RETOS DE LA INCORPORACIÓN DE LA AGENDA AMBIENTAL A UN NUEVO
PARTIDO POLÍTICO
Martha Delgado Peralta
Es un placer para mi encontrarme hoy aquí para expresarles lo
que desde mi punto de vista, constituyen los retos de la incorporación
de la agenda ambiental a un nuevo partido político en México,
no sin antes comentar las motivaciones que originaron el ecologismo
y algunas experiencias de su traducción al ámbito político
en el mundo.
En 1972 el profesor Meadows del MIT presentó al Club de Roma
un estudio denominado "Los límites del crecimiento",
que cuestionó al modelo de desarrollo que conocemos y puso en
tela de juicio las tesis hasta entonces asumidas de que la naturaleza
es inagotable y gratuita. Las sociedades modernas comenzaban a reconocer
los principios de Barry Commoner, uno de los padres del ecologismo:
que todos los seres vivos somos interdependientes; que las emisiones
contaminantes no se destruyen sino que siempre van a otra parte; que
no existe "comida gratuita" y que su producción cuesta
en energía; y que la naturaleza es más sabia que nosotros,
pues ha evolucionado en millones de años para llegar a su estado
actual.
En esta época el abordaje de los asuntos ecológicos se
limitaba a los científicos y a los filósofos, hasta que
se llevó el tema con carácter de alarma a la CNUMAD en
Estocolmo en 1972. Las organizaciones de las naciones unidas decidieron
atender lo que parecía ser un hecho: el equilibrio ecológico
del planeta se perdía.
Ahí nació el ecologismo ante el grito de miles de jóvenes
que promulgaron ¡no tenemos más que un solo planeta! Militantes
de izquierda, pacifistas, feministas, hippies, biólogos y místicos,
se reunieron ante las puertas de la conferencia oficial unidos con una
coincidencia: la defensa del medio ambiente no puede ignorar la política.
De golpe el ecologismo alcanzó una dimensión contestataria,
ciudadana y trasnacional.
Surgirán entonces innumerables grupos ambientalistas que cuestionan
el modelo de desarrollo económico, critican la revolución
verde o agricultura extensiva, analizan la crisis energética,
defienden las riquezas naturales de sus comunidades, exigen la responsabilidad
del sector privado ante el deterioro ambiental que ocasiona, trabajan
para educar ecológicamente a los ciudadanos, etc.
En Europa a mediados de los años 70, los ecologistas se deciden
a entrar al juego electoral, lo que dinamizó y clarificó
el mensaje de "los verdes" ante la opinión pública.
Los partidos verdes en Europa han conquistado importantes posiciones.
En el 1977 candidatura Paris Ecologie logró alcanzar el
11% de los votos en las elecciones municipales. En España, Inglaterra,
Francia surgen partidos ecologistas que se vinculan con gran éxito
a otras fuerzas políticas en las elecciones y logran permear
las políticas públicas de una dimensión ambiental.
En Alemania en los 90 los verdes ganan la presidencia en coalición.
Pero incluso manteniéndose al margen de la arena política,
los ecologistas han logrado una interlocución forzosa con los
partidos y el gobierno en todo el mundo. Las campañas antinucleares
fueron la causa de la derrota de la socialdemocracia sueca en 1976.
En la Alemania Federal los burgerinitiativen (organización
ecologista de defensa cívica) fueron el grupo de presión
más importante del país en la década de los 80.
Durante la década de los 80 surge el movimiento ecologista en
México, motivado por el rechazo a la construcción de la
planta nuclear en Laguna Verde. En los últimos 20 años,
la demanda ambiental de nuestro país se ha consolidado como una
de las preocupaciones más significativas de la sociedad.
Pero... ¿en qué consiste la demanda ambiental y porqué
requiere de una tarea política comprometida? A quienes nos ha
interesado participar en el tema no nos cabe la menor duda que la causa
ambiental será una de las más movilizadoras de la sociedad
en el siglo XXI, primero, porque no ha tenido la suficiente jerarquía
en los gobiernos, y por ello, el deterioro ambiental avanza sin obstáculos;
segundo, porque los problemas ambientales rebasan hoy por hoy la mera
relación hombre - naturaleza, pues impactan la calidad de vida
de la gente, cuestionan las decisiones económicas y los modelos
de desarrollo, imponen retos culturales, y atentan contra la supervivencia
del hombre y del planeta.
Ya no estamos hablando de cuidar los árboles, ahorrar el agua
o cancelar las corridas de toros. Esto resulta trivial ante la erosión
y empobrecimiento de nuestros suelos por la utilización de plaguicidas;
ante el calentamiento global que según las predicciones ocasionará
sequías, inundaciones, enfermedades, pobreza y extinción
de ecosistemas; ante la pérdida de la autosuficiencia alimentaria
por la imposición de semillas transgénicas; ante el desabasto
de agua que en pocos años enfrentaremos pero que los políticos
prefieren no ver en el afán de utilizar el recurso hídrico
como mecanismo de negociación de votos.
