Los Grupos Ambientalistas y la Industria
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por Martha Delgado Peralta
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Hablar de la industria y de los grupos ambientalistas es relatar la historia de
una causa y un efecto o una consecuencia. Aunque el ecologismo tiene parte de
sus referencias en la herencia intelectual de las corrientes rousseaunianas de
defensa de la naturaleza del siglo XVIII, los primeros grupos organizados para
la defensa del patrimonio natural nacen en la época industrial.
Para intentar describir la relación entre los grupos ambientalistas y la
industria es importante primero, hacer un breve repaso del origen del
movimiento ecologista y de su razón de ser, posteriormente analizar la
evolución en las relaciones de estos dos sectores y finalmente definir los
retos que esta relación enfrenta ilustrándolos con algunos ejemplos derivados
de nuestra propia experiencia.
El movimiento ambientalista
Todavía a principios de este siglo se aplaudía el progreso de las naciones
cuando exhibían orgullosas las imágenes de sus chimeneas expulsando humo negro
a tambor batiente, y proliferó en el mundo occidental la ilusión de aquel
desarrollo que consideraba a la naturaleza inagotable y gratuita, y que además
promovía una cultura profundamente incompatible con ella: industria =
producción = consumo = bienestar. Finalmente, la naturaleza vista como materia
prima.
Los defensores de la naturaleza despertaron ante los trabajos de científicos
que alertaron sobre "Los límites del Crecimiento" y la capacidad finita de
renovación de los recursos naturales, y encontraron en la sociedad industrial
la mayor de las amenazas para el planeta. Comenzaba la década de los setentas
con un cambio mundial de paradigmas ante injusticias sociales, sistemas de
gobierno totalitarios, desigualdades entre los géneros, violaciones a los
derechos humanos y por supuesto ante el descubrimiento de la crisis "ecológica"
que amenazaba la viabilidad del planeta.
Surgían en el mundo grupos ciudadanos organizados independientemente de los
partidos, del Estado y del sector privado, para la defensa de nuevas causas.
Entre los ecologistas los primeros de ellos movilizados para impedir la
construcción de plantas de energía nuclear.
En México, como en muchos otros países, el desarrollo de la sociedad civil ha
sido uno de los rasgos más notables de las últimas tres décadas: la base sobre
la que se ha desarrollado la llamada transición democrática en nuestro país.
Podemos fechar a 1968 como el momento en el cual la sociedad mexicana inicia un
proceso de construcción independiente del Estado. Hasta esa fecha, y como
consecuencia de la forma corporativa de relación del Estado con la sociedad,
que imperó durante las décadas del 40 al 60, los grupos sociales pasaban
regularmente por el filtro del Estado para la realización de prácticamente
cualquier tipo de proyecto, de lo económico a lo cultural, pasando por lo
ideológico y lo político.
Durante la década del setenta, diferentes movimientos empresariales, obreros y
campesinos comenzaron a poner una línea divisoria entre el campo de
intervención del Estado y la actuación de estos grupos decisivos de la
sociedad. También el sector industrial antes incondicional del partido en el
poder empieza a encontrar su propia identidad e incluso a enfrentar serias
diferencias con el gobierno.
Sobre esta base, desde mediados de la década del ochenta la sociedad se hace
más visible a través de las urnas. Se inicia un proceso de quebrantamiento de
las formas hegemónicas de dominación política y partidaria practicadas por
décadas. Para fines de esa década y la presente, se observa un crecimiento y
diversidad del espacio en el que se desarrollan opciones y alternativas
distintas a la estatal que van construyendo el piso sobre el que se desarrolla
la transición mexicana.
Dentro de este amplio movimiento se desarrollan en nuestro país distintas
organizaciones de la sociedad civil que experimentan un crecimiento
espectacular, arrojando como resultado más de dos mil asociaciones consignadas
en el censo de organizaciones civiles que realizó la Secretaría de Gobernación
en 1995.
