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Unión de Grupos Ambientalistas,
I. A. P.

SALUD Y RECURSOS NATURALES: ¿UN LUGAR COMUN?

SALUD Y RECURSOS NATURALES: ¿UN LUGAR COMUN?

Martha Delgado Peralta

Al empezar a reflexionar sobre el vínculo entre la salud y los recursos naturales, una primera reacción común es preguntarnos si realmente existe una relación entre ambos temas que no resulte en un lugar común.

Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que sin recursos naturales no hay salud, que evidentemente los seres vivos necesitamos del agua, del aire, de los productos de nuestros suelos, de lugares de esparcimiento para vivir, y que sin ellos no tiene futuro la vida humana. Una reflexión del tema desde este punto de vista parece trivial, simplemente uno se queda sin contenido sin siquiera haber empezado a reflexionar.

De ahí que la relación entre la salud y los recursos naturales sea evidente, y los cuestionamientos a resolver son en realidad ¿cómo hemos podido adaptarnos a vivir más alejados de la naturaleza? ¿de qué forma afecta éste alejamiento a los seres humanos? ¿qué es lo que apreciábamos antes que no apreciamos ahora y que se ha convertido en un estilo de vida alérgico a los recursos NATURALES?.

Trataremos de dar respuesta a estos cuestionamientos desde un análisis más filosófico, psicopedagógico y antropológico, y menos ecologista.

Cuando el homo sapiens empezaba a poblar esta tierra, vivía como cualquier otro animal pero tenía inteligencia, la cual se supone utilizaba para construir herramientas, para defenderse de sus depredadores y de las inclemencias del tiempo y para diseñar e investigar diferentes formas para alimentarse. Sin duda su relación con la naturaleza se daba de una forma más directa.

Esta criatura después de miles de años ha evolucionado como especie, y también ha transformado su entorno. Habríamos de suponer que este desarrollo debe entenderse como un enorme avance, y sin duda alguna en muchos sentidos es así.

Cornelius Castoriadis en su ensayo "Reflexiones sobre el desarrollo y la racionalidad" publicado en el libro El mito del desarrollo, en 1977, habla de la crisis del progreso ante las innegables hambrunas africanas y el subdesarrollo tercermundista, y hace una severa crítica a la valorización economicista del mismo. Afirma: "de modo cada vez más insistente se empezó a promover la cuestión del "precio" a que los seres humanos y las colectividades "comprarían" el crecimiento". Continúa "casi simultáneamente se descubría que ese "precio" comprendía un componente enorme, hasta entonces silenciado, y cuyas consecuencias a menudo no concernían a las generaciones presentes. Se trataba del amontonamiento masivo y tal vez irreversible de los daños infligidos a la biosfera terrestre, resultantes de la interacción destructiva y acumulativa de los efectos de la industrialización; efectos que desencadenan reacciones del medio ambiente que permanecen, más allá de cierto punto, desconocidas e imprevisibles y que finalmente podrían conducir a una avalancha catastrófica que rebasaría toda posibilidad de "control". Desde el hundimiento de Venecia, hasta la muerte tal vez inminente del Mediterráneo; desde la eutrofización de los lagos y ríos hasta la extinción de docenas de especies vivas; desde las primaveras silenciosas hasta el derretimiento eventual de los casquetes glaciares de los polos; desde la erosión de la Gran Barrera de Coral hasta la multiplicación por diez de la acidez de las aguas de lluvia, las consecuencias efectivas o virtuales de un "crecimiento" y de una industrialización desenfrenada comenzaban a dibujarse inmensas." Y finaliza "la reciente crisis de la energía y las penurias de las materias primas han llegado en el momento apropiado para recordar a los hombres que ni siquiera era seguro que pudieran continuar destruyendo la tierra por mucho tiempo".

Como es evidente, el proceso de desarrollo ya en los setenta, dejaba ver no solamente la devastación de los bosques, la extinción de muchas especies vivientes, la sobreexplotación de los recursos marinos, hidrológicos, minerales, y la contaminación de las aguas, del aire, del suelo, sino que además puso al descubierto el evidente alejamiento físico y espiritual del homo sapiens respecto de la naturaleza.
Para analizar este fenómeno, me gustaría ir de lo sencillo a lo complejo: hablaré primero sobre las evidencias de este alejamiento, después sobre sus consecuencias en la salud y finalmente sobre áreas inexploradas de investigación socioecológica.

