La participacion de la Sociedad Civil
en el desarrollo de las energias renovables
1
por Martha Delgado Peralta
2
La participación de la sociedad civil ha sido uno de los fenómenos más
característicos de este fin de siglo, y ante la necesidad de una gestión
pública y ciudadana corresponsables de las decisiones y las acciones que se
llevan a cabo para la solución de los distintos problemas de nuestro tiempo,
apelar a la necesidad de que la sociedad civil participe en la ejecución de
propuestas es ya una buena costumbre.
Para poder abordar el tema que nos ocupa en este momento, es preciso distinguir
entre el papel de la sociedad civil organizada y el de la participación
ciudadana. Unas son las acciones que podemos realizar los grupos ecologistas y
las organizaciones de la sociedad civil (ya sea de investigación, difusión,
movilización) y otras son las actividades que podemos pedirle a la sociedad que
ejecute.
Es en esta ultima forma de participación, esa participación que involucra a los
ciudadanos y ciudadanas desde sus hogares, desde sus oficinas, desde sus
instalaciones educativas, en la que concentraremos nuestras reflexiones.
También considero útil poder definir cómo se puede participar desde la sociedad
civil no sólo en el desarrollo de las energías renovables, sino también en el
ahorro de energía como estrategia que debiera instrumentarse en forma paralela.
Uno se pregunta ¿de dónde tienen que salir las iniciativas para mejorar nuestra
sociedad, para tener un medio ambiente más sano y para no sobreexplotar los
recursos del planeta? ¿Debe el gobierno iniciar los programas e involucrar en
ellos a la ciudadanía, o es esta quien tiene la obligación de presionar con sus
demandas para que desde la administración pública se responda con políticas
apropiadas?
La realidad social rebasa todo sistema que queramos establecer en ese sentido y
en los hechos de ambas maneras nacen las políticas y suceden los cambios. El
caso del consumo energético es un claro ejemplo de un círculo vicioso en el que
pareciera imposible la transformación del sector: se necesita la voluntad
gubernamental y social para poder avanzar en el desarrollo de energías
renovables, y el avance en el desarrollo tecnológico para lograr una eficiencia
energética real y optar por las mejores fuentes de energía de acuerdo con la
realidad de nuestro país.
Tales condiciones no parecen darse de un día para otro, y mucho menos al mismo
tiempo en todos los sectores. Sin embargo, desde la sociedad civil pueden
impulsarse e incentivarse algunas formas de ahorro de energías y de conversión
hacia energías renovables.
En primer lugar, es preciso señalar que existe un enorme desperdicio de energía
en los hogares de nuestro país, y además, la enorme mayoría de los ciudadanos
no relaciona este gasto energético con un problema ambiental. En el mejor de
los casos se ahorra energía para ahorrar dinero, sin que la sociedad conozca
los efectos nocivos que tiene el desperdicio de energía sobre el medio ambiente.
Ante la pregunta en una encuesta recientemente realizada por nuestra
organización ¿sabe usted cómo afecta al medio ambiente el desperdicio de
energía? El 80% de los encuestados respondieron negativamente o con una
respuesta errónea.
Para que la sociedad civil se involucre en el ahorro de energía y en el
desarrollo de las energías renovables, es preciso trabajar muy fuerte desde el
gobierno y también desde los grupos organizados para que la ciudadanía esté
conciente de los efectos ambientales de su producción y uso. El dinero que paga
una familia por tener luz eléctrica en casa no alcanzaría para pagar su
producción, y tampoco alcanza para que la sociedad valore justamente este
recurso.
Como segundo paso para lograr una participación ciudadana conciente, debemos
informar a la comunidad sobre cómo puedemos ahorrar energía:
-
Controlando el uso de la luz, el agua (cuyo bombeo consume mucha energía), y el
gas, en nuestras oficinas a través de un sencillo reglamento,
-
Generar el hábito de apagar luces y aparatos mientras no los estemos utilizando,
-
En climas extremosos sellar las viviendas para conservar el clima artificial,
-
Utilizar ollas y sartenes pequeños para calentar los alimentos,
-
No abrir y cerrar el refrigerador constantemente,
-
Reemplazar los aparatos eléctricos por manuales,
-
Tender la ropa estirada para no plancharla durante mucho tiempo,
-
Remojar la ropa antes de lavarla para evitar el uso de agua caliente, etc.
-
Gran parte del desperdicio energético se da por desinformación y
desconocimiento de alternativas para el ahorro.
En cuanto a las energías
renovables, en muchas ocasiones la participación de la sociedad civil en su
adopción y difusión se ve limitada por la falta de información sobre las
mismas, en particular su factibilidad, costo, ventajas y desventajas.
Comúnmente, el contacto de la sociedad civil con las energías renovables no va
más allá del uso de calculadoras solares, si bien oímos y leemos en los medios
sobre sus increíbles beneficios ambientales, pocos de nosotros las vemos como
una opción presente, para la mayoría representan todavía una idea futurista muy
lejana de nuestra vida diaria.