En México, por tradición de décadas, la mayor parte de las instituciones sin
fines de lucro, así como de los donativos provenientes de la empresa privada,
tenían misiones y fines de carácter asistencial, como la ayuda a enfermos, a
los ancianos, a los pobres, a los discapacitados, a los niños de la calle, a
mujeres desvalidas, agredidas o madres solteras, etc.
Estos apoyos materializados en alimentos, educación, salud, vivienda,
orientación, que en aquellos tiempos del Estado de Bienestar debía proporcionar
el gobierno, y en la actualidad parece que "los mercados", por si mismos no
podrán enfrentar, constituyen una ayuda sin la cual difícilmente podríamos
concebir a nuestro México actual, pero que no resuelven la raíz de los
problemas que los originan.
Como decíamos antes, en este fin de siglo caracterizado por la efervescencia
con que se ha organizado la sociedad civil en todo el mundo, encontramos en
México una proliferación de instituciones, también sin fines de lucro, creadas
para atender lo que nosotros hemos denominado "las causas del nuevo milenio".
Entre estas causas, encontramos algunas muy representativas de las necesidades
de las sociedades modernas como el mejoramiento del medio ambiente, la
democratización de los gobiernos, la defensa de los derechos humanos, las
reivindicaciones étnicas y de las minorías, la lucha por la igualdad de los
géneros, etc.
Las organizaciones ambientalistas surgen entonces, como algo diferente a los
grupos comunitarios organizados en torno a la búsqueda de mejores condiciones
de vida, como una forma de participación distinta a la asistencial, y con
propósitos muy concretos enfocados a la conservación de los recursos naturales
y a la lucha por un medio ambiente sano. A contracorriente de una sociedad
acostumbrada a organizarse de otras formas, estas causas en un principio
sufrieron un problema de identidad: estaban lejos de los grupos organizados en
forma corporativa territorialmente, y sus formas de actuación en la sociedad,
distintas a las asistenciales, eran criticadas por pertenecer al mundo de la
política.
En la década de los ochentas, el movimiento ambientalista mexicano fue uno de
los más aguerridos y combativos abanderando por ejemplo la defensa de áreas
naturales del país o luchando contra la instalación de la planta nuclear de
Laguna Verde, pero a diferencia de los movimientos conservacionistas del primer
mundo, en América Latina estos grupos incorporaron en sus visiones aspectos
políticos, sociales, económicos y culturales para lograr el aprovechamiento
adecuado de los recursos naturales que hoy conocemos como desarrollo
sustentable.
Independientes políticamente, sin bandera religiosa y sin conflicto ideológico
izquierda - derecha, los ecologistas encontraron una importante interlocución
con los medios de comunicación, desarrollando un movimiento que en sus inicios
tuvo como principal arma y finalidad la denuncia. La denuncia de los problemas
ambientales, la denuncia de las incompetencias gubernamentales y la denuncia de
las industrias contaminantes.
Las relaciones entre ambientalistas e industriales
¿Qué tenemos aquí entonces? Tenemos una industria en aquellos tiempos poco
familiarizada con los asuntos ambientales y sin conciencia ecológica, y a
grupos ecologistas dedicados a denunciar ante los medios de comunicación los
agravios ambientales que padecían las comunidades y los ecosistemas.
La relación entre industriales y ecologistas comenzó con argumentos
contrapuestos en donde la intolerancia mutua se regocijaba; el movimiento era
muy beligerante y la industria se lavaba las manos ante la falta de
normatividad ambiental. Incluso era una relación terciada por el gobierno y por
los medios: los ambientalistas no discutíamos con los industriales, nos
intercambiábamos argumentos a través de la prensa y también nos acusábamos y
denunciábamos mutuamente ante la autoridad.