Evidencias del alejamiento del hombre y la naturaleza

Desde un punto de vista pragmático, existen conductas y estilos de vida que podemos mencionar como evidencias de un alejamiento entre el hombre y la naturaleza:
  • Cuando el contacto con el campo se convierte en un episodio vacacional de las familias.
  • Cuando en la Ciudad de México dejamos de extrañar el amanecer, el atardecer, ver la luna y las estrellas, y hasta respirar aire limpio.
  • Cuando los niños citadinos comenzaron a dibujar el cielo gris.
  • Cuando empezamos a salir de nuestros departamentos a los alrededores de la ciudad y sentimos que queremos regresar a ella.
  • Cuando nos sorprendimos porque en el paisaje pudimos ver el Popocatépetl o el Ixtacíhuatl.
  • Cuando los niños dejaron de hacer sonidos de animales, nunca han visto una vaca, nada les ha picado, y no les gusta ensuciarse.
  • Cuando el silencio de la noche nos da miedo, y para evadirlo prendemos el radio o la televisión.
  • Cuando para sentirnos bien, en lugar de ver al horizonte mejor cerramos los ojos.
  • Cuando nos quitamos los zapatos y nos lastima la tierra.
  • Cuando dejamos de encontrar productos naturales en el mercado, y estos se convirtieron en artículos de lujo o para gente con costumbres exóticas.
  • Cuando nos parece aburrida una caminata en el bosque, o cuando estar entre árboles se convirtió en un privilegio exclusivo de los miembros de clubes de golf.
  • Cuando nunca hemos sembrado nada que haya retoñado de la tierra con nuestros cuidados.
  • Cuando menospreciamos las tradiciones y conocimientos ancestrales para autocurarnos o sanarnos, y preferimos los consejos del web.
  • Cuando nos enfermamos porque sopló un vientecito.

Sucede que vivimos en un lugar que no sólo está lejos de la naturaleza, sino en el que tenemos que atentar contra su equilibrio todos los días, porque resulta poco práctico transportarse en vehículos que no utilicen combustibles fósiles, sembrar uno sus propios vegetales siendo autosuficientes en nuestra alimentación, no generar basura, abastecernos solo del agua que tiene el Valle de México, dejar a los niños correr libres, estar en silencio.

¿Quién puede vivir en esta Ciudad sin cometer esos delitos?. Pareciera que el lugar común de la relación entre salud y recursos naturalesm finalmente muchos -la gran mayoría- no la tenemos clara, porque finalmente no actuamos en consecuencia, sino exactamente como si despreciáramos este vínculo.


Fernando Cesarman en una reflexión psicoanalítica afirma que "el desarrollo de los objetos artificiales que separa al hombre de su medio natural, es el resultado de un aumento progresivo de las capacidades intelectuales del hombre: cuanto mas inteligente sea, más capacidad ha tenido para modificar su mundo externo para satisfacer sus necesidades. Esta mayor inteligencia y esta capacidad de adaptación progresivamente en aumento han sido funciones del yo. Como si al alejarse el hombre del medio natural, hipertrofiándose las funciones del yo, al mismo tiempo se alejara de su mundo interno, de su capacidad de ser hacia adentro".


Aquí paro para reflexionar si realmente todo el deterioro ecológico ocasionado en el siglo XX satisface mejor nuestras "necesidades". ¿Será esto verídico en un mundo donde se concentran las riquezas en pocas manos, los pobres del globo no alcanzan a satisfacer ni los más mínimos requerimientos para subsistir dignamente, mientras los demás acumulamos cosas que no necesitamos?


Los objetos artificiales, que son objetos naturales transformados para convertirse en artificiales, sustituyen no solamente a la naturaleza, sino también sustituyen sueños, aspiraciones, metas en la vida, satisfactores no físicos del hombre como el amor, la comprensión, la solidaridad, que se intercambian por cosas y por experiencias virtuales.