La demanda ambiental en nuestros días significa la resistencia
a comprometer hoy el patrimonio de ésta y de las futuras generaciones.
Es una demanda muy compleja que entreteje problemáticas de carácter
económico, cultural, social y ambiental, y que hoy en México,
por un lado es soslayada por los partidos políticos, y por otra
se ha visto invadida por el oportunismo y la incompetencia del Partido
Verde Ecologista de México. Este partido no ha sido criticado
únicamente por el autoritarismo de su dirigente y por ser un
negocio familiar, sino por no haber contado nunca con el apoyo del movimiento
ambientalista de México, a pesar de comprar algunos simpatizantes.
Usurpando la causa ambiental y haciendo gala de una ignorancia inaudita
del tema, el PVEM capta algunos sectores sociales que se han dado por
bien servidos con la existencia de un partido "verde" y se
han conformado con votar por la opción creyendo que sus candidatos
defienderán el medio ambiente.
Hasta hoy, el sector privado, los partidos y el gobierno mismo han
visto por sus propios intereses, y es la sociedad civil la que ha luchado
para defender los intereses comunes ambientales y el patrimonio natural
del país, que nos pertenece a todos. La experiencia en el mundo
nos ha enseñado que sólo se toman seriamente los problemas
ambientales cuando la gente vota por los partidos políticos verdes.
En los países donde la política ambiental cuenta con estas
figuras, los partidos tradicionales se tiñen de verde para no
perder simpatías de los electores.
En el caso mexicano, ningún partido político ha recuperado
con seriedad la demanda ambiental, pues la mayoría la ha incorporado
como un mero adorno de sus plataformas políticas, y en el caso
del PVEM constituye un verdadero fraude.
Esta demanda verde requiere de una tarea política comprometida
para tramitarse de manera correcta. La sociedad civil cumple con algunas
funciones, pero no tiene el poder para ejecutar la política ecológica,
ni para legislar, ni para hacer justicia ambiental.
Nuestro país necesita un partido que de manera genuina asuma
entre sus prioridades la agenda ambiental. Creemos que éste puede
ser ese partido y que enfrentará importantes retos para recuperar
esta causa que hoy no está en buenas manos.
El primer reto importante será que la agenda electoral del partido
no se sobreponga con sus causas. Esto es difícil al estar hablando
de que un nuevo partido necesita refrendar su registro en las urnas,
lo que requiere sin duda alguna un arduo trabajo político - electoral.
Los partidos surgen como mediadores institucionales para llevar las
demandas sociales a la esfera pública. Lo que sucede hoy es que
en el afán de mantenerse como fuerza política, privilegian
éste interés y subordinan las causas que les dieron vida
traicionando a los ciudadanos que los eligieron. Un nuevo partido que
reivindique la causa verde debe asumir que, llevada al plano político,
su defensa será una de sus principales fuerzas, no su debilidad,
y por ello debe comprometerse con ella.
De ese compromiso surgirá el segundo reto importante: defender
el medio ambiente implica enfrentar intereses económicos muy
fuertes, replantear el modelo de desarrollo actual, anteponer lo importante
a lo urgente, enfrentar a la corrupción y promover el derecho
a la información. Esto no es una tarea sencilla.
No les será fácil enfrentar, como hemos hecho desde la
sociedad civil, a multinacionales como Mitsubishi en el caso de la Salinera
en la Laguna de San Ignacio; a gobiernos como el de Estados Unidos que
boicoteó el atún mexicano con argumentos ecológicos
falsos para que su mercado no cayera; a poderosas empresas como Montsanto
con su monopolio agrobiológico; no será fácil oponerse
a poderosos inversionistas y políticos como quienes promueven
hoy el nuevo aeropuerto en Texcoco, e incluso cuestionar a gobiernos
vigentes como el de la Ciudad de México con su propuesta de segundo
piso al periférico y viaducto.
El tercer reto será el de ganarse una credibilidad mermada por
los engaños del PVEM. Convencer a los ciudadanos que no serán
como éste partido que durante 10 años no ha tenido una
sola propuesta sensata, y se han ocupado solamente de sobrevivir en
la clase política. Tendrán que convencerlos de que son
diferentes, de que están comprometidos genuinamente con estas
preocupaciones, de que son un partido de causas, un verdadero partido
de ciudadanos que no se alejará a la primera de cambios.
Finalmente, tendrán el reto de apoyar propuestas y políticas
públicas que no son necesariamente populares, pero que constituyen
medidas urgentes para revertir el deterioro ecológico. Programas
como el "hoy no circula", cobrar el agua a precio justo, racionalizar
el uso de energía, poner impuestos a la gasolina, obligar a la
industria a reportar y publicar sus emisiones, castigar las invasiones
a las áreas naturales protegidas, no son medidas que ganarían
un referéndum ante la falta de conciencia ecológica actual.
Sin embargo, habrá que defenderlas, haciendo uso de la difusión
extensa de las razones y los beneficios comunes que proporcionan.