Sin embargo, a raíz de la publicación de la LGEEPA y de la creación de oficinas
gubernamentales de gestión ambiental, ambos sectores se transforman y voy a
abundar un poco en estas nuevas características de cada uno de ellos:
El movimiento ecologista, empieza a encontrar espacios de participación pública
con la creación de consejos consultivos y grupos de trabajo organizados por el
gobierno, y encuentra múltiples oportunidades para el desarrollo de proyectos.
Proliferan las organizaciones ambientalistas en México y también el perfil de
los grupos se vuelve muy distinto entre sí encontrando una gran diversidad en
los siguientes aspectos:
-
Diversidad entre las causas que defienden (mejoramiento de la calidad del
aire, del agua, del suelo; abatimiento de la erosión; búsqueda de sistemas
eficientes para el manejo de residuos peligrosos y desechos sólidos;
intervención más directa en la planeación ambiental; demandas por impactos
ambientales en ecosistemas frágiles; participación en el ordenamiento ecológico
del territorio; involucramiento en el manejo de áreas naturales protegidas y en
la defensa de especies con estatus de flora y fauna silvestres; colocación de
temas en la agenda gubernamental como asuntos de cambio climático, cooperación
internacional, etc.).
-
Diversidad de estrategias que utilizan (investigación, educación ambiental,
difusión de información, ejecución directa de proyectos, denuncia y presión,
recomendaciones, elaboración de políticas, proyectos productivos, esoterismo,
desarrollo de ecotecnologías, asesoría, etc.).
-
Diversidad en su conformación (como asociaciones civiles, como instituciones
de asistencia privada, a través de instituciones académicas, conformando redes
de organizaciones no gubernamentales, como grupos organizados en función de
problemas concretos de la comunidad, en grupos numerosos o en grupos pequeños).
Por su parte, el empresariado comienza a asumir un compromiso distinto ante los
problemas ecológicos interviniendo en el cuidado del medio ambiente desde muy
distintos frentes también:
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Transformando y adaptando sus sistemas de producción para cumplir con las
nuevas normas y disposiciones legales, e incluso incorporando sistemas de
administración ambiental en sus procesos.
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Promoviendo una nueva industria ambiental que diera respuesta a las
necesidades de infraestructura y servicios para la disposición adecuada de
residuos industriales peligrosos, el tratamiento de aguas residuales, el
control de emisiones a la atmósfera, el aprovechamiento de materiales de
desecho, el ahorro de energía, la elaboración de estudios de impacto y de
riesgo ambiental, etc.
-
El apoyo financiero a institutos de investigación para el desarrollo de
tecnologías limpias y también la incorporación de las causas ambientales a sus
actividades filantrópicas.
Como mencionaba antes, conforme avanza la aplicación de la ley y se desarrolla
la gestión ambiental, tanto los movimientos ecologistas como los industriales
cambian su manera de enfrentar la problemática: los grupos ambientalistas
superan su condición crítica y denunciativa y comienzan a involucrarse en forma
propositiva y con mayor institucionalidad y profesionalismo en la gestión
ambiental, al tiempo en que el sector privado empieza a concientizarse sobre
los problemas del medio ambiente y a iniciar cambios en sus procesos
productivos.
Es a fines de los 80 y principios de los 90 cuando se pueden percibir nuevos
razgos en las relaciones entre los grupos ambientalistas y los industriales,
aunque no dejan de existir las organizaciones puramente denunciativas, ni
tampoco las industrias irresponsables y sucias.
Estos cambios también obedecieron al surgimiento de una comunicación directa
entre ambos sectores sin la intervención del gobierno. Fue notorio en las
reuniones para elaborar el Acuerdo Paralelo sobre Medio Ambiente del TLC,
cuando para decidir sobre puntos álgidos el gobierno nos contrapunteaba con el
sector industrial, y nos decía a los ambientalistas que los industriales lo
presionaban y a los industriales que los ecologistas hacíamos lo mismo, que
tuvimos la oportunidad casual de conversar sobre diversos puntos y encontrar en
nuestras posiciones coincidencias que permitieron importantes avances en las
negociaciones.
