Alianza
Mexicana por una Nueva Cultura del Agua
Posicionamiento
de la Alianza Mexicana por una Nueva Cultura del Agua (AMNCA)
Nosotros,
miembros de la Alianza Mexicana por una Nueva Cultura del Agua
declaramos que:
El agua es
esencial para la vida en el planeta y por lo tanto para las sociedades
humanas. Reivindicamos el acceso al agua sana como un derecho
humano.
Existe una
crisis de sustentabilidad en México provocada en nombre
de un mal entendido progreso que derrama sus beneficios de manera
desigual entre la población. Esta situación se ve
reflejada tanto en las ciudades y comunidades rurales como en
los ecosistemas acuáticos y acuíferos. Sin embargo
se siguen destruyendo y degradando los cuerpos de agua, a menudo
de forma irreversible.
Más
allá de la utilidad económica del agua en la agricultura,
la industria y la producción de energía, desempeñan
funciones clave los ríos, lagos, humedales, bosques y acuíferos,
tanto para la biosfera, como para el sustento y cohesión
de las comunidades, al tiempo que representan bienes naturales
comunes que marcan la identidad de territorios y pueblos. Es necesaria
la adopción de un enfoque holístico que reconozca
la dimensión múltiple, ambiental, social, cultural
y económica de los ecosistemas acuáticos.
Hoy en México
existe una necesidad urgente de mayor responsabilidad de la administración
pública así como un mayor compromiso de la comunidad
científica y técnica en la búsqueda de soluciones
a los retos que supone los problemas de insostenibilidad y de
inequidad existentes en materia de agua. Aceptar el reto de la
sustentabilidad exige cambios profundos en la concepción
de la naturaleza, así como en actitudes y modos de vida;
exige entre otras cosas desarrollar una Nueva Cultura del Agua
en México que reconozca los múltiples valores espirituales,
emocionales, sociales, ambientales y económicos en juego,
desde enfoques éticos y racionales basados en principios
de equidad y sustentabilidad. Una Nueva Cultura del Agua que reconozca
la sabiduría de las culturas ancestrales de México,
así como la importancia del rol de la mujer, rescatando
y revalorizando las buenas prácticas y técnicas
tradicionales así como la incorporación equitativa
de las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías
disponibles. Una Nueva Cultura del Agua que se preocupe por garantizar
a los niños no solamente su derecho de acceso al agua y
a la salud, sino al goce lúdico de los ecosistemas acuáticos
y su conservación como patrimonio de las futuras generaciones.
Los ecosistemas
deben ser gestionados éticamente, con participación
de hombres y mujeres confrontando la discriminación de
género y bajo la responsabilidad tanto de las comunidades
como de las instituciones públicas, de manera que se garantice
la conservación del agua y el derecho humano al agua potable
y al saneamiento ecológicamente adecuado.
En México
las comunidades campesinas e indígenas han sido y siguen
siendo despojadas de sus derechos colectivos y ancestrales a sus
territorios y ecosistemas en nombre de un interés general
que con frecuencia resulta en una planeación excluyente.
Ejemplo de esto es la creciente conflictividad social surgida
a partir de megaproyectos controversiales como son la Escalera
Náutica, el Plan Puebla-Panamá, la presa de la Parota
(Guerrero), la presa de Arcediano (Jalisco) o aquellos relacionados
con el trasvase de agua desde territorios mazahuas al Sistema
Cutzamala (Estado de México). Estos proyectos tienen la
potencialidad de poner en riesgo los principios de la sustentabilidad,
tanto en lo social como en lo ambiental y lo económico,
y exigen previamente un amplio debate público basado en
una información actualizada, clara, y accesible.
La deforestación
masiva, la contaminación sistemática por vertidos
industriales, mineros, agrícolas y urbanos, la desecación
de humedales, la sobreexplotación de acuíferos,
la expansión del agro-negocio, la navegación marítima
así como la creciente emisión de gases de efecto
invernadero, entre otros, están quebrantando el ciclo del
agua, destruyendo fuentes vitales para la soberanía alimentaria
de las comunidades y aumentando la vulnerabilidad ante fenómenos
meteorológicos.
Ante esta
creciente crisis ecológica y social, es inaceptable que
algunas instituciones públicas y privadas se escuden en
la indiferencia, sean complacientes, o incluso activos promotores
de tal tragedia, bajo la justificación de favorecer el
crecimiento económico.
Las tendencias
neoliberales para la gestión del agua, y particularmente
de los servicios de agua y saneamiento, negociadas por los gobiernos,
las empresas transnacionales y las instituciones financieras internacionales,
están fomentando la privatización y liberalización
de servicios públicos básicos (casos de Aguascalientes,
Cancún, Saltillo, etc.), la exclusión de los ciudadanos
de los procesos de toma de decisiones en el manejo del agua, y
la pérdida de la soberanía y el control por parte
de los pueblos y comunidades sobre sus territorios y ecosistemas.
Existe evidencia que estos esquemas tienen efectos negativos en
los países en desarrollo, por lo que los proyectos deben
evaluarse con sumo cuidado y detenerse hasta acordar las condiciones
más favorables para la población. Si bien es cierto
que en muchos casos las entidades públicas han sido ineficientes
para resolver los problemas de acceso al agua y al saneamiento,
resulta cada vez más evidente que sustituirlas por empresas
privadas, en su mayoría transnacionales, ha empeorado la
situación dado que éstas tienden a excluir del servicio
a los grupos más vulnerables, a convertir en mercancía
los recursos hídricos y a elevar las tarifas para obtener
altos rendimientos invirtiendo escasos recursos económicos.
Desde la Alianza
Mexicana para una Nueva Cultura del Agua proponemos nuevos modelos
de gestión pública eficiente basados en la transparencia,
el acceso a la información, la participación ciudadana
en la toma de decisiones. Estos modelos exigen reformas legales
e institucionales profundas que deben democratizar la gestión
del agua y de los servicios públicos esenciales, acabar
así con la corrupción y garantizar la gobernabilidad
y el manejo integrado de las cuencas. También exigen establecer
una fuerte responsabilidad del Estado para dirigir los subsidios
a la población más necesitada, rendir cuentas y
organizar empresas eficientes con los recursos públicos.
La gestión
democrática y sustentable del agua en México se
ve en riesgo debido a la aplicación del modelo favorecido
por instituciones financieras y multilaterales, así como
por compañías transnacionales y los acuerdos de
libre comercio. Ante retos de tal envergadura, la educación
y la formación de ciudadanía y conciencia cívica
con dimensiones éticas, espirituales, artísticas
y culturales deben ser ejes estratégicos en la lucha por
construir esa Nueva Cultura del Agua que requerimos.
La Alianza
Mexicana por una Nueva Cultura del Agua (AMNCA) es un movimiento
ciudadano que pretende involucrarse en la vida pública
para incidir en los tomadores de decisiones y replantear las estrategias
y políticas de manejo de agua en México. Lo anterior,
a partir de abrir un debate nacional centrado en los problemas
que caracterizan la gestión del agua en México;
denunciar la inequidad y los diversos problemas en la gestión
del agua; alertar a la opinión pública sobre las
violaciones a los derechos humanos relacionados con el agua y
sobre el uso no sustentable de los ecosistemas acuáticos,
y construir un espacio donde la comunidad científica y
académica en convergencia con organizaciones no gubernamentales
y movimientos sociales participen generando propuestas de alternativas
eficientes, equitativas y sustentables para la gestión
integral del agua en México.