Las distracciones y el esparcimiento de chicos y grandes, hoy por hoy escandalósamente se concentran en un monitor televisivo, que muestra a los seres humanos la "realidad" de lo que sucede en "todo el mundo", sin necesidad de que el llamado por Giovanni Sartori homo videns, se moleste por pensar si esa realidad realmente existe, sin necesitar hacer ningún tipo de operación mental que implique la inteligencia y sin siquiera requerir moverse.

Vivimos en un lugar en donde el suelo arbolado se ha convertido en asfalto con montañas de cemento y aparatos moviéndose por todos lados. Donde en los espacios más afortunados la naturaleza es un adorno. Finalmente hemos "dominado" no sólo a la naturaleza, manejándola a nuestro gusto, sino también hemos "dominado" nuestro gusto por el aire limpio, por la calma, por los espacios abiertos y despejados.

Las consecuencias del alejamiento

Aquí pasamos al segundo punto del análisis: ésto no puede suceder sin consecuencias. No solo consecuencias obvias en el equilibrio ecológico que no sabemos cómo revertir, sino consecuencias en la salud física y mental del ser humano, que como la mayoría de las afectaciones a la salud, afectan a las poblaciones más desprotegidas.

Las "fantasías ecológicas" que descubre Cesarman en su libro Ecocidio , nos impiden aceptar que el propio ser humano es capaz de autogenerarse patológicamente las condiciones más adversas de vida.

A los seres humanos no sólo nos hacen daño la contaminación del aire y del agua, los residuos peligrosos y las sustancias tóxicas. También nos afecta de manera decisiva esa pérdida de contacto con el paisaje, con los animales, con las plantas, y nos afecta en la salud física y en la salud mental.

En la salud física, la pérdida de contacto con la naturaleza conlleva, en las zonas urbanas, a que la mayoría de los citadinos no realicen ningún tipo de ejercicio físico, no solo porque hay muy pocos espacios recreativos abiertos, sino también porque la contaminación del aire afecta más a quienes ejercen este tipo de actividades al aire libre. Ni hablar de todas las enfermedades que se evitan si hacemos ejercicio. Pero esta es la parte mas obvia entre salud y recursos naturales, falta explorar la parte más profundamente dañina de la separación entre el ser humano y la naturaleza: la salud mental.

Seres humanos sin aspiraciones (son tóxicas), sin deseos (son pecado), sin horizontes (¿en dónde está?). Seres humanos conformes con la sobrevivencia, como los primeros homo sapiens, que viven las vidas de los protagonistas de las telenovelas o las de los personajes del nintendo. Seres inmaduros que no sobrepasamos las etapas infantiles de autogratificarnos. Seres que finalmente estamos afectados en nuestra salud mental por la desnaturalización y la violencia.

El lugar del hombre en este mundo ha sido objeto de disertaciones filosóficas desde los griegos. Descartes afirmaba que el uso apropiado de la razón es la condición necesaria y suficiente para que nos volvamos dueños y poseedores de la naturaleza. De ahí que no siempre haya estado claro que nosotros somos parte de, y quizás no siempre lo hayamos querido de ese modo.

Las tareas pendientes

Finalizaré definiendo algunas líneas de estudio que no han sido exploradas: sabemos poco de cómo afecta la contaminación atmosférica a la salud; desconocemos cuáles son las consecuencias directas en la salud humana de los pesticidas en los alimentos; todavía no conocemos los efectos a mediano y largo plazo de la manipulación genética. Pero sabemos menos de cómo nos desvirtuamos al desapegarnos del medio natural, de cuáles son las consecuencias de este alejamiento en la conducta humana, del daño que hace vivir en lugares donde no podemos observar a los animales y a las plantas, de las modificaciones en nuestros valores cuando abrimos la llave y tenemos mucha agua sin siquiera saber de donde viene y a costa de qué.

Ojalá cuando lo descubramos, las respuestas no se conviertan en secretos a voces que todos sabemos pero ninguno aceptamos, como está sucediendo con todos los hechos que reconocemos verídicamente negativos para el medio ambiente y la salud, y ante los cuales no hacemos nada.

Finalmente la relación entre salud y recursos naturales, es un lugar común, pero la relación entre el ser humano y la naturaleza ya no lo es tanto.