No del todo cómodos, ecologistas e industriales empezábamos a sentarnos en las
mismas mesas a conversar, a compartir presidiums, a intercambiar puntos de
vista, y a comprender las motivaciones y necesidades de cada una de las partes.
Y es aquí en donde aparecen también algunos vicios en esta relación entre
industriales y ambientalistas que enfrenta en la actualidad enormes retos.
Retos de la relación ambientalistas - industriales
-
Del círculo vicioso al círculo virtuoso: existen temas absolutamente
polarizados entre los ambientalistas y los industriales, que no avanzan debido
a los prejuicios que ambos tienen con respecto a su contraparte. [Poner ejemplo
del caso del derecho a la información ambiental]. Ante esto es necesario
reconocer los avances de cada sector, practicar los valores democráticos más
básicos como la justicia, la tolerancia y la pluralidad para avanzar en la
construcción de una política ambiental moderna.
-
Los industriales y el gobierno han de reconocer a los ambientalistas no como
enemigos, pero tampoco como un instrumento de legitimación de sus proyectos y
propuestas. Por nuestra parte, los grupos ambientalistas requerimos pasar de
ser organizaciones de inconformes, o de ser "paleros" de la autoridad o
incondicionales de X y Y empresas privadas, a ser instituciones que ubicamos
problemas pero también soluciones, y que somos capaces de intervenir
directamente para resolver los problemas en forma propositiva. Para ello es
necesario tener la capacidad de sentarse a negociar, discutir e intercambiar
puntos de vista con las autoridades y con la industria, sin pasar a formar
parte de ellos, manteniendo independencia y conservando la seriedad y sensatez
que requieren estos procesos [citar corporativismo en los Consejos Consultivos].
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Finalmente, el mayor reto que tenemos es el de asumir nuestros roles con
mayor responsabilidad. En el caso de los grupos ecologistas, es necesario que
abandonemos el terreno de la sobrepolitización de los problemas ambientales, y
sería absolutamente indispensable tanto la independencia de las organizaciones
ambientalistas de los partidos, del gobierno y del sector privado para
posicionarse ante problemas críticos, como la profesionalización de sus cuadros
y su desarrollo institucional para encarar con mayor seriedad situaciones
ambientales muy graves que se encuentran prácticamente abandonadas ante el
oportunismo político de las autoridades [citar caso Guadalcazar]. En el caso de
la industria, es necesario que cumpla con la legislación y tenga respeto por
los recursos naturales del país. Existen muchas opciones en México para hacer
negocios, para producir y para crecer. Es evidente recalcar que no es necesario
hacerlo a costa de nuestra biodiversidad ni de los recursos naturales del país
[citar caso Laguna de San Ignacio].
Nuestro papel como grupos ambientalistas es luchar por un medio ambiente sano,
por la ejecución de políticas encaminadas al desarrollo sustentable, por
garantizar que no hipotecaremos nuestros recursos apoyando todo esto con el
fortalecimiento de una cultura ecológica.
Por ello, no podemos renunciar a oponernos a todo aquello a lo que no estamos
de acuerdo: el caso Peñoles aparece hoy como una profecia autocumplida de daños
a la salud humana por los efectos de la contaminación anunciados por
ecologistas hace más de una década.
Sin embargo, también nos preocupa la congruencia de las políticas ambientales y
el respeto del gobierno a iniciativas ambientales legítimas del sector
industrial, y por ellas también luchamos, pues finalmente existen muchas
estrategias complementarias y la voluntad de algunos industriales y algunos
ambientalistas por avanzar en el cuidado del medio ambiente [citar ISO 14000].
1
Ponencia Presentada en el Congreso ENVIRO – PRO, organizado por el Consejo de
Industriales Ecologistas el 24 de septiembre de 1999.
2
Presidenta de la Unión de Grupos Ambientalistas I.A.P.