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El campo no aguanta más

Boletín 0327 / 3 de abril de 2003

Rechazan El campo no aguanta más y ONG ambientalistas la iniciativa de ley de bioseguridad del Senado

Las organizaciones campesinas y ambientalistas “El campo no aguanta más”, Grupo de Estudios Ambientales (GEA), Grupo ETC (Erosión, Tecnología y Concentración) y Greenpeace exigieron al Senado que no se apruebe la llamada Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados (LBOGMs) pues su actual contenido lejos de proteger la riqueza biológica de México, sentará las bases para la indiscriminada siembra y comercialización de organismos genéticamente modificados en nuestro país. 

“Los integrantes de El campo no aguanta más nos oponemos a la posibilidad de que esta iniciativa sea aprobada, pues está hecha a la medida de las  corporaciones transnacionales, que están a la expectativa de llenar el campo mexicano de semillas y  productos genéticamente modificados, con el único propósito de obtener fuertes ganancias financieras y no de resolver la grave situación que vive el sector rural mexicano y mucho menos de acabar con el hambre en el mundo. Consideramos que México necesita una ley de bioseguridad fuerte, porque así  lo exigen las condiciones de nuestro país. No podemos  permitir que esta ley sea para complacer a las corporaciones. Estas compañías en  estos momentos operan programas comerciales de venta de semillas transgénicas en México, violando la única regulación existente. Además, el gobierno federal apoya  con recursos la compra y pago de regalías de semillas de  algodón y soya transgénica a través del Programa ASERCA”, aseveró Víctor Suárez, vocero de El campo no aguanta más.

Las organizaciones señalaron además que el proceso de redacción de esta ley por parte de los integrantes de las comisiones de Ciencia y Tecnología, Medio Ambiente y Estudios Legislativos Segunda del Senado ha estado plagado de irregularidades y ni siquiera contó con una consulta amplia de por medio.

“Una de las contradicciones que más nos preocupa es que el Protocolo de Cartagena sobre Seguridad de la Biotecnología, única herramienta internacional disponible para regular el manejo de los OGM y ratificada el año pasado por este mismo Senado, queda totalmente limitado y debilitado dentro de esta iniciativa de ley, cuando debería ser la base mínima de protección. Mientras tanto, resulta que en esta iniciativa la ley quedaría totalmente sujeta a las disposiciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC), lo cual en los hechos podría limitar la capacidad de hacer demandas por parte del gobierno federal en el ámbito internacional o, incluso, podría representar sanciones económicas para el país en los casos en que pretenda proteger su riqueza biológica”, aseveró Catherine Marielle, representante de GEA.

“Esta ley parece más una patente de corso para las transnacionales agrobiotecnológicas. Es sorprendente que mientras miles de organizaciones e instituciones internacionales de todo el mundo están pendientes de cómo México va a resolver el grave problema de la contaminación genética en el centro de origen del maíz, se proponga una ley que no sólo va a legalizar la contaminación, sino que la va a aumentar. Lo que se necesita son medidas enérgicas para proteger el maíz, la biodiversidad y sobre todo el bien público, no una ley a la medida de las transnacionales, misma que sin duda empeorará la contaminación”, señaló Silvia Ribeiro, representante del Grupo ETC en México.

“Nos preocupa la cerrazón de algunos senadores. En estos días hemos trabajado intensamente con los legisladores para que incorporen a la iniciativa de ley los comentarios y propuestas de las organizaciones campesinas y ambientalistas y se empeñan en señalar que ‘80% de nuestras propuestas han sido incorporadas a la iniciativa, que qué más queremos’. Esto no es verdad. El espíritu de esta ley obedece al interés comercial y no al interés público. Desde luego, las organizaciones no estamos promoviendo esto”, señaló Liza Covantes, coordinadora de la campaña de ingeniería genética de Greenpeace México.

Las organizaciones enumeraron y explicaron las carencias y problemas más graves que esta ley tiene:

No contempla mecanismos para la participación pública en aspectos de bioseguridad, incluyendo el acceso a la información, la consulta pública y la participación de las comunidades y de la ciudadanía en la toma de decisiones.

Pretende establecer instrumentos de fomento a la investigación científica y tecnológica en biotecnología, rubro que no compete a esta ley.

No es de orden público ni de interés general o social.

Margina (no existe) el principio precautorio, que debe ser la base de esta ley.

Cuando se habla de la protección de centros de origen, áreas naturales protegidas y zonas de alta biodiversidad se contemplan diversas salidas para que se puedan liberar OGM en dichos lugares, cuando se debería prohibir claramente la siembra o liberación.

Es débil la participación de la Semarnat en la emisión de autorizaciones para liberar OGM, cuando debería ser obligatoria su participación. Prácticamente, todas las facultades recaen en la Sagarpa.

No da a estados y municipios la oportunidad de conocer el proceso completo de la liberación de los OGM, desde la petición de autorización, únicamente los involucra en la etapa de monitoreo y vigilancia.

A las empresas se les garantiza la confidencialidad y les dan diversas opciones para obtener la autorización de liberar OGM, en tanto que a la sociedad no le dan acceso a la información, no se establece la obligación de avisar a las comunidades locales o campesinas próximas a los campos donde se pretenden liberar OGM y no se toman precauciones para proteger los cultivos agroecológicos que estén próximos a campos en los que se pretendan sembrar transgénicos.

No exige de manera específica el etiquetado obligatorio de productos de consumo que sean derivados o contengan transgénicos.

No establece la creación de un fondo de emergencia por liberaciones de OGM accidentales.

La aplicación del Protocolo de Cartagena sobre movimiento transfronterizo de OGM no está plenamente reflejada en la iniciativa.

Cuando se estudia autorizar la liberación de un OGM, no se contempla el estudio de opciones tecnológicas más económicas o viables que los OGM.

"Con tantas carencias y consideraciones hacia la industria, ¿cómo pueden decir los senadores que esta iniciativa recoge las preocupaciones de los sectores campesino y ambiental o de la sociedad en general? Esto es totalmente falso. Queremos una ley de bioseguridad de interés público, no un instrumento para la promoción de los cultivos transgénicos. Esta iniciativa no contiene los puntos mínimos que establece el Protocolo de Cartagena. El hecho de que México sea un país megadiverso y centro de origen de múltiples especies importantes para la alimentación mundial exige un marco legal que proteja esta riqueza”, dijo Covantes.

La actual legislatura tiene una gran responsabilidad ante la sociedad mexicana. Es urgente una ley fuerte que efectivamente regule el uso y manejo de los organismos transgénicos. Instamos a los legisladores a que no se dejen intimidar por los chantajes de las corporaciones agrobiotecnológicas y la industria de alimentos. Deben legislar para todos y si estas compañías deciden no acatar la ley, los ciudadanos las señalaremos como irresponsables. Les recordamos que la contaminación genética del maíz está ahí, continúa expandiéndose y el gobierno federal no ha hecho nada. Es necesario que ustedes den claridad a las facultades del ejecutivo a través de esta ley”, agregó Covantes.

Finalmente, las organizaciones señalaron que la actual legislatura tiene prisa por legislar en “fast-track” esta iniciativa y que esto no puede pasar. Se trata de un tema delicado; nada menos que de proteger la diversidad biológica y genética de México. Es preferible que la discusión se continúe en el siguiente periodo de sesiones que pasar una ley que en vez de resolver los problemas derivados del uso de la biotecnología, los potencie. 

 

 

Más información con Cecilia Navarro a los teléfonos 5530-2165 o 5530-8967 o visitar la página www.greenpeace.org.mx.