos 20 años, lo cambiaron. Muchos expertos creen que estamos en un punto de inflexión similar con respecto a los alimentos y la dieta.

Históricamente, los patrones de alimentación en los países desarrollados evolucionaron de manera característica. En cuanto que los consumidores tuvieron mayor poder adquisitivo, cambiaron sus fuentes principales de proteína de los granos, frijoles y verduras a productos de origen animal. A la vez, para sostener estos patrones de consumo más caros (tanto económica con ambientalmente), se aumentó el uso de sustancias tóxicas, hormonas exteriores, etcétera, para lograr aumentos en la producción de alimentos. Con mejores niveles de vida disminuyeron la enfermedades de la pobreza, pero, en gran parte por los cambios en la dieta, aumentaron las enfermedades de la afluencia, como son las múltiples formas de cáncer, enfermedades cardiacas, etcétera. Desde hace más de una década estas enfermedades han llegado a ser importantes fuentes de mortalidad entre las poblaciones urbanas de los países latinoamericanos.

Lo que ocurre ahora es que los consumidores de los países industrializados (y de las ciudades de América Latina) están más informados de la relación entre dieta y salud y, como consecuencia, están cambiando sus hábitos. Una encuesta entre consumidores estadounidenses arrojó que el 60% de ellos dijeron haber cambiando sus costumbres alimentarias específicamente para reducir el riesgo de infarto, hipertensión y arteriosclerosis y un 94% dijo haber cambiado su manera de consumir alimentos para mejorar sus salud en general.

Los alimentos orgánicos representan sólo una de las opciones que escogen los consumidores en busca de una dieta de mayor calidad. En Estados Unidos sólo el 17% de los consumidores encuestados en 1992 escogían con regularidad los alimentos orgánicos, sin embargo el crecimiento en este rubro es fuerte. En 1993, el mercado de alimentos, en este país creció en un 23% (a 1.9 millones de dólares). Se estima que la ventas en Estados Unidos crecerán nueve veces más durante el próximo decenio. A nivel mundial la International Federation of Organic Agriculture Movements (ifoam) calcula que el mercado de alimentos orgánicos crecerá a unos us 100 mmdd, o el 20% del mercado total de alimentos, alrededor del año 2000.

Los beneficios de los alimentos orgánicos considerados por los consumidores no se restringen a la salud. Las encuestas citadas arriba arrojan un perfil del consumidor de orgánicos como de edad joven, de mayor educación que la media y con preocupaciones sobre asuntos de política como las cuestiones del medio ambiente y el desarrollo sustentable. Estos consumidores perciben la compra de alimentos orgánicos como una contribución a resolver estos problemas. De hecho, el cambio a la producción de alimentos orgánicos ofrece ventajas a un país como México que busca reducir la dependencia del exterior, la contaminación y el uso irracional de los recursos naturales, y una agricultura económicamente viable, con capacidad para mantenerse así misma, con crecimiento a corto o largo plazo, a la vez que los agricultores obtengan ganancia.

El movimiento agroecológico mundial está creciendo a ritmo acelerado. La necesidad de frenar la contaminación que causa el sistema de producción agrícola tradicional, da impulso y velocidad a este crecimiento. La humanidad comienza una etapa de revisión profunda de todos sus sistemas productivos. Una etapa de estudio y elaboración de nuevas normas que hagan factible la vida en el futuro. Es importante generar un gran cambio, y la producción orgánica de alimentos es uno de los pilares donde se apoya este cambio. Hay que buscar rápidamente nuevas formas de alimentar a la humanidad con métodos sostenibles y no contaminantes. Esta es una realidad que no escapa a los gobiernos ni a la gente en general.

  

Bibliografía

 

Álvarez, Sánchez Leonor y Martha Sánchez Ramírez. Experiencias sobre hortaliza y composta. Desarrollo Económico y Social de los Mexicanos Indígenas. Chiapas, 1996.

 

Banco Interamericano de Desarrollo. Introducción a la creación de áreas verdes urbanas. Washington, dc, 1996.

 

Holt, Eric y Catalina Rusmore. La hortaliza biodinámica intesiva. Promoción del Desarrollo Popular. México.

 

Mollison, Bill. Introducción a la permacultura. Publicaciones Tagari. Australia, 1994.

Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. La infancia y el medio ambiente. Ginebra Suiza, 1990.

 

Nigh Ronald. La agricultura orgánica y el nuevo movimiento campesino. Antropológicas, núm. 3, Editorial Nueva Época. México, 1992.

                  

Political and economic organization among maya indians of Chiapas. Presentada en el Simposio Sustainable Leadership 2000: Cross-cultural leadership styles. Lewis Clark State College. Lewiston, Idaho, 1994.

 

Nigh, Ronald y Silvia Ozuna. Cambio tecnológico y cambio político: la propuesta de la agricultura orgánica para el campo mexicano. Presentada en el simposio Desarrollo sustentable de base. Latin American Studies Association (lasa), Atlanta, Georgia, 1994.

   

Acerca de los autores

Ronald B. Nigh nació en Kearney, Nebraska. Se graduó en Antropología y realizó el doctorado en la Universidad de Stanford con la tesis Ecología, agricultura tradicional Maya y manejo de recursos en Chiapas, México.

En 1978 recibió una beca postdoctoral de la Fundación Rockefeller e inició su investigación en el Conacyt donde más tarde fue contratado como investigador científico de tiempo completo. Desde entonces Ronald ha trabajado en diferentes instituciones de investigación en las áreas de ecología humana, manejo de recursos, conservación de la biodiversidad y agroecología.

De 1984 a 1987 fue director de Conservación Internacional de la Naturaleza y posteriormente asesor científico de Greenpeace.

Es cofundador de Dana, una asociación dedicada a la promoción de la agricultura sustentable o especialmente en las comunidades indígenas. Dana pertenece a la Federación Internacional de

Movimientos de Agricultura Orgánica (ifoam). Es socio fundador de la Asociación Mexicana de Agricultores Ecológicos (amae), y de la Unión de Grupos Ambientalistas (ugam) así como de otras asociaciones más.

Dana opera un programa de certificación orgánica, así como otras actividades diseñadas a promover la expansión de la agricultura orgánica entre los pequeños agricultores de México.

Actualmente Ronald es presidente de Dana, e investigador científico del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores de Antropología Social en San Cristobal de las Casas, Chiapas.

 

Martha L. Zárate nació el 20 de septiembre de 1955, en la ciudad de México. Estudió la licenciatura en Contaduría en el Instituto Politécnico Nacional. En 1986 se integró en el Centro Antropológico de América Latina, donde conoce a Ronald Nigh y, en 1987, formaron la Asociación de Dana, ac., en 1994 se inició el Proyecto de la Red de Productores Orgánicos y se estableció un espacio de encuentro entre el campo y la ciudad donde pudiera conocerse el habitante urbano y el productor campesino: la granja orgánica. Al mismo tiempo inició el proyecto de Huertos escolares y hortaliza doméstica. Desde hace 4cuatro años colaboró en la dirección general de Publicaciones de la Asociación Scouts de México, ac., en un suplemento que se llama Sout-Eco y en la Revista Scout con una sección que se llama Dejar al Mundo en.…


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