Es bien sabido que las energías renovables actualmente son caras - aunque
rentables a largo plazo - y que su costo difícilmente disminuirá si no aumenta
su demanda. Esto constituye un círculo vicioso, pues mientras se mantengan
caras no las compraremos y si no las compramos no bajará su precio.
El poder de la sociedad civil en este sentido reside en que decide, con su
aprobación o rechazo, el destino de las nuevas tecnologías. Por otra parte, la
gente está cada vez más consciente de los problemas ambientales y dispuesta a
apoyar tecnologías limpias siempre y cuando se le brinde información suficiente
y se le propongan mecanismos financieros adecuados para poder adquirirlas.
Dichos mecanismos deberían, por ejemplo, permitir que la rentabilidad de las
tecnologías renovables, que reside en el ahorro de combustibles que se da a lo
largo de su vida útil, se refleje en su precio presente. Debemos buscar maneras
para facilitar y acelerar su introducción en el mercado y para navegar en la
etapa de transición durante la cual sus costos de producción bajarían al
aumentar la demanda hasta ser competitivos.
Creemos que esto se podría dar de diferentes maneras. Cuando se trate de
remplazar el uso de energía eléctrica por renovables, por ejemplo, los
beneficiados no serían solamente el usuario y el medio ambiente, sino también
la Comisión Federal de Electricidad (CFE) que evitaría los gastos que le
ocasiona producir energía y las pérdidas que le causa venderla subsidiada.
En un momento dado, una penetración significativa de las energías renovables en
el mercado pudiera incluso significar para la CFE el aplazamiento de
construcción de plantas al verse reducida la demanda de electricidad. Visto de
esta manera, para la Comisión podría ser rentable financiar esta etapa de
transición hacia tecnologías renovables destinando el mismo monto de los costos
y pérdidas que mencionamos para financiar proyectos piloto.
Otro caso similar es el de las poblaciones alejadas de las zonas donde se
cuenta con servicio eléctrico; muchas veces resulta más caro llevar la
electricidad hasta ellas que instalarles fuentes de energía renovables como la
solar, independientes del sistema eléctrico.
Una pregunta válida a estas alturas es si este tipo de propuestas - y otras,
como las que promuevan la eficiencia energética- seguirían siendo viables en un
escenario de privatización del sector eléctrico.
Considerando los beneficios ambientales de no consumir combustibles fósiles
para producir energía, como es evitar la emisión de gases de invernadero,
podemos pensar en utilizar los mecanismos del Protocolo de Kioto, en particular
el Mecanismo de Desarrollo Limpio, para ayudar a financiar proyectos que
promuevan el uso de energías renovables entre la sociedad civil.
Como dije anteriormente, para que estas acciones tengan un impacto importante
en el ahorro de energía y en el desarrollo de energías renovables, es preciso
crear y mantener amplias campañas de difusión sobre las posibilidades, costos y
beneficios de las tecnologías como requisito previo indispensable si se quiere
tener éxito en su introducción a la sociedad.
Sin embargo, al tiempo de exigirle ésto a la sociedad, el sector público debe
hacer lo propio al darle mantenimiento en el bombeo agrícola, transformar el
alumbrado público de algunas ciudades que siguen utilizando bulbos
incandescentes convencionales en vez de lámparas de vapor de mercurio o sodio
que ahorran el 50% de energía, y dar mantenimiento y sustituir bombas de agua,
lo que podría ahorrar hasta un 35% en el consumo energético de acuerdo con el
Instituto de Ingeniería de la UNAM.
Al mismo tiempo, nuestro país presenta enormes ventajas comparativas para el
cambio hacia energías renovables. México es uno de los países más soleados del
mundo que podría beneficiarse de la energía solar; somos uno de los principales
países que producen energía geotérmica, y uno de los que mejor pueden
desarrollar la energía eólica. Es necesario que cada región del país se
abastezca con el tipo de energía que se adapte a su clima y condiciones
geográficas.
Es responsabilidad de todos los ciudadanos hacer un esfuerzo por ahorrar
energía y por transformar nuestras fuentes. Sin embargo, en la medida en que
las opciones no estén disponibles será muy difícil cambiar.
Sabemos de los enormes intereses económicos que se encuentran atrás del consumo
de combustibles fósiles. Sin embargo, ese mercado también tiene un fin. La
sociedad actual depende de la energía para todo, y debemos garantizárnosla para
esta y las futuras generaciones, participando todos en un esfuerzo conjunto que
involucre la acción ciudadana y las estrategias gubernamentales, y
desarrollando las alternativas renovables que nuestro país tiene.
1
Ponencia presentada en el Seminario sobre Energías Renovables el 18 de octubre
de 1999.
2
Presidenta de la Unión de Grupos Ambientalistas I.